Ningún personaje "conocido" me pertenece, a excepción de los que yo inventé. Todos ellos pertenecen a Masashi Kishimoto.

La historia es absolutamente mía.

.

.

.

CAPITULO 4. "Sin recuerdos"

Hinata se levantó del suelo como pudo, sin quitarse la sabana de encima, absolutamente espantada, temerosa, y, aunque ni siquiera ella lo pudiese percibir, si, estaba a punto de echarse a llorar.

El hombre frente a ella, aun con cara de preocupación pensando que era casi seguro que su prima le cortara su único amigo fiel, la miró, y se sonrojó. Era consciente que ella había caído bajo sus encantos debido al alcohol, y que estaba en todo su derecho de encajarle unas tijeras en el pecho. Sin embargo, cuando éste observó con detalle que los ojos de la chica se estaban poniendo rojizos (no sabía con exactitud si de rabia o, peor aún, de llanto) quiso que la tierra se lo tragara.

—Oye, yo… verás, ¡no es lo que parece! –Dijo el chico, mientras levantaba las manos para defenderse de cualquier ataque con cuchillo.- Bueno, bueno… tal vez si es lo que parece, ¡pero no me mates!

Ella no dijo nada. No podía responder, debido a que su cerebro no sabía qué contestar. De repente, Hinata se dio cuenta de que el cuerpo del chico tenía algo de lo que ella, hasta entonces, no había sido consciente.

Cuando Naruto se percató de que la muchacha estaba petrificada viendo una parte que no era la cara de él, éste siguió el camino trazado por la vista de ella, llegando al no-tan-pequeño problema anatómico que Naruto presentaba.

"¡Simplemente genial!" pensó con sarcasmo, a la vez que bajaba las manos y se cubría a su amiguito mañanero.

—Oye, Hinata, al menos dime algo. –Ella seguía inmóvil- Si sigues así creeré que tienes un ataque.

En eso, como si siguiera una orden, Hinata lo miró a los ojos, y con voz tenuemente llorosa, dijo:

— ¿Qué haces en mi de-departamento? ¿En m-mi ca-cama?

¿Era en serio lo que le preguntaba? ¿De verdad no se acordaba de nada? Es decir, era cierto que Hinata había estado bajo los efectos de la embriaguez, pero Naruto casi había jurado que ella había puesto bastante de su parte anoche como para por lo menos recordar algo.

— ¿No te acuerdas? –preguntó, temeroso de cualquier reacción que pudiese presentar la chica.

Ella no respondió.

— ¿Hinata?

Ella agachó la mirada.

— ¿Te pasa algo, Hinata?

— ¿Q-Qué ha pa-pasado anoche? –dijo por lo bajo, apenas lo suficientemente audible como para que el chico la oyera.

— ¿No te acuerdas de nada? –preguntó a forma de respuesta, entre aliviado y decepcionado.

Si bien, Naruto no era lo que se dice un Casanova, no se había metido con tantas mujeres como cualquier persona hubiese creído, y tal vez tenía que mejorar en la cama, pero de eso a que la chica con la que tuvo relaciones hacia tan solo unas horas no se acordara, como si no hubiese significado nada; eso sí que lo había golpeado en los bajos.

—Me llamo Naruto… Ino Yamanaka nos presentó anoche –dijo, paciente.- Veras, anoche te emborrachaste, y ella me pidió que te trajera a casa…

— ¿Ino te ha pedido también que me violaras? –contestó de forma fría.

Los ojos llenos de pánico que hace un momento se mostraban, se habían convertido en unos insensibles ojos plateados, quienes estaban embargados de odio, de repulsión.

El rubio no supo qué contestar a ello. No podía decirle "ey, ey, tú estabas bien dispuesta" ni "no cuenta como violación si has sido tú quien ha participado voluntariamente", porque si le decía eso, seguro que lo tomaría como ofensa.

—Yo… yo no te viole. –fue lo único que se atrevió a decir.

— ¡Si, claro! ¡Seguro que yo te he dejado! –elevó la voz, con sarcasmo y un gesto de asco bastante notorio. - ¡No tienes vergüenza! ¡Eres un canalla! ¡Un idiota! ¡¿Cómo te atreviste a hacerme esto?! –Unas peligrosas gotas saladas se estaban asomando por los ojitos de la chica, quien no tardaba en echarse a llorar como un crio- ¡¿acaso te divierte tener sexo con mujeres que no son conscientes de lo que hacen?! Pude haber estado ebria, pero… ¿aprovecharte de mí? ¡Caes demasiado bajo! ¡ERES UN MISERABLE! ¡UN DESPIADADO! ¡UN…! –pero ya no pudo más.

Hinata cayó de rodillas, soltando gritillos de un llanto desgarrador, como de quien ha perdido la cosa más valiosa que pudo tener. Y es que era cierto; Hinata había cuidado tanto de sí misma y su virginidad, había esperado tanto aquel día en que el príncipe azul la hiciera sentir como reina y se hubiesen fundido en uno solo con aquella escena tan romántica que había imaginado, que simplemente saber que no había pasado nada de eso, la destrozaba.

No había sido desvirgada por voluntad propia, ni por alguien a quien ella amara; había sido desvirgada, en su cama, ebria, por un hombre ruin que se había aprovechado de su inocencia. No se había despertado alegre, sino sorprendida y, hasta cierto punto, adolorida de entre las piernas, sintiéndose sucia al lado de un cerdo rubio desnudo. ¿Qué había hecho mal para merecer aquello?

Si, lo sabía, había bebido.

La peor cosa que jamás se le pudo pasar por la cabeza.

Era tan… idiota. Si, ella era tan idiota que se emborrachó.

Y él era tan… cretino que creyó que una borracha querría hacerlo.

Lo peor del caso es que ella no recordaba nada de nada; no sabía qué tanto había sufrido antes de caer, seguramente, inconsciente por algo que ese "amigo de Ino" le hubiese dado a beber… ¿o qué tal que si le había pegado?

¡¿Por qué no recordaba nada?!

—Hina… -intentó decir, pero ella de inmediato levantó la cabeza, y ferozmente, dijo:

— ¡La-largate de aquí! –gritó entre sollozos, a la vez que se abrazaba las piernas y se recargaba en la pared.

—Pero…

— ¡QUE TE VAYAS! –gritó aun más fuerte, lanzándole lo primero que encontró a su lado; un zapato de hombre que, en efecto, era de Naruto. El chico lo esquivó. Acto seguido, Hinata escondió la cara detrás de sus piernas, mientras seguía llorando.

Naruto se quedo viéndola, sin saber qué hacer.

Habia abusado de ella como un cobarde. Claro que no había sido su intensión, pero a fin de cuentas, los actos hablaban por sí solos y las intenciones no valían en este mundo.

Se había aprovechado de una mujer hermosísima, caída en los efectos del alcohol. ¿En qué había estado pensando la noche anterior?

Si al menos quería demostrar un poco de decencia pensó que tenía que cumplir con la orden, y se paró, cogiendo todas sus cosas lo más rápido que pudo, sintiéndose el más infeliz del mundo. Él, a quien todo mundo respetaba, había terminado siendo algo horripilante.

Antes de salir de la habitación echó una última mirada a la chica de cabello azul eléctrico, y, al ver que la muchacha ya se había tirado de lado, aun con las piernas abrazadas hacia su pecho y la cara escondida, hecha un ovillo, llorando con tantas ganas que bien podía lograr formar una laguna, se sintió aun peor, si es que eso se podía.

Cerró la puerta de la habitación tras de sí, y se comenzó a vestir.

Él sabía que no debió haber asistido a esa cita con Ino, pero ya no había vuelta atrás. Las cosas ya habían sucedido, y él, Naruto Uzumaki, le había arruinado la vida a una joven inocente.

Cuando se terminó de vestir, salió sin más del departamento, cabizbajo.

.

.

.

El joven violador bajó de su coche y se introdujo sin mucho ánimo en la casa de Ino, en donde había dejado sus cosas la noche anterior, cuando apenas había llegado, para después dirigirse al bar donde estaba Ino, su nuevo noviecillo llamado Sai, y Hinata Hyuga.

Cuando entró no se escuchaba ruido alguno, por lo que dedujo que o Ino no estaba, o estaba roncando en su habitación. Sea lo que fuera, en esos momentos era lo que menos preocupaba al chico.

Subió las escaleras, caminó por un pequeño pasillo y, a continuación, se encerró en la habitación que siempre ocupaba cuando la iba a visitar.

.

.

.

La joven Yamanaka, aun acostada en la cama, escuchó levemente pasos en la casa, y después ya no escuchó nada, como si de un fantasma se tratara.

Cuando por fin pudo abrir bien los ojos, vio que un joven muy, pero extremadamente muy blanco, de cabello castaño oscuro, estaba tendido a su lado, dormido profundamente. Ella sonrió. Si, ¡se encontraba estupenda!

La noche anterior había tenido el que, seguramente, había sido el polvo de su vida; Sai, su nuevo novio, era un As en la cama, tenía que admitirlo.

Sin embargo, a pesar de su felicidad, como cualquier adulto que se mantenía a sí mismo, también tenía sus responsabilidades; miró el reloj que tenía en su mesita de noche, pegado a la cama, y, cuando vio la hora, sus ojos se engrandecieron tanto que bien pudieron haber competido con unas cacerolas.

11:34 am.

¡Esto no era posible! ¡Ella debía haber estado en la oficina hace más de dos horas y media!

Como pudo, se levantó de la cama, sin importarle que Sai, dormido, se quejara por haberle quitado las sabanas.

¡Era su trabajo el que estaba en juego, caramba! ¡Hombres sexys y buenos había en todas las esquinas, pero un trabajo como el suyo no se encontraba tan fácil como un hombre!

Entre trompicones y enredadas de sabana, Ino llegó inmediatamente al baño, el cual se encontraba en el pasillo; se metió y se dio el más rápido regaderazo de su vida, saliendo prácticamente a los dos minutos, con agua chorreando de su frente, sin saber si era agua por la bañada o si era sudor. No obstante, no le dio importancia. Se metió a su habitación y con una mano tomó el primer cepillo que encontró, empezándose a peinar el cabello sin siquiera habérselo secado antes, mientras que con la otra mano se estaba colocando la ropa lo más rápido posible.

A decir verdad, estaba haciendo un milagro.

Si en el trabajo le preguntaban por su retardo, les diría que su coche no encendía, y que tuvo que llamar al mecánico… total que iba a echar el choro de su vida.

Cuando terminó de semi arreglarse (ni siquiera se maquilló y apenas se alcanzó a hacer una coleta para disimular su descuidado cabello) se arrojó sobre la mesa, en la planta baja, en dónde la noche anterior había aventado las llaves del auto, y, sin siquiera permitirse mirar hacia la cocina para tomar algo rápido, se fue directo y sin escalas a la puerta. Justo cuando había cerrado la puerta de la entrada tras de sí, se acordó de un pequeño inconveniente.

— ¡Sai!

La muchacha se golpeó la frente, pensando a toda velocidad que tendría que regresar a despertarlo para, prácticamente, correrlo o, de lo contrario, se quedaría encerrado. Lo bueno es que él había pedido ese día en el trabajo para… ¡demonios!... Ino se quiso casi suicidar, ¡se le había olvidado por completo!; se suponía que ella debía pedir salir temprano ese día para ir a comer con Sai a uno de los restaurantes más famosos de por ahí, al cual ya habían reservado, y después irían a recoger al aeropuerto a la hermana menor de Sai. Ino ya se había comprometido. ¡Vaya pata la que había metido!

—Tendré que llegar a la oficina, saludar, fingir demencia y pedirle a Hinata que me cubra para escabullirme… -se susurró, intentando auto convencerse. –Además, si Sai quiere salir, ya sea que se brinque por la ventana o… -de repente, sus ojos se fueron a parar a un auto azul, estacionado a un lado del suyo, afuera de su casa- o que busque a Naruto para que le abra la puerta. Le mandaré un mensaje de texto al baka para que le abra a Sai.

Y sin más, se encaminó a su auto rojo cereza, abrió la puerta y se introdujo.

Justo cuando desbloqueó su celular para mandarle el mensaje a Naruto, se vio a ella misma en el fondo de pantalla, sonriendo, junto a una chica de cabello negro azulado, también sonriendo, abrazadas de lado, con sombreros de sol y en traje de baño, en la playa.

Si bien, dicen que cuando no debes perder el tiempo es cuando inconscientemente más lo haces; siendo así, Ino se permitió adentrarse en sus recuerdos; en aquella foto, amabas tendrían unos 20 años, y habían ido a la playa (no sin antes mencionar que lo lograron a base de engaños para sus padres) para celebrar el fin de curso en el que casi lloraron por las toneladas de cosas que tuvieron que entregar como trabajos finales en la universidad. Si, había sido una grandiosa idea, se la habían pasado de maravilla ese fin de semana. Claro que, por azares del destino, los padres las habían cachado en sus "coartadas" y las habían castigado a su regreso; a Ino la pusieron a hacer el aseo de su casa, sola, durante una semana, pero el señor Hiashi, padre de Hinata, sí que se había pasado con ella. Era verdad que a ninguna de las dos las dejaban irse de "vagas" porque, como dicen los padres, les podría pasar algo, pero ellas habían decidido que querían que les pasara algo divertido; pues bueno, se arriesgaron, y como pago, Hiashi había puesto a trabajar a Hinata, sin descanso ese verano, en la empresa de éste mismo, con la intensión de que Hinata no tuviera oportunidad de pensar en otra vagancia. Ino recordaba que Hiashi no había metido a Hinata a la empresa como lo que era, estudiante de leyes, sino que la había metido como "la chica de los mandados".

Ino rió. Aun recordaba las quejas de su amiga por teléfono cuando, a media noche, ya que todos dormían, le marcaba.

Sin embargo, su pequeña risa paró en seco… ¡Hinata! ¡Claro, claro!

Recargó la cabeza en el respaldo del asiento del auto, y cerró los ojos, sonriendo.

Para un empleado cualquiera llegar tres horas tarde al trabajo, semi arreglada y con el cabello escurriendo de agua, sin ninguna excusa creíble más que la avergonzada verdad de ir a haber bebido la noche anterior, seguramente hubiese sido un grave problema… por lo menos le descontarían el día. Pero, para ella, eso no era un problema. Si. Ella no era un empleado cualquiera, no señor. Ino Yamanaka era la mejor amiga de la hija del dueño, y eso le daba muchas ventajas.

—Te amo, Hinata. –susurró, mientras abría los ojos y volvía a desbloquear su celular, metiéndose en la agenda y buscando el numero de su amiga; el plan consistía en hablarle y convencerla para que dijera a todo el mundo que ella le había dado permiso de no ir en la mañana por… problemas familiares. Hiashi, en las últimas fechas, no solía ponerle peros a las decisiones de su primogénita.

Pero, por más que timbraba el teléfono, nadie le contestaba a la rubia.

—Oh, vamos, Hinata. Contesta. Anda. –susurraba para sí, nerviosa.

Cuando le hubo marcado dos veces, sin resultado, Ino temió que hubiese cometido el peor error para su amiga…

La noche anterior había llevado a su amiga, toda depresiva, a un bar, un jueves por la noche, en donde Hinata se había emborrachado. Ella no toleraba mucho el alcohol. La última vez que se emborracho no despertó hasta el siguiente día al medio día.

Ino se asustó.

—Se ha quedado dormida… ¡soy una torpe! ¡¿Cómo se me ha ocurrido ir de antro en jueves y llevarla?! –se desesperó, agarrándose la cabeza con las manos- ¡si me despiden, solo será culpa mía! ¡Si de por sí el señor Hyuga aun no me ha perdonado el que haya metido un jugo de cajita al juzgado, cuando estaba defendiendo a aquel falso ladrón! ¡¿Qué haré?!

Se empezó a mecer, intentando pensar en cualquier cosa, cuando, de repente, su celular comenzó a vibrar, apareciendo una foto de su amiga en la portada.

"¡Santísima Hinata, sabía que me salvarías!" pensó.

Contestó, con todo el ánimo del mundo:

— ¡Hinata! ¡Dime que estas en la oficina! ¿Puedes hacerme un favor?

—Ino… ¿podrías venir a mi casa?

Su voz se notaba cansada, llorosa, ansiosa, avergonzada, y con un deje de miedo y timidez.

Esas simples palabras fueron suficientes para que la rubia se olvidara de todo lo demás.

—Voy para allá.

.

.

.

No se tomó la molestia de tocar el timbre, ella tenía una llave del departamento de Hinata, por lo que entró como si de su propia casa se tratara.

Sin embargo, no había nadie en la sala, ni en la cocina ni en el comedor. Ino sospechó que definitivamente algo no andaba bien, por lo que con paso decidido se acercó a la habitación principal, abrió la puerta y se introdujo, posando su vista en aquella cosa que era lo único fuera de lo normal: una pequeña y casi imperceptible manchita roja sobre la sábana blanca de la cama, prácticamente como una gota pequeña, de unos milímetros, de un centímetro si acaso. La rubia pensó que lo más probable es que Hinata anduviera en sus días y que, dormida, se hubiese manchado, cosa total y absolutamente normal en una mujer.

Aunque, si se detenía a pensarlo un momento, ella y Hinata solían reglar más o menos por las mismas fechas, y aun no llegaban.

Era extraño.

Inmediatamente escuchó la regadera, proveniente del baño que se encontraba dentro de la habitación, por lo que se dirigió a él sin rechistar.

Empujó la puerta, la cual se encontraba de por sí medio emparejada, y asomó la cabeza, intentando ser cautelosa para no asustar a su amiga, pero lo que encontró adentro no era exactamente a su amiga preparando el agua a una temperatura aceptable, sino que vio una silueta detrás de la cortina de baño; una silueta que estaba sentada en el suelo, con las piernas pegadas a su pecho y cara agachada bajo el chorro de agua.

— ¿Hi-Hinata? –se aventuró a probar, dudosa, pues no era muy normal que alguien estuviera así.

La otra, aun sin moverse, hizo el mayor esfuerzo para controlar su llanto y, así, controlar su voz.

—No te preocupes. –Comenzó Hinata alzando un poco la voz para que se escuchara a través de la caída de agua- He hablado con mi padre, y le he dicho que me he sentido mal y que tú me estabas cuidando. No puso objeción, lo cual se me ha hecho raro, pero sospecho que alguien ya le ha contando sobre mi rompimiento con Sasuke. Aunque no sé muy bien de qué se ha enterado exactamente.

— ¡Muchas gracias! –sonrió la rubia. De la que se había salvado.

—Nos ha dado el día, pe-pero dijo que el lunes nos quería a las 8 de la mañana, porque nos han llegado casos nuevos que esperan sobre nuestros escritorios.

— ¡No hay problema! –dijo animaba la rubia, sin dejar de sonreír- Ya el lunes será otro día. Te lo agradezco mucho, Hinata.

—N-No hay de qué.

Pero la voz de la peli azul no sonaba muy satisfecha. La rubia la conocía bastante bien y sabia que algo se traía entre manos.

—Oye, Hina, será mejor que salgas de esa regadera o se te van a poner los dedos de viejito. Ya acá me platicas bien por qué me has pedido que viniera, porque no creo que haya sido solo para decirme eso de tu padre.

La otra no hizo ademán de moverse, por lo que la rubia se acercó a la cortina y la jaló hacia un lado; ver a su amiga desnuda no le asustaba, al fin y al cabo que eran mejores amigas, y tampoco es como si Hinata no la hubiese visto a ella anteriormente (una vez Hinata la vio por error cuando se había quedado a dormir en casa de los Yamanaka y, media dormida, se había introducido en el baño justo en el instante que Ino salía de la regadera y buscaba una toalla).

Pero lo que vio iba más allá de su capacidad imaginativa respecto a su mejor amiga.

Hinata estaba, efectivamente con las piernas abrazadas y la cabeza agachada, escondida entre el hueco de su pecho y las piernas, pero no estaba desnuda, sino envuelta en una sabana, y temblaba, siendo que el agua estaba en su punto perfecto.

— ¿Qué es lo que pasa? –preguntó la rubia, mientras se metía a la regadera y cerraba las llaves del agua para, acto seguido, ponerse en cuclillas, al tamaño de su amiga.

La otra no aguantó más. Su llanto se hizo evidente, y ni siquiera se molestó en callarlo.

—Ey, -intentó llamar su atención, pero no lo logró- ese Sasuke es un idiota. No merece tus lágrimas. Tú eres una niña muy buena, más de lo que nadie es; tan solo has seguido tus principios en todo momento, y eso está bien. No tienes que hacer nada que no quieres hacer, y si ese idiota no lo entendió y decidió irse con otra, allá él. Se ha perdido de una gran mujer como lo eres tú. Que entienda que no es un rey y que tú no tienes porqué andarle rogando; eres una mujer fuerte e independiente, Hinata. No lo necesitas. Si te lo digo yo. Cuando rompí con mi primer novio creí que iba a ser el fin del mundo, que nunca encontraría a alguien igual, pero eso no es cierto, he encontrado mejores y peores, pero aun no he encontrado al adecuado, y no pienso desesperarme, mientras tanto puedo ser una mujer digna de mi soltería y mi libertad. Dueña de mi misma. Deberías ponerte contenta de haberte desecho de un idiota. Y te cito "los hombres no son una necesidad en nuestras vidas. Podemos vivir con y sin ellos. Al fin y al cabo que no es como que sin ellos nos fuésemos a morir." ¿Recuerdas? Me lo dijiste hace algunos años.

Pero la otra chica tan solo se limitó a asentir. No tenía ganas de nada más

— ¿Te parece si salimos a que te pongas algo de ropa? Esa sabana ya está bastante empapada.

En eso, la chica levantó la cara, mirando a la rubia con ojos dolidos, cansados, destrozados y extremadamente rojos. La rubia se alteró; la situación era más grave de lo que creía.

— ¿Ya has ha-hablado co-con tu amigo? –susurró la peli azul, apenas pudiéndole mantener la mirada a su amiga.

— ¿Cuál amigo? –preguntó extrañada.

—El d-de anoche.

— ¿Naruto? –Levantó una ceja- No, la verdad es que no. Sé que sigue con vida porque he visto su coche.

— ¿En dónde lo viste?

—Afuera de mi casa. Lo vi cuando salí para venirme.

— ¿Qué hacía en tu casa?

—Pues se ha quedado a dormir. ¿Por qué?

Hinata no dijo nada.

— ¿Es cierto, -volvió a decir la chica de ojos plateados, sin quitarle la mirada a la otra- que le dijiste que me trajera a casa? ¿Porqué no lo has hecho tú?

La rubia empezó a sospechar que el asunto era todavía más raro. ¿A qué venía todo eso? Creía que ella lloraba por Sasuke, así que ¿qué tenía que ver Naruto?

—Sí. Le pedí que te trajera; estabas bastante mal, querida. Naruto estaba persiguiéndote por todo el bar para que dejaras de beber lo que se te pusiera en frente mientras que yo bailaba. Y yo, bueno, no te mentiré… andaba prendida, si sabes a lo que me refiero, y fui a… bueno… a disfrutar de la vida con Sai. Pensaba traerte yo misma a tu casa, pero cuando menos me di cuenta ya te habías quedado dormida abrazada a Naruto, así que dije "¿por qué no?", y le di tus cosas a él, le dije dónde quedaba tu casa y, a como veo, si fue capaz de traerte; hacía tiempo que no venía a la ciudad, pero al parecer no se le han olvidado las calles. ¿Por qué me lo preguntas?

— ¿Porqué me dejaste con él? –la voz le tembló, pero la intentaba mantener firme.

— ¿Porqué? –se extrañó aun más- Pues es un gran chico. Lo conozco de toda la vida, y confió plenamente en él. Suelo decirle "baka", pero es como de cariño, –sonrió- una prima y yo le decíamos así solo para molestarlo, pero la verdad es que ya no tiene ni un pelo de tonto, como antes. –Pausó, notando una expresión rara en la cara de su amiga, pero decidió seguir hablando;- Creo que ya te he contado de él con anterioridad, solo que nunca te había dicho su nombre. Pero ahora ¿por qué me has preguntado por él? ¿Es que te ha gustado?

Y, como si esa última pregunta hubiese sido un golpe bajo, a la joven Hyuga se le empezó a arrugar en el entrecejo, y parte de la nariz y boca, rompiendo toda la defensa que se había construido y echándose a llorar como un crio, solo que en silencio, como un sufrimiento mudo. Escondió la cara en el hueco que había entre sus piernas y su pecho, mientras le temblaban los hombros, culpa del llanto.

Ino se sacó enormemente de onda.

— ¿Por qué lloras? –la otra no dijo nada. - ¿no estás llorando por Sasuke, verdad? –Hinata negó.

La rubia sabía que cuando su amiga lloraba no le daba tiempo ni de hablar, así que era el momento de que Ino se pusiera a trabajar y a adivinar la situación.

— ¿Lloras porque, tal vez, tu padre te ha regañado? –La peli azul negó- ¿tu primo Neji te ha ganado otro caso? –volvió a negar. - ¿te he hecho algo yo? –otra negativa. Ino no sabía qué pensar. Hinata no solía llorar por cualquier cosa. Siendo abogada se había hecho bastante fuerte para no llorar por las horribles cosas que a sus clientes les pasaba, por lo que no estaba llorando por cualquier tontería; debía ser grave.- Espera, me has estado preguntando mucho por Naruto… ¿tiene que ver con él? –Hinata asintió.

Ino se quedó callada.

De un instante a otro, la joven Yamanaka había dejado de ser amiga de Hinata, y se había transformado en la licenciada aquella que se sentaba de lunes a viernes frente a un escritorio, leyendo casos y denuncias escritas, revisando información y consultando testigos, buscando pistas y armando rompecabezas.

Miró decidida a Hinata y, como si se tratara de una chica a la que no conocía y a quien habían llevado para que confesara algo terrible que tenía que denunciar, le preguntó cuidadosa y calmadamente:

— ¿Qué te ha hecho? –Hinata retuvo el aliento e intentó calmarse para hablar, pero fue imposible. Tras notar esto, la otra prosiguió- ¿te ha robado algo? ¿Algún objeto? –La chica negó; Ino se temió lo peor- ¿te ha pegado? –Otra negativa- ¿te ha… tocado indebidamente sin tu consentimiento? –Hinata no negó, pero no afirmo, se quedó estática, sin saber qué hacer.- ¿te ha… violado?

Y la chica, sintiéndose plenamente sucia, asintió, sin parar de llorar.

Ino se había quedado pasmada, en estado de shock, paralizada, apenas pudiendo respirar.

.

.

.

Echa una furia, Ino Yamanaka estampó la puerta de su auto y se dirigió hasta la puerta principal de su casa.

Si, después de haber convencido a Hinata de salir de la regadera y se vistiera, le preguntó todo lo que había sucedido al respecto; la chica, con trabajos, apenas le contó muy poco (especialmente el hecho de que no recordaba nada, pero que había amanecido con un hombre desnudo atrás de sí, y que se sentía incomoda por entre las piernas), por lo que la rubia le dijo que se quedara donde estaba mientras ella iba a darle su merecido al cobarde de Naruto Uzumaki.

Si resultaba ser una vil violación, ella no metería sus manos al fuego por Naruto; le demandaría en ese mismo instante sin dudarlo, para que lo refundieran en la cárcel. Hinata era su mejor amiga, y el tan solo pensar que Naruto… que él había sido el patán que había destrozado la vida de su amiga, le hacía hervir la sangre. ¡Ella había confiado en él, carajo!

Cuando entró en la casa observó que todo estaba tal cual ella lo recordaba esa mañana. Ni un alma había movido nada.

Divisó la sala, encontrándola plenamente vacía; revisó la cocina y el comedor; el patio y la sala de lavado, encontrando todo vació. Subió hecha un lio al cuarto de huéspedes, en donde Naruto solía dormir, pero al abrir la puerta no vio a nadie, y no es como si hubiese demasiadas cosas para esconderse en esa habitación, solo lo indispensable: una cama matrimonial, una televisión, un armario, un tocador, un escritorio y una mesita de noche.

De inmediato se fue a ver al baño del pasillo, pero estaba solo; se dirigió a la otra habitación de huéspedes, pero sin ningún resultado. El único lugar que le quedaba era su propia recamara, por lo que su siguiente paso fue llegar hasta ahí; abrió la puerta sin ninguna delicadeza, encontrando que Sai, su nuevo novio, seguía rondando sobre su cama (algo que de verdad la molestó más de lo que ya estaba).

Volvió a la planta inferior y volvió a rebuscar. No era posible que el cobarde de Naruto se hubiese esfumado. No era un mago, y su auto seguía estacionado fuera de la casa, por lo que la única forma en que se hubiese marchado habría sido volando, o… quizá había ido a la tienda…

La chica salió corriendo a la calle, llegando a la primera tienda, a la segunda y tercera, pero no había pistas del chico rubio. Recorrió cada calle a la redonda, escudriñando a cada sujeto que pasaba a su lado.

Derrotada y un tanto deshidratada de tanto andar sin parar, se regresó a su casa a tomar agua y a volver a buscar. Naruto no se había podido evaporar.

Sin embargo, en esta ocasión, cuando llegó al primer cuarto de huéspedes en donde Naruto solía dormir, dijo al aire, llena de rabia:

— ¡Eres un idiota, Naruto!

Y en eso, inmediata y fantasmagóricamente, alguien le contestó:

—Lo sé.

Si no hubiera sido porque Ino estaba echando chispas por las orejas, seguramente se hubiera muerto de miedo.

La chica, siguiendo sus instintos y convencida de que ya era mayorcita para creer que existían monstruos bajo la cama, se agachó y levantó parte de la colcha que cubría el hueco entre la cama y el suelo y, ahí, hecho bolita y con los ojos igual de rojos que Hinata, se encontraba un hombre rubio de ojos azules, con expresión de horror y arrepentimiento.

—Perdóname, Ino… no sé qué ha pasado. –susurró.

.

.

.

Continuará…

.

.

.

N/A: Hola gente detrás de sus pantallas! Vaya que ya tenía muchísimo sin presentarme por aquí… deben odiarme. Especialmente porque hace unos días que intenté meterme me di cuenta de que se me había olvidado la contraseña de la cuenta .-., pero bueno! Lo importante es que después de una larga espera, aquí ya por fin está el capitulo numero 4!

Espero que les haya gustado! Hacía tiempo que no escribía, y esto ha sido lo mejor que pude hacer.

Dentro de poco actualizaré "Sobrevivir es mi opción" y, poco después, "Fingiendo", por si les gustaría echarse una vuelta.

Les deseo un muy buen día a todos! (o una buena noche jaja)

Y ahora, pasemos a los reviews:

Memetomori1986 : jeje (nerviosismo) creo q ya olvidaste que la estabas leyendo jeje… ¿me mandarás a la orca? (cara asustada)

daniela hervar: Atrevido y sensual solo estando borracha! Jaja Aunque ahora las cosas no pintan muy bien. Espero volver a verte por aquí!

MariaTheCharmix: (gotita en la cabeza) te aseguro que tendrá fin, pero soy una olvidadiza a la que, vaya, se le olvida actualizar jeje No te puedo decir qué pasara con ellos… talvez alguna demandita y quizá una nariz rota… cof cof –yo no dije eso- cof cof

¡Con razón despertaba asustada todas las noches! ¡siempre fuiste tu jalándome los pies!

Hasta la próxima!

YueDark: Qué bueno que te ha gustado! Pronto veras el desarrollo! Saludos!

Sinceramente de todo corazón les pido una gran disculpa por tener un año abandonados mis fics, y no espero que comenten mucho, porq seguramente me van a castigar por tardada, pero si sus almas bondadosas me quieren regalar un review, se los agradeceré mucho!

Sin mas que decir, me retiro… HASTA LA PROXIMA!