Muchísimas gracias a crazzy76, Rmaldo-Malfoy, Luna White 29, crazzy76, Pao-Hale20 por sus comentarios. De verdad lamento muchísimo la demora en subir este capitulo, pero es que estaba muy ocupada y se me hizo imposible tomarme el tiempo para escribirlo. La buena noticia es que ya estoy libre y que esa tardanza no va a volver a ocurrir, lo prometo :D. Para compensar mi larga ausencia, subiré el capitulo siguiente el domingo. En cuanto a lo que me han escrito sobre Weas… solo les diré que en esta historia no se dejen llevar por las apariencias, porque la vida puede dar muchas y vueltas.
Disclamer: Nada de lo que puedan reconocer en la historia es mío, sino de J.k Rowling. Lo demás es obra de mi retorcida imaginación.
Draco abrió los ojos de golpe y en lugar de encontrarse con la conocida oscuridad de su celda, un fuerte resplandor lo invadió y lo obligo a parpadear varias veces. Cuando sus ojos se acostumbraron a la luz, noto la presencia de unos grandes ojos marrones que lo observaban con expectación. Esos ojos pertenecían a una joven de pelo castaño, largo y enmarañado, que le resultaba excesivamente familiar. Un momento, esa chica era... ¡Granger! Definitivamente, los dementores habían logrado llevarlo a la locura, o lo más probable es que estuviera en una especie de pesadilla, de las peores, por cierto.
-¿Cómo te sientes?- pregunto aquella Granger.
Draco la ignoro e intento levantarse, pero no lo logro al sentir un punzante dolor que le empezó a recorrer todo el cuerpo. Ignorándolo, observo a su alrededor y grande fue su sorpresa al notar que no estaba en su celda, parecía estar en una especie de hospital. Basándose en el insoportable dolor que sentía, no podía estar en una pesadilla, así que era confirmado, Draco Malfoy había enloquecido. Esta era la única posibilidad viable, ya que no existía ninguna otra opción razonable para que él estuviera en un hospital con Granger.
-Voy a ir por un sanador- anunció la joven, visiblemente preocupada.
Después de unos minutos, unas voces afuera, interrumpieron los frondosos pensamientos de Draco.
- ¡El necesita algo para el dolor! No lo puede dejar así- reclamo la voz de Granger.
- No puedo hacer nada, el tratamiento para el dolor no es cubierto por el ministerio para personas con el status del señor Malfoy. Además, él estará bien, un poco de dolor no le va mal después de lo que hizo.
Segundos después, una enojada Hermione abrió la puerta con estruendo y se sentó en una silla que estaba al lado de la cama. Mientras tanto Draco meditaba lo que acaba de oír y las palabras del que suponía era un sanador, retumbaban una y otra vez en su cabeza.
-Esto no es una pesadilla, ni tampoco es obra de mi locura- afirmó para sí mismo, mientras recordaba a un auror golpeándolo salvajemente y a él cayendo en un profundo sueño.
-¿Cómo te sientes?- pregunto ella tímidamente alzando la vista. ¿Acaso Granger no sabia preguntar otra cosa, cuya respuesta era de por sí obvia?
-¿Qué hago aquí?- interpelo, haciendo caso omiso a la estupidez de la chica.
-Estabas gravemente herido, por lo que te trasladaron a San Mungo.
Eso no tenia sentido ¿Desde cuando los aurores se preocupaban por su salud? Estaba seguro que ellos estarían felices, sí él estuviera en estos momentos tres metros bajo tierra. Por el momento, se conformo con preguntar la siguiente gran inquietud que tenia.
-¿Y tú que haces aquí?
-Yo… estaba de visita en Askaban y… vi como estabas, entonces pedí que te trajeran a San Mungo.
Draco Bufo.
-No hay forma de que tú…- dijo mirándola con desprecio- hubieras podido convencer a esos aurores.
-Bueno… Harry ayudo.
-Como siempre San Potter, metiendo las narices donde no le incumbe.
-¡Deja de ser tan idiota Malfoy! Al menos finge un poco de agradecimiento, esta es ya la tercera vez que él te salva la vida.
-Yo no necesito la ayuda de nadie y menos de él.
-Si claro, se nota.- En ese momento toda la compasión que había sentido por Malfoy se desvaneció por completo- Además, todo es tú culpa, ni el ni yo hubiéramos tenido que ayudarte, si no hubieras sido tan tonto de andarte golpeando.
-¿De verdad eres tan estúpida como pareces? ¿enserio crees que estos golpes me los cause por mi cuenta?
-Si no te lo hiciste tú ¿entonces quién?
-Y seguimos con la ronda de preguntas estúpidas.
-¿Fueron los aurores?
-Obviamente, ese es su deporte favorito.
-No puedo imaginar que sean capaces de algo así- dijo mirándolo detenidamente- Voy a ir a buscar alguna poción para el dolor.
-No es necesario, como dijo el sanador, yo me lo merezco- dijo con frialdad.
-Puede que si, pero todos… - en este punto Hermione no sabia que decirle. No podía mentir diciendo que no lo merecía, porque Malfoy había hecho mucho daño; pero por otro lado estaba esa compasión humana, que ella a diferencia de muchos no había perdido aún.
-No necesito tú lastima, Granger.
Estuvieron unos minutos en silencio, que fueron interrumpidos por Hermione luego de una prominente lucha mental sobre lo que era o no correcto.
-¿Por qué lo hiciste?
-¿Qué cosa?- contra preguntó él, a pesar de que sabia a la perfección a que se refería; pero ese era un tema que él no estaba listo para hablar a profundidad y mucho menos con ella.
-Ya sabes… tú padre y… los muggles.
-Lárgate de aquí- ordeno en un tono suave pero autoritario.
Ella no se movió.
-¡Lárgate!- grito impaciente.
-¿Por qué? Yo quiero escuchar como es que fuiste capaz de asesinar a tú propio padre- Hermione era de las personas que usualmente media las palabras que decía, pero Malfoy tenia un gran talento para sacarla de sus casillas; porque siempre que ella intentaba ser amable o decir las cosas con sutiliza, él le gritaba o la insultaba.
Con un poder sobre humano, Draco se inclino de la cama lo suficiente como para tomar a Hermione del mentón.
-Nunca vuelvas a decir eso ¡Yo no mate a mi padre!
Draco la soltó bruscamente y le volvió a ordenar que se largara.
-¿Quién lo hizo entonces? - lo desafío Hermione, era obvio que no le creía.
Draco empezó a sonreír triunfante.
-Claramente, no estas preparada para oírlo. Además, es mejor para el mundo que todos piensen que fui yo, solo que no me gusta que lo digan en voz alta. – luego añadió- Por cierto ¿no era que ibas a buscar esa grandiosa poción para el dolor?
Hermione salió confundida, era increíble el cambio repentino de actitud que había tenido Malfoy. Una parte de ella quería seguir preguntando, pero la otra sabia que lo mejor era dejarlo en paz, al menos por ahora. Por el momento, estaba el inconveniente de cómo llevarle la poción a Malfoy, el pasillo en el que lo tenían estaba lleno de aurores, que requisaban a quienes entraban y salían de allí, y ella no era una excepción. Lo primero que haría seria ir al callejón Diagon a comprarla, ya que no estaba dispuesta a robar un poco de poción del hospital, por más buenas que fueran sus intenciones; luego pensaría como hacerla llegar a su destino.
En la recepción, se encontró con un montón de gente sosteniendo carteles y vociferando algo que terminaba en mortifago. No tardo en darse cuenta, que esas personas estaban allí, protestando porque Draco Malfoy estaba en San Mungo y no entendían como era posible que el ministerio gastara el dinero que ellos pagaban en impuestos, atendiendo la salud de un mortifago.
Con esfuerzo, Hermione se abrió paso entre la multitud y salió del hospital con gran indignación. Era increíble hasta donde la gente se dejaba llevar por su odio y sus prejuicios, pero también, estaba esa inquietud de cómo se habían enterado de que él estaba en San Mungo. Hasta donde sabía, el ministro se había encargado de que todo el procedimiento se hiciese en el más profundo secreto y solo un puñado de aurores y ella lo sabían; es más, les había hecho firmar un acuerdo de confidencialidad mágico.
Estaba en frente de la tienda Purge y Dowse, que servía de fallada al hospital, cuando choco con Harry. Su amigo se notaba preocupado y bastante cansado.
-Que bueno que te encuentro, el ministro te necesita urgente- le anunció su amigo.
-¿Qué ocurre? En la recepción del hospital, hay mucha gente protestando porque Malfoy esta aquí.
-Resulta que un informante anónimo, se comunico con ese nuevo programa radial que dirige Rita Skeeter y les conto lo de Malfoy. En este momento, el ministerio es un caos, porque la gente no deja de enviar lechuzas y Vociferadoras. Además, convocaron a protestas aquí y en el ministerio, así que vine a ver como esta la situación.
-¿y para que me necesita el ministro?
-Quiere hablar contigo porque tiene la ridícula idea de que fuiste tú, quien aviso a la prensa.
-¿Cómo puede pensar algo así?- dijo con indignación.
-Lo mismo le dije, pero insiste en hablar contigo. Bueno Hermione, tengo que irme, estoy seguro que apenas hable contigo se le quitara esa estúpida idea de la cabeza.
-Espera, se que tienes muchas cosas que hacer pero… ¿Me puedes hacer un favor?
-Si, pero dime rápido.
-Es que Malfoy necesita una poción para el dolor y los sanadores no quieren dársela por ser quien es ¿Podrías llevarle una?
Harry rodo los ojos, pero al fin asintió.
Su reunión con el ministro no fue muy a mena, pero logro convencerlo de que ella no era la informante. Este le encomendó la tarea de que averiguara quien había sido, pero por el momento le pidió que contestara amablemente las cartas, que no paraban de llegar al ministerio sobre Malfoy. Estuvo hasta entrada la madrugada contestando cartas, hasta que la fatiga la venció y decidió ir a su apartamento. Se recostó en su cama y por un momento se olvido de Askaban, Malfoy y del ministerio. Sin saber que al día siguiente su vida daría un vuelco de 180 grados y que la despertaría el patronus de Harry, anunciándole que Malfoy recibiría el beso del dementor esa misma noche.
