Tardo quince minutos en llegar al ministerio después de que recibió el patronus de Harry. En la entrada del ministerio todo era un completo caos, había una docena de periodista y un centenar de personas con letreros parecidos a los de San Mungo. Lastimosamente para Hermione, aquel no era su día de suerte y a pesar de la multitud no pasó desapercibida, por lo que en cuestión de segundos se vio rodeada de flashes y de un incesante parloteo. Afortunadamente, alguien la jalo del brazo y la saco de aquel mar de personas. No tuvo tiempo de agradecer a su salvador quien resulto ser Dennis Creevey, porque este la llevo como alma que lleva el diablo hacia el cuartel de los aurores. Allí fue directo a la oficina de Harry, quien la esperaba con un semblante nada alentador y un expresión que lo hacia ver mucho más mayor de lo que era.
-Gracias Dennis, puedes retirarte- dijo Harry con tono cansino desde la silla de su escritorio.
Hermione se sentó justo en frente y se distrajo un momento debido al avioncito de papel que revoleteaba de un lado a otro, chocando con los estantes repletos de carpetas. Harry no se había esmerado mucho en la decoración, simplemente había puesto un afiche de quidditch en la única pared libre, justo al lado de un tablón de madera donde pegaba fotos y notas de casos importantes.
-¿Qué es eso del beso?- preguntó al fin, mientras veía la foto de los sonrientes padres de Harry en su escritorio.
Harry lanzo un muffliato y luego dijo:
-Lo que te dije en el patronus, le van a dar el beso a Malfoy.
-Eso no es posible, Harry- le dijo con una sonrisa- para que le den el beso a alguien se requiere un procedimiento de muchos meses y hace años que no se realiza, por lo que es muy poco probable que ocurra, además él ya fue juzgado.
-Yo también pensaba eso hace unas horas, pero en la madrugada el ministro se reunió con su gabinete y decidieron que debían darle el beso a Malfoy lo más pronto posible.
-Pero ¿Por qué?
-Es que han pasado muchas cosas en poco tiempo- le respondió su amigo con tono misterioso- esta madrugada se reportó un extraño incidente en el que murieron dos muggles y un mago.
-¿Y eso que tiene que ver con Malfoy?- preguntó para luego responderse a sí misma en voz alta- piensan que él lo hizo.
-Así es y solo porque ocurrió cerca de San Mungo. No sé qué le está pasando al ministro, él sabe que Malfoy está muy bien vigilado y que es imposible que se hubiera escapado de San Mungo para luego escabullirse otra vez en su habitación sin que lo notáramos.
-No creo que Kingsley piense eso, yo diría que lo presionaron para que tomara esa decisión. Necesitaban un chivo expiatorio. Hace mucho que no ocurría un incidente como este y sería muy mala publicidad para el ministerio que saliera esto en los titulares de prensa junto con el escándalo de Malfoy. Es obvio que la gente va a asociar estas muertes con Malfoy, por lo que optaron por condenarlo al beso para no dar de que hablar.
-Kingsley no puede hacer eso ¡nos dejaría mal parados a los aurores!
-Si Harry, pero él está entre la espada y la pared. No puede salir a decir que no se sabe quién es el responsable de los hechos y que hay un mago oscuro suelto en las calles, eso de una u otra forma también perjudicaría la imagen de los aurores. Supongo, que él cree que es mejor que la gente piense que un par de aurores confiados dejaron que Malfoy saliera a dar un paseo nocturno y que luego lo volvieron a atrapar.
-Siempre había pensado que Kingsley era un hombre correcto- confesó Harry con decepción.
-Cuando se es un líder hay que tomar muchas decisiones difíciles, no intento justificar esto que está haciendo, pero en la política no solo es él quien toma las decisiones. Siempre hay un montón de buitres a sus espaldas que influyen en sus decisiones, siguiendo sus intereses personales. Imagino que él piensa que lo del beso es lo mejor para todos, porque igualmente Malfoy está condenado a cadena perpetua.
-Pero eso no quita el hecho de que hay un asesino suelto- exclamó Harry histérico. Se había levantado de su silla, mientras aferraba su varita con insistente fuerza y se dirigía hacia la puerta.
-¿A dónde vas? ¿No pretenderás ir a la oficina de Kingsley?- lo interrogo con una expresión severa.
-No puedo quedarme cruzado de brazos, Hermione.
Ella se levantó y se puso justo en frente de él.
-Y no lo harás, tú misión es encontrar al asesino, pero no ganaras nada enfrentando a Kingsley, él no puede hacer nada. Por qué no mejor empiezas por abrir ese memorándum, que ya me está colmando la paciencia.
Harry lo atrapo en el aire con una enorme facilidad y leyó en silencio.
-Dice que debo reunir un escuadrón para trasladar a Malfoy hacia el ministerio lo más pronto posible, también dice que debo comunicarme con los aurores de Askaban para que manden un dementor a media noche- luego añadió con la mirada perdida- no puedo hacerlo, nadie merece recibir el beso, nisiquiera Malfoy.
-Tú solo has lo que te piden y trata de desocuparte lo más pronto posible para investigar lo de las muertes. Yo me encargare del asunto de Malfoy.
-¿Qué vas a hacer?
-Buscare la forma de retrasar la sentencia, voy a interponer una apelación y tratare de hablar con miembros del wizengamot para que detengan esta locura– dijo sin mucha esperanza.
No habían ni transcurrido tres horas desde su conversación con Harry, cuando se dio por vencida. Nadie del ministerio la quería escuchar, todo el mundo estaba de acuerdo con la precipitada decisión del ministro, que estaba justificaba legalmente a través de un a estado de excepción. Tal vez en un par de semanas hubiera logrado demostrar que todo este asunto no tenía una base legal, el problema era que al alma de Malfoy le quedaban las horas contadas.
Se encamino hacia el ascensor para ir a su casa ha almorzar, ya era medio dia y no había probado ningún bocado de comida desde que se levantó. Se estaba preparando psicológicamente para enfrentar a la horda de periodistas que seguramente seguían en el atrio del ministerio, cuando la puerta del ascensor se abrió para dejar entrar a Dennis. Nunca supo por qué ni cómo se le ocurrió en ese momento la idea más loca y atrevida que haya tenido en su vida, de la cual se habría de arrepentir hasta el fin de su existencia.
-Hola Dennis ¿Vas a almorzar?
-Sí, hoy ha sido un dia muy ocupado en el ministerio- le dijo en tono serio.
-Ni que lo digas. A propósito, gracias por sacarme esta mañana de ese embrollo de gente.
-En realidad Harry me pidió que te esperara.
Hermione supuso que él la culpaba de todo ese embrollo, pues había sido ella la que había insistido en llevar a Malfoy al hospital.
-Yo de verdad lamento todo esto- dijo tratando se sonar apenada- todos ustedes tenían razón, Malfoy merece pagar por todo el daño que hizo.
Dennis enarco una ceja sorprendido, pero luego sonrió.
-Sí, hiciste mal en defenderlo ese dia, pero mira que las cosas pasan por algo, ahora le van a dar el beso y eso es justo lo que merece ese miserable. Yo lo traje con otros aurores hacia el ministerio y no dejaba de hacer esa sonrisa socarrona que tiene, nisiquiera cuando Harry le notifico lo del beso, imagino que se le quitara cuando tenga la boca del dementor en frente.
Hermione se removió incomoda, era evidente el odio que Dennis albergaba hacia Malfoy y por extensión hacia los que alguna vez fueron mortífagos.
-Si, oye… ¿te gustaría ir a almorzar conmigo? Es que usualmente lo hago con Harry, pero él esta tan ocupado hoy.
-Me encantaría- le respondió con una sonrisa de par a par.
Fueron al apartamento de Hermione, con la excusa de que quedaba cerca pero lo suficiente alejado de los periodistas. Ella vivía en un edificio residencial muggle en el cuarto piso, su apartamento consistía en un dormitorio, un estudio y la sala que se comunicaba con una pequeña cocina. Decidieron ordenar comida china, debido a que Hermione no tenía en su nevera algo decente que preparar.
La conversación con Dennis fue en su mayor parte acerca de la vida muggle, fue agradable por que los dos provenían de familias muggles y tenían muchas cosas en común. A esas alturas Hermione casi se sentía la peor persona del mundo por pretender usar a Dennis en su improvisado plan. Afortunadamente, su culpabilidad desapareció en cuanto el auror vio una fotografía de Harry, Ron y ella juntos, pues no desaprovecho el momento para adular a su amigo.
-Harry es un gran hombre, me gustaría regalarle algo un día de estos ¿sabes que le gusta?
Ella rodo los ojos. Empezaba a sospechar que lo que sentía Dennis por Harry era algo más que admiración, pero no tenia el tiempo, ni las ganas para confirmarlo, por lo que determinó que ese era el momento perfecto para empezar a ejecutar el plan.
-A Harry le gusta mucho la cerveza de mantequilla. A propósito, tengo unas en mi nevera ¿Quieres?
El auror asintió.
Hermione se levanto y fue a la cocina.
-Pero si de veras quieres darle algo que aprecie mucho, puedes comprarle algo de quidditch- dijo alzando la voz, mientras saco disimuladamente un frasquito con un liquido transparente de la despensa- esta esa nueva saeta de fuego, pero es muy costosa- saco dos vasos de cerveza de la nevera y los levito hacia el comedor, no sin antes echar tres góticas del liquido transparente en uno de los vasos- Yo una vez le regale un kit de mantenimiento para escobas y le encanto.
Dennis tomo uno de los vasos y se lo llevaba hacia la boca, pero se detuvo un momento.
-Ya había pensado en eso, solo que todo el mundo sabe que a él le gusta el quidditch y quiero darle algo distinto - en ese momento tomo un gran sorbo de la cerveza- mira que en la última biografía que publicaron de él dice que…
-Sí, sí, ya sea como es Harry- lo interrumpió secamente- luego hablaremos de él. Primero necesito que me respondas unas preguntas ¿Dónde tienen a Malfoy?
-En las mazmorras que están cerca del Tribunal del Wizengamot- el auror parecía confundido por el rumbo que estaba tomando la conversación.
-¿Cuántos aurores lo están vigilando?
-Somos ochos, cuatro por el pasillo y los otros distribuidos en las mazmorras.
-¿y tú donde haces guardia?
-En las mazmorras.
Esa información le facilitaba enormemente sus planes, todo seria mucho más fácil de lo que había pensado. Luego de sopesar sus opciones, decidió lanzarle una maldición imperius a Dennis e ir con él de vuelta al ministerio.
Durante toda la tarde la ansiedad la estuvo dominando, intento concentrarse en su trabajo pero nada de lo que hacia podía hacer que dejara de pensar en Malfoy y en lo que le esperaba en las siguientes horas. Casi llego al borde de una crisis nerviosa cuando Harry se presento a eso de los cinco para averiguar si había logrado algún avance. En ese momento necesito de todo su autocontrol y de todo su talento como actriz (que de por si era casi nulo).
-Harry, lo intente todo pero nadie quiere escuchar. Todos parecen empeñados en que reciba el beso- le dijo con voz temblorosa.
Harry la miro con recelo, pero decidió pasarlo por alto al asociar su nerviosismo con el haber fallado en lo de Malfoy.
-Lo lamento mucho por él- dijo al fin y suspiró- lo único que puedo hacer es presionar al estúpido dementor para que lo haga rápido, ya sabes que a ellos les gusta jugar primero con su presa, aunque de verdad no hay ninguna forma agradable de hacer esto.
Tal vez debería contarle algo a Harry… él podría ayudarla y así evitarse muchas otras molestias que se le presentarían mas adelante; pero no quería involucrarlo, muchas cosas podrían salir mal y su amigo tenia un prometedor futuro por delante que ella no quería arruinar. Bueno, ella también tenia uno, pero su amigo había sufrido ya muchas desgracias suficientes para toda una vida.
-Harry…
-¿si?
-Es que estaba revisando el expediente de Malfoy y note que este que me dieron es una copia y le faltan algunas páginas.
-Sí, eso es porque ese expediente es información clasificada y solo algunos funcionarios pueden tener acceso completo a él.
-¿Y porque hasta ahora me entero de eso?
-Porque eres nueva en este departamento- le dijo con una sonrisa- por fin se algo que tú no. Con que así es como se siente.
Hermione esbozo una mueca aparentando estar enojada.
-Muy gracioso… pero dime ¿a quien le debo pedir el permiso?
-Para tú fortuna es a Neville. Su cubículo queda cerca de mi oficina ¿vamos?
Neville lucia bastante estresado, estaba reemplazando a un tal Stan -quién era él que usualmente tramitaba los permisos- mientras estaba de vacaciones. El gryffindor seguía siendo bastante olvidadizo, más ya no era el niño gordo e inseguro que había conocido en el colegio.
-Estoy seguro que había dejado el sello por aquí- en ese momento su escritorio tenia una montaña de papeles revueltos y él desesperadamente los removía para buscar.
-¡Accio sello del ministerio!- exclamó ella apuntando hacia el escritorio. De uno de los cajones salió expulsado el sello hacia Hermione.
El chico se sonrojo, pues hace unos minutos lo había buscado en los cajones.
-Tienes que entregarle esto a una bruja, que esta afuera de la oficina que queda al final del pasillo de los baños- le indico tras plasmar el sello en un pequeño pergamino- ella buscara el expediente.
-Muchas gracias, Neville.
Al final del pasillo estaba la dichosa oficina pero no había nadie afuera. Hermione imagino que la bruja estaba dentro porque la puerta se encontraba entreabierta, sin embargo se acerco sigilosamente para corroborar. Se sorprendió al ver a un hombre buscando algo desesperadamente, no alcanzaba a ver quien era pues estaba de espaldas y la habitación se sumía en la oscuridad.
Estaba tan concentrada en los movimientos del hombre que se sobresalto al sentir una mano en el hombro.
-¿Qué hace usted aquí?
Hermione se volteo bruscamente y se encontró frente a frente con una bruja regordeta y de rostro severo.
-Vine… por… un expediente- casi se había quedado sin habla, pues la bruja la había asustado y su mirada inquisidora no ayudaba a que se calmara.
-¿Pretendía entrar?- le pregunto mirando la puerta entreabierta y luego a ella.
No sabia porque sentía miedo, no había estado haciendo nada malo pero esa mujer la hacia sentir como una niñita regañada.
-Cuando llegue la puerta estaba así- le dijo encontrando valor. Pronto descubriría quien rayos estaba dentro y eso la tranquilizo.
-Lo siento- dijo mirando el reloj en su muñeca- ya es mi hora de salida, tal vez si viniera mañana temprano… y si puediera apartarse para que yo pudiera sacar mis cosas…
Hermione se sintió una tonta y se aparto. La mujer entro, salió rápidamente con un bolso y cerro la puerta con magia.
-¿Piensa quedarse aquí a esperar hasta mañana?
-¿No había nadie dentro?- pregunto sin poder contenerse, haciendo caso omiso al sarcasmo de la mujer.
-¿Acaso debería de haber alguien?- contra pregunto enarcando una ceja.
La bruja la miraba con desconfianza, pues Hermione no se fue sin dar un vistazo disimulado. Al fin se fue de allí con la odiosa mujer detrás, esta parecía tener una dolencia estomacal por lo que deseo con todas sus fuerzas que le doliera mucho. Bien podría haberle buscado el expediente, pues no le hubiera tomado ni un minuto hacerlo. También estaba el hecho de que la persona que se encontraba dentro, no podría haber salido porque ellas estaban en la puerta, seguramente se había escondido. Tenía unas ganas enormes por devolverse y averiguar quien era, pero eso podría esperar, probablemente se enteraría mañana cuando lo descubrieran, puesto que se había quedado encerrado; o en el caso de que se tratara de alguien astuto, ella terminaría por descubrirlo.
Ya había llegado la hora de la salida del ministerio, por lo tanto se acercaba la hora de la verdad. Se quedo en su oficina con la excusa de tener que contestar las cartas que enviaban sobre Malfoy. Esto la libraría de toda sospecha, puesto que el propio ministro se lo había pedido y el día anterior había hecho lo mismo. Espero hasta que su reloj marco las diez de la noche. Con resignación tomo el ascensor y se dirigió hacia las mazmorras. Todo marchaba bien, el ministerio estaba desierto y ella solo tendría que hacer unas cuentas maldiciones imperdonanables y Malfoy estaría libre.
