Y un año después volví. Lo siento mucho, pero espero terminar esta historia, de verdad que si.
Las mazmorras del ministerio parecían una mansión en comparación con su celda en Askaban. Sin embargo, seguía siendo fría y carente de toda comodidad. Estaba encadenado de pies y manos, y las cadenas eran tan cortas que a duras penas podía moverse, por lo que se vio obligado a permanecer en una postura antinatural.
No sabía que sentir con respecto al hecho de que iba a morir, bueno teóricamente no era así, pero el beso era algo equivalente o mejor dicho algo peor. Nunca en su vida se había preguntado qué pasaría con un alma arrebatada por un dementor ¿Lo torturarían eternamente? ¿Se volvería una más de esas horribles criaturas? Las dos ideas le revolvieron el estómago. Definitivamente era un cobarde, siempre lo había sido, pero también siempre lo había ocultado y esta vez no iba a ser la excepción. San Potter y la sangre sucia lo único que habían hecho era terminar de arruinar su vida. Él estaba tan… acostumbrado a su vida en Askaban, allí al menos hubiera podido morir como un ser humano. En cambio, tendría que sufrir un castigo peor que la muerte. Solo le quedaba desear una muerte lenta y dolorosa para Potter y Granger. Y en el caso de que se volviera una de esas temibles criaturas, se encargaría de visitar frecuentemente al cara rajada. La sola idea lo hizo sonreír.
El día pasó demasiado lento, según el criterio de Draco. La espera era peor de agobiante que el final que le esperaba. Lo único bueno era que casi no lo habían golpeado, pero eso sí, no faltaban los insultos y los "buenos deseos". Así que para hacer la espera menos apremiante, empezó a contar los ladrillos de su celda, iba en el número cien cuando escucho que algo pesado había caído. Rápidamente giro la cabeza y sus ojos no podían creer lo que estaban viendo.
-Qué… demonios…- dijo Draco en medio de un balbuceo. Dennis Creevey estaba de pie apuntando con su varita hacia los aurores tendidos en el suelo. El ataque había sido tan repentino que ninguno había tenido la oportunidad de defenderse, es más, probablemente ni lo habían notado.
Creevey abrió con su varita la reja, susurro unas palabras que lo liberaron de las cadenas y le hizo señas para que saliera. Él se quedó inmóvil sin saber qué hacer.
-¿! Necesitas que te mande una carta de invitación para que te muevas, Malfoy!?- exclamó una voz a las espaldas de Creevey. Si ya de por si resultaba asombroso lo que estaba pasando, Malfoy se quedó de piedra cuando descubrió de quien era esa fastidiosa voz. Nada absolutamente nada tenía sentido.
-¡Muévete! No tenemos mucho tiempo- lo apresuro.
-Granger… ¿Qué haces aquí?
-No vengo precisamente a tener una conversación. ¡Sal de una buena vez!
-No… yo… ¡no voy a ningún lado con ustedes! Solo me traen problemas.
-¡No seas idiota, Malfoy! Si te quedas aquí recibirás el beso y qué puede ser peor que eso. Pero si no quieres mucho mejor, me ahorrarías un montón de problemas.
Draco dudo un momento, pero ese argumento parecía más que convincente, después de todo no tenía nada que perder. Al salir de su celda, vio que Granger alzo su varita, pero no contra él sino contra Creevey. Al instante el auror cayó al piso inconsciente y ella le lanzo un obliviate. Sacó de un diminuto bolso una capa de mago de color esmeralda, junto con unos jeans de color negro.
-Vístete rápido- lo apresuró lanzándole las prendas.
Draco obedeció sin pudor alguno por el hecho de quitarse su harapienta ropa de reo frente a Hermione. A ninguno pareció importarle, ya que dada la situación eso era lo último que los apremiaba. A continuación, la bruja se le acerco y empezó a transformar su apariencia, no supo cómo quedo, pero esperaba que fuera lo suficientemente convincente como para salir tranquilamente del ministerio.
Hermione, levantó la varita del piso que estaba junto a Creevey, y por unos segundos miro a Draco y a la varita sin saber qué hacer.
-Te la voy a dar, Malfoy, porque probablemente la necesitemos para salir de aquí. Pero si intentas algo sucio te juro que yo misma te llevo a los dementores.
Se la lanzo y le apunto con la suya. La felicidad de Draco al volver a tener una varita en sus manos era indescriptible, ya no se sentía vulnerable, era como si le hubieran regalado un dulce a un niño. Por un momento pensó en aturdir a la sangre sucia, pero ella tenia razón, él la necesitaba al menos por ahora. Además, claro, debía aceptar por más que le doliera en su orgullo que ella era mejor bruja que él; y que llevaba tanto tiempo sin batirse en duelo que ha Granger solo le bastaría un par de hechizos para vencerlo. Luego encontraría la forma de librarse de ella.
La sangre sucia lo hizo ir adelante y por la emoción de tener la varita y de librarse de los dementores, no pregunto siquiera que era lo que pretendía. Extrañamente el pasillo se encontraba vacío, al parecer solo lo vigilaban el puñado de aurores que estaban aturdidos junto a su celda, lo cual era muy extraño.
- ¿A dónde ha ido todo mundo? ¿No se supone que soy una amenaza de seguridad nacional?
-¡No seas idiota! Creevey me dijo que había trampas ocultas que ni él conocía, y que al parecer había otros cuatro aurores en el pasillo, pero yo pude pasar sin ningún problema.
-Pues la idiota eres tú, planeaste esto ¿y no te moléstate en averiguar que trampas había?- le dijo Draco parándose en seco. No podían seguir avanzando a ciegas, tal vez Granger pudiera pasar, pero él en cambio podía volar en pedazos en cualquier momento.
-Solo tuve un par de horas para hacerlo. Y para ser honesta hace unos minutos ni siquiera estaba segura de hacer esto. Estoy arriesgándome por ti y tú ni siquiera pones de tu parte. ¡Solo falta media hora para la media noche!
-Es que a diferencia de ti, yo pretendo salir en una sola pieza- seguidamente murmuró- Homenum Revelio.
No sucedió nada. Draco no pudo ocultar su felicidad por pronunciar un hechizo después de tanto tiempo.
-Lo bueno es que no tendremos que preocuparnos por aurores, al menos por el momento- dijo Hermione.
-Las damas primero- comentó Draco sonriente.
A Hermione no le hizo mucha gracia, y obviamente no cedió a las pretensiones de Draco, el cual sin mucho entusiasmo reanudó la marcha. Giraron a la izquierda en busca de las escaleras que comunicaban la sala de los tribunales con el ascensor. Allí encontraron su primer obstáculo.
Draco pareció haber cruzado una especie de línea invisible que inmediatamente género un sonido estruendoso. Ambos corrieron a toda velocidad hacia las escaleras. Habían activado una alarma y seguramente los aurores no tardarían en llegar. Luego una nube oscura los invadió por completo y resultaba imposible saber hacia dónde iban.
-Lumus- gritó Hermione, resultando inútil.
Sintió que alguien la tiraba por la espalda. Era Malfoy que la guiaba hacia la pared de piedra, y sin soltarse palparon la pared, hasta tropezar con el primer escalón. Sin saber cómo, lograron alcanzar el pasillo superior, mientras la oscuridad se desvanecía lentamente.
Entonces oyeron que un poco más allá un ascensor traqueteaba; recorrieron veloces el pasillo, doblaron la esquina, y Malfoy dio un puñetazo en el botón para llamar otro ascensor. Éste descendió produciendo un ruido metálico; luego la reja se abrió y Hermione oprimió el botón del departamento de seguridad mágica.
-¿¡Estás loca!?- gritó muy fuerte Draco, alzó su varita hacia Hermione ante un claro acto de traición- me vas a llevar a ellos…
- ¡No! Bueno sí, pero piensa que todos supondrán que iremos al atrio, las chimeneas deben estar cerradas, mientras que nadie imaginara que iras al departamento de seguridad mágica, además es el lugar donde se supone que debo estar.
Pero me reconocerán… luego recordó que Hermione le había cambiado la apariencia y se tranquilizó un poco. Bajo la varita y en ese instante el ascensor se abrió. Era Neville.
-¡Oh! Eres tú- sollozó, bajando la guardia- me han pedido que revise los ascensores, al parecer no había notado la presencia de Draco, oh bueno sí, pero estaba Hermione y eso quitaba todo rastro de sospecha para el inexperto Neville.
Los dejo subir sin más, fue un alivio pues ninguno se lo esperaba. Malfoy estaba al borde de una crisis de nervios, un auror más experimentado habría notada que algo raro sucedía.
En el departamento de seguridad mágica, había pocas personas, solo quedaban aquellas que tenían labores administrativas, y andaban tan concentradas en las tareas que les habían encomendado que ni se habían fijado en ellos. Sin ningún tipo de contratiempo fueron hacia la oficina de Hermione. Cerraron la puerta y el alivio acudió a sus cuerpos cargados de adrenalina, sin embargo, el peligro no había acabado.
-¿Qué hacemos ahora?- interpelo Draco.
-No sé, en cualquier momento pueden venir a buscarme, tu presencia resultaría muy sospechosa, debemos encontrar la forma de ocultarte… ¡la capa!- concluyó Hermione satisfecha.
-Quédate aquí, iré a la oficina de Harry a buscar su capa de invisibilidad.
A Draco no le agradaba la idea de quedarse allí solo.
-¿Y si viene alguien?
-Escóndete, o sencillamente no le abras a nadie, asumirán que no estoy en la oficina.
Apago la luz que la iluminaba, la cual había dejado encendida en el proceso de huida.
La oficina de Harry no estaba sola. Se encontraba nada más y nada menos que su amigo pelirrojo. Su corazón se aceleró, trato de parecer lo más tranquila posible. Ron parecía contrariado.
-¿Y Harry?- fue lo único que pudo decir Hermione, ante el silencio de Ron.
-¿Y para que lo necesitas?
Se suponía que ella había estado en su oficina todo este tiempo, pero todo el ministerio había oído la alarma y Neville la había descubierto en los ascensores.
-Quería saber que ocurre. Estaba en los pisos inferiores, oí una alarma y cuando viene aquí esto parecía desierto.
-Ah, Malfoy se las ha ingeniado para escapar- expresó malhumorado- pero es claro que continua en el misterio, no tardaremos en atraparlo.
-¿Y no deberías estar buscándolo?- interpeló ella.
A Ron se le pusieron las orejas rojas. Hermione noto que llevaba una capa en las manos: ¡la capa de invisibilidad!
-Yo… bueno, vine a dejar la capa que Harry me prestó. Estaba… en… un asunto que él me encomendó, cuando me entere de la fuga de Malfoy. Pero ya voy hacia allá.
Su amigo se fue rápidamente y Hermione aprovecho para llevarse la capa. Se dirigió a su oficina. Al entrar no vio a Malfoy por ningún lado. La puerta se cerró, alguien la tomo por detrás y le tapó la boca.
-Granger- susurró Draco, luego la soltó- No sabía que eras tú.
Hermione encendió nuevamente la luz y le dio la capa.
-Póntela, ahora tendremos que esperar. No sé qué es más conveniente, si fingir que sigo contestando estas cartas, bajar a ver qué sucede, o salir contigo como si fuera a casa.
Prefirió lo primero, ella no era ningún auror como para estar buscando a Malfoy, además su encuentro con Ron y Neville hasta le servían de cuartada.
Durante la espera, hasta Draco se puso a leer las dichosas cartas, quedarse tanto tiempo sin hacer nada le resultaba desesperante; era mucho más interesante leer como la gente lo insultaba, incluso le causaba gracia.
-Esta tal Alicia Spinnet, no fue…
Draco fue interrumpido por el sonido de la puerta. Tenía medio cuerpo descubierto, por lo que se cubrió rápidamente con la capa.
-¿Hermione?
-¡Harry!
Ella se levantó rápidamente y fue hasta la puerta.
-¿Estas con alguien? Me pareció oír…- declaro su amigo tratando de echar un vistazo.
-Un vociferador- respondió con naturalidad- te he estado buscando- añadió con preocupación- Harry ¿Qué está pasando? Ron me dijo que Malfoy escapo.
-Así es, no parece haber rastros de él. Hemos sellado todas las salidas, revisado cada centímetro del ministerio, y no sé cómo pero es como si se hubiese esfumado.
Harry hizo un ademan de entrar, y Hermione noto que estaba obstaculizando el paso. Ambos se sentaron en un pequeño sillón. Ella no pudo evitar mirar el lugar donde se suponía debía estar Malfoy.
-Kingsley no estaba tan mal como suponíamos. Los ataques de ayer, la fuga de hoy; y todo justo con la salida de Malfoy de Askaban.
Su amigo miro a los lados, con aire misterioso y luego susurró.
-Hay alguien más involucrado en esto, y tengo casi la certeza de que es una persona que trabaja en el ministerio, porque nadie más podría haberlo ayudado a escapar.
Hermione palideció, para su fortuna no lo tenía enfrente porque habría notado su nerviosismo más que evidente.
-¿Así? ¿Y quién crees?- dijo tragando saliva.
- Sí, esa persona debe ser un auror. Solo los aurores conocían de las medidas de seguridad. Fui muy confiado, Hermione. No creí que Malfoy representaría mayor peligro, debí haber puesto medidas de seguridad más severas- se lamentó su amigo, llevándose las palmas de las manos a la frente. Ella trato de reconfortarlo con un abrazo.
- No es tú culpa, Harry. Además, mira que al menos no recibirá el beso.
- Pero Hermione, sí ha logrado convencer a un auror que sea su cómplice, además del ataque de ayer, cualquier cosa puede pasar ¿Qué se puede esperar de alguien que asesino a su propio padre?
Se escuchó como si alguien rechinara los dientes.
-¿Qué fue eso?
-¡Las cartas!- exclamó fingiendo no prestarle atención- Harry, lo primero que debes hacer es tranquilizarte y no culparte, las cosas que pasan no son tu culpa. Deberías ir a descansar.
Harry no había dormido casi nada en dos días, tenía unas enormes bolsas oscuras bajo los ojos y su pelo lucia más despeinado que nunca.
Él suspiro.
-No puedo, tengo que estar pendiente de todo esto. Quien sí debería ir a descansar eres tú. En unos minutos, vamos a habilitar una chimenea para que los empleados salgan.
Hermione sonrió. Su amigo la esperaba en la puerta.
Cogió su bolso y su varita. Harry fue quien cerró la puerta, por lo que espero a que avanzaran un poco, cuando fingió que había olvidado algo, entro a su oficina y le susurró a Malfoy que saliera con ella. Los tres bajaron al atrio, habilitaron la chimenea; y Hermione y Draco lograron salir, sin despertar el más mínimo nivel de sospecha.
