La legenda de Zelda no es mío.
Comentarios al final
— Nos vemos chicas — se despidió Zelda. Las clases se habían acabado y cada quien se iba a su casa, Zelda y Saria vivían muy cerca de la otra mientras Midna y Grusi vivían más alejadas.
— Adiós — se despidieron el par de chicas, mientras cada par se fue por el lado contrario.
Caminaron un rato.
— Oye Saria ¿Cómo son tus padres? — pregunto Zelda, rompiendo el silencio que se había formado, aunque habían hablado mucho en el receso por alguna razón Saria no menciono para nada a sus padres.
— Oh, amm bueno — trataba de hallar las palabras — Mis padres murieron hace un tiempo — soltó nostálgica.
— Lo siento, no debí preguntar — le dijo Zelda apenada bajando la mirada. Se formó de nuevo el silencio, nadie decía nada, al parecer a la kokiri todavía le dolía el tema y Zelda se sentía mal por habérselo recordado.
— Sabes, mi papá murió un poco antes de que yo naciera — le menciono la Hylian — aunque ya paso mucho tiempo todavía me duele un poco pues nunca lo conocí —
La kokiri se detuvo y la miro — ¿Enserio? — Zelda asintió — Lo siento, a mi también aun me duele, murieron cuando tenía diez años así que ahora vivo con mi tía Fado, ella me ha cuidado y tratada como su hija, abandono la oportunidad de hacer su vida para estar conmigo— dijo con una débil sonrisa — Obviamente ha sido duro pero tenemos que salir adelante —
— Tienes razón — le contesto Zelda con una sonrisa — oye me gustaría conocer tu casa y a tu tía ¿Crees que le moleste? — pregunto dudosa —
— ¡Claro! me encantaría presentártela ¿Pero no te esperan en casa?—
La Hylian lo dudo un poco, la verdad no queria que el tiempo de tener que ir a casa llegara, y queria pasar más tiempo con Saria y así no tener que cruzarse con el discurso de disculpas y amor que le dará su madre — No nadie me espera.
— ¿Y tú nana Impa? —
— No pasa nada, no te preocupes además vivo cerca de aquí —
— De acuerdo, sígueme — caminaron un par de cuadras y llegaron a la casa de la kokiri. Esta era una casa verde pequeña pero con dos pisos, el jardín estaba bien cuidado pues tenía muchas flores de diferentes colores y especies, también había un gran árbol al lado de la casa, al parecer a su tía le gustaban mucho las plantas.
Saria abrió el portón y después saco sus llaves para abrir la puerta de la casa el cual era un llavero con un dije de una flor rosa de muchos pétalos, en el centro era amarillo con muchas piedras pequeñas. Era un adorno muy bonito y Zelda no pudo evitar mirarlo fijamente embobándose con el brillo que poseía.
— Me lo dio mi madre — le dijo la Peliverde al ver la atención que ponía su amiga en el llavero. Termino de abrir la perta y entraron en la casa.
— ¡Ya llegue! — aviso Saria, mientras dejaba la mochila aun lado de la puerta. La casa era azul bajo por dentro con toques verde, justo en frente de la puerta estaban las escaleras que daban entrada al segundo piso, a la izquierda estaba la cocina y a la derecha la sala, por todos lados había cuadros de flores, arboles, lagos, eran pinturas muy hermosas que plasmaban a la naturaleza.
El lugar era acogedor y humilde, olía a galletas recién hechas, un olor proveniente de la cocina donde también se oían ruidos y el choque de las cacerolas.
— Tía ya estoy aquí — volvió a decir Saria — traigo visitas.
— ¡Pasen estoy en la cocina! — escucharon decir una voz femenina. Ellas hicieron caso y se dirigieron a la cocina, pero no había nadie, en el pequeño comedor de madera había bolsas de mandado, el refrigerador estaba abierto, había algo cocinándose en la estufa y en la barra habían muchos ingredientes como especies y vegetales pero no había nadie.
— ¿Tía Fado...? —
— ¡Aquí estoy! — dijo saliendo de la nada tras la barra. Las chicas soltaron un chillido y dieron un brinquito por el susto, no se esperaban eso — Lo siento es que estaba buscando unos recipientes — dijo algo apenada. La tía de Saria era rubia y con ojos azules, era de la misma raza de su sobrina por eso no era muy alta. La raza de los Kokiris existía desde hace milenios y es por eso que algunos rasgos habían cambiado como la estatura.
— Mucho Gusto soy Zelda — se presentó la Hylian acercándose y dándole la mano a la rubia con una sonrisa.
— ¡Mucho gusto! — Le devolvió el gesto con una gran sonrisa — debes ser amiga de Saria ¿Cierto? — Ella asintió — Hay que bueno ya tienes una amiga, vamos siéntense en unos momentos les sirvo una limonada y unas galletas —
Estas obedecieron y después Fado les trajo las limonadas y galletas para después sentarse con ellas.
Pasaron un buen rato merendando y hablando, Zelda descubrió que la madre de Saria se llamaba Saraí y su padre Frido hermano de su tía, que Saria era alérgica a los cacahuates si los comía y que "era muy tierna de bebe, con unas pompis suaves" comentario de su tía. Se rieron un poco y comieron muchas galletas las cuales estaban deliciosas, pasaron de las dos de la tarde hasta las tres.
— Creo que debo irme — dijo Zelda mirando el reloj, estaba muy a gusto en la casa pero tenía que llegar con su madre e Impa si no se preocuparían.
— Oh es una pena — dijo Fado levantándose de la silla — nos gustaría que te quedaras pero al parecer tienes cosas que hacer—
— Fue un gusto en conocerla señora Fado, las galletas y la limonada estaban deliciosas —
— De nada, también es un gusto conocerte, puedes venir cuando quieras las puertas siempre estarán abiertas, además nos encantan las visitas — le respondió con una gran sonrisa.
— Te acompaño a la puerta — le dijo Saria, las dos salieron de la cocina y la peliverde le abrió la puerta — me la pase muy bien Zelda, y de nuevo gracias no sé cómo te voy agradecer eso que hiciste por mí —
— Y lo volvería hacer si es necesario, — añadió la rubia poniéndole un brazo e el hombro — Gracias a ti también—
Se abrazaron y después de eso se despidieron.
Estaba preocupada, hace casi dos horas que debió haber llegado, Alma le platico lo que había ocurrido, probablemente Zelda se fue a meditar o pensar un poco, pero también estaba la posibilidad de que hubiera escapado, o que le haya pasado algo, tenía que hacer algo rápido, tal vez debía dejarla sola, pero tal vez no llegara temprano y se hiciera de noche y Zelda todavía estuviera a fuera y sola, alguien pudiera hacerle daño llevársela o rapt...
— ¡Ya estoy aquí! — Escucho que decían desde la planta baja. La mujer de ojos escarlatas bajo como rayo de su habitación encontrándose con una muchacha rubia, que a su parecer no se daba cuenta de que hora era.
— ¡Me tenías preocupada! — Le dijo la mujer abrazándola — ¿Dónde te habías metido? —'
— Es que estaba en la casa de una amiga, es una chica nueva, no me paso nada — la tranquilizo mientras se separaban.
— Pero al menos me hubieras llamado o algo, recuerda que no te mandas sola — La reprocho Impa, con alivio.
— No te preocupes, ella vive a unas cuadras no pasa nada —
— ¿Como que no pasa nada? que tal si te pasaba algo —
— Pero no paso Impa, además no estoy de humor para discutir, hoy no fue un buen día —
— Lo sé tu madre me conto todo — le dijo la Sheika — Y no, no está — le informo al ver la mirada de Zelda que al parecer buscaba a su madre — dijo que tenía que salir y vendría en la noche. —
La joven suspiro con algo de alivio y se echó a el sillón de la sala — Todo es tan difícil — dijo viendo al techo.
— No es difícil es solo que a veces no sabemos cómo manejar las situaciones y actuamos de una manera que no debemos — Impa se sentó a su lado mientras la miraba con ternura y sus ojos reflejaban preocupación por la muchacha.
— ¿Acaso lo que me dijo es solo porque no sabía cómo actuar? — Preguntó mientras se sentaba— ¡Ja!, si como no, las cosas se dicen por una razón, a veces no controlamos nuestras lenguas pero ellas hablan conforme a lo que piensas, si ella dijo eso es porque lo pensaba y sentía — se volvió a tirar en el sillón.
— Sé que lo que dijo está mal pero, uno también comete errores, todos lo hacemos y es por eso que hay que saber perdonar — Impa hablaba con dulzura, no le estaba reclamando nada pues ella tenía razón, su madre había actuado mal pero no podía estar resentida con ella para toda la vida — no guardes rencor en tu corazón, pues eso lo vuelve negro y sin vida, no dejes que él se adueñe de ti—
La joven no dijo nada, solo se quedó viendo al techo pensando y pensando, Impa se levantó del y fue a la cocina pues lo mejor era dejarla reflexionar, y que pensara las cosas con calma y claridad, pues ella misma tenía que ver que no podía evitar a alguien para toda la visa.
Estaba en su cuarto acostada en su cama, había muchos asuntos rodándole por la cabeza, a ese ritmo pronto le explotaría, pero al menos debía recolectar las cosas buenas que le habían pasado en el día, como el conocer a Saria y que se llevaron bien, también debía reconocer que le agradaba volver a la escuela, podía ver a Midna a Grusi, pasar un rato con el payaso de Cooker, ver como Ashei se pelea con otras chicas, o como Ruto se quejaba de las tareas, ver como Midna se había comportado con el chico nuevo, además le agrado conocer a Link, ese chico era amable, dulce, tenía una sonrisa brillante, facciones perfectas...
Se sonrojo al pensar en eso y se tapó la cara con la almohada ruborizada, ella no era de las que se interesaban en chicos ni obsesionaban ni nada por el estilo, pero algo de ese muchacho le llamo la atención, y no podía evitarlo, ni negarlo, se había adueñado de sus pensamientos.
Al principio ella se había comportado algo seca, y el nunca dejo de ser amable, todo era muy confuso, pero no pudo evitar sentirse nerviosa cuando lo vio.
— Zelda ¿Estas ahí? — Esa era la voz de su madre. Sintió que se le helo la sangre, pues tenía que enfrentar algo que queria evitar, pero estaba atrapada no tenía remedio.
— Sé que estas ahí, abre la puerta — Pero la joven no se movía.
— ¡Zelda! — La muchacha reacciono y con paso lento fue abrir la puerta. Al abrirla se encontró con el rostro de su madre, este demostraba autoridad y dureza, pero a la misma vez preocupación.
— Anda pasa — La invito. Alma entro en la habitación. Zelda se sentó en su cama después le dio un par de palmadas al colchón indicándole que se sentara.
— Necesitamos hablar — Dijo sentándose.
— Pues habla rápido — Le indico, queria terminar esto lo más pronto posible — ¿De qué quieres hablarme?—
— ¡Zelda no actúes así! Sabes perfectamente de que quiero hablarte — la mujer le tomo las manos — Hija, yo lamento lo que dije, no debí, pero — Hizo una pausa, y por un momento cerró los ojos — dije las cosas sin pensar, estaba molesta pero no quise hacerlo perdóname —
Zelda la observo se miraba arrepentida, la gran empresario Alma Harkinian, conocida por su semblante serio y duro, le suplicaba en esos momentos perdón con lágrimas en los ojos, Impa tenía razón, no podía estar enojada con ella para toda la vida.
— No hagas esto, claro que te perdono, tú eres mi mamá y yo tampoco debí actuar así, fue muy inmaduro de mi parte, también te pido perdón —
— Gracias — le dio un fuerte abrazo a su hija — pero, debes saber que no es la única razón por la que vine ¿verdad? —
A Zelda se le erizaron los pelos — Lo sé — dijo separándose de ella.
— Mira, sabes que yo tengo muy presente tu opinión, pero debes entender, que no puedo quedarme así para el resto de la vida, lamento decirte esto pero — le tomo el rostro con las dos manos — digas lo que digas no pienso cambiar de opinión, a este grado del partido, no puedo detenerme —
A la joven se le cristalizaron los ojos, su madre no daría un brazo a retorcer, dijera lo que dijera, se casaría con un hombre que ella ni siquiera conocía, un hombre que podía hacerle daño a ella y su madre pero a pesar de eso en este caso como en muchos otros no tendría en cuenta su opinión, pero no podía hacer nada más.
Aparto las manos de su madre mientras miraba el piso — ¿Puedes irte?, necesito estar sola — pidió con un hilo de voz apenas audible para la mujer.
Ella solo salió del cuarto sin decir nada más, pero estaba decidida se casaba por que se casaba y por más que le doliera ver a Zelda así ella también merecía felicidad, pero tenía que hacer algo para que su hija no estuviera así para toda la vida, sabía que si se casaba ella no podría volver a mirarla porque no entendida lo que era el amor, pero si no lo hacía seria infeliz, tenía que idear un plan, y ya tenía algo en mente.
Desde entonces habían pasado tres días, tres y largos días, el timbre sonó dando así la indicación de que se empezaba un nuevo día de clases.
Saria y Zelda llegaban a la escuela, platicaban animadamente, mientras reían.
— ¿Dónde estará Midna? — Le pregunto a Zelda
— No lo sé tal vez este en el salón con Grusi o...— Zelda no pudo terminar la palabra pues sintió como caya al piso y se golpeaba con el suelo.
— ¡Auch! — Se quejó, sentía alguien en sima de ella y le aplastaba.
— ¡Hay lo siento, lo siento, los siento! — Escuchaba como un muchacho le suplicaba.
La joven abrió los ojos al mismo tiempo que la persona que estaba sobre ella.
Era un joven de ojos violetas y pelo azul, el la miraba fijamente con sus brazos al lado de la cabeza de la joven, no podían despegar las miradas uno del otro, el viendo sus ojos cual zafiro y ella viendo los suyos profundos y violetas, se quedaron un buen rato así hasta que un par de risitas saco a la joven de su transe, volteo a otra parte y miro a Midna Grusi y Saria viéndolos al igual que varios que pasaban por ahí.
— Amm... ¿Hola? — dijo sonrojada al ver en la posición que estaban y ver todas las miradas que atraían. El joven se percató de esto y se separó mientras sus mejillas se tiñeron de rosa.
— Déjame ayudarte — el chico le ofreció la mano y ella la acepto, luego de levantarse se sacudió las ropas.
— Gracias —
— De verdad lo siento, es que esos de halla atrás andan algo bruscos hoy —
— No hay problema — le contesto con una tímida sonrisa. De un momento a otro se percató de algo — Un momento ¿Tú no eres...? —
— Iván, vamos en la misma clase ¿No es así? —
— Si así es —
— ¿Y tú eres...? —
— Zelda me llamo Zelda — le dio la mano.
— Mucho gusto — la estrecho — ahora debo irme tengo que hacer algo, nos vemos luego y lo siento de nuevo — el chico tomo su mochila y se fue, algo tonto y desequilibrado pues chocaba con cada cosa que tenía en frente y persona, lo cual hizo que Zelda soltara una risita —
— Creo que… creo que mejor me apuro — le dijo el muchacho para después chocar con alguien más y perderse en la multitud—
— Creo que hoy estas muy feliz ¿No lo creen chicas? — la rubia peló los ojos al oír a Midna y a sus amigas riéndose. Se dio la vuelta lentamente y se encontró con el trio.
— ¡Miren ya se dio cuenta de que estamos aquí! ¡Bravo señorita "No hay problema" pero es que estas tan concentrado tirada con ese chico que ni te diste cuenta! — Zelda se sonrojo en sobre manera mientras sus amigas se reían a carcajadas.
— Entremos quieren — les dijo todavía ruborizada y con la mirada al suelo.
No se dieron cuenta que a la lejanía un joven de cabellos rubios y ojos azules las miraba atentamente y con cierta tristeza al presencia la escena del peli azul.
CONTINUARA
COMENTARIOS FINALES
Ok ok ok
Como vieron primeramente si algunos lo alcanzaron a ver le había cambiado el título a la historia a el "engaño" pero se lo quite no se cual les guste más este o aquel así que si me ayudaran en ese aspecto se los agradecería muchísimo!.
Después ¿Que les pareció? me partió el alma al tener que poner a Link presenciar esa escena creo que algunos si pensaron que era Link el que habida caído pero no lamento decepcionarlos :( pero créanme eso no es nada a lo que presenciara, este chico peli azul tendrá un papel importante así que no lo pierdan de vista.
Respecto a lo del misterioso hombre con el que esta la madre de Zelda, pronto sabremos la verdadera identidad pero tendrán que esperar, faltan por desenmascarar muchos misterios y personajes pues esta historia apenas empieza y no pienso dejarla a medias, la verdad nada más de pensar en lo que vendrá después me pone la piel de Cuco :p.
Misterios como el chico Iván, o el hombre misterioso, o ¿Por qué en la descripción de esta historia aparece que Zelda vive un engaño? o no se han preguntado ¿Que paso realmente con el padre de Zelda? muchos misterios y pocas respuestas pero de eso se trata esta historia, espero que les haya gustado y que algunos me digan por mensaje o no se ¿Que respuestas le darían a estos misterios? traten de adivinas ADIOS
ATTE
Sheika 360
