La legenda de Zelda no es mío.
Capítulo 5: Reencuentros inesperados
No sabía hace cuanto había empezado la clase, estaba tan distraído que ni siquiera le prestaba atención al profesor, solo oía su voz a la lejanía pero estaba más centrado en sus pensamientos.
Por alguna razón le afecto un poco al ver a Iván y a Zelda en aquella situación embarazosa, presencio cuando los dos se quedaran perdidos en la mirada del otro que ni cuenta se dieron de que casi media escuela los veía, a Zelda no le importo mucho que digamos al principio estar así ¡Ni siquiera se movió! además no le reprocho para nada que no se allá quitado, hasta le sonrió, y ¿Qué hay de Iván? el gustoso se quedó viendo sus ojos sin parpadear una situación ¡de lo lindo! pero ¿Quién era el para estar juzgando a los demás? ¿Quién era el para estar sacando conclusiones?
Iván es su amigo no debería estar pensando cosas malas de él ¿Y si a Zelda le llamo la atención él por qué se metía? ¿Por qué le interesaba? se regañó mentalmente por pensar en esas cosas, estaba tan centrado tratando de hallar una respuesta a las incógnitas que no se dio cuenta de que un grupo de libros a gran velocidad se acercaban para después estamparse contra la mesa.
El sonido fue lo suficientemente fuerte para sacar al joven de sus pensamientos trayéndolo a la realidad.
— Señor Forester que gusto que vuelva con nosotros — Al volver en si Link pudo observar que el anciano y frio profesor de español era el responsable de que despertara de su soñar despierto — Si no le es mucha molestia, me gustaría que le pusiera atención a las indicaciones que se les dan, esto es importante así que tomen nota — el maestro volvió a su escritorio y se sentó sin dejar de observar a Link con mirada penetrante, esperando su respuesta.
El joven apenado solo se limitó a asentir y tratar de prestarle atención a la profesora Nabooru que para su sorpresa se encontraba en el salón.
— Muy bien jóvenes — retomo la maestra — como decía mañana a las siete de la mañana se hará una junta de padres como lo hemos echo durante todos los años, para los alumnos nuevos que no lo saben en esta reunión los padres tiene que asistir para hacerles entrega de los libros y se les dará indicaciones para el nuevo ciclo escolar ¿alguna duda?
Saria levanto la mano — ¿Dime?
— ¿Puede venir un tutor?
— Por supuesto, no necesariamente tienen que venir los padres ¿De acuerdo? ¿Otra duda?
Cocu levantó la mano — Si Cocu, como te dicen todos los profesores todos los años, no se suspenden clases.
Al parecer los demás profesores ya le habían platicado de "la incógnita" que el alumno siempre tenía, El joven renegó he hizo un puchero mientras cruzaba los brazos, las acciones del muchacho hicieron que el demás grupo soltaran pequeñas risas.
— Bueno si no hay más dudas me retiro señor, puede continuar con su clase — Se despidió y después se dirigió al grupo — que tengan buen día.
"Buen día" le correspondió la mayoría, el profesor retomo la clase, y como era de esperarse Link volvió a estancarse en sus pensamientos restándole importancia al arrugado maestro.
No se dio cuenta que un par de ojos brillantes y azules captaban toda su atención.
En la cafetería*
Media escuela estaba en la cafetería comiendo el almuerzo, Link y sus amigos estaban sentados en una mesa platicando de cosas triviales hasta que...
— ¡Oye casanova! — Cocu paso su brazo por los hombros de Iván — te vimos en la mañana, estabas con Zelda ¿Eh? ese truco de que te empujaron es muy bueno a mi ¡sí que me ha servido!
El peli azul se sonrojo un poco, no esperaba que Cocu sacara el tema — No fue un truco, realmente me caí además no pasó nada solo fue un accidente — Alex y Link solo los observaban, el pelirrojo riendo por la actitud de sus compañeros y Link algo incómodo, decidió mejor comer su almuerzo.
— ¡Aja sí! ¿Cómo piensas engañarme a mí? ¡Por favor! — Iván lo fulmino con la mirada, Cocu "a veces" podía ser algo imprudente y entrometido — Ya me calmo — cedió ante la mirada de reproche de su amigo — Pero no niegues que no te gusta.
Link se atraganto con el sándwich ante la afirmación de su amigo, ¿No era posible que a Iván le gustara Zelda? ¿O sí? pero apenas y se conocían, ni siquiera habían cruzado palabra hasta esa mañana ¿Cómo iba a ser eso posible?
— ¿Oye estas bien? — le preguntó Alex al ver como Link se golpeaba el pecho tratando de sacarse el pedazo de sándwich. El joven estaba rojo y se estaba ahogando.
Después de unos cuantos golpes más pudo sacar el atormentante pedazo de comida de su garganta, este callo en medio de la mesa todo ensalivado, más bien una parte del pedazo.
— Lo siento — se disculpó el rubio mientras con una servilleta recogía el pedazo de comida y lo ponía a un lado.
— Ejem... Link — se escuchó que le hablaba Cocu.
El rubio se viro y se avergonzó en sobre manera al ver que ahí mismo Zelda estaba parada viendo la escena de Link sacándose el pedacito de sándwich, las amigas de la muchacha que la acompañaban solo veían la cara del chico. Pero eso no se acababa ahí, mas vergonzoso fue el descubrir que uno de los pedazos le callo a Zelda en la comida.
— Creo que ya no tengo hambre — dijo la rubia mirando con asco su comida ahora llena de las babas de Link. El chico a pesar de siempre estar relajado y que nada le afectaba se moría de la pena, había hecho el ridículo.
Link se levantó en ese instante sumamente avergonzado — ¡Hay!... Zelda... yo... yo perdona... no — estaba en una situación muy embarazosa no sabía cómo reaccionar ¿Por qué a él?
— No te preocupes está bien — le tranquilizo soltando una risita para reconfortarlo — no pasa nada, solo iré por otra bandeja de comida tranquilo.
Comprobado: Había hecho el ridículo total frente de Zelda, no es que le importara que fuese con ella si no porque a cualquiera le daría vergüenza que le pasara eso con alguna otra persona ¿verdad?
Estaba a punto de ofrecerse a comprarle otro almuerzo pero alguien se le adelanto.
— No te preocupes Zelda puedes tomar el mío — le ofreció Iván amablemente mientras le extendía la bandeja — toma de todos modos yo no tengo mucha hambre.
La chica lo mira sorpresiva no se esperaba que él le hiciera ese favor.
— No, no, te preocupes Iván tú necesitas comer, yo puedo ir por otro no te preocupes — ella alejó la bandeja pero el chico insistía.
— Anda vamos no me lo vas a negar o ¿sí?
Link estaba a punto de ofrecerse de nuevo a remediar lo que causo cuando...
— De acuerdo, solo por ser tu — le acepto la rubia la bandeja con un sándwich, jugo de naranja y un platito con frutas — Pero, solo con una condición.
— ¿Cual? — Preguntó. Los demás se acercaron para ver que pediría la joven y veían bien atentos, ¿Qué le pediría? "Un beso un beso un beso" se decía Cocu, quería ver algo de acción.
— Que comas conmigo—.
Y solo se sentó, Cocu soltó un suspiro desanimado. Iván siguió a la rubia y con una sonrisa se sentó a su lado para comer juntos Midna y las demás también lo hicieron, Saria se sentó al lado de Link, Midna no tuvo otra más que sentarse al lado del dormilón de Alex, y Grusi para su desgracia le toco con Cocu que con un solo "Hola bonita" había hecho que se sentara al lado de la twilight aunque estuviera alejada del grupo.
Link por alguna razón no dejaba de ver a la muchacha mientras felizmente comía con Iván, ¿Cómo que solo por ser tú? ¿A caso si hubiera sido otra persona ella no lo hubiera aceptado? o pero aun ¿Si hubiera sido él lo hubiera aceptado? ¿Qué era esa presión que tenía en el pecho? sentía como un ardor, era algo inexplicable pero se sentía horrible.
Era la primera vez que le pasaba, siempre había sido tranquilo, confiado pero hoy todo eso se había esfumado.
— Oye Link ¿Estas bien? — escucho que le hablaba Saria, él se volteo para con ella y se encontró a unos ojos verdes confusos por la actitud de su compañero, a pesar de llevar tres días en el instituto se habían entendido bien — ¿Porque de repente te pusiste así?
El no supo responder, la verdad ni siquiera el sabia el porqué de su actitud, era algo absurdo así que solo sacudió la cabeza desechando todas las ideas y pensamientos erróneos que habían inundado su cabeza esa mañana, trato de entablar una conversación con la peli verde para conocerse mejor.
Abstenido de que eso fue suficiente para aclarar algunas dudas de la pequeña joven.
Camino a casa*
Al sonar el timbre para salir de la escuela Zelda caminaba tranquilamente por la calle, hoy iba sola pues la tía de Saria la recogió para hacer unos cuantos mandados.
Caminaba tranquilamente mientras recordaba algunos sucesos del día, y no pudo evitar reírse de la escena que hizo Link. Realmente se miraba avergonzado y preocupado, a ella no le importo solo fue un accidente así que le dio igual podría jurar que el chico se disculpó unas cien veces después de eso, le hubiera gustado que él le dijera algo más que disculpas y que pudieran hablar bien.
Sin que se diera cuenta el muchacho venía detrás de ella, estaba indeciso de si acercársele o no, no quería volver hacer el ridículo, pero tenía que disculparse.
— "no tienes por qué hacerlo ella dijo que estaba bien además ¡te disculpaste como cien veces!" — le decía una parte de el
— "Eso que importa, debes disculparte otra vez además, para que te haces el tonto no te le acercas porque tienes miedo de que piense que eres un bobo, cobarde" — le respondió otra parte de él.
— "¿Y eso que? ¡Ella tiene dos años más de escuela para olvidarlo!, que lo supere ¿No es así Link?"
—"Diosas Link que patético eres".
— ¡Oye! — Para su total desgracia esa no era su conciencia, era nada más y nada menos que Zelda, El joven sin darse cuenta fue acelerando el paso hasta lograr chocar con la joven y tirarle los libros.
— ¿¡Que te...!? — La joven decidió callarse al descubrir que era Link el que tenía en frente.
El joven se sintió más apenado al tirarle los libros a la joven, ¿Qué le pasaba ahora? se sentía como un completo idiota, tenía que dejarse de comportar así o algún día vendría matando a la muchacha, o si no la cabeza terminaría por explotarle.
— ¡Bravo Link! ¡Excelente! — le aplaudieron sarcásticamente el par de voces.
Zelda se agacho para recoger los libros, y después de terminar (sin la ayuda de Link por cierto) se levantó para descubrir que el muchacho ni se había movido.
— ¿Link que te pasa? me estas asustando. Link? sabes mejor me voy hasta mañana
Al ver que el joven no le daba una respuesta opto por dar media vuelta y retomar su camino.
— ¡No te vayas espera! — la detuvo tomándola accidentalmente de la mano.
La joven no tuvo más remedio que voltear pero se sonrojo al ver que el muchacho le sostenía la mano apretándola suavemente, despertando un sentimiento cálido y de confianza en ambos corazones, un sentimiento reconfortante lleno de dulzura que poco a poco se introducía en ellos sin previo aviso.
Zelda fue la primera en reaccionar y con suavidad se soltó del agarre del joven haciendo que este vuelva en sí.
— Amm... solo pasaba por aquí — le dijo el — vivo a un par de calles más adelante ¿Te acompaño?
Tardo algo en reaccionar — Si claro por qué no — le sonrió de manera sincera.
Los jóvenes caminaron juntos por un rato en silencio.
— Emm... Zelda — le llamo captando su atención — Quería pedirte disculpas por lo que paso en el comedor.
—Vamos Link, no pasó nada no tienes por qué disculparte, además creo que ya han sido demasiadas ¿no lo crees? — Soltó una risa al ver la cara de vergüenza que ponía el muchacho — pero no te preocupes, disculpas aceptadas.
Link solo soltó un suspiro de alivio y siguieron caminando en silencio hasta llegar a la casa de Zelda. Llegaron a la puerta y antes de entrar se dirigió al muchacho.
— Bueno Link, gracias por acompañarme, hasta mañana.
— Claro nos vemos mañana.
Después de despedirse ella entro a la puerta haciendo uso de sus llaves. Al entrar se quitó los zapatos dejándolos a un lado y se despojó de la estorbosa corbata, para después tirarse en el sillón, soltándose el pelo.
— Buenas tardes a ti también — se oyó que le decía una voz femenina de forma sarcástica. Apretó los ojos fuertemente al reconocer la voz de su madre.
— Ho...hola, mamá.
— ¿Quién era ese chico? — cuestiono sin rodeos. Genial, estaba segura de que por la mente de su madre estaba pasando cada pensamiento erróneo y equivocado de la relación que podría tener con el joven, si es que se le podía llamar relación el que te escupan un pedazo de comida en el plato.
Dudo al contestar — Un compañero de la clase ¿Porque la pregunta? — la joven decidió voltearse y ver la expresión que tenía su madre en su rostro, para su sorpresa mantenía un semblante tranquilo, ni eufórica, ni con picaría mucho menos molesta o seria.
— Solo preguntaba — le respondió con tranquilidad encogiéndose de los hombros.
— Oh — guardaron silencio — por cierto, mañana habrá junta en la escuela, y se entregaran los libros, te digo para que si la ves le avises a Impa y ella...
— No te preocupes, puedo ir yo mañana — le interrumpió, sorprendiendo a su hija, desde que ella tenía memoria su madre no había asistido ni a juntas, entrega de calificaciones libros, obras, exposiciones absolutamente nada, ella nunca tenía tiempo así que se acostumbró a que Impa fuera la que se encargara de todo eso, se le hacía sumamente raro que de un día para otro todo eso cambiara.
Tardó en responder — Claro... está bien — le dijo con la mirada algo perdida.
— Bueno Impa no está, tuvo que salir hacer unas compras así que pediré algo de comer, ahora vengo — La muchacha se limitó a asentir y con solo eso la empresaria volvió a entrar a la cocina.
Zelda suspiro con alivio volviéndose a tirar al sillón para después tomar el control y ver que había de interesante en la televisión.
Tanto fue su descuido que no se dio cuenta de que el celular de su madre, estaba al lado del teléfono de la casa.
— "¿Quién es ese chico? me resulta tan... familiar" — se cuestionaba la mujer mientras miraba por la ventana el camino por donde se había ido el misterioso muchacho.
Al día siguiente*
La larga y fría noche se esfumaba llevándose consigo la oscuridad y ocultando las brillantes estrellas, los cálidos rayos del sol se hicieron presentes mientras opacaban a la luna y calentaban a la ciudad.
Los ruidos de las personas levantándose al igual que el aparecimiento de las luces no se hicieron esperar, hasta los mismos animales como los pájaros hacían su aparición entonando hermosos cantos que arrullaban a cualquiera y hacia que volviera a la cama.
Y la casa de cierta joven rubia no era la excepción.
— ¡Zelda tu mamá te espera! — le grito Impa a la joven desde la cocina pues debió bajar desde hace un rato pero no lo hizo, lo más probable es que se haya levantado tarde o simplemente no quiso separarse de las dichosas e inseparables cobijas.
Se escucharon sus pasos apresurados, confirmando la suposición de la mujer, pudo observar a la joven despeinada mientras bajaba lo más rápido posible de las escaleras.
— Buenos días Impa — Le saludo sin verla, mientras entraba a la cocina estaba más centrada en amarrarse los zapatos, preparar su mochila y tratar de acomodar con una diadema sus cabellos rubios desordenados.
— Buenos días dormilona — le respondió reprochándola con suavidad — ¿Qué te he dicho de dormirte tan tarde?
Ella se sentó en la silla de la mesa mientras ponía su mochila al lado — Lo se Impa, pero es que en la noche se me fue el sueño eso es todo — Su nana le puso una tostada un par de huevos y jugo recién exprimido de naranja el cual en cuanto lo vio se llevó el vaso a la boca para tomarlo.
— Aja si, pues ¿Qué estuviste pensando? ¿O en quien para que se te allá espantado el sueño?
Ante la cuestión de la mujer, Zelda se atraganto con el jugo, empezando a toser severamente.
— Valla no debí preguntar — le dijo ofreciéndole un vaso de agua. Ella sin rechistar le dio un gran trago y después se lo entregó.
— Gracias — suspiro con alivio aclarándose la garganta.
— Tu madre te espera afuera — le informo Impa.
La joven solo le dio una mordida a la tostada y salió como rayo de la habitación — ¡Gracias Impa, estuvo delicioso! — le agradeció a lo lejos.
— ¡Espera pero si apenas...! — Muy tarde la joven ya había salido dejándola con la palabra en la boca, ella se recargo en el marco da la puerta soltando un suspiro y después una risita — nunca cambian.
Alma conducía un lujoso auto directo para la escuela, este era de cuatro puertas pequeño de luces rojas atrás y blancas al frente, plateado tan brillante que con los rayos del sol podía encandilarte la vista.
La joven iba en el asiento del copiloto mientras apreciaba la vista de los lindos parques y casas de la ciudad de Hyrule, esta ciudad se caracterizaba por su tranquilidad, por sus lugares turísticos, su limpieza y follaje, constaba de innumerables parques, escuelas y barrios hermosos, y aunque claro aquí unos eran mucho más ricos que otros, y las personas tenían que ganarse la vida con su esfuerzo sudor y sangre podían mantenerse estables y tener lo suficiente, sin duda una ciudad perfecta para vivir.
A lo lejos se podía apreciar el gran edificio con grandes ventanales, uno de los mejores institutos de Hyrule; El instituto "Leyendas de Hyrule".
Alma estaciono el auto en frente de la escuela y salió seguida de Zelda. Las miradas y asombros se postraron en la mujer de alto rango y buen porte. Caminaba recta y con un semblante tranquilo y serio mientras miraba al frente con el único objetivo de cruzar la puerta, a unos cuantos pasos de ella se encontraba el conserje de la escuela, un hombre castaño ojos verdes de unos cuarenta y tantos, apariencia cuidada pero con manos de trabajador, perfil masculino y semblante apacible nada feo para el gusto de muchas. El las observaba dejando a un lado su labor de limpiar el patio, y miraba a la hermosa mujer con atención.
Alma lo vio y le hizo entrega de sus llaves — No lo ralles ¿De acuerdo?
A Zelda casi se le fue el alma y solo pelo los ojos al igual que todos los que lograron escuchar las palabras de la mujer, la pobre joven sentido una pena inmensa ¿Quién se creía su madre? podía ser famosa exitosa y demás pero ¿En serio? ¿No estaba lo suficientemente cuerda o no tenía la capacidad para observar en qué lugar estaban? no estaban en un hotel o en un lugar de conferencias ¿Por qué tenía que hacer eso? realmente se sintió avergonzada en frente del hombre. Su madre sin percatarse de esto solo siguió con su camino como si nada, abstenida a la mirada fulminante que le daba razonablemente su hija.
Por lo bajo maldijo el tener una madre que no se diera cuenta de sus acciones, a simple vista parecía como si se creyera mejor que los demás solo por su trabajo, tenía ganas de ocultarse bajo la tierra y no salir nunca, sabía que el que su madre viniera a la escuela por estos asuntos no traería nada bueno, Impa nunca la avergonzaba y siempre se portaba como una persona normal, pero su madre hacia todo lo contrario, apenas si habían puesto un pie en las instalaciones y ya había hecho las cosas mal ¿Qué más le esperaba?
Ella se voltio para con el hombre, para su sorpresa él no estaba molesto o enojado, mantenía un semblante tranquilo y hasta en sus labios mantenía una leve sonrisa.
— Hay... Fabián r yo lo... Lo siento tanto, mi madre a veces es... discúlpala — le pidió mientras tomaba las llaves de sus manos.
— Descuida Zelda — le tranquilizo de forma sincera y sonriente — No es la primera vez que me pasa, pierde cuidado.
A Zelda le llegaba a impresionar en sobre manera la paciencia y tranquilidad que conservaba el hombre en cualquier momento, lo conocía desde que era pequeña, el llevaba demasiados años trabajando en la escuela siempre ayudaba a los alumnos en cualquier situación y los apoyaba (aunque no debiera). A todos les caía bien y los salvaba de muchas Zelda le tenía mucho aprecio y admiración, era un muy buen hombre y estaba agradecida de conocer y tener a alguien como él que siempre la había apoyado hasta en momentos difíciles, cuando la única obligación que tenía era la de mantener limpia la escuela.
— ¿Ella es tu madre cierto? — le preguntó el hombre estando en lo cierto.
— Si ella es — suspiro— nunca había venido a estas cosas, siempre era Impa, pero… — guardo algo de silencio — la verdad no sé qué le pasa, tiene un cambio muy repentino y un extraño interés por mí — Fabián soltó una risa —. Por eso no tenías la oportunidad de conocerla.
—Ya veo, bueno saluda de mi parte a Impa, quieres, que tengas un buen día Zelda.
— Igualmente Fabián nos vemos en un rato — la joven se despidió entrando por la puerta del instituto perdiéndose con los demás alumnos.
El hombre no hizo más que observar por donde se iba, teniendo bien presenta la imagen de la mujer.
Dentro de la escuela*
Caminaban por los pasillos de la escuela abarrotados de jóvenes acompañados de sus padres, se internaron entre las grandes olas de cabezas y personas hasta llegar al salón del segundo "B" de la preparatoria.
El salón estaba abierto así que no se tomaron la molestia de tocar la puerta y solo entraron en la sala.
— Espera Zelda necesito ir al baño — dijo la inoportuna mujer.
— Bien pero date prisa, la junta va a comenzar y no quiero que te pierdas de nada — le sugirió. Sin duda a pesar de que quería mucho a su madre se notaba que no estaba hecha para esto y lo mejor para todos hubiera sido que viniera Impa en su lugar.
La empresaria empezó a caminar entre la gente, y en eso su celular empezó a sonar, toda su atención la dirigió a buscar al teléfono que sonaba fuertemente, pero entre tantas cosas en su bolso se le hacía casi imposible poder encontrarlo, con tantos compartimientos agendas celulares y tarjetas a pesar de que era muy ordenada y le prestaba gran atención a tener todo en su lugar, su bolso era un desastre por dentro. ¿Pero que más podríamos esperar de una empresaria encargada de una de las más prestigiados y conocidas empresas del país?
Además la abarrotación del lugar no ayudaba en nada, cada persona chocaba con ella mientras le agregaban más dificultad a la búsqueda. La mujer de alto rango apenas si podía mantenerse en pie, no estaba hecha para andar en esos "terrenos" pues quedaba claro que no eran su fuerte.
Entre tantas personas hubo una que chocó de frente con ella tirándole por competo el bolso.
— Lo siento señorita — se disculpó la persona agachándose para ayudar a la mujer a recoger todo lo tirado.
La mujer sin decir nada más que maldecir a la bajo lo siguió hasta terminar de rejuntar todo y guardarlo en el desdichado y costoso bolso negro.
Los dos se pusieron de pie y fue hasta entonces que se vieron las caras. Quedándose en un Shock total, un reencuentro que pensaron que nunca pasaría.
— Aaron...
— Alma...
Esta historia continuara.
