Siempre he pensado que le faltaba algo a mi vida, mi madre siempre me decía que quizás era algo a que dedicar mi tiempo. Mi padre decía que quizás me faltaba disfrutar más de la vida.

Seguí sus consejos, pero nunca me sentí satisfecha. Esos momentos en que todo era felicidad, un pequeño golpe en mi corazón indicaba que me faltaba algo, como si una parte de mi alma no lo estuviera.

Fue Alya, mi mejor amiga, la que me dio una gran ayuda. Lo que me faltaba era ese amor tan único y especial que se describía en las novelas. A mis quince años buscaba un amor verdadero y eterno. Y fue con Nathanael donde todos mis temores desaparecieron, fue él mi salvación, la luz al final del camino. El pelirrojo era un muchacho tímido pero de gran corazón. Con él, ese vacío desapareció.

No obstante, a mis veinticuatro años las cosas no iban tal como pensaba. En la cúspide de una etapa de mi vida, me sentía derrumbar. No sé qué sucedió, era la mejor diseñadora de París, pronto me casaría con el amor de mi vida, tenía grandes amigos y mis padres estaban a mi lado. Pero no podía expresar ese dolor que me estaba causando a mí misma.

-Supongo que la boda con Nath te tiene un poco nerviosa- comentó mi madre, a medida que me pasaba un té relajante -Yo me sentía así cuando me iba a casar con tu padre-.

-Alya piensa lo mismo que tú, mamá. Pero me siento más bien, vacía. No lo sé, ahora con Nath no me siento tan feliz como lo pensaba y todos por esos sueños-

-¿Sueños?- cuestionó intrigada.

-Sí. Todas las noches que me encuentro en los brazos de otro hombre, de piel oscura y una vestimenta especial. Pero su expresión es de tristeza total, en eso veo que tengo un cuchillo en mi estómago, y finalmente le digo "Siempre, mi querido Mau". A veces veo otras cosas con el mismo hombre, pero esa frase es la única que escucho- dije desesperada, mientras sólo me atrevía mirar mi taza de té.

-Quizás deberías ir con la psicóloga- me apoyo mi madre. Yo le sonreí y asentí, era lo mejor para ésta situación.

-Gracias, mamá. Por cierto, la señora Chamack encargo más pastelitos-

-Oh, entonces me pondré a trabajar- se levantó, para luego darme un beso en la mejilla.

-Yo también me iré a trabajar, la empresa no puede estar sin la directora-.

Cuando me fui, me sentí más aliviada. Por lo menos no obtendría la misma respuesta de "son nervios por la boda". No era eso, yo lo sé. Busqué entre mis contactos una psicóloga a la cual había conocido hace bastante tiempo.

-Hola, Tikki ¿cómo te encuentras?-

-Bien, muy bien, gracias por preguntar. Y dime Marinette, ¿qué puedo hacer por ti? Es raro que me llames- era cierto, rara vez la llamaba para conversar cosas tan triviales. Cuando la llamaba era mayoritariamente para decirle que fuera a unos de los próximos eventos de modelaje que yo organizaba.

-Verás, quiero tomar una hora al psicólogo- dije en un tono tan bajo, ella no me contestó durante un buen rato.

-Bueno, no le veo problema ¿Te parece mañana a las diez de la mañana?-

-Claro, nos vemos mañana-

-Cuídate querida, nos vemos- y seguí con mi camino al trabajo, más aliviada. Sin embargo, mi corazón me decía que todo esto era un comienzo para algo fantástico.


Para aquellos que se preguntan, ¿qué sucede con Tikki y Plagg? pues todo tiene su razón, que será explicado más adelante.