Cuando vi a Tikki, me sentí realmente extraña. Era raro verla de esa forma, con el cabello rojo y ese mechón negro, creo que realmente había pasado tiempo desde que no la veía. Me sonrió escéptica, como siempre, como si supiera todos mis secretos y los del mundo, como si viera el futuro y ella tan sólo observaba como todo decaía, aunque dudo que ella sea una mala persona, un tanto reservada en los temas personales.

-Pasa y siéntate Marinette. No es bueno que los pacientes se encuentren de pie- le sonrió tan sólo como una mera costumbre. El ambiente que estaba en la habitación me provoco nauseas, es como si rememorara los sucesos del sueño e incluso el dolor de tener una daga en mi vientre.

-Bueno, ¿cómo te has sentido?- inicio con esas charlas, con ese tono de voz que me molesta porque tan sólo era cinismo.

-Bien, dentro de lo normal. Comparto con mi familia, veo los arreglos de la boda, a veces voy a ver a mi amiga Alya o la acompaño al médico para ver mi futuro sobrino. Voy a mi empresa, reviso que los próximos eventos de modas estén bien organizados. Nada más-

-Bien... no tienes tiempo para ti- susurró por lo bajo, mientras lo escribía -Ahora cuéntame sobre aquellos sueños que te atormentan- ahora su mirada se veía llena de curiosidad, solté un suspiro y voltee a ver hacia la gran ventana que se encontraba en lado izquierdo.

-Bueno, ocurre en Egipto, lo sé por las vestimentas y las grandes pirámides que veía. Ese chico se llama... Hasani, sí, él. Creo que éramos amantes, también hay una pequeña criatura que me recuerda a una mariquita- cuando mencione éste último detalle vi como la chica al frente mío se tensaba un poco para luego reír un poco y anotarlo en su libreta -Y siempre veo como nos juramos amor eterno-

-Increíble Mari, deberías escribir una novela de esto ¿es que Nath ya no te satisface como antes?- pregunto muy burlesca y yo me quede muy sonrojada.

-¡Lo que sucede conmigo y Nath se queda en la cama, Tikki! Además, no estoy insatisfecha, para nada-

-Bueno, era para quitar todo ese aire de tensión. No lo sé, Mari ¿algunas ves has escuchado cosas sobre la reencarnación?-

-Estas insinuando que yo...-

-Sí, es decir, el budismo plantea que las almas pueden reencarnar en cual ser vivo, avanzando así en la rueda del Samsara-

-Pero eso suena tan fantástico. Debe haber otra explicación, Tikki vamos-

-Bueno, hay una persona que te podría ayudar- la pelirroja se levantó y fue a unos de sus muebles. Rebusco por un rato entre tanto papeles, hasta que vi una sonrisa de victoria pasar por su cara.

-¡Toma! Su nombre es Fu, él es un experto en esto. No tengas miedo y pregúntale sobre tus sueños-

-Bueno, gracias, supongo-.

Me levante y la volví a ver. Definitivamente esa sonrisa ocultaba algo, algo que pronto sabría. Baje las escaleras del edificio, disfrutando de mi estancia sola, volví a ver la tarjeta vieja. Decía que un terapeuta chino, algún tipo de masajista.

-¿Cómo esto me podría ayudar?- refunfuñaba por lo bajo, cuando caminaba por la calle. Sin embargo choque con una persona. Rápidamente levanté mi vista y me di la vuelta para disculparme.

Fue en ese momento que me sentí viva al ver aquellos ojos verdes como un bosque después de la tormenta. Tan puros y claros, mi corazón se aceleró con tan sólo ver sus cabellos dorados desordenados y aquella sonrisa torcida.

-L-lo siento- me disculpe. Si dijeran que el amor a primera vista no existe, les diría que son unos mentirosos, porque no me tomo más de cinco minutos darme cuenta que lo quería a mi lado, sin embargo yo me había marchado, había continuado con mi camino.

-¿Quién será él?-