Me encontraba en dirección donde aquel sabio anciano, Plagg me había dicho que me necesitaba con urgencia. Tan sólo pensar que podría estar relacionado con la dama a la cual estoy destinado me coloca un poco nervioso. Cuando llegué, estaba todo como antes, aunque cuando entre se escuchaba como Plagg hablaba con plena confianza, algo que me extraño dado que se conocían lo mismo que yo lo conocía a él. El señor Fu reparo en mi presencia y me pidió que me acercara y Plagg me paso una pequeña botella.
-¿Qué es esto?- con cierta cuidado observaba aquel líquido viscoso, Plagg tan sólo se reía al comer su queso.
-Ella ya sabe de su pasado. Ahora tú debes ir hacia allá- lo mire con felicidad, todo iba a ser más fácil de lo que pensé.
-¿Y éste líquido me ayudará estar cerca de mi amor?- pregunte, se veía un tanto asqueroso
-Tan sólo es un empujón- Plagg me palmeo el hombro, pues yo había quedado confundido con las palabras del anciano.
-A lo que se refiere es que te va ayudar tan sólo un tiempo- me aclaró.
-¿Cuánto será?-
-Un mes- sentenció el anciano. Sin temor lo bebí completamente, esperando a que fuera media noche, según él, a media noche debía ir al bosque. Allí ocurriría la magia.
Al pasar el tiempo, n donde las estrellas salieron junto a la luna, emprendí mi rumbo al claro del bosque, pero luego todo se volvió oscuro, un dolor posterior en mi cabeza era el causante, lo último que vi fueron unos ojos verdes y cabellos negros.
-Plagg...-
-Lo siento, Adrien-.
Comencé de nuevo a tener aquellos sueños que tanto me atormentaban de pequeño, el día en que mi madre murió, incluso cuando mi padre falleció. Mis amigos del internado, un recuerdo de toda mi vida, hasta que sentí que me ahoga, o más bien me lanzaban agua.
-¡Despierta!- abrí mis ojos, sintiéndome algo desorientado.
-Pero que... ¿Plagg... eres tú?- me levanté, sin embargo mis vestimentas eran otras. Me desconcerté ante aquel cambio.
-Si soy yo, vamos, levántate. O se hará tarde, no puedes desperdiciar más tiempo. Tienes un mes para encontrarla-
-¿Cuánto ha pasado?-
-Trece horas, vamos, vamos-
Con unos cuantos golpes me levanto, me dijo unas cuantas cosas que no entendí y me mostro el mundo exterior. Quede asombrado ante el cambio brusco, todo parecía un cuento de magia, las grandes edificaciones, aquellas cosas tan modernas, esos carruajes de metal, todo era tan nuevo.
Iba caminando en la calle, fijándome en las grandes estructuras, me tenía maravillado. No prestaba atención a la gente que iba pasando, de seguro pensaron que era un viajero o algo parecido. Aunque en un instante choque con un joven, de cabellos azabache, no le vi la cara porque era más baja que yo. Así que me voltee para dar mis disculpas correspondientes.
-Lo siento- dije antes de verle la cara. Y me fue ahí cuando me quede prendado de sus hermosos zafiros, sintiendo como una tormenta se desataba en mi interior, era un mar de cosas y ella era la luz que me podría guiar. Pero ella después de darme una cálida sonrisa me di cuenta que debía irme, que ella no era parte de mi destino, que mi amor me espera en otro lado.
Pero... ¿por qué me duele el corazón en pensar que no es ella? Es una desconocida, volví mi vista nuevamente hacia atrás, pero nada. Había perdido los zafiros más preciosos de la vida.
