3. Juventud, divino tesoro
Los dos jóvenes guerreros esperaban impacientes el regreso del caballero de oro. Shaina consultó el reloj que se había retirado al ponerse el brazal de su armadura y se quedó extrañada.
—Tenía que quedarse sin pila hoy— gruñó, arrojándolo al suelo—. Y como tampoco se cuela el sol, no puedo saber la hora…
El caballero de Unicornio consultó su móvil, pero estaba apagado.
—Juraría que tenía la batería al cien por cien cuando lo cargué esta mañana— dijo fastidiado, intentando encender el dispositivo, pero éste no reaccionaba—. Menuda mierda…
La mujer probó también con el suyo, pero resopló enfadada al comprobar que el suyo también se hallaba con la batería apagada, imposible de encenderlo.
—Y aquí no hay enchufes para cargarlo— murmuró sacudiendo la cabeza—. ¿Y éste hombre por qué tarda tanto? ¡Ya debería haber vuelto, de una manera u otra!
—Tranquilízate Shaina, no ganamos nada poniéndonos nervioso. Ya aparecerá cuando menos le esperemos, igual sólo han pasado diez minutos— contestó su compañero, tratando de calmarla en vano.
— ¡Es que no nos tendría que haber dejado solos!— gritó perdiendo los nervios—. Es un lugar peligroso y hale venga, se pira…pretende que tú me defiendas. ¡Tú!— exclamó asombrada—. Que tienes menor rango que yo…en todo caso tendré que protegerte yo a ti…
—Tampoco te pases Shaina— recriminó el caballero de Unicornio, molesto—. Ha dicho que nos necesita en la retaguardia, no que te tenga que defender yo a ti o tú a mí. Así que venga, siéntate y espera tranquila a que regrese. Que además tengo mucho hambre— murmuró, escuchando su estómago rugir con fuerza.
La amazona suspiró y terminó sentándose junto a su compañero.
—Venga, bebe un poco de agua y descansemos un rato. Si quieres hago guardia, que tú estás demasiado tensa— indicó el muchacho, tendiéndole la botella de agua a la joven, quien rápidamente la destapó y comenzó a beber.
Jabu rebuscó en el bolso de Shaina y sacó un par de bocadillos, entregándole uno a ella mientras él comenzaba a mordisquear el suyo.
La amazona de Ofiuco dio un par de bocados, cuando notó algo extraño en la boca. Sacó la lengua y retiró un hilo.
—Si me como mis propios pelos…— murmuró, echándose el pelo hacia atrás, para evitar morder de nuevo su cabellera verde.
Jabu observó el bocadillo y arrugó la nariz.
—Será roñas, estos bocadillos no están rellenos de nada— soltó decepcionado—. Sólo es pan…
La amazona dejó de masticar y observó su bocadillo. Efectivamente, sólo era pan. Se quedó un poco extrañada y tragó el pedazo que estaba masticando.
—Al menos algo es algo…— murmuró dándole otro bocado, cuando detectó algo en el trozo que acababa de morder—. Sí que están rellenos…de una cosa…morada…igual es mermelada de arándanos…
Shaina rascó la cosa morada, que se desmadejó suavemente. Lo llevó a la boca tratando de saborearlo. De hecho, se percató de que miles de rayitas moradas estaban entremezcladas en el pan.
— ¿Pero esto qué es? Jabu— dijo mirando al chaval—, ¿de dónde has sacado esto?
Jabu se sacaba en ese instante un hilito de la boca y lo escupió al suelo.
—De tu bolso, ¿por qué?
—No por nada… ¿¡QUÉ!?— exclamó la amazona asustada mirando el pan que tenía entre las manos. Rápidamente lo tiró al suelo y se llevó la mano a la tripa.
Su compañero le reprochó la actitud.
—Vale que este pan sea un asco, pero es comida, no lo tires— dijo molesto, cuando la amazona se lanzó contra él y de un manotazo le quitó el pan de las manos—. ¡Pero qué haces loca! ¡Que es mi comida!
— ¡No Jabu!— gritó la italiana—. ¡Esta no era nuestra comida! ¡Estos son los panes con cabellos de Atenea para Hécate!
El caballero de Unicornio tragó el trozo que tenía en la boca y empalideció súbitamente.
Mientras tanto, el caballero de Escorpio seguía avanzando por el sendero, pero pronto decidió desviarse por otro camino, guiándose por su sexto sentido.
—Ese sendero no lleva a ninguna parte, como me temía— murmuró, siguiendo su instinto y la fuerza que emanaba de un cosmos titilante, que a medida que avanzaba se iba haciendo más patente, a pesar de que no era muy fuerte.
Siguió avanzando entre la maleza cuando finalmente, entre los árboles, descubrió un claro. En él, pudo percibir con más claridad el cosmos que había detectado y que le había guiado hasta ese lugar.
Miró a sus pies y vio que estaba en un cruce de caminos, y podían divisarse unos senderos diferentes a los que había pateado hasta entonces.
En el centro, unas piedrecitas de extrañas formas se hallaban esparcidas por el suelo.
Milo se acercó al centro de la encrucijada y recogió esas piedras, para observarlas con más detenimiento.
—Parecen restos de una estatua— musitó, recogiendo más y empezó a conformar una forma humanoide, con tres cabezas.
—Al fin llega la ayuda…— musitó una temblorosa voz, que provocó que el caballero de Escorpio se retirase hacia atrás asustado.
Frente a él, transfigurándose, una vieja muy fea y arrugada cubierta con un sayo negro, que le miraba desde su único ojo visible.
—Vaya…— murmuró la anciana, quien rápidamente sacó una daga plateada, con cristales incrustados—. ¿Quién eres tú? Debes ser alguien importante…noté tu presencia en cuanto entraste en el bosque y has sabido derribar mi ilusión laberíntica…
Milo miró con detenimiento a la vieja antes de contestar. No estaba seguro.
— ¿Eres Hécate?— preguntó preparándose para abrir la caja de Pandora y vestir la armadura de Escorpio.
La vieja le escudriñó con su ojo de iris rojizo.
—Depende de quién pregunte. Dime quién eres tú y entonces te diré quién soy— dijo dejando escapar una risa, provocando un escalofrío en el griego.
—Soy Milo de Escorpio, caballero de oro al servicio de Atenea— respondió seriamente el aludido.
Al fin, la anciana alzó los brazos al cielo, soltando la daga.
— ¡Para ti soy Hécate!—exclamó entre risas y se acercó al hombre, solamente para fisgar en aquella caja dorada—. ¿Dónde están mis panes? ¡Los necesito, es urgente!
—Señora que ahí no están— replicó Milo, apartando a la anciana de ella—. Esa caja sólo contiene mi armadura, ¿lo ve?— dijo sacando los componentes, que enseguida se dispuso a colocar sobre su cuerpo a modo de protección—. Sus panes están en esa bolsa de ahí.
— ¿En esta?— preguntó Hécate, cogiendo el contenido entre sus manos y mostrando un par de panes—. Oh, me los habéis rellenado de comida…
—No señora, esos no— indicó Milo a la anciana—, esos son mis bocadillos, que están rellenos de fiambre y queso.
Hécate sacó un tercer pan y lo olisqueó.
—Pues no hay más panes— indicó la vieja enfadada—. ¿Has venido a ver cómo me consumía de pura vieja o qué?
El caballero de Escorpio suspiró y sacudió la cabeza.
—Disculpe Hécate, creo que ha habido un error. Sí que le hemos traído unos panes, pero los tienen mis compañeros. Ha habido una confusión, no pensé que fuera a aparecerse tan pronto ante mí y vine solo a investigar. Le ruego que espere aquí si quiere y enseguida volvemos todos y le entregamos sus panes, ¿de acuerdo?
— ¿No me estarás mintiendo?— gruñó la anciana, a lo que Milo le prometió que de ninguna manera.
—Por cierto— preguntó el hombre—, ¿para qué quiere esos panes? Tengo entendido que llevan cabello de mi diosa. Comer un pan con pelos no debe ser agradable, por lo que intuyo que algo hacen…
Un brillo súbito apareció en los ojos de Hécate.
—Chico listo— dijo ella riéndose—. Efectivamente, el cabello de Atenea es muy apreciado, puesto que la ingesta de un cabello de ella supone cien años de vida más.
— ¿Pero le compensa vivir cien años más de esa manera?— preguntó el caballero de Escorpio, refiriéndose a su forma física.
Hécate comenzó a reírse y de nuevo sus ojos brillaron.
—Vives cien años más porque regresas a un estado de juventud, que depende de la cantidad que ingieras—explicó ella—. Pero basta de cháchara, ve a por mis panes porque no quiero permanecer más tiempo aquí, debo regresar a proteger el templo de la Luna, de Artemisa. Y para ello debo recobrar mi aspecto juvenil.
—Pues haga algo con la ilusión que ha creado, porque así no hay manera de circular por este bosque— reprochó el griego.
Hécate arrugó los labios aún más.
—Es para proteger esta zona de otros indeseables visitantes, ya sabes…los sátiros. Ya rompieron mi estatua invocadora una vez, si les permito que vuelvan, pisotearán de nuevo mis restos.
Y apremiando al caballero de Escorpio a regresar con su preciada comida, la anciana desapareció de nuevo.
Milo resopló y sacudió la cabeza, volviendo sobre sus pasos.
—Maldita sea— bufó el caballero de Escorpio, ajustándose la tiara a la cabeza—, tenía que haberme llevado los panes esos de las narices, ahora ya habría terminado la misión…
Cuando regresó al lugar donde había dejado a Shaina y Jabu, se encontró con que ninguno de los dos estaba alrededor.
El hombre les llamó por sus nombres, pero no obtuvo contestación alguna. Al acercarse, divisó las cajas de Pandora vacías, pero ni rastro de sus compañeros.
— ¿Dónde se habrán metido?— gruñó el griego—. No se podían quedar quietos…espero que no haya pasado nada con los sátiros…
Siguió caminando un poco más, sin perder de vista las cajas de Pandora vacías y miró alrededor. Volvió a llamarles e incluso encendió su cosmos para llamar la atención de ellos, pero todo lo que intentó fue en vano.
Nervioso por aquello, Milo se retiró la tiara, mesándose los cabellos azules y volvió a colocársela.
— ¡Mierda!— bramó el caballero de Escorpio, descargando su furia contra un árbol.
Decidió que si debía arrasar con aquel bosque con tal de encontrar a sus compañeros, no dudaría en hacerlo. Y ya podría venir Pan a recriminarle, que él también tendría unas palabras.
—Pienso meterle quince aguijonazos por ese culo de cabra— bramó enfadado, corriendo a través del bosque.
De repente escuchó el balar de una cabra. El griego frenó en seco su carrera y se dirigió al lugar de donde sospechaba que provenía el sonido. Al abrirse paso, se topó de frente con una niña pequeña que daba de comer a una cabritilla.
—Menos mal, humanos— agradeció el caballero de oro—. Oye nena, eh, pequeña…
El griego chasqueó los dedos para atraer la atención de la niña, completamente desnuda. Milo supuso que sería una ninfa jovencita, ya que no aparentaba más de nueve años humanos. Igual tendría incluso menos.
— ¿Y tú mamá?— preguntó el caballero, mientras se acercaba a ella—. Tranquila, no tengas miedo, no voy a hacerte daño, pero no deberías andar por aquí de esa manera, ¿dónde está tu ropa?
Al girar el rostro hacia el caballero, pudo contemplar unos enormes ojos verdes, del mismo color que su cabello.
—Te pareces a una amiga mía— dijo asombrado el caballero de Escorpio—. Que por cierto, ¿no la habrás visto, de casualidad? Es como tú, pero adulta…alta, pelo verde, ojos también verdes…iba vestida con una armadura morada y debajo una camiseta de rayas y unos vaqueros azules… ¿no te suena?
La nena se encogió de hombros y entregó el último cacho de pan que tenía en las manos a la cabrita pequeña, que seguía rumiando feliz.
—Ya veo— murmuró agotado el caballero—. Anda ven conmigo, que no me hace ninguna gracia que andes por este bosque tan peligroso, te ayudaré a encontrar a tu mamá si tú me ayudas a encontrar a mis amigos, ¿vale? Que siendo una ninfa, conocerás este bosque como la palma de tu mano, ¿no?
La niña apartó un mecho de su flequillo verde y parpadeó un par de veces, antes de dar la mano a Milo. En su mirada, el griego podía adivinar su desconcierto. Se despidió con la mano a la cabrita que se quedó comiendo las migas desperdigadas por el suelo.
—Espera un segundo, que si vamos a andar por el bosque, tendrás que ponerte algo encima— dijo el caballero retirándose las protecciones del torso y de los brazos, y quitándose la camiseta roja que llevaba debajo. A continuación, la sacudió un poco y se la puso encima a la pequeña, para después poder ponerse de nuevo la armadura—. Lista. Te queda enorme, pero mira, te tapa hasta las rodillas. Así no vas desnuda.
Caminaron de la mano un rato, sin hablar. Cada vez que el hombre trataba de sacar información a la pequeña, ella no decía nada, se limitaba a mirarle con ojillos interrogativos.
—Cuando encontremos a mi amiga, ya verás que bien— sonrió el caballero, para animarla a hablar de algo—. Se llama Shaina y…
—¿Shaina?— dijo en voz alta la pequeña, que paró en seco y miró al griego—. ¿Buscas a Shaina?
Milo abrió la boca incrédulo. La niña no era muda, sabía hablar perfectamente.
—Sí, se llama Shaina— dijo nervioso el griego—. ¿La has visto? ¿Sabes dónde está? ¡Dime!— dijo agarrándola de los brazos y sacudiéndola.
La muchacha se quejó y puso un puchero de disgusto, al tiempo que se frotaba los brazos.
—Sí, conozco a Shaina. Porque así me llamo yo.
NOTAS:
Pues el personaje de ND, como ya sabías, era Hécate.
Sslove: muchas gracias como siempre por tus palabras, espero que te siga gustando la historia ahora que avancé un poquito más la trama y lo que imagináis que ha podido pasar. Milo es Milo, simplemente XD ¡Gracias!
Muchas gracias también a los que seguís esta historia y la marcáis como favorita, ojalá os siga gustando la trama.
Por cierto, hasta el lunes no podré actualizar, simplemente porque me he ido a Mallorca unos días y hasta el lunes no regreso. No metí el capítulo 4 en el móvil y sólo puedo actualizar este capítulo que lo tenía en el doc manager. Igualmente, el lunes responderé a los comentarios.
¡Un abrazo y feliz finde!
