4. La vieja y los niños

Cuando la niña pequeña le dijo que su nombre era el de la amazona de Ofiuco, Milo comenzó a reírse por no creerla.
—A ver— dijo tranquilizándose—, tú no eres Shaina. Esa es mi amiga y tiene diecinueve años, no nueve o diez que serán los que tengas tú…

Pero la chiquilla sacudió la cabeza y frunció el ceño.
— ¡Que me llamo Shaina!

El caballero de Escorpio suspiró y se pasó la mano por el rostro.
—Así es imposible—murmuró—, esta niña no me va a ayudar…— dijo sentándose en el suelo para poder pensar con más claridad.

La chiquilla comenzó a correr de un lado a otro, persiguiendo los bichitos que iban saltando entre la hierba. Tropezaba, se levantaba rápidamente, sacudía la camiseta roja que comenzaba a teñirse de verdín y seguía correteando sin freno.

Al cabo de unos minutos, la nena se acercó hasta donde estaba el hombre tratando de aclarar las ideas, sujetando algo entre las manos.
—Mira— dijo feliz enseñándole lo que había atrapado.

Entre sus manitas, una culebrilla se agitaba inquieta, tratando de morder la mano de la niña, pero ella la tenía bien sujeta por detrás de la cabeza.

El griego abrió los ojos y pidió que soltara al reptil, que aquello no era una serpiente cualquiera sino una víbora y que como la mordiese, la mataría.
—No puede— exclamó orgullosa la pequeña—, la tengo bien sujeta y no me hará nada.

A continuación la depositó en el suelo sin problema, soltándola. La víbora, en lugar de atacarla, se retiró hacia atrás bufando y huyó arrastrándose rápidamente.
— ¿Ves?— señaló la niña el lugar por donde había desaparecido—. No me ha hecho nada.

Milo miró detenidamente a la niña y pidió que se acercara.
—Date la vuelta— le dijo, y una vez de espaldas, levantó la camiseta. Observó la espalda con detenimiento y encontró los tres lunares que tenía la amazona en la zona de la nuca bajando por la columna vertebral.

Recordó perfectamente la ubicación de esa hilera de lunares, ya que le pareció curioso que estuvieran tan bien alineados mientras le hacía el masaje. Milo bajó la camiseta de nuevo y se rascó la cabeza aturdido.

Giró a la pequeña y la colocó de frente. Ella agarró los mechones azules del caballero y comenzó a juguetear con ellos, tirando suavemente.
—Me gusta tu pelo— dijo ella poniéndose un mechón encima del labio superior a modo de bigote.

El griego empalideció y miró a la chiquilla a los ojos. Definitivamente, a pesar de que tenían el brillo inocente típico de los niños, aquella muchachita era, sin lugar a dudas, Shaina.

—Esto tiene que ser una broma o una trampa de esa bruja— gruñó el caballero de Escorpio, incorporándose y dispuesto a ir a enfrentarse a Hécate—, u otra de sus ilusiones y realmente estoy llevando de la mano a un monstruo haciéndose pasar por Shaina de pequeña…no entiendo nada…

De un rápido movimiento, Milo recogió las cajas de sus compañeros y agarró de la mano a la supuesta Shaina, quien brincaba alegremente, parándose a observar con detenimiento cada animalillo que iba encontrando a su paso.
—Vamos a ir a ver a una vieja, ¿de acuerdo?— espetó el griego—. Necesito que me aclaren una serie de cosas…

Así entonces comenzaron a caminar de nuevo, Milo encendiendo su cosmos para detectar a la anciana Hécate.

No bien habían caminado un poquito cuando la pequeña peliverde frenó en seco, provocando que el caballero de Escorpio parase.
— ¿Qué has visto? ¿O es que estás cansada?— preguntó él.

La pequeña señalaba un lado del camino y se liberó de la mano del hombre, corriendo hacia el lugar que había señalado.
— ¡Espera un momento, no corras!— gritó el caballero, saliendo tras ella a pesar de todos los bártulos que cargaba.

Cuando llegó junto a ella, pudo ver la ropa que vestía Shaina siendo adulta y la armadura tirada en el suelo, entre la frondosa vegetación.

La pequeña comenzó a recoger las cosas hasta que encontró el pañuelo amarillo. Aquello provocó que la niña soltara un grito de alegría y se lo anudó alrededor de la cintura, llevándolo a rastras.

—Definitivamente, eres Shaina— masculló el caballero de Escorpio, arrojando la caja de Pandora de su compañera al suelo y recogiendo en ella las partes de su armadura, que la pequeña iba entregándole con rapidez. Incluso se preocupó de entregarle la ropa interior. Finalmente, Milo colocó la tapa encima y cerró la caja.

El griego suspiró de nuevo mientras veía a Shaina distraída con todo alrededor.
— ¿Y dónde está Jabu?— se preguntó inquieto—. Con lo extenso que es este bosque a saber dónde estará…

La niña y el hombre emprendieron la búsqueda de su compañero de armas.
—Señor…— musitó Shaina—, ¿no íbamos a ver a una vieja?

—Llámame Milo, no señor— pidió el caballero de Escorpio—, me hace sentir demasiado mayor y solo tengo veintitrés años…y sí, iremos a verla, pero antes tengo que encontrar a Jabu…¿te suena ese nombre?

La niña tarareó el nombre de Jabu varias veces y negó con la cabeza.
—Pero Milo…—murmuró por lo bajo, repitiendo también el nombre del griego tratando de recordar. Se encogió de hombros y simplemente dijo que le gustaba ese nombre, que le parecía bonito.

El hombre sonrió y apretó la mano de la pequeña.
—No sé si debería devolverte a la edad adulta, me caes mejor siendo niña— comentó riéndose—. Anda vamos a seguir buscando al pobre de Jabu.

La pareja comenzó a adentrarse en el bosque sin saber muy bien hacia dónde iban, pero llamaban a voces a su compañero.

— ¿Y si ha tenido una pelea con los sátiros?— se preguntó el hombre, antes de volver a vocear el nombre del japonés, cuando pisó algo que crujió bajo sus pies. Al mirar al suelo, vio un pedazo de metal de color lila.

Lo recogió entre sus manos y divisó más piezas de la armadura de Unicornio, así como la ropa que llevaba puesta.

Shaina llamó a Milo para que se acercara corriendo.
— ¿Ese es Jabu?— preguntó la niña, señalando a un niño pequeño, completamente desnudo, que dormía apaciblemente sobre un lecho de hojarasca, rodeado por zarza.

—Aparta las manos, que si no las espinas te harán daño— pidió el caballero acercándose a ver al niño.

El pequeño aparentaba unos cinco o seis años. Estaba acurrucado y su cabecita poblada de una espesa melena rubia alborotada le indicó que seguramente ese crío sería el caballero de Unicornio.
El griego acercó la mano para despertar al chiquillo, pero de repente sintió como una rama de la zarza se enroscaba en su muñeca. Extrañado ante esto, rompió la rama y siguió adelante, pero inmediatamente más ramas se enroscaron alrededor de su cuerpo.

— ¡Milo!— exclamó Shaina al ver al caballero en apuros, lanzándose también a intentar retirar las ramas repletas de pinchos.

— ¡Shaina no te acerques!— pidió el griego, tratando de deshacerse de la zarza—. ¡Mierda! No puedo hacer estallar mi cosmos porque si no dañaré a Jabu. ¡Maldita zarza!

— ¡Deja a ese niño en paz!— dijo una voz femenina—. ¡No permitiré que le hagas ningún mal!

— ¡Si no quiero hacerle daño, por eso no puedo encender mis cosmos!— gruñó el griego, rompiendo más ramas—. ¡Ese crío fue mi alumno y tengo que recuperarle! ¡Jabu, enano, despierta!

La zarza lentamente aflojó el agarre y Milo pudo retirar las ramas que fueron escurriéndose hacia atrás.

— ¿No eres un sátiro?— preguntó aquella misteriosa voz—. ¿Qué eres entonces?

Milo bufó maldiciones mientras retiraba los pinchos que se le habían clavado en aquellas zonas donde la armadura no cubría su piel, sentado en el suelo.
— ¿Tengo cara o aspecto de sátiro?— bramó indignado—. ¡Soy un caballero de oro al servicio de la diosa Atenea y tanto ese niño que tienes ahí como esa niña de atrás son compañeros también!

Entonces la zarza se retiró hacia atrás dejando al descubierto al pequeño Jabu, que parpadeó un par de veces y bostezó.

Inmediatamente, la zarza desapareció y en su lugar unos brazos desnudos acunaron al pequeño caballero de Unicornio. Una mujer de largos cabellos rubios ondulados apareció ante la niña y el hombre.

—Sois amigos entonces— musitó con una voz melodiosa—, soy una ninfa alseide, protectora de este bosque— informó, mirando al caballero de Escorpio con sus ojos pardos y verdes—. A este niño los sátiros querían llevárselo, por lo que le protegí con mi cuerpo. Siento la confusión, pero últimamente estamos siendo acosadas sin descanso por ellos.

Shaina se acercó hasta Milo, escondiéndose tras él y mirando desde la retaguardia, sin atreverse a acercarse hasta la ninfa.

El hombre se incorporó y se acercó hasta la deidad, para recoger en brazos al niño. Al levantarse, la pequeña pudo comprobar que la ninfa estaba desnuda, únicamente sus largos cabellos le cubrían.

—Ella va desnuda— dijo señalando a la ninfa—. ¿No debería ponerse ropa encima?— preguntó extrañada.

La risa de la deidad fue cristalina mientras que Milo no sabía dónde mirar, pero no pudo evitar ruborizarse al ver que, efectivamente, la ninfa estaba completamente desnuda.
—Shaina— reprochó el caballero—, ten un poquito de respeto, ¿quieres?— y a continuación se dirigió a la ninfa, aún ruborizado—. Discúlpela, acaba de despertar en una regresión infantil… ¿qué pasa ahora?

—Vámonos ya— exigió la niña, tirando del pantalón del griego.

—¿Qué prisa hay?— preguntó extrañado Milo, sin querer moverse del lugar, ya que quería seguir hablando con la ninfa, pero la insistencia y la mirada de odio que le profesaba la niña provocó que desistiera—. Luego dirá que no es celosa...

Milo resopló y se disculpó de nuevo con la deidad, quien depositó en sus brazos al pequeño Jabu, que miraba todo con curiosidad.

La ninfa se despidió de ellos y volvió a transfigurarse en una zarza, extendiendo sus ramas a lo ancho entre risas.

—He quedado como el culo delante de la ninfa por tu culpa— gruñó depositando a Jabu en el suelo y lanzando una mirada reprobatoria a la amazona—. Ahora iremos a ver a Hécate, así tengas pesadillas cuando veas su cara— murmuró, vistiendo al japonés con la camiseta negra que llevaba cuando era adulto. Esta camiseta le llegaba a los pies y el pequeño no sabía muy bien cómo andar con ella, ya que tropezaba continuamente.

A continuación, recogió la armadura de Unicornio y el resto de la ropa, metiéndola en la caja de Pandora.

Una vez listos, y con las armaduras en sus respectivas cajas, comenzaron a buscar a la vieja bruja.

Jabu había rodeado con sus bracitos el cuello de Milo y se recostó a dormir. El caballero de Escorpio iba cargado hasta los dientes, con las tres cajas de Pandora, sujetando al japonés con el brazo izquierdo y con la mano libre fue a darle la mano a Shaina.

La niña frunció el ceño y arrugó los labios, negando con la cabeza.
Milo suspiró y dejó resbalar la caja de Ofiuco hasta su mano, para poder llevarla más cómodamente.
—Ya se ha enfurruñado, me conozco ese gesto— murmuró, dejándola a su aire—. ¡Pero no te alejes, corre por donde yo pueda verte! ¡Y cuando te de una orden, hazme caso!— avisó el griego.

Milo encendió su cosmos para guiarse de nuevo por el infinito bosque, buscando de nuevo a Hécate.

Tras una serie de infructuosos intentos, y de varias amenazas porque Shaina no atendía las indicaciones del caballero de Escorpio, finalmente llegaron al claro de la encrucijada.

— ¿Ves esas piedras de ahí?— dijo el hombre, señalando las piedrecitas en el suelo a Shaina, que seguía de morros—. Entretente montándolas. Tiene que salir una mujer con tres cabezas. Yo necesito sentarme un poco…

La pequeña rápidamente montó la figura requerida y ante ella apareció la anciana Hécate, provocando un grito de terror en la niña, quien corrió a refugiarse tras el caballero de Escorpio.

— ¿Has vuelto con mis panes?— preguntó la vieja bruja—. ¿Y éstos son tus acompañantes? ¿No son un poco pequeños para ir a una misión tan peligrosa?

—Pues vinieron teniendo dieciséis y diecinueve años respectivamente— dijo señalando a los dos críos—, así que usted me dirá qué narices les ha hecho para que ahora hayan vuelto a la infancia.

Hécate miró a los nenes, quienes estaban atemorizados por el careto de la vieja.
—Mmmm— murmuró la anciana acercándose a ellos y atrapando por el brazo a la niña—. Esto no es culpa mía, mis ilusiones pueden ser desvanecidas, pero me temo que estos chavales han caído fruto de un embrujo más poderoso que el mío…quiero decir, esto no es fruto de una ilusión, sino que realmente han vuelto a la infancia…

— ¿Y cómo demonios han vuelto a ser niños, si puede saberse?— preguntó Milo—. ¿Acaso hay alguna deidad más en este bosque, aparte de Dionisio y Pan? ¿O las ninfas?

Entonces Hécate preguntó de nuevo por los panes.
— ¿Dónde están?— insistió de nuevo.

—Los tenían ellos— respondió el caballero de Escorpio, recogiendo el bolso de Shaina, que estaba dentro de la caja de Pandora.

Lo abrió, pero dentro de él sólo estaba el mapa.

Milo rebuscó por la caja, sin hallar nada.

—Pues…— musitó el griego—. Me temo que aquí no hay nada…y estoy seguro que en la caja de Unicornio no hay nada más que ropa y armadura…cuando me encontré con Shaina, estaba con una cabra pequeña pero no vi ningún pan.

La niña miró a Milo unos segundos con sus enormes ojos verdes.
—La cabra se lo comió— dijo en voz baja—. Tenía hambre y le di de comer.

Hécate lanzó un grito de desesperación y señaló con la daga a la pequeña.
— ¿Le has dado el pan sagrado a una cabra?— chilló encolerizada—. ¡Voy a morir! ¡Y todo será culpa vuestra!— dijo señalando alternativamente a los tres guerreros—. ¡Me encargaré de que mi muerte no sea en vano y lanzaré una maldición contra el Santuario!

Milo miró a los dos niños.
— ¿Os comisteis el pan de Hécate?— gruñó encolerizado—. ¡Sois idiotas!— exclamó perdiendo los estribos—. No vuelvo a dejaros solos nunca más, ¡es increíble!

— ¿Les dejaste solos?— preguntó la vieja bruja quien miró con furia al caballero de Escorpio, el cual se defendió diciendo que ellos sabían que bajo ningún concepto debían comerse esa comida—. ¡Pues ahí lo tienes! ¡Las consecuencias de comer el cabello de tu diosa, han regresado a su infancia!

Desesperado por la situación, el griego se llevó las manos a la cabeza y se retiró la tiara.
—Así que con esto te referías con lo de cien años más si se ingería un pelo de Atenea, ¿verdad?— preguntó señalando a los pequeños, quienes se habían abrazado aterrorizados por los dos mayores—. Llegas a la vejez, comes pelo y regresas a tu infancia para vivir otros cien años…y así continuamente…

— ¡Pero ahora ya no!— exclamó Hécate—. ¡Ahora ya no podré a volver a ser una niña porque no tengo ese pan con cabello de Atenea! ¡Voy a morir!

—Vamos a tranquilizarnos— musitó el caballero de Escorpio agobiado—, a ver, Hécate, ¿puedes aguantar unos días más? Hasta que vuelva con otro par de panes. Debo regresar al Santuario de inmediato, porque no puedo tener a estos niños aquí. Dame unos días y regreso a entregártelos, aunque me cueste la vida. ¿De acuerdo?

La anciana miró con suspicacia al caballero de Escorpio. Intuyó que realmente estaba en aprietos y que haría cualquier cosa con tal de proteger el Santuario.
—Está bien— replicó, pensando en que su tardanza en regresar al templo de la Luna, igual le traería consecuencias a ella también—, ¡pero date prisa!

—Antes dime la manera para…— comenzó a decir Milo, cuando la anciana desapareció de su vista—, devolverles a su edad…

El griego resopló abrumado y miró a sus compañeros, que seguían abrazados el uno al otro, hasta que Jabu comenzó a llorar.

—Por todos los dioses…—murmuró el hombre, cogiendo al pequeño en brazos—. En menudo lío estamos metidos…regresemos al Santuario…


NOTAS:
Las edades de los caballeros son mayores que en el original. Así, Jabu tiene dieciséis, Shaina diecinueve y Milo veintitrés. Vamos, tres años más viejos. Me siento más cómoda así.

Por lo tanto, cuando se hacen peques, Jabu pasa a tener 6 años y Shaina 9.

Sslove: sí, pobre Milo, le toca lidiar con dos niños pequeños que le traerán de cabeza xD Espero que te guste el resto de la historia ¡Gracias por el comentario y por seguir leyendo!

Guest: los dos son niños pequeños (no bebés) y a Milo le toca encargarse de ellos, no le queda otra. ¿Enoviarse? No, insisto, no habrá romance entre el caballero de Escorpio y Shaina. ¡Gracias por dejar un comentario y leer!

A todos los que marcáis como favorita o seguís la historia, muchísimas gracias, espero que os estéis divirtiendo con ella.

¡Feliz semana!