6. Efectos secundarios

En el taller de Aracne trabajaban varias mujeres de Rodorio, mujeres que habían ido heredando el trabajo de sus madres y abuelas, de generación en generación, y siempre muy vinculadas al Santuario.

A las ocho de la mañana comenzaba su jornada laboral, tejiendo ropajes y realizando arreglos para los aprendices y guardias del lugar. Tan solo Aracne, una mujer oronda pero increíblemente ágil con la aguja y el hilo, era la encargada de realizar los ropajes para el Patriarca. Y es que lo llevaba en la sangre, puesto que su madre, también llamada Aracne, su abuela materna, de igual nombre y así sucesivamente, habían ido pasando genéticamente esa maestría.

— ¡Buenos días!— saludó la mujer, al ver entrar al caballero de Escorpio, que arrastraba a Jabu y Shaina al interior del taller—. ¿Qué puedo hacer por vosotros? ¡Oh! ¡Dos pequeños nuevos en el Santuario!— exclamó Aracne dando palmadas de alegría, y rápidamente recogió una cinta métrica para tomar medidas a los dos niños.

Milo se quedó atónito por la rapidez del servicio. La señora les pedía que extendieran los brazos y los pequeños obedecían sin rechistar.

— ¡Listo!— declaró la mujer, anotando la última medida en un pedazo de papel—. Tenemos ropa de su talla lista, estos niños no pueden ir desnudos por ahí.

— ¡No estamos desnudos, llevamos una camiseta!— corearon los pequeños a la vez.

Aracne miró incrédula a los nenes y después a su supuesto maestro, quien torció el gesto.
—Deberías comprarles ropa interior— declaró la mujer—, unas braguitas y unos calzoncillos, ¿cómo es que no tienen nada? Y ni tan siquiera un calzado…

—Señora, llegamos ayer muy tarde y no me ha dado tiempo a comprarles nada— comenzó a explicarse el caballero de Escorpio—, de hecho hemos venido corriendo para ver si puede ayudarnos porque tenemos que ir a ver al Patriarca.

Aracne se rascó la cabeza preocupada.
—Nosotras nos encargamos de ropaje de entrenamiento, pero mucho me temo que la ropa interior tendrás que ir al pueblo a comprarla…

Los niños curioseaban entre los puestos de trabajo, fisgando todo alrededor mientras que Milo era conducido por la señora hasta un armario y buscaba la ropa.

Sacó un par de camisetas de color marrón, así como un pantalón blanco para Jabu y uno beige para Shaina. Además, le dio un par de cajas con sendas alpargatas del tamaño de los pies de ellos.

—Esta ropa es resistente, no se rompe con facilidad— informó Aracne—, aguantará los trotes que le den sin problemas. Eso sí— dijo mirando la cara de póker del griego—, vuelve más a o menos cada seis meses porque crecen muy rápido y se les quedará pequeña, por tanto tendré que ir realizando nuevos uniformes, ¿de acuerdo? Tenéis un pequeño probador tras esa cortina roja.

Milo asintió y llamó a los pequeños, que regresaron de nuevo junto al hombre.

—Tomad— dijo tendiéndoles las nuevas ropas—, tendréis que poneros esto. Allí hay un probador— e indicó un pequeño hueco con un espejo y una cortina roja—. Vamos.

El primero en entrar fue Jabu. El pequeño sonreía y jugaba con la cortina mientras el griego trataba de vestirle.
—Estate quieto— gruñó el hombre, al intentar ponerle la nueva camiseta de su talla, pero Jabu se entretenía con la cortina, por lo que Milo la descorrió completamente, dejando a la vista el cuerpecillo desnudo del pequeño.

— ¡Que me ven el pito!— gritó enfadado el pequeño japonés, agarrando de nuevo la cortina.

Las señoras estallaron en carcajadas y Milo le lanzó una mirada reprobatoria.
— ¡Si te estuvieras quieto nadie te vería nada!— alegó el caballero, subiéndole el pantalón—. Ahora siéntate en esa caja que te ato las alpargatas…

El nene hizo lo que ordenaba, pero no paraba de balancear las piernas.
—Al final te voy a dar un azote, porque te lo estás ganando— amenazó el hombre, que al ver los pies sucios del caballero de Unicornio, sacudió la cabeza—. ¡Señora! ¿No tendrá usted por ahí un trapo húmedo?

Aracne se acercó al caballero tendiéndole una bayeta recién escurrida, con la cual Milo pudo lavar un poco los pies al pequeño.
—Estáis más cochinos los dos— dijo mirando la carita del caballero de Unicornio, que tenía restos de tierra por la cara y el pelo sucio—. Os voy a dar un baño antes de ir a ver al Patriarca. Y yo también, que con vosotros pululando por casa no he tenido tiempo de darme mi ducha diaria— murmuró echándose una mirada al espejo y chasqueando la lengua.

Milo terminó de atar las cintas de las alpargatas y llamó a la amazona de Ofiuco para que entrara en el probador.
—Me visto sola— dijo ella, expulsando al caballero de Escorpio y echando la cortina.

—Recuerda ponerte bien la camiseta— avisó el griego a la pequeña.

—Síiii— respondió Shaina desde dentro—. Pero esta camiseta no tiene dibujo y tampoco tiene etiqueta…

Aracne le indicó que la camiseta tenía escrito un número pequeño en la nuca y que era eso lo que debería quedar por detrás.

Pasó un rato largo, pero la niña no salía. Preocupado, Milo se acercó a la cortina pero sin descorrerla.
— ¿Ocurre algo?— preguntó inquieto, cuando la cortina se abrió y salió la niña con la camiseta azul que había llevado hasta entonces y en los brazos la ropa que se había probado—. ¿No te vale?

Shaina agitó la cabeza.
—Me vale, pero no me gustan los colores— dijo entregando la ropa a Aracne—. ¿No tienes esto mismo en verde y morado?

Los dos adultos se quedaron boquiabiertos.
—Estos son los colores que hay…—indicó la señora, recogiendo la ropa y las alpargatas—. Pero no creo que haya problema en hacerte uno morado o verde…

—De eso nada— terció el caballero de Escorpio—, no vamos a teneros trabajando porque a doña Caprichosa le haya dado por ahí— y cogió los ropajes de los brazos de Aracne y se los tendió de nuevo a Shaina—. Métete en el probador ahora mismo y vístete sin rechistar.

— ¡No me da la gana!— exclamó la niña, arrojando la ropa al suelo, tras lo cual salió corriendo fuera del taller.

Milo hizo ademán de ir tras ella, pero Aracne le sujetó.
—Es la edad— dijo la mujer—, no te preocupes que de verdad no me costará nada hacerle un pantalón verde y una camiseta morada para ella. Esta tarde lo tendré listo. Una pregunta, ¿nunca has tenido que manejarte con niños antes, verdad?— el caballero negó con la cabeza—. Se nota…

—Ese gesto ha sido muy grosero— replicó el hombre—, no lo puedo dejar pasar, tiene que entender que no puede ir por ahí actuando tal y como le venga en gana.

Aracne se frotó las manos y suspiró, deseándole suerte con el trabajo.

Milo tendió la mano a Jabu y ambos salieron del taller. El pequeño japonés detectó el malestar del griego.
— ¿Estás enfadado?— preguntó el nene, pero el hombre solamente miró de soslayo al chiquillo y cerró los ojos unos instantes.

Shaina había corrido campo a través buscando una vía de escape de aquel lugar que no reconocía como suyo.

Tropezó un par de veces, pero a pesar de tener rasguños en brazos y rodillas, ella se levantó estoicamente y aguantó las lágrimas, mientras seguía su loca carrera.

Tenía el corazón desbocado cuando vio a aquella mujer con la que había hablado antes de entrar en el taller. Por una causa desconocida, la niña fue corriendo hacia ella y se abrazó a sus piernas con fuerza, casi haciendo perder el equilibrio a la japonesa.

— ¿Shaina?— preguntó la amazona de Águila, cuando reconoció el pelo verde de su amiga. La pequeña alzó los ojos al borde del llanto y el destello verde provocó que la pelirroja aguantara la respiración, hasta que la chiquilla hundió la cabeza entre las piernas, buscando amparo.

Marin acarició su cabecita mientras trataba de entender todo aquello. Milo le había prometido que daría una explicación, que aún no había llegado y esperaba con ansiedad.

La mujer se acuclilló frente a su amiga y apartó los mechones verdes de su flequillo de delante de sus ojos.
— ¿Qué ocurre?— preguntó preocupada—. ¿Te ha dicho algo Milo que te ha sentado mal?

La niña frunció los labios sin mirar a la amazona y después al suelo.
—Nunca has sido de hablar sobre tus sentimientos, sino de guardártelos para ti— concedió la japonesa—. Está bien, si no quieres decírmelo no pasa nada, pero si quieres hablo con él y le regaño.
La pequeña entonces alzó sus ojos acuosos hacia los de aquella mujer que parecía conocerla. Frunció el ceño unos segundos, tratando de averiguar por qué le resultaba tan familiar aquel rostro, a pesar de que creía no haberla visto nunca anteriormente.

Como un fogonazo, un fuerte dolor de cabeza comenzó a machacarla, provocando que cayera al suelo entre gemidos de dolor. Todo alrededor le daba vueltas hasta que finalmente se volvió negro.

Lejos, muy lejos, la voz de la mujer pelirroja la llamaba. También escuchaba voces de otras personas, que le resultaban igualmente familiares.

Abrió los ojos lentamente y vio el rostro de Marin, murmuró su nombre. Después vio a un hombre grande de aspecto tosco, y pronunció su nombre "Cassios". Y de nuevo la oscuridad.

No supo decir cuánto tiempo llevaba inconsciente. Alguien la llevaba en brazos. Con una de sus manos, recogió un mechón azulado y jugueteó con él un poco, antes de soltarlo.
— ¿Cómo te encuentras?— preguntó Milo, al percatarse que había recobrado la conciencia, mientras empujaba la puerta del templo de Escorpio y la tumbaba sobre el sofá.

Shaina miró alrededor se llevó la mano derecha a la frente. Jadeó un poco y bebió con avidez el vaso de agua que le tendía el griego. A su lado, Jabu trepó al sofá y la miraba con curiosidad.

— ¿Estás malita?— preguntó el niño con sus grandes ojos tocando la herida que su compañera tenía en la rodilla.

— ¡Ay!— se quejó ella, dándole una patada al pequeño Unicornio, que salió despedido del sofá, aunque Milo lo recogió al vuelo.

—Ya veo que te recuperas rápidamente— observó el caballero de Escorpio, sentándose en el sofá y colocando a Jabu en su regazo—. Te he dicho que no agredas a tus compañeros. A ver esa herida…

El griego observó la rozadura y sacudió la cabeza.
—Eso no es nada grave, así que nos vamos inmediatamente a ver al Patriarca— sentenció finalmente—; levántate.

Shaina seguía de morros y de brazos cruzados cuando salieron del templo de Escorpio, pero al menos no tendría que vestir aquellos ropajes tan espantosos que había estado a punto de obligarla a llevar.

Al ir subiendo las escaleras hacia el templo del Patriarca, los tres pararon frente al de Acuario.

Camus abrió la puerta y miró el rostro ojeroso de su amigo, cuando al bajar la vista y ver las versiones infantiles de los caballeros de Unicornio y Ofiuco, simplemente alzó una ceja.
—Comieron el pan que iba destinado a Hécate, ¿verdad?— dijo sospechando lo que había pasado—. Anoche el Patriarca nos comentó la misión que tenías entre manos y que le preocupaba que no hubierais llegado antes de la hora de cenar.

—Pues estas son las razones del retraso— contestó el caballero de Escorpio—. Voy a ir a ver al Patriarca a ver si consigo que horneen otros dos panes para Hécate…pero depende de la señora Atenea…

Sin poderse resistir a cotillear lo que hablaban su maestro y tutor, Hyoga asomó la cabeza, preguntando quién eran esos dos niños. Cuando le informaron de su identidad, el ruso cogió su móvil y llamó a Seiya.
—Tienes que venir a ver esto…

—Si estará en el templo de Shion, dile que vamos para allá y que baje la señora, que es urgente— dijo Milo, mientras empujaba a los dos niños hacia las escaleras.

Camus acompañó a su amigo, al ver que no parecía estar de buen humor.

Al llegar al destino, los dos caballeros de oro se acercaron hasta el trono y realizaron la reverencia correspondiente, aguardando la llegada de Shion, mientras que Jabu miraba todo alrededor extasiado y con un dedo en la nariz, mientras que Shaina seguía de brazos cruzados y el gesto torcido.

—Va a venir el Sumo Sacerdote— gruñó el caballero de Escorpio—. Inclinaos ante él. ¡Y no te hurgues la nariz, cochino!

El japonés imitó el gesto de los dos caballeros, posicionándose correctamente, sin embargo Shaina permanecía en la misma postura de enfado.
—Qué día me está dando— se quejó Milo a Camus—, ¡Shaina, que te inclines de una vez! ¡No me dejes en evidencia!

—Como se nota que es ella…— murmuró el francés.

—Buenas tardes caballeros de Acuario y de Escorpio— saludó Shion, entrando en la sala y caminando hacia el trono—; disculpad el retraso, estaba reunido con Atenea y… — se quedó mirando estático a los dos niños y después lanzó una mirada interrogativa a Milo—. Este es el resumen de tu misión fallida, ¿no?

—Por favor Patriarca, déjeme explicarme…— pidió Milo, tirando de la camiseta de Shaina para que se inclinara de una vez, pero la niña le dio una patada a su mano.

—Claro que tienes que explicar muchas cosas— replicó el Patriarca señalando a los pequeños—, pero muchas cosas.

El caballero de Escorpio comenzó a relatar la aventura que habían vivido desde que salieran temprano del Santuario, lo que sucedió en el bosque de Chaménos y su vuelta.

— ¿Y de quién es la culpa de todo esto?— preguntó Shion.

—Mía— resopló Milo, agachando la cabeza—. No debí dejarles solos.

—No— dijo el Sumo Sacerdote—. Dejarlos solos no fue la única causa de este desastre, sino fallarles a ellos. Cuando envío a un caballero de oro a una misión donde tiene que ir acompañado de guerreros de nivel inferior, espero que entienda que su misión es protegerles. Y tú, no lo has hecho.

Mordiéndose la lengua, el griego aguantó el rapapolvo del Patriarca, quien recriminó su comportamiento con una bronca que se alargó durante media hora.

Shion se incorporó del trono y se dirigió a los niños, para cerciorarse de que estaba ante los caballeros de Unicornio y Ofiuco. Colocó su mano sobre sus cabezas y aguardó unos instantes.
—Es curioso— dijo retomando su voz sosegada habitual—, su cosmos es igual de potente que cuando eran adultos…

Milo recordó un par de cosas que quería preguntarle al Patriarca, cuando la señorita Atenea apareció en la sala, seguida de Seiya.
— ¡Es verdad!— exclamó Seiya señalando a los dos niños—. ¡A Jabu lo recuerdo tal cual en el orfanato! ¡Y mira a Shaina! Aunque cuando la conocí, creo que tenía trece años…ahora parece más pequeña…

La diosa, tras saludar a los presentes, se acercó a los dos caballeros. Se agachó para quedar a su altura y miró primero a Shaina, quien lanzó una mirada de soslayo, pero finalmente relajó la expresión de su cara.
Después fue a ver a Jabu. Saori sonrió suavemente mientras que el pequeño se quedaba embobado mirándola.
—Espero que no se acuerde de cuando le usaba para montar a caballo— dijo avergonzada la diosa.

En ese momento, el pequeño caballero de Unicornio sintió un chasquido dentro de su cabeza y cayó al suelo con las manos agarrándosela, sin emitir un solo quejido, hasta que no pudo más y emitió un grito que estremeció a todos los presentes.

Atenea rápidamente recogió al niño en brazos y colocó la mano sobre su frente, hasta que el rostro del pequeño pasó de reflejar dolor a estar apacible, quedándose dormido instantáneamente, murmurando el nombre de Saori.

—De eso quería hablarle, mi señor— murmuró el caballero de Escorpio preocupado—. Algo sucede dentro de ellos, pero no sé la causa ni qué pasa. Es como si repentinamente recobraran la conciencia de quién son.

—Pero entonces, ¿ellos no recuerdan nada?— preguntó Camus intrigado.

—Parece que no— relató su amigo—, cuando me encontré con Shaina por primera vez, y sin saber que era ella, le hice preguntas sobre el paradero de sus padres y no supo contestarme. Por pequeños que sean, los niños tienen memoria y recuerdan las cosas. Ellos no son capaces.

Shion se mesó la barbilla y miró a Atenea.
—Sin embargo, Hécate sigue recordando toda su vida sin problemas y no le genera ningún conflicto, a pesar de las numerosas veces que te ha pedido cabello para seguir manteniéndose joven…

La diosa acarició el rostro de Jabu unos instantes.
—Pero Hécate no es humana— contestó—, sólo otros dioses pueden comer mi cabello y alargar su vida. Si un humano lo hace…sí, retrocede años de vida, pero en su mente se genera ese conflicto. Hace siglos que no me encontraba en esta situación. Un anciano, ansioso por vivir más tiempo, me cortó el pelo con una hoz y los devoró inmediatamente— murmuró apesadumbrada—. Recobró su juventud, pero fue incapaz de reconocer a su propia familia. Era incluso más joven que el menor de sus hijos, algo imposible naturalmente. Con el paso de los días, el hombre fue sufriendo este tipo de recuerdos de su antigua vida. Pero eso generó un conflicto en su mente…

— ¿Por qué?— preguntaron todos los adultos reunidos en aquella sala.

Atena bajó la mirada y suspiró.
—Porque cuando Hécate vuelve a su juventud, sólo lo hace físicamente. Como bien dijo el Sumo Sacerdote, sus recuerdos permanecen vivos. Sin embargo, con los humanos, lo que sucede es que la persona sufre un borrado de memoria de los años que no habría podido vivir. Es decir, si un hombre de cincuenta años come un trozo de mi cabello y retrocede a su aspecto físico con veinte, la memoria y todos los recuerdos almacenados en esos treinta años que van desde los veinte a los cincuenta, se borran. Pero cada vez que hay algo o alguien de ese periodo con el que tuvo una conexión especial, es como si su antiguo yo tratara de abrirse paso, recordando— dijo pausadamente—. Y esto genera una conflicto interno insoportable…terminan volviéndose locos por el caos que llega a estallar dentro de ellos. Y esa locura los lleva a la muerte…

Sorprendido ante esta información, Milo miró a los pequeños.
—Entonces, si no les devuelvo pronto a su edad real… ¿los vamos a perder? ¿No se les puede entrenar de nuevo o algo?

—Mucho me temo que no— musitó la diosa—. La sensación será parecida a la de una mente infantil en su caso con la de un adulto. Habrá momentos en que Shaina se comportará como una niña de su edad, pero en otros que lo hará como la mujer adulta que es realmente, pero no podrá expresarse con claridad, y ello supondrá ese conflicto que la inducirá a la locura. E igual pasaría con Jabu…

Camus se pasó una mano por el rostro, al comprender la gravedad de la situación.
— ¿Y no hay manera de que puedan volver a su edad real?— preguntó, cuando la puerta del templo del Patriarca anunció a un visitante.

—La hay— anunció el caballero de Virgo—. Igual que el cabello de Atenea concede la vida, hay otro dios cuya ingesta de cabello provoca el avance del tiempo en el cuerpo…

—Así es, Shaka— asintió la diosa—. Justo el efecto contrario…

El indio paró de caminar y abrió los ojos.
—El cabello de Hades.


NOTAS:

Bueno, poco a poco se van revelando más detalles de la trama. Espero que os esté gustando la historia y cómo va derivando.

Muchas gracias también a los que os estáis uniendo al fic, siguiéndolo o marcándolo como favorito.

Sslove: ya ves cómo le ha ido con Shion xD como no podía dser de otra forma…¡muchas gracias por tu comentario y por seguir leyendo la historia!

Raixander: xD log on your account! Don't be lazy! xD Did this chapter answer to your questions? ;) Kisses and hugs! Don't forget to send me an email in case you don't understand something, ok?

Os espero en el próximo capítulo, y hasta entonces ¡feliz semana!