7. De pelos, baños y revistas poco recomendables

— ¿Pelo de Hades?— preguntó el caballero de Acuario, cuando vio a Shaka.

—Exacto— respondió el indio—. El cabello de Hades tiene el efecto contrario al cabello de Atenea. Para alargar la vida, el cabello de nuestra diosa lo que hace es que te devuelve a tu infancia, para que puedas vivir más. Sin embargo, el cabello del dios del Inframundo lo que hace es que te convierte en un anciano.

Milo y Camus intercambiaron miradas de extrañeza.
— ¿Quién narices quiere ser viejo?— preguntó el caballero de Escorpio, extrañado ante tal sistema—. Quiero decir, voluntariamente…

Atenea empezó a reírse ante tal comentario y se acercó al caballero de Virgo.
—Pues por ejemplo tú, para devolverles a tus compañeros la edad real que tenían— dijo suavemente—; si les das a probar a estos niños la cantidad exacta de cabello de Hades, envejecerán hasta la edad que deseas. Pero si te pasas, puedes o bien matarlos porque les echas demasiados años encima o bien que les suceda igual que cuando son niños, que no recuerden nada porque es como si no hubieran vivido el tiempo que se supone que han debido de vivir respecto a su edad.

El Sumo Sacerdote se incorporó del trono dorado y caminó hasta situarse frente a los dos nenes, que escuchaban lo que los mayores decían sin enterarse mucho de ello. Colocó sus manos sobre sus cabezas, acariciándoles.
—Bien, pues ya tenemos nueva misión entre manos— dijo el Patriarca—. Como todo esto ha sido culpa tuya, vas a ir al Inframundo a por los pelos de Hades— miró al griego—, y Camus te acompañará. Shaina y Jabu se quedarán con Shaka en su templo, ¿os parece bien?

A continuación se dirigió a la diosa Atenea.
—Cuando regresen, tendremos que hornear dos nuevos panes para Hécate…ya sabes lo que implica eso…— dijo realizando el gesto de cortar el pelo.

Ella asintió y suspiró. Ya llevaba el pelo corto por los hombros, pero dijo que no le importaría cortarse de nuevo la melena si con ello lograba ayudar a dos de sus caballeros.

—Y volved rápido— amenazó el Patriarca a los dos amigos—, nada de entretenerse por allí abajo, que aún queda mucho que hacer, ¿entendido? En cuanto estéis preparados, partiréis de inmediato.

—Sí, señor— respondieron al unísono.

A la salida, Shaka indicó al caballero de Escorpio que enseguida iría a preparar su templo para acoger a los dos niños. El griego asintió y se despidió de él, diciéndole que se los llevaría al templo de Virgo en cuanto se fueran.

Asimismo se despidió del caballero de Acuario, quien le indicó que en unas horas pasaría por su templo para ir juntos a la nueva misión.

Cuando llegaron al templo de Escorpio, los pequeños compañeros entraron a la carrera empujándose el uno al otro.

—Niños— se quejó Milo, derrumbándose en el sofá—, haced el favor de comportaros con Shaka, ¿vale?

Shaina, quien había acercado una silla y se encaramaba a la encimera de la cocina buscando algo que comer en uno de los armarios, giró la cabeza. Por su parte, Jabu rebuscaba en la nevera.

— ¿Comportarnos con Shaka?— preguntó la niña, agarrando un paquete de galletas sin abrir, que se le escurrió entre los dedos. Todo el contenido se rompió dentro, desmigándose.

—Shaina, ten cuidado no te vayas a caer— avisó el caballero de Escorpio, al ver que la niña hacía cabriolas para bajar de la encimera—. ¡Y Jabu, cierra la puerta de la nevera que se va el frío y me fastidias las cervezas!

La niña se acercó primero hasta donde estaba su compañero, dándole un empellón en la cabeza.
—Que te ha dicho que cierres la nevera— criticó la peliverde, mientras se dirigía con su paquete de galletas destruidas hasta donde estaba el hombre tirado en el sofá.
Jabu gritó y se llevó la mano a la nuca.

—Y a ti te he dicho que dejes de golpear a tus compañeros— replicó el griego, llevándose una mano a la frente, mientras que Shaina se encaramaba al sofá y se acurrucaba a su lado, abriendo el paquete y desperdigando migas de galletas por doquier—. Eso, ahora ensucia todo alrededor…si es que…

Milo trataba de recoger los restos de galleta, cuando la niña preguntó de nuevo por Shaka.
—Pues eso, que yo en unas horas partiré al Inframundo con Camus, que tenemos que ir a por pelo de Hades para que volváis a vuestro aspecto normal, así que vosotros dos os quedaréis con el caballero de Virgo— dijo señalando a los dos, en el momento que Jabu aparecía con una tableta de chocolate entre las manos, lamiéndola.

— ¿Qué?— preguntó la niña, dejando de masticar—. ¿Nos dejas solos?

Mientras le quitaba la tableta de chocolate a Jabu, el griego asintió.
—No comas tanto, con esto tienes más que suficiente, que luego te da una indigestión— dijo refiriéndose al caballero de Unicornio, entregándole un trozo más pequeño—. Qué asco, está todo babeado…no os dejo solos— replicó mirando a la niña—, os quedaréis con Shaka, ya os lo he dicho.

— ¿Te vas?— preguntó Jabu, con los morritos llenos de chocolate—. ¿Por qué?

El hombre fue a pasarse la mano por el pelo, pero se dio cuenta de que estaba manchado de chocolate y galleta. Se acercó al fregadero y se lavó las manos.
—Me voy a una misión, sí— suspiró el caballero de Escorpio—. ¿Pero no escuchasteis lo que hablamos en el templo del Patriarca?

— ¿Y no podemos ir contigo?— preguntó la amazona de Ofiuco con el ceño fruncido.

El griego comenzó a reírse.
—De eso nada— replicó—, el Inframundo no es lugar para niños pequeños como vosotros.

— ¡Pues yo quiero ir!— exclamó la italiana, a quien Jabu se unió también—. ¡Los dos queremos ir contigo a ese sitio!

— ¡Que no podéis venir conmigo!— repitió Milo, perdiendo la paciencia—. ¡Y no se hable más! Ahora os voy a dar un baño para quitaros toda la roña que lleváis acumulando y en cuanto venga Camus, nos iremos todos al templo de Virgo, ¿entendido? Venga, desfilando al cuarto de baño.

Los dos nenes protestaron, pero no sirvió de nada, por lo que el hombre se dirigió al cuarto de baño y preparó la bañera, llenándola de agua caliente y echando un poco de gel de ducha para que hiciera espuma.

De morros los dos, Milo los miró y chasqueó la lengua.
—No me hagáis esto más difícil, os lo pido por favor— pidió el griego—. Desnudaos y al agua.

El pequeño Jabu relajó la expresión facial al ver la montaña de espuma. La tocó con los deditos y le causó gracia, por lo que se quitó rápidamente los pantalones, mientras que el griego le desanudaba las alpargatas y le retiraba la camiseta.

Una vez listo, Milo cogió al niño en volandas y lo sumergió en la bañera. Rápidamente, Jabu se dedicó a jugar con las espuma, lanzándola por todos lados.

—Shaina, ya deberías estar desnuda— dijo el caballero de Escorpio doblando la ropita del niño, cuando se percató de que no había comprado ropa interior—. Mierda…bueno, es igual… ¡Venga nena, que es para hoy!— exclamó al ver que la niña seguía con la camiseta azul.

Ella lanzó una mirada de odio concentrado y le dio la espalda.

Milo se pasó una mano por la frente y suspiró.
—Última vez que te lo digo, métete en el agua. Cuento hasta tres…

Sin moverse, ella aguantó la cuenta atrás y cuando Milo fue a darla por terminada al llegar a cero, Shaina salió del baño y escapó escaleras arriba.

Al caballero de Escorpio no le dio tiempo a atraparla, pero no impidió que saliera tras ella. Escuchó que la niña se metía en la habitación suya y cerraba la puerta de golpe. Un chasquido, por lo que supo que había echado el pestillo.

—Será…— gruñó él, subiendo las escaleras—. Como disfruta dando por culo, siendo adulta y siendo niña… ¡Abre la puerta!— exclamó el griego, aporreando su propio cuarto.

Pero la niña no respondió. Milo intentó por todos los medios obligarla a salir, pero no lo consiguió. Dándola por perdida, resopló y bajó las escaleras de nuevo, regresando al cuarto de baño, donde Jabu seguía feliz entre la espuma.

—Pues nada— dijo desvistiéndose—. Que haga lo que le de la gana, ¿a que sí?— preguntó al japonés, quien asintió divertido—. Nosotros nos bañaremos y si ella quiere seguir apestando a gorrinilla, que lo haga.

Milo se metió en la bañera, uniéndose al pequeño, a quien le comenzó a frotar la cara con una esponja.
—Anda que tú también estás hecho otro gorrinillo…mira como tienes toda la cara llena de chocolate.

Los dos varones se dieron un baño largo, donde Milo enseñó a hacer pompas de jabón con los dedos a Jabu y a lavarse adecuadamente. Entre risas y juegos, los dos disfrutaron del momento, y Milo pudo enjabonar bien el pelo del pequeño, creándole peinados extravagantes.
El pequeño japonés compuso una cara de urgencia y se levantó de la bañera, mientras Milo se hallaba enjabonando su propia melena azul. El griego miró al niño y salió de la bañera todo cubierto de jabón cuando se percató de que Jabu estaba meando en el agua.

Mientras los dos se bañaban, arriba, en el cuarto de Milo, la pequeña italiana se había quedado inmóvil tras la puerta, sin atreverse a mover un dedo hasta que escuchó al griego alejarse.

Una vez a solas, curioseó por la habitación. Un aroma suave, entre dulce y amaderado le recordó al dueño del templo.

Sus ojitos se posaron en una urna de cristal, donde había unas piedras y arena. Al somarse, vio dos escorpiones dorados que corrieron a refugiarse bajo las piedras. Dos grillos, alimento de los arácnidos, también huyeron a buscar refugio ante el inesperado visitante.

Ella emitió un grito y se llevó la mano al corazón por el susto. Se alejó unos pasos y caminó hacia la ventana, observando a su paso la decoración del cuarto. Pilas de libros se amontonaban en las estanterías, así como piedras de diferentes colores y tamaños. Observó una piedra de color amarillo y la cogió entre sus manitas, ya que no le parecía muy especial. Al darle la vuelta, vio una especie de caracola grabada dentro de esa piedra. Con sus deditos, recorrió la espiral antes de devolver el fósil a su lugar.

Suspiró y llegó hasta la ventana. Asomó la cabecita para poder observar el atardecer en el Santuario. La gente se veía muy pequeñita desde aquel lugar del promontorio.

Se dio la vuelta y miró la cama. Pulcramente hecha, la niña se quedó unos instantes estática. Sintió que se mareaba rápidamente y comenzó a recordar algo. Cerró los ojos con fuerza y rápidamente fue a tumbarse sobre la cama.

En su mente, pequeños destellos de una situación, del mismo lugar. El cuarto iluminado por otro tipo de luz. Y en la cama, donde ahora mismo se hallaba tumbada, el cuerpo de Milo, ese hombre que conocía de poco más de un día, y que sin embargo le transmitía una extraña sensación imposible de discernir. Como si se conocieran de toda la vida. Aquello desconcertó a la niña, no entendía qué era aquella visión. Jadeó angustiada y abrazó la almohada con fuerza, quedándose inconsciente.
—Milo…— murmuró tenuemente.

No supo cuánto tiempo permaneció desmayada, pero supuso que poco, ya que escuchó como Milo llamaba cochino a Jabu, quien se reía divertido.

Shaina soltó la almohada. Se frotó la dolorida cabeza y se escurrió de la cama, dirigiéndose a la puerta y abandonando el cuarto.

Bajó las escaleras con agilidad y llegó hasta la puerta del baño. Dentro, Milo pedía a Jabu que cerrara los ojos para aclararle el pelo.

Al abrir la puerta, vio a los dos varones de pie en la bañera. Sonrió al ver al pequeño con todos los pelos escurridos sobre su cara.
—Mira quien viene— dijo el caballero de Escorpio—, doña Cochina de Ofiuco. ¿Qué? ¿Piensas bañarte o no?

La niña miró al hombre, quien estaba aclarándose el pelo y el cuerpo y cuando terminó, cerró el grifo y salió de la bañera, agarrando una toalla y anudándola alrededor de su cintura. Después, izó a Jabu para sacarlo de allí y lo envolvió con otra toalla, alborotándole el cabello rubio para quitarle humedad.

Ella bajó la mirada y esperó pacientemente, agarrada al pomo de la puerta.
Cuando Milo terminó de secar y peinar a Jabu, lo cogió en volandas y lo llevó al salón, sentándole en el sofá.
—Estate aquí quietecito, ¿de acuerdo?— pidió el griego, entregándole una revista de mujeres desnudas—. No, esta no…maldito Kanon…a ver, toma esta— dijo dándole una de viajes—, no es muy divertida pero esta otra no la puedes leer— replicó divertido, al ver que Jabu protestaba porque Milo no le permitía ver la revista que quería, retirándola de su alcance.

El caballero de Escorpio dejó al nene entretenido con la revista de viajes cuando regresó al baño.

Shaina aún estaba vestida, esperando cabizbaja.
—Vamos— dijo él, abriendo el grifo de nuevo para llenarla—. Vas a tener la bañera para ti sola.

— ¿Vas a bañarte conmigo?— preguntó la italiana, sin atreverse a mirar al hombre.

—No, ya me bañé con Jabu— contestó el caballero de Escorpio, mientras vertía más gel de ducha en el agua para crear espuma—. Si te hubieras quedado con nosotros, te habría bañado con Jabu, pero como no quisiste, pues te lo has perdido. Ten— dijo entregándole una esponja limpia—, lávate bien todo el cuerpo, ¿de acuerdo? Y cuando quieras lavarte el pelo, avísame.

Seguidamente, el griego cerró el grifo y salió del cuarto de baño.

Shaina se quedó sola. Escuchó el sonido de las gotas del grifo cayendo en la espuma. Suspiró y se quitó la poca ropa que llevaba encima, sumergiéndose rápidamente en el agua.

Pasó casi media hora cuando decidió llamar al griego, quien acudió a su llamada.
— ¿Estás lista? ¿Te has lavado bien el cuerpo?— preguntó para asegurarse—. Pues siéntate de espaldas a mí.

La italiana hizo lo que le mandaba el caballero, quien se sentó en un taburete y humedeció el cabello de la niña, para posteriormente verter un poco de champú en su cabeza y masajear.

Los dos se mantuvieron en silencio todo el rato, a excepción de los momentos en que Milo le pedía que cerrara los ojos cuando iba a aclararle el jabón u otra acción relacionada con el lavado.

Una vez limpia y aclarada, Milo la envolvió en una toalla seca y la sacó de la bañera.
—Ve secándote, ahora vengo— indicó el griego, saliendo del baño.

Al cabo de un minuto, él regresó con un paquete en las manos.

Shaina, quien estaba tratando de quitar humedad del cabello, miró con curiosidad.
— ¿Qué es?— preguntó señalando el paquete, mientras Milo recogía la toalla y retiraba con más eficiencia el exceso de agua del cabello de la peliverde, para a continuación peinárselo.

—Ahora lo verás— indicó el caballero, pasándole la toalla por la cara a la niña—. No seas impaciente.

Una vez seca y peinada, Milo tendió el paquete a la niña, quien deshizo el papel rápidamente. Frente a ella, un par de alpargatas planas de color amarillo, unos pantalones verde lima y una camiseta morada. Además, un paquetito de tres braguitas para niña y su famoso pañuelo amarillo.

Shaina se quedó estática, sin saber cómo reaccionar. Abrió la boca, asombrada y después miró al griego.
— ¿Para mí?— y cuando él asintió, ella se lanzó contra el hombre abrazándolo con fuerza.

Él correspondió al abrazo unos instantes, hasta que le pidió que se vistiera para que no pasara frío.
—Dale las gracias a Aracne, que se ha currado tus ropajes y compró ropa interior— murmuró—.Y date prisa, que no creo que Camus tarde mucho en llegar— dijo calculando el tiempo, mientras salía por la puerta.

—Milo— musitó ella, provocando que él parara y girara la cabeza—. ¿Me puedes ayudar a vestirme?

El griego esbozó una sonrisa y asintió.
—Como una niña pequeña…— murmuró sacudiendo la cabeza, mientras sacudía la camiseta morada.

Justo cuando terminaba de atar las alpargatas amarillas de Shaina, Milo escuchó a Camus llamándole.

Mientras colocaba el pañuelo amarillo alrededor del cuello de la niña, pudo oír una maldición en francés y los llantos de Jabu. Al salir, vio a su amigo sujetando una revista y al pequeño Unicornio saltando, tratando de recuperarla.

— ¡Milo!— exclamó el caballero de Acuario, enfadado—. ¿Cómo se te ocurre dejarle esta revista a un niño pequeño?

El caballero de Escorpio se encogió de hombros.
— ¿Qué tiene de malo una revista de viajes?— respondió—. Además, lidia tú con dos niños pequeños a ver qué tal se te da manejarlos…

Camus compuso una cara de perplejidad y alzó una ceja, enrolló la revista y con ella golpeó a su amigo en la cabeza.
— ¿Hyoga e Isaak que son? ¿Piedras?— y mostró la portada de la revista a su compañero—. ¡Esto no es una revista de viajes!

Delante de los ojos del caballero de Escorpio, la imagen de una mujer posando de manera sugerente de enormes pechos desnudos.
—Joder qué tetas— exclamó, pero enseguida cayó en la cuenta— ¡Jabu! ¿Qué te dije? Te juro que se la quité, no sé cómo narices la ha recuperado. Pero que conste que la culpa es de Kanon que me deja esas revistas por ahí tiradas y…

—Si están listos los niños, nos vamos— cortó tajante el caballero de Acuario, dejando la revista encima de la mesa.

Milo asintió y se colocó la armadura de Escorpio, preparado para ir al Inframundo.

Los dos hombres salieron del octavo templo y bajaron las escaleras hasta el sexto, donde Shaka les aguardaba pacientemente.
—Buenas noches— saludó el indio—. Me han informado que Deathmask os espera junto al Patriarca a la entrada del Santuario. Tened mucho cuidado allí abajo.

Camus agradeció las palabras del caballero de Virgo e indicó a su compañero que debían irse ya.
—Espera un momento—pidió el griego, quien se agachó para ponerse a la altura de los pequeños—. Vosotros dos, no quiero ni una sola queja de parte de Shaka, ¿de acuerdo? Comed todo lo que os ponga en el plato y sin rechistar. Además, es probable que el caballero de Aries acuda con su alumno después de cenar y podréis jugar un rato. No me miréis así…

Los dos niños miraban al hombre con ojos acuosos.

Milo suspiró y abrió los brazos, acogiendo entre ellos a los dos enanos, dándoles a cada uno un beso en la cabeza.
—Recuperad energías porque cuando vuelva tendremos que regresar al bosque a ver a la vieja, así que os quiero frescos como rosas— dijo revolviéndoles los pelos a ambos, antes de incorporarse y marcharse junto a Camus, desapareciendo escaleras abajo.

Shaka cogió a los dos nenes de la mano y fue a meterlos al interior del templo de Virgo, pero Shaina se soltó y corrió hasta el borde de las escaleras, viendo a lo lejos como las dos figuras descendían poco a poco, hasta que fue incapaz de distinguirlos.

Sin embargo Jabu no hizo ningún gesto. El caballero de Virgo miró al pequeño, quien al parecer leía un folleto.
— ¿Qué lees Jabu?— preguntó el indio, interesándose por el pequeño, cuando vio fotografías de mujeres y hombres desnudos—. ¡Por Buda!— exclamó, arrebatándole la revista especial de Kanon—. ¡Esto no es para niños!

Finalmente los tres se introdujeron en el templo de Virgo.


NOTAS:

Muchas gracias a todos aquellos que seguís la historia o la marcáis como favorita, así como a todos los que me dejáis comentario. ¡Espero que os siga gustando!

Sslove: Jabu de pequeñito es un amor, aunque también tiene su carácter. En los próximos capítulos veremos si Hades quiere colaborar o no…¡Gracias por el comentario y por continuar leyendo esta historia!