12. Gigante y pequeña

Shaina caminaba de la mano de Cassios, a quien de vez en cuando se giraba y le dedicaba una enorme sonrisa.

Por su parte, el grandullón la llevó por todo el Santuario, mostrándole todos los lugares posibles y saludando a todos sus compañeros, quienes abrían la boca al ver a la pequeña.

Aprovechando la circunstancia, algunos subordinados de Shaina enredaron a la niña para que estampara una firma en papeles de cambios de turno o vacaciones prolongadas, sin que ella supiera lo que firmaba.

—No creo que ella aceptara firmar estos papeles si fuera consciente…— murmuró Cassios, viendo como la nena se entretenía con un bolígrafo de tinta morada, rubricando una pila de escritos que, convenientemente, sus subordinados le entregaban, ya que se iba corriendo la voz de que Shaina era una niña y debían aprovechar para poder alargar más los periodos vacacionales o pedir días libres.

Pero al ver la cara de felicidad de la niña, que era atendida por todos y que a cambio de que ella estampara su firma recibía algo de comer o un juguete, Cassios aguantó el tipo hasta que observó a Marin acercarse hacia donde la gente hacía cola.

— ¿Qué es todo esto Cassios?— preguntó la amazona de Águila—. ¡Venga todo el mundo a trabajar, dejad de perder el tiempo!

Los subordinados de Shaina se desperdigaron rápidamente por el Santuario, regresando a sus quehaceres, mientras que la japonesa pedía explicaciones al enorme griego.
—Cariño— dijo la pelirroja agachándose hasta ponerse a la altura de su amiga—, ¿me puedes dar ese papel? Gracias— respondió, alargando la mano y leyendo lo que ponía en él, para después hacerlo trizas entre sus manos—. Cassios, no manipules a Shaina, te lo advierto. Todos los papeles que ha firmado Shaina serán notificados al Patriarca y anulados, ¿no tienes otra cosa mejor que hacer?

—La vi tan entretenida que me daba pena frenarla— contestó el gigante, señalando a una compungida italiana, que se había rebotado al ver que su papel firmado había sido despedazado sin más—. ¿Mira ves lo que has conseguido? Se ha enfadado…

Marin se cruzó de brazos y alzó una ceja incrédula.
—Y más que se va a enfadar cuando sepa para qué la habéis estado usando mientras era niña— replicó la amazona—. Venga, llévatela de aquí, no quiero que se entere todo el Santuario de que Shaina vuelve a ser una niña pequeña, ¿entendido?

Cassios obedeció la orden y se alejó del lugar con la amazona de Ofiuco, pasando el resto de la tarde jugando con ella, llevándola a sitios que ambos conocían y conversando animadamente.

En ningún momento la pequeña se desmayó ni tuvo visos de hacerlo, por lo que el griego sopesó la idea que le rondaba la cabeza y aupó a la niña sobre sus hombros.
—Te voy a llevar a un sitio que seguro que te va a gustar— informó él—. Ya lo verás…

— ¿Dónde me llevas?— preguntó la nena, agarrándose con fuerza a la cabeza del joven.

Pero Cassios no quiso decir nada. Simplemente caminaron un largo trecho hasta una casita de piedra. La que Shaina habitaba siendo adulta.

El joven señaló el lugar.
— ¿Recuerdas esta casa?— preguntó él, mirando a la niña—. Ahí hemos pasado mucho tiempo juntos, cuando entrenaba contigo…

La italiana parpadeó un par de veces, antes de empujar la puerta y entrar.

Dio un par de pasos y fisgó por todos los rincones de la humilde morada. Saltó sobre la cama y se paró a contemplar aquel jarrón blanco, con el grabado de un niño y una niña cogidos de la mano.
—Es bonito— dijo la niña, señalándolo.

Cassios esbozó una tierna sonrisa y se puso colorado.
—Ese jarrón…te lo regalé hace muchos años…cuando estuviste enferma de anginas…te traje flores…

A Shaina todo aquello no le cuadraba. Sí que tenía la sensación de familiaridad con aquel lugar y con aquel hombretón, pero nada de lo que le contaba le parecía verosímil. Al fin y al cabo, ella era una niña pequeña y no recordaba haber estado tampoco en aquel lugar. Sin embargo, una vaga sensación de felicidad la inundaba desde que ese hombre había aparecido en su vida.

—Dime Shaina— preguntó el griego, al ver a su maestra pensativa—, ¿no echas de menos todo esto?

La italiana frunció el ceño y cerró los ojos. Un leve pinchazo en su cabeza provocó que se tambaleara, pero rápidamente se recuperó.
—Este lugar…tú…lo conozco…lo que me dices…— murmuró jadeando, hasta que pudo serenarse—. ¿Dices que tú y yo hemos estado aquí antes?

El hombre asintió y fue a sentarse en la cama de ella.
— ¿No te gustaría volver a los viejos tiempos?— preguntó de nuevo, mirando fijamente a la niña—. Pero ahora yo sería tu maestro… ¿qué me dices? Te enseñaré a pelear…

—No sé…—musitó ella, sentándose en la cama a su lado, mientras repasaba con la mirada toda aquella casa—, suena bastante divertido, ¿tú serías mi maestro entonces?

—Sí— contestó él—. Te entrenaría y sacaría todo tu potencial, porque tienes mucho.

La pequeña enredó un mechón de pelo entre sus dedos.
— ¿Pero y Milo?— preguntó—. ¿Él no es mi maestro?

Cassios sintió cómo su corazón se agitaba y frunció el ceño. Trató de serenar su inquietud y cogió a Shaina por los hombros, mirándola de frente.
—Milo no es tu maestro, eso que te quede bien claro. De hecho, ha sido él quien te ha metido en este embrollo, por lo que no deberías tenerle tanto afecto. Además— añadió, recordando algo que había compartido con Marin—, ¿no has visto cómo te trata a veces? Conmigo te lo has pasado bien desde el primer momento.

Ella aguantó la mirada y pensó en el caballero de Escorpio. Algo dentro de ella volvió a retorcerse al recordarle, especialmente sus ojos turquesas. Cerró los ojos y al abrirlos, vio a Cassios frente a ella, esperando una respuesta.
—Me quedaré contigo— soltó la niña, tragando saliva—. Al menos tú no me has dejado sola…

Cassios la abrazó con fuerza.
—No permitiré que te devuelvan a tu edad real…hablaré con el Patriarca y estarás bajo mi cuidado…seremos felices juntos. Lo pasaremos bien, y cuando crezcas…

Sin terminar la frase, el hombre acarició la mejilla de la niña y sonrió, informándola de que ya era hora de regresar al templo de Virgo, tal y como le prometió a Shaka.
—Pero no le digas a nadie ni una palabra de nuestro plan, ¿de acuerdo? Será nuestro secreto— pidió el gigante, asegurándose de que los labios de la pequeña estarían sellados y no diría nada.

Una vez llegaron ante el indio, éste salió a recibirles cargando a Jabu entre sus brazos.
— ¿Qué tal el paseo?— preguntó Shaka—. ¿Se ha desmayado o algo?

Cassios negó con la cabeza.
—Todo estupendamente— contestó sonriente, guiñándole un ojo a la pequeña—. Hasta mañana Shaina, que descanses.

La italiana agitó su manita y se despidió del gigante, con una enorme sonrisa.

Una vez a solas, Shaka la conminó a meterse en la cocina para cenar.
— ¿Te lo has pasado bien con Cassios?— preguntó el caballero de Virgo, observando el buen humor de la pequeña, a pesar de que seguía chinchando a Jabu, quien protestaba cada vez que ella le hacía alguna perrería.

—Sí— contestó ella, bebiendo un poco de agua, mientras pinchaba patatas fritas—. Me lo he pasado genial y ha dicho que me va a cuidar.

—Siempre lo ha hecho, no lo dudes— respondió el caballero de Virgo, aliviado al ver a la niña tan contenta—. Venga Jabu, cómete las samosas de verduras…

Shaina sonrió misteriosamente, mientras seguía comiendo ávidamente.

Las puertas de la Judesca se abrieron de par en par súbitamente. En el interior, sentado en el trono, se hallaba Hades completamente impávido.

— ¡Mi señor!— bramó el Wyvern, haciendo entrar a los tres dorados—. ¡Hemos atrapado a tres intrusos, caballeros de oro de Atenea!— y después se giró hacia ellos—. ¿No querías atentar contra la vida de nuestro señor? Pues ahí le tenéis…

El dios pestañeó con sueño y se llevó la mano a la boca para tapar el bostezo.
— ¿Qué pasa…?— murmuró soñoliento—. Oh…vaya…tres ratas doradas por mis dominios…

Volvió a bostezar y se quedó unos segundos en silencio. Los tres jueces miraban a su superior, esperando nuevas órdenes.
—Traedme mi espada…— pidió Hades, dejando caer su mano con gesto cansado.

Rápidamente, Aiacos se acercó hasta el arma del dios y se la tendió entre sus manos.
—Podéis retiraros ya…— murmuró Hades restregándose el ojo derecho con la mano libre—. Ya me encargaré de esto…por favor, avisad a Orfeo de que venga…

Los tres jueces asintieron apenados por perderse la ejecución de los tres intrusos, pero obedecieron y salieron de la sala inmediatamente.

Hades se quedó en silencio cuando sus subordinados se marcharon. Había cerrado los ojos, pero colocó la espada sobre su regazo.
—Qué sueño tengo…— musitó aletargado.

—¿Y ahora qué, listo?— gruñó Deathmask, inquieto ante la certeza de una muerte segura a manos del dios—. ¡Camus piensa algo ya!

El caballero de Acuario sentía una gota de sudor recorriendo sus sienes. Ciertamente contaba con aquella posibilidad, pero al menos su intuición de que Hades se hallaba en su sueño mensual, había sido acertada.
—Cállate— espetó el francés, tragando saliva—. Hades está inmerso en su letargo mensual, no le gusta que le despierten, por eso ha llamado a Orfeo, para que vuelva a calmarlo con su música…

—Ya, pero primero nos corta la cabeza, y luego vendrá Orfeo— replicó Milo, tratando de deshacerse de los hilos que Minos había enredado a su alrededor—. ¡No nos sirve!

—Simplemente aguantad…vamos a movernos…no hagáis ningún ruido…— pidió el francés, poniéndose de puntillas y obligando a sus compañeros a moverse como una masa uniforme—. Detrás de esa escultura de dragón… ¡allez!

Los tres caballeros caminaron de puntillas has el lugar indicado, ocultándose de la vista de la deidad.

En el trono, Hades seguía con los ojos cerrados, pero la espada se escurrió de su mano al suelo, provocando un ruido estrepitoso. El dios abrió los ojos súbitamente y sacudió la cabeza, espabilándose.
—¿Qué narices?— se preguntó al mirar la espada—. Tengo unos sueños más raros…tendré que pedirle a Hypnos que me explique unas cuantas cosas…

Hades se incorporó del trono y salió de la Judesca, sin percatarse de que dentro seguían los tres caballeros de oro, escondidos estratégicamente.

Abrió la puerta y mandó llamar a Orfeo, quien ya se hallaba casi a las puertas de la Judesca.

—Le noto muy tenso, señor— murmuró el caballero de plata, rasgando las cuerdas de su lira—, ¿ha ocurrido algo?

Hades se sentó de nuevo en su trono y se reclinó hacia atrás.
—He tenido un sueño muy raro y me he despertado con la espada en el suelo— soltó el dios, visiblemente enfadado—. Sueño con temas de trabajo, que los tres jueces me traían a tres intrusos y no sé que más…no puedo descansar de esa manera…por favor, toca algo que serene mi espíritu y que me haga seguir conciliando el sueño reparador…

El griego asintió y se arrodilló frente a Hades, dispuesto a empezar a tocar su lira cuando de repente vio un brazo agitándose tras la figura del dragón.

El joven frunció el ceño extrañado y decidió querer investigar.
—Disculpe mi señor— pidió Orfeo—, creo que es mejor que no esté tan cerca de usted…la acústica de la Judesca es especial…voy a colocarme más atrás…

Hades asintió mientras se recolocaba en su trono, expectante de la música.

Orfeo rasgó suavemente su lira y miró hacia la zona donde había visto el brazo. Y entonces vio a sus tres compañeros, que se habían desecho al fin de los hilos de Minos y trataban en vano de llamar su atención.

A base de mímica, los tres trataban de pedirle que por favor tocara algo para dormir profundamente a Hades. El caballero de plata, por su parte, asintió suavemente y se llevó una mano a los oídos, indicándoles que se los taparan.

—Bien— resolvió Orfeo, al ver que los sus tres compañeros cubriéndose las orejas—, que empiece la música…

Rápidamente, el artista comenzó a tocar una serenata adormilante para Hades, quien pronto sucumbió al poderoso efecto de la misma.

Orfeo siguió tocando un poco más hasta que se cercioró de que Hades estaba profundamente dormido. A continuación se dirigió donde estaban sus compañeros.

— ¿Qué hacéis aquí?— susurró asustado— ¡Y con esas armaduras! ¡Como os pillen os matan!

—Es que teníamos que venir a ver a Hades, que necesitamos pelos suyos para devolver a Shaina y a Jabu su estado real, que son unos niños, porque comieron cabello de Atenea y…— comenzó a explicarse Milo, cuando Deathmask le apuró para que se diera prisa.

El caballero de plata se rascó la cabeza sin entender nada.
—Daos prisa, porque Pandora se dirige hacia aquí, ya que se ha enterado de que su hermano me ha llamado— musitó de nuevo—. ¡Coged lo que necesitéis y marchad cuanto antes!

Camus se había acercado hasta el trono de Hades y recogió con suavidad un mechón de pelo azabache entre sus dedos. A su lado, Deathmask blandía la espada.
—Como me cortes la mano…— amenazó el caballero de Acuario a su compañero, cuando el siciliano realizó un tajo limpio y perfecto.

Con el cabello de Hades en su poder y casi sin darse tiempo de despedirse, los caballeros de oro se dirigieron a la puerta de salida. Se asomaron brevemente, y al no ver a nadie, salieron rápidamente.

Salieron de la Judesca con prisa, llegando hasta la Ptolomea. Dentro, Minos descansaba tranquilo. Habiendo pasado el peligro, había dejado la puerta abierta, por lo que los tres caballeros se colaron y cruzaron el templo.

Por su parte, Aiacos había regresado a sus quehaceres en la cama, retomando el asunto donde Radamanthys lo interrumpió. Los gritos de Violatte ocultaron el ruido de los tres caballeros de oro cruzando Antenora.

Sin embargo, cuando se disponían a cruzar la Caína, no tuvieron tanta suerte: podían escuchar que Radamanthys estaba en el interior, acompañado de Pandora.

—Voy a ver a mi hermano Rada, no te preocupes— dijo la joven—. Estaré bien, además, Hades se habrá encargado de ellos…

Los tres caballeros de oro retrocedieron rápidamente hasta ocultarse tras las enormes piedras del camino.
—¿Qué hacemos?— preguntó Milo a su amigo, quien miraba la puerta que habían estado a punto de atravesar.

—Actuar como si estuviésemos muertos— respondió el francés, realizando una seña a Deathmask, para salir todos juntos.

Los tres se pusieron en fila india y comenzaron a caminar de nuevo hasta la Caína arrastrando los pies, donde se abrió la puerta trasera y salieron el Wyvern y Pandora, que se quedaron estupefactos al ver a los tres.

Sin aminorar la marcha los tres pasaron cariacontecidos junto a la pareja, que les siguieron con la mirada.
—¿Esos no son…?— preguntó la mujer, extrañada ante la comitiva.

El juez se quedó unos segundos mirándoles y ladeó la cabeza.
—Seguramente se dirigen hacia el Tribunal de los Muertos, a que les juzguen por allanamiento de morada…tu hermano dijo que se encargaría de ellos— murmuró, dejándoles atrás—. Sigamos, que esos ya no nos incumben.

Los caballeros dorados atravesaron el templo de Radamanthys, sin ser cuestionados por Valentine y Sylphid, que dieron por hecho que estaban muertos. Y así prosiguieron caminando, atravesando el Tribunal, donde aparentemente casi nadie se había enterado de lo sucedido.

Cerbero gruñó ante los inesperados visitantes, mientras que Pharaoh tiraba de la cadena para sujetarle.

Lune, frente a la mesa de mármol, simplemente levantó la cabeza unos segundos y chasqueó la lengua, sin prestar apenas atención.

Una vez fuera, los guerreros respiraron aliviados.
—Es hora de regresar al Santuario— informó Deathmask. Y en un visto y no visto, los tres desaparecieron del Inframundo.

Hades seguía durmiendo apaciblemente en la Judesca. Ni siquiera Orfeo se hallaba en el interior de la sala cuando entró Pandora junto a Radamanthys.

La muchacha se acercó hasta su hermano para despertarlo cuando se percató de que le faltaba un pedazo de mechón de pelo considerable. De hecho, su cabello estaba a la altura de la barbilla por el lado derecho, mientras que el izquierdo le llegaba hasta el pecho.
— ¿Y esto?— preguntó la joven—. ¿Quién le ha cortado el pelo tan mal?

Pero Radamanthys se había ido de la sala. Pandora pudo escucharle gritar una serie de improperios por todo el templo de la Judesca hasta que salió de ella.

Con cuidado, la joven tomó el pulso a su hermano, y al comprobar que estaba vivo, se quedó más tranquila.


NOTAS:

Sslove: sí, debes tener cuidado con la gente que tiene pelos en el entrecejo xD definitivamente. Como ves, Camus es un hombre de recursos, aunque haya supuesto dejar trasquilado de mala manera de Hades. Aunque si no llega a estar medio grogui, Hades los hubiera ejecutado sin más miramientos…tuvieron suerte. ¡Muchas gracias por tu comentario y por seguir leyendo!

Y gracias a todos los que marcáis como favorita o seguís leyendo la historia, espero que os esté gustando.

¡Hasta el próximo capítulo y feliz semana!