DISCLAIMER: Star Wars pertenece a Disney.


Los rayos solares se filtraban por los espacios que dejaban las persianas, Shira Ren se despertó sobresaltada, en alerta y con los oídos agudizados.

Un año viajando de mundo en mundo, los caballeros de Ren que la buscaban no parecían rendirse en hallarla. Su vida no le importaba, en otras circunstancias se hubiera enfrentado a ellos pero no lo podía hacerlo.

Su niño, su hijo de un año de nacido impedía que tomase esa decisión; no podía arriesgar la vida de él además del intenso dolor de cabeza que sufría. Sabía que el dolor era un efecto de Snoke al implantarle una orden en su mente: matar a Rey Skywalker.

Cada noche, la orden de Snoke iba a su mente, incordiándola y estresándola.
Buscaba con desesperación a Rey y se preguntaba si cumpliría esa orden si la tenía en enfrente. Su odio hacia esa chatarrera ya casi había desaparecido, solamente tenía en su mente, proteger y cuidar a su hijo.

Ella estaba en un cuarto abandonado, se puso de pie y sintió todo sus huesos crujir debido a la mala posición en que durmió, prácticamente en el suelo, escuchó el llanto de su bebé y se acercó raudamente.
Su hijo reposaba en la cama vieja, cubierto con la capa que solía llevar ella como Caballero de Ren.
Cargó y lo acunó en sus brazos, apartó los mechones de cabello negro del rostro del infante y empezó a alimentarlo. Sus ojos azules, del mismo color de su madre, la miraban fijamente; Shira no podía dejar de notar un pequeño parecido del bebé con su padre, Kylo Ren.

Una vez que su bebé fue alimentado y nuevamente vencido por el sueño, Shira Ren lo apoyó sobre su pecho, cubriéndole con la capa negra mientras se aprestaba para abandonar el recinto una vez más. Necesitaba con suma urgencia una nave, la última se le había averiado en una persecución con uno de los caballeros de Ren y nuevamente un picor en la sien se le hacía insoportable y la voz de Snoke nuevamente resonó en su mente: "Debes matar a Rey Skywalker".

Avanzó por las polvorientas calles de Malastare, avanzando en medio del gentío, cubriéndose con su capucha y en sentido de alerta.
—Oh, no—gimió en su mente al sentir dos presencias que la seguían, sin ninguna duda, eran Caballeros de Ren y ellos no tenían escrúpulos en atacarla teniendo un niño en brazos.

No quería correr para que ellos no se viesen descubiertos, caminó rápidamente hacia el hangar del planeta, queriendo robarse una nave para huir hacia donde kriffados esté Rey. Pero ellos le pisaban los talones.
Dobló una esquina y vio a un encapuchado; sacó un sable de luz y Shira tenía la mente en blanco. Se dio cuenta que estaba sola, en un callejón sin salida y sin testigos pero derrotarla no iba a ser fácil y era consiente que sería la primera vez que se enfrentaría contra ellos después de un año de esquivarlos.
Tragó saliva mientras abrazaba aún más a su hijo, bajó la vista y se encontró con la mirada azul de él, mirándola, sin entender nada del peligro que corrían ambos.
—¿En serio quieres hacerlo?—gruñó.

El otro caballero de Ren apareció a su espalda y escuchó el sable laser encenderse. Shira estaba perpleja al verlos con sables de luz, solamente los de rango alto podían llevar tales armas, asi que no era de extrañar que habían sido ascendidos.
—Nuestra señora quiere tu muerte por traición.
—¿Shant Ren? ¿Ahora ella es la líder?
—Después de la muerte de Snoke, alguien tenía que tomar el control, traidora.
—No he traicionado a nadie—exclamó Shira Ren mientras tocaba su sable de luz, el caballero de Ren de adelante señaló el bulto.
—Eso está prohibido en nuestra Orden. Shant Ren te llamó y le diste la espalda, eso es traición.
—Ya no deseo ser Caballero de Ren—confesó con sinceridad y volvió a ver los ojos de su hijo. No podía creer que el amor a su niño la esté llevando a luz, algo que ellos captaron al instante.
—Te perdonaremos la vida, si lo matas y sabremos que la Luz no te ha tentado.
—No lo haré.

Se giró hacia el Caballero de Ren de su espalda, lanzando su sable de forma sorpresiva, matándolo pero con el error de descuidar su espalda al otro, recibiendo una descarga de la Fuerza.
Protegió a su bebé con su cuerpo mientras sentía el dolor intenso, el pequeño empezó a llorar y enfureció al Caballero de Ren.

Shira se arrastró hacia una cubeta de basura, dejando a sus pies al niño, atrajo con la Fuerza su espada de luz y las armas centellaron al chocarse. El bebé seguía llorando, al ver al hombre con casco, sentía una extraña sensación desconocida y volvió a llorar.
El Caballero de Ren hacia retroceder a Shira, alejándose de su hijo y totalmente aterrada, empujó con la Fuerza. Tenía miedo, miedo de que su hijo muriese por su culpa y nuevamente golpeó con vehemencia el sable de luz, el Caballero de Ren dio un salto a su espalda y el arma entró en el lado derecho de su vientre, Shira abrió los ojos y con toda su furia, levantó su mano y convocó rayos de la Fuerza.

El caballero de Ren no podía repeler la gran intensidad del ataque, Shira sintiéndose débil, empuñó su sable y decapitó a su rival.
Sus parpados se le cerraban, observó su herida y era grave; avanzó a gatas hacia su hijo que lloraba, lo colocó en su pecho y apoyó su espalda a la pared.
Silenciosas lágrimas corrían por sus mejillas, presionó a su hijo contra su pecho mientras sentía el calor de la Fuerza en él, el calor del Lado Luminoso.
No sabía qué hacer, sentía que iba a morir en un callejón, con su hijo indefenso pero ya no tenía fuerzas.
Resiste
—¿Papá?—murmuró al escuchar una voz en su mente, una voz que no escuchaba desde hace mucho…desde que era una aprendiz Jedi en Yavin IV.

Vio una sombra que se acercaba rápidamente y se ponía en cuclillas ante ella, trató de enfocar la vista pero era imposible; su herida le ardía demasiado y no tenía fuerzas para oponerse ante aquella sombra.
Sintió calidez en su vientre, sus brazos colgaban en ambos lados de su cuerpo, no sentía el cuerpo de su hijo pero sentía que la fuerza volvía en ella.
Sentía como si una estampida de rontos hubiese pasado por su cabeza.
Calma…todo está bien, buscaré ayuda.

Shira Ren no podía soportar la intensa migraña, aquella voz melodiosa la sentía tan lejana, muy ajena a ella. Y la oscuridad se cernió sobre ella.
La cabeza aún le daba vueltas, Shira Ren se dio cuenta poco a poco que estaba en un cuarto, más limpio que el anterior, se llevó una mano a la frente y respiró hondamente, para no regresarse el parco desayuno de la mañana. Escuchó unos gorjeos y risitas; se puso de cuclillas buscando a su bebé y sintiéndose extrañamente fortalecida.
El pequeño estaba sentado, jugando con una pelota, que iba y venía hacia él, lo levantó y lo abrazó contra su pecho; en la puerta estaba alguien; una calamariana que conversaba con alguien; Shira retrocedió de espaldas a la ventana, con la guardia en alto.
La hembra calamariana cerró la puerta y se giró, sus ojos bulbosos observaron a la joven pelirroja con el niño en brazos. Levantó las manos a modo de saludo.
—Hola, no hay nada que temer; soy Neespi.
Shira no dijo nada, entornó los ojos, buscando una salida.
—Escuché el llanto del bebé—explicó Neespi, avanzando lentamente— Ruidos y golpes. Me acerqué al callejón y te vi. Estabas herida y tu hijo no dejaba de llorar, te ayudé.—exclamó la calamari.
—¿Me…me curaste?—preguntó Shira.
—Una habilidad que descubrí de pequeña—dijo la mon calamari—Con solo posar mis manos, puedo curar heridas. Me dedicó a curar enfermos viajando a diversos mundos.

Shira bajó la guardia, el niño miraba a la calamari con curiosidad. La calamari llamada Neespi había usado la Fuerza para sanar su herida, logrando salvarla. Ya había escuchado hablar de Jedi curanderos e incluso había conocido a uno en sus días como aprendiz.
—Es un niño muy adorable—exclamó la calamari observando al pequeño, sacando de sus pensamientos a Shira—¿Cómo se llama?
—Kyle—exclamó Shira sonriendo a su hijo.
—Bonito nombre.
—Gracias—exclamó Shira y sondeó con la Fuerza a la calamari; ella también era sensible a la Fuerza, la acompañaba.
—De nada—parpadeó sus bulbosos ojos—¿Cómo te llamas?—la pregunta tomó de sorpresa a la antigua Caballero de Ren.
—Siri—exclamó—Siri Tharen—un nombre que hacia muchísimo tiempo que no escuchaba ni pronunciaba. Y un dolor repentino en la cabeza, hizo que frunciera los ojos con dolor, la calamari se acercó con preocupación.
—¿Estas bien?
—Esta migraña, desde hace mucho que me molesta.
—Déjame ver.

El pequeño Kyle se sentó en el suelo, observando a su madre y la calamari; la alien colocó sus membranosas manos en la cabeza de la mujer y cerró los ojos. No captaba daño alguno, no había tumores ni nada parecido; su cabeza parecía sana.
—No he encontrado nada—exclamó con cierto pesar.
—Supongo que no es nada—exclamó con cierta incomodidad; no tenia deseos de confesar que un señor oscuro le colocó una orden en la cabeza que no se la podía sacar. Al parecer, si no cumplía con eso, no la iba a dejar en paz.—Kriffado Snoke—pensó.
—¿Estarás bien? Aún debo continuar con mi viaje—exclamó Neespi.
—Lo estaré—exclamó Shira y tuvo una idea—¿Puedo ir contigo? No tenemos una nave; la última se descompuso.
—Claro, puedes venir conmigo—exclamó Neespi sonriendo.
—Gracias, Kyle y yo te lo agradecemos—exclamó Shira sonriendo y cargando a su hijo.
Iría a buscar a Rey y no será para matarla. Solo buscaba si ella podía ser capaz de borrar la orden de Snoke de su mente. Tenía una idea donde debía estar, si ella tenía intención de restaurar la Orden Jedi, posiblemente seria en la cuarta luna de Yavin; lugar donde estuvo la anterior Orden y que seguramente buscaría restaurarla de sus cenizas.
Era su última carta y tenía que jugarla; era hacerlo o no, no valía intentarlo.

...

Valcaya era el nombre del planeta que se mostraba en su mapa de exploración, Rey aterrizó su nave en el espaciopuerto del planeta. Salió de su nave y se acomodó el morral; se giró hacia el droide, que se acercaba ella en medio de pitidos.

Un grupo de encapuchados se acercaban a Rey, la Caballero Jedi sintió la Fuerza en ellos; el resto se detuvieron pero uno siguió avanzando hacia llegar donde se encontraba ella.
—Ehh…hola.
—Bienvenida a Valcaya, forastera—exclamó el sujeto bajándose la capucha, un hombre anciano y totalmente calvo le dirigió una sonrisa—Somos los Prauun.

Rey asintió, los prauun figuraban en el holocron que tenia guardado; adoradores de la Fuerza, vivian refugiados en un planeta selvático, totalmente aislados del resto.
—Soy Rey, una Caballero Jedi.