14. Sanar a unos niños y curar un corazón roto

Al aparecer dentro del templo del Patriarca, Milo y Camus ya se hallaban esperando por el Sumo Sacerdote, quien había salido a buscar a la diosa Atenea.

Shaka depositó a los dos niños frente al altar y comprobó sus constantes vitales. La fiebre era bastante alta, sin embargo los niños parecían dormir sin molestias. Ni siquiera padecían espasmos ni temblores típicos de una alta temperatura corporal.

El caballero de Escorpio preguntó por el estado de ambos, y su compañero le comentó lo sucedido momentos antes en su templo.

—Deben regresar a su estado original enseguida— vaticinó el indio—, no creo que ni su mente ni su cuerpo sean capaces de aguantar por más tiempo este estado…

Camus apoyó sus manos sobre las frentes de los niños y dejó escapar una pequeña ráfaga de aire frío constante, tratando de apagar las fiebres. Sin embargo, la temperatura seguía alta.
—Estas fiebres son muy extrañas— señaló el francés, preocupado por su estado—. Ni siquiera puedo disminuir un poco su calor.

Al escuchar unos pasos, los tres caballeros se colocaron en posición reverencial, dando paso a los dos líderes del Santuario.

Mientras que Shion tomaba asiento, Atenea se acercó hasta los niños y se acuclilló junto a ellos. Pasó su mano por la frente de ambos y suspiró preocupada.

—Estas fiebres son producto de los cambios en su mente y cuerpo— musitó la diosa—, y desde luego que no es bueno para ellos. Si no empiezan a crecer en las próximas horas, puede ser demasiado tarde para hacerlo…y quedarse para siempre como mentes adultas atrapadas en cuerpos de niño.

Milo frunció el ceño, pero respiró aliviado sabiendo que ya tenía todo consigo.

Sin despegar las manos de las cabezas de los niños, éstos recobraron el sentido rápidamente, abriendo los ojos y completamente desorientados.
—¿Qué tal os encontráis?— preguntó Atenea a los dos niños.

—Me duele— murmuró Jabu, señalando su cabecita—. ¿Dónde estoy?

Por su parte, Shaina se incorporó a duras penas, perdiendo el equilibrio y cayendo de culo contra el suelo. Se quedó sentada, con una expresión de aturdimiento en el rostro.
— ¿Y Milo?— preguntó—. ¿Ha venido ya?

El caballero de Escorpio llamó la atención de la pequeña, quien apenas pudo esbozar una sonrisa al verle.

A continuación, Atenea agarró una hogaza oscura y partió con sus manos un pedazo, que entregó a los dos niños.

Ambos miraron con extrañeza el pedazo y miraron con sus enormes ojos a la diosa.
—Comed— pidió la muchacha—, es pan.

Jabu desmigó un poquito con sus dedos.
—Esto no es un croissant…¿no?

—No— contestó la diosa—, pero tienes que comértelo, ¿de acuerdo? Luego comeréis todos los bollos que queráis, pero primero comed esto. Va por ti también Shaina.

—Han vuelto a su estado infantil…— murmuró el caballero de Virgo, al percibir su actitud distinta.

La italiana se llevó el pedazo a la boca y comenzó a masticarlo con parsimonia. Compuso una mueca de asco y comenzó a toser.

— ¡No lo escupas!— advirtió Atenea, al ver que la pequeña se llevaba la mano a la boca con la intención de limpiar su lengua—. Por favor, sé que es muy asqueroso un pan de…eso que tiene, pero es necesario que lo comáis.

El caballero de Unicornio, que se había quedado inquieto por la reacción de su compañera, finalmente aceptó darle un bocado. El sabor era realmente muy repugnante, pero aguantó como pudo las ganas de escupirlo y lo tragó. Miró a la diosa y enseñó su boca completamente vacía, demostrando que él sí se lo había comido.

— ¡Muy bien Jabu!— exclamó la diosa dando unas palmadas de alegría—. Venga Shaina, traga lo que tienes en la boca, ¿necesitas un poco de agua?

La niña, al ver que su compañero salía airoso y que obtenía los vítores de aquella mujer, no quiso ser menos y terminó tragando la bola que tenía en la boca.

Todos esperaban impacientes, observando a los niños.

— ¿Cuánto tardan los efectos en producirse?— preguntó Milo a Atenea, quien no quitaba los ojos de encima a los pequeños.

—No debería pasar mucho tiempo— informó la diosa—. En una hora deberían mostrar síntomas de haber crecido dos años, que es justo la cantidad que les he entregado.

— ¿Y no se le puede dar los diez de golpe que les falta?— preguntó Camus—. Así crecerían enseguida a su edad real.

Pero la diosa negó con la cabeza.
—Sería mejor realizar esto en la intimidad…no es tanto porque pueda confundirles este cambio tan brusco, sino por otras razones…

— ¿Qué otras razones?— preguntó el griego, al escuchar aquello.

—Bueno— carraspeó Shaka—, si cuando encogieron a su vida infantil, su ropa se le quedó grande…

Entonces el caballero de Escorpio cayó en la cuenta y sonrió divertido.
—Pues si quieres, me los llevo a mi templo y les voy dando cada hora un pedazo del tamaño que me indiques, a medida que vayan creciendo, ¿no?— dijo a la diosa, quien giró la cabeza hacia el griego.

—De acuerdo— contestó ella, asintiendo con la cabeza—. Pero también deberías irte al bosque de Chaménos, a devolver estos dos panes a Hécate. Patriarca— llamó a Shion, que había observado la escena con detenimiento—, por favor…

Shion se incorporó del trono y entregó al caballero de Escorpio una bolsa con tres panes con cabello de Atenea.
—Y no se te ocurra confundirlos— amenazó el Patriarca—. Dales las cantidades exactas a los niños o crearás un problema aún más gordo. Hemos horneado uno extra para compensar a Hécate, ¿de acuerdo?

El caballero de Escorpio asintió y tras dar las gracias a los allí reunidos, informó que partiría cuanto antes al bosque de Chaménos.

Pidió a los niños que le siguieran y estos se colocaron a su vera, caminando más alegres.

Cuando llegaron al templo de Escorpio, Milo hizo pasar a los niños al interior.
—Sentaos un momento en el sofá los dos— pidió el griego a los nenes, que corrieron a trompicones y empujándose, hasta trepar al lugar indicado.

El hombre se plantó delante de ellos.
—Nos vamos a tener que ir en un par de horas o así, cuando esté seguro de que podréis soportar el viaje— informó a los pequeños, que a pesar de las carreras, aún estaba atontados—. Lo primero de todo es que os vais a dar un baño, ya que Shaka no ha tenido la intención de haceros pasar bajo el agua— dijo arrugando la nariz—. Lo segundo, sé que lo que os ha dado la señorita Atenea sabe fatal, pero es obligatorio comerlo. De hecho, cada hora os iré dando un trozo a cada uno, ¿entendido?

A pesar de las caras de disgusto de los pequeños, no tuvieron más remedio que aceptar la condición. Shaina levantó la mano.
— ¿Qué?— preguntó el caballero de Escorpio.

— ¿Y no podemos comerlo con un croissant o algo?— preguntó ávida de comer algo delicioso que eliminara el sabor repugnante que tenía en la boca.

Milo suspiró y se dirigió a los armarios de la cocina. Al abrirlo, vio que estaban vacíos.
Se dio la vuelta bruscamente.
— ¿Se puede saber dónde está toda mi comida?— bramó incrédulo—. ¡Niños!

En ese mismo momento, Shaka llamó a la puerta del templo de Escorpio. Tendió una bolsa de plástico repleta de bollería industrial a su compañero.
—Esto es tuyo— dijo el caballero de Virgo, quien realizó una reverencia al griego y se volatilizó rápidamente.

El caballero de Escorpio se llevó una mano al puente de la nariz y resopló.
—Este allanamiento de templo me lo cobraré de una u otra manera…— murmuró, arrojando la bolsa delante de los niños, que enseguida la abrieron y se pusieron a devorar con ansias el contenido.

Shaina tragaba una palmera de chocolate cuando preguntó a Milo por la misión.
—Iremos al bosque donde os encontré— contestó el caballero de Escorpio, mientras iba de un lado a otro del templo, preparando lo necesario para regresar a aquel lugar—. Hay que ir a ver a la vieja de nuevo.

—¿Y ya seremos libres?— preguntó de nuevo la pequeña.

El caballero de Escorpio acarreaba una pila de toallas entre sus brazos.
—Sí— dijo esbozando una sonrisa—. Seréis libres…y yo también, que tengo unas ganas de estar a solas en mi templo…comed un poco más de pan de ese…

Milo señalaba los otros dos cachos de pan que había preparado, para que pudieran alcanzar en dos horas los trece y los diez años de edad.

Entonces la italiana se sacudió las migas de hojaldre y chocolate y bajó del sofá.
—Voy a salir un momento fuera— dijo entusiasmada.

— ¡Oye!— exclamó el griego—. ¡Que tienes que bañarte! ¡Al menos cómete ese pedazo de pan!

— ¡No tardo!— contestó la pequeña, quien, transcurrida media hora desde la ingesta del pan con cabello de Hades, había crecido un poco, hasta llegar a los diez años de edad. Dicho esto, se marchó del templo a toda prisa, metiéndose en la boca lo que le había ordenado el hombre.

Con el ajetreo que tuvo colocando todo, no se percató del transcurso de dos horas. Había llenado la bañera y cuando asomó la cabeza al salón donde estaba el niño, no vio rastro de la joven.
— ¿Y Shaina?— preguntó a Jabu, que había crecido hasta los diez años de edad y la ropa que llevaba puesta se había desgarrado por el estirón repentino.

—Pues no ha venido aún— respondió el japonés, sintiéndose incómodo con la ropa—. Milo, esto me queda muy pequeño…

El caballero de Escorpio miró al chaval y sacudió la cabeza, mientras le arrojaba una camiseta de las suyas y un pantalón de deporte que tenía guardado.

Jabu recogió las prendas, mirándolas con estupor.
— ¡Pero esto es demasiado grande!— replicó el niño.

Milo abrió la puerta de su templo.
—Créeme, lo vas a llenar rápido— dijo antes de salir—. Y ve dándote un baño, enseguida vuelvo…

Milo corrió como una exhalación por todo el Santuario, buscando a Shaina.
—Pero dónde demonios se ha metido esta niña ahora…

Recorrió todos los lugares, preguntando a quienes se iba cruzando por el camino.

Tras mucho preguntar, a lo lejos divisó al gigante que caminaba junto a la niña, ambos con expresiones de felicidad en sus rostros. Shaina ahora era una joven preadolescente de trece años, su rostro había perdido un poco sus rasgos infantiles y la ropa le quedaba bastante apretada. De hecho, llevaba las alpargatas planas en sus manos, ya que al crecer, se le habían quedado pequeñas.

El caballero de Escorpio se dirigió hacia ellos.
— ¡Shaina!— exclamó el griego—. ¡Menos mal que estás aquí! Venga, regresemos al templo que tienes que darte un baño antes de irnos…gracias por encontrarla Cassios.

El gigante cambió su expresión de felicidad por una de seriedad. Agarró a Shaina de la mano y la sujetó contra su cuerpo.

— ¿Es ese bosque donde recuperarán su estado normal?— preguntó inquieto.

Milo asintió y fue a tomar la mano de la niña, pero Cassios se interpuso.
—De ninguna manera— espetó el grandullón—. Shaina se quedará a mi cuidado y la entrenaré…

—Cassios, no estoy para bromas, queda poco tiempo y si no la devuelvo a su edad natural en las próximas horas, algo malo les puede suceder—comenzó a explicarse el caballero de Escorpio, pero el muchacho apretó a la pequeña más contra su cuerpo, negándose a entregarla.

Perdiendo la paciencia, el caballero de Escorpio se encaró al joven, a pesar de que le sacaba bastante altura.
—No te lo repito más veces, entrégame a Shaina, es por su bien. No tienes idea de lo que pasará si no la devuelvo a su edad real.

—Sí lo sé— contestó el gigante—. A ti te conviene que Shaina vuelva a tener diecinueve años, porque sabes que está enamorada de ti y así podéis ser pareja…pero ahora que es una niña puedo tenerla conmigo, y le enseñaré el significado del verdadero amor. No volverá a sufrir las decepciones que tuvo con Seiya. Y la que tendrá contigo.

Milo abrió los ojos incrédulo al escuchar aquella sarta de disparates.
— ¿Qué narices estás diciendo Cassios?— replicó el griego, bufando—. ¡Pasaré por alto lo que primero que me has dicho porque no tiene sentido, pero es que lo segundo es para matarte ahora mismo! ¿Quieres condenar a Shaina? ¡Que Shaina puede morir si no regresa a su edad real!

Rápidamente, los dos hombres se enzarzaron en una fuerte discusión, sin percatarse de que Shaina se alejaba de ambos hombres, sin decir nada.

— ¡Cassios ya basta de esta locura!— gritó Milo, asestando un puñetazo en la quijada del joven, quien retrocedió dolorido por el golpe y cayó al suelo—. ¡Entiéndelo de una vez! ¡Esto lo hago exclusivamente por ella, no por mí! ¡La vas a condenar a vivir en un cuerpo de niña con mentalidad adulta! ¡Vas a llevarla a la locura! ¿Quieres eso? ¿Tanto que la amas?

El enorme griego se limpió la sangre de la boca, asustado por lo que acababa de oír.
— ¿Es eso cierto?— musitó, al tiempo que Milo le tendía la mano y le ayudaba a incorporarse.

—Lo es— ratificó el caballero de Escorpio—. Lo ha dicho la mismísima Atenea. Escucha…—dijo pasándose la mano por la frente—, sé lo que sientes por ella y créeme que entiendo tu situación. Y nada más me gustaría que ella pudiera enamorarse de ti y que pudierais ser pareja, porque sé que tú le darías todo lo mejor pero…no puedes coaccionarla de esa manera, y mucho menos aprovechando que es pequeña porque no sabes si volverá a repetirse la historia o se enamorará de otro…

Cassios comenzó a comprender lo que le decía su compatriota y agachó la cabeza avergonzado por su comportamiento.
—Supongo que tienes razón— murmuró visiblemente arrepentido—. Siento todo esto, no era mi intención hacerle daño, sino todo lo contrario…

Milo esbozó una sonrisa y palmeó a su compañero.
—Lo sé, no tienes que justificarte— y a continuación, tendió de nuevo la mano para estrechársela—. Cuando regresemos, quiero que vengas a mi templo para tener una charla contigo, ¿de acuerdo?

El gigante sonrió entre lágrimas de tristeza y aceptó la invitación que le ofrecía el caballero de Escorpio.

—A todo esto…— dijo el dorado, mirando alrededor—. ¿Dónde está? Otra vez a buscarla…


Notas

Muchísimas gracias a todos los que estáis leyendo de nuevas esta historia y espero que os siga gustando :)

¡Nos vemos la semana que viene! ¡Pasad una buena semana!