15. Despídete de ella
Tanto Cassios como Milo se dedicaron a gritar el nombre de la amazona en su búsqueda.
Cuando iba a darse por vencido, un guardia le avisó de que se había dirigido hacia las escaleras del templo de Aries.
Pidió a su compatriota que esperase allí, que volverían dentro de un rato, por lo que ambos se despidieron justo al inicio de los templos de oro.
Milo subía las escaleras a toda prisa, preguntando a sus compañeros si la habían visto pasar. Entonces al llegar su templo, entró.
Jabu estaba sentado en el sofá leyendo una de las revistas de Kanon. Había comido más pan con cabello de Hades y había alcanzado los doce años y seguramente no tardaría en alcanzar los trece.
Al pasar por su lado, el caballero de Escorpio atrapó con sus dedos la revista.
— ¡Eh!— se quejó el muchacho—. ¡Déjame leerla! ¡Ya soy mayor!
Milo la dobló bajo su brazo y negó con la cabeza.
— ¿Ha venido Shaina por aquí?— preguntó inquieto.
Por respuesta, Jabu señaló con la barbilla el cuarto de baño, tras lo cual, pidió de vuelta lo que el hombre le había arrebatado. Milo lanzó una mirada reprobatoria y se la tiró a la cara.
—No hagas cosas guarras en mi templo, ¿entendido?
Tras escuchar la queja del japonés, el griego se dirigió al cuarto de baño y abrió la puerta.
Shaina emitió un chillido, al tiempo que arrojaba un bote de champú a la cara del hombre.
— ¡Se llama antes de entrar!— escuchó gritar a la amazona, que se hallaba de pie en la bañera, cuando iba a aclararse el jabón.
Milo retrocedió dolorido y se giró, para recoger el bote.
— ¿Y yo qué sabía que estabas bañándote?— replicó el griego enfadado.
Rápidamente, la joven se sumergió en el agua y cubrió bien todo con espuma.
— ¿Qué quieres?— espetó malhumorada.
— ¿Por qué te fuiste?— preguntó Milo—. Y tienes que comer más pan, que Jabu te va a tomar la delantera…
La italiana no cambió su expresión facial y evitaba mirar al griego. Jugueteaba con la espuma, sin hacer caso a lo que le preguntaba el hombre.
—Márchate, por favor— pidió ella, tras insistir él infructuosamente.
Milo dejó escapar un suspiro de cansancio.
—Estoy un poco harto ya de todo esto…— murmuró, dejando a la amazona continuar bañándose a solas.
Una vez terminó encontró a Jabu y Milo comentando una de las fotografías de la revista, discutiendo sobre si la delantera de una mujer era natural o no.
—¿No teníamos que irnos?— gruñó ella, mientras se ajustaba las correas de su caja de pandora.
Los dos hombres intercambiaron unas miradas bastantes cómplices y cerraron la revista, arrojándola sobre la mesa y disponiéndose para salir.
Milo recogió todo lo que necesitaban, las cajas de pandora y los panes, tanto los de Atenea como lo que quedaba del de Hades.
Salieron del templo de Escorpio y caminaron hacia las escaleras, descendiendo por todos los templos.
Shaina caminaba en silencio, mientras su cuerpo experimentaba los cambios típicos de la pubertad. A su lado, sus dos compañeros seguían bromeando alegremente, hasta que Jabu se quedó un rato mirando a la italiana.
—Eh Shaina, ¿te comió la lengua un gato?
La muchacha giró la cabeza y farfulló una maldición en italiano.
—¿Qué ha dicho?— preguntó el japonés al griego. Éste lanzó una mirada reprobatoria a la joven y sacudió la cabeza.
—Nada importante— contestó—, bastante tiene con sus propios demonios…cuando quiera decir qué le pasa, dejará de blasfemar en su lengua natal.
—Jabu— dijo la amazona llamando la atención a su compañero—, ¿te importaría seguir andando y esperarnos a la entrada del Santuario?
—A sus órdenes— respondió el caballero de Unicornio, dando otro mordisco al pan—. ¡No tardéis!
Una vez fuera de su vista, Shaina hizo parar al griego, quien se cruzó de brazos. Observó detenidamente a la italiana y en el tiempo que había transcurrido, juraría que ahora ella tendría quince años a punto de los dieciséis.
La ropa que llevaba seguía siendo la misma que cuando tenía diez, pero sorprendentemente aún no le quedaba excesivamente pequeña. Simplemente, la camiseta morada que de peuqeña le quedaba holgada, ahora le quedaba completamente entallada a su cuerpo, mientras que los pantalones sí que se le habían acortado en los tobillos. Las alpargatas planas amarillas ya no las llevaba desde hacía unas horas.
—¿Qué?— preguntó él para romper el hielo, al ver aún a su compañera muy dubitativa.
—¿Por qué pegaste a Cassios?— disparó ella, sin tapujos.
Milo resopló y se pasó la mano por la cara.
—Ya le pedí perdón por ello, pero era necesario para hacerle entender que si se quedaba él contigo, no te estaría haciendo ningún favor.
—Y seguir adelante es hacérmelo, ¿no?— bufó ella—. ¿Qué sabrás tú de lo que yo quiero?
—Mucho más de lo que ahora sabes Shaina— contestó él, cansándose por todo aquello—. Lo único que sé es que tú misma dijiste que no querías estar con nadie, delante de mis compañeros de oro, pero eso es algo que tú ahora mismo no te acuerdas porque no estás en la edad, así que déjalo estar y sigamos adelante. Quiero acabar con esto cuanto antes…
El griego hizo el ademán de seguir avanzando, pero la chica sacudió la cabeza, negándose a seguir.
—Quiero quedarme con Cassios— dijo tajante—. Él cuidará bien de mi…y me quiere, lo noto.
Entonces Milo paró en seco, pensó unos segundos y no se dio la vuelta.
—¿Quieres eso, entonces?— preguntó él con media sonrisa—. Muy bien, así sea. Te quedas con Cassios, que te entrene, ¿cuánto? ¿unos minutos? Hasta que tu personalidad real de cuando tenías diecinueve años tome el control de nuevo y te veas con un cuerpo de quince años, con Cassios como tu maestro en lugar de a la inversa como fue en realidad y vayas como una desquiciada por el Santuario alternando personalidades y un día saltes por un barranco harta del dolor de cabeza que supone tantos cambios. ¿Quieres morir? Pues quédate con Cassios…a mí me da igual si te mueres o no.
Dicho esto, el griego siguió su camino, sin parar un solo momento a ver el efecto que sus palabras había hecho en Shaina.
Ella se quedó en el lugar, frotándose el brazo izquierdo y sin saber qué hacer.
Al llegar al principio de las escaleras que daban al templo de Aries, Milo se encontró con Jabu y Cassios que charlaban animadamente.
—¿Y ella?— preguntó el gigante, extrañado al ver solamente al caballero de Escorpio.
—Que haga lo que le salga del mismísimo coño, así de claro— contestó su compatriota—. Vámonos Jabu.
Sin esperar a la amazona ambos guerreros tomaron la dirección a la salida del Santuario.
Cassios, sorprendido ante la declaración del dorado, frunció el ceño extrañado y rápidamente emprendió una carrera escaleras arriba.
No tardó en encontrar a la joven, sentada en una explanada entre los templos de Leo y Cáncer, donde Milo la había dejado.
Al verla, Cassios carraspeó suavemente y se acercó hasta la joven. Ella alzó la vista. Había estado llorando, por lo que el gigante la abrazó.
—Vamos Shaina— murmuró el griego—, cualquier cosa que te haya dicho Milo seguro que no fue para tanto…
Ella se separó un poco del abrazo de su amigo y miró gigante.
—¿Es verdad que moriré si me quedo contigo?— preguntó ella inquieta.
Cassios se pasó una mano por la cabeza y asintió suavemente.
—Me temo que sí— contestó él—, por eso debes irte con ellos para recuperar tu edad real.
La italiana restregó las manos por los ojos y suspiró, antes de levantarse.
—Gracias por cuidar de mí siempre— murmuró la joven, abrazando de nuevo a su alumno—. A pesar de todo. Gracias.
El gigante se despidió de su maestra, animándola a ir en busca de sus compañeros.
—Lo siento Shaina…quizás en otra vida…
La muchacha corrió como una exhalación. Los dos hombres habían salido del Santuario hace poco y caminaban por el sendero que les llevará a Rodorio y posteriormente al bosque de Chaménos.
Tardo un poco en darles alcance pero al fin lo consiguió.
Milo escuchó sus pasos apresurados pero ni siquiera dio la vuelta ni la saludó, al contrario de Jabu que se alegró de tener de nuevo a la italiana con ellos.
Shaina caminó en silencio junto a ellos, cuando repentinamente, el caballero de Escorpio paró en seco.
Se acercó por detrás a la italiana, abrió la tapa de la caja de la armadura de Ofiuco y sacó un par de botas marrones, entregándoselas a la joven.
—Póntelas anda, que debes tener los pies destrozados de haber corrido hasta aquí descalza.
La joven se mordió el labio inferior y asintió. A pesar de tener alguna herida de los guijarros y espigas del camino, lavó un poco sus pies con agua y se colocó los calcetines, calzándose las botas seguidamente.
Una vez acomodada, los tres pusieron rumbo al bosque de Chaménos.
Por el camino, Milo fue entregando más pan a los jóvenes, hasta que al fin se terminó. Jabu tenía ya la apariencia de quince años y Shaina había crecido un poco más hasta los dieciocho cuando llegaron hasta las puertas del bosque.
El caballero de Escorpio inspiró profundamente.
—Hemos llegado ya— murmuró el griego—. Adelante…
Apenas había cruzado la losa de mosaico cuando Jabu comenzó a sentirse indispuesto.
—¡Me duele mucho la cabeza!— gimió, llevándose las manos a la misma.
—¡Túmbate en el suelo!— pidió el griego, sujetándole con suavidad y reclinándole sobre la hierba.
Súbitamente, el caballero de Unicornio dejó de gemir y su expresión facial dejó de contraerse por dolor, quedándose inconsciente.
—Tendremos que quedarnos aquí— informó el caballero de Escorpio, mirando a la amazona—. No podemos dejarle aquí, tiene que despertar.
Shaina se sentó al lado de su amigo y acarició su cabello rubio en un gesto cariñoso.
—Debería irme a buscar a Hécate que es lo que más me corre prisa…— murmuró el griego, pero al ver la mirada de odio que le profesaba Shaina, alzó las manos—. ¡Que era broma mujer! No me separaré de vosotros ni un segundo.
Milo se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra la caja de pandora de su armadura, aún riéndose por la cara que le había puesto su compañera, quien seguía sentada cuidando al japonés.
Recordando lo mucho que le divertía pincharla, el caballero de Escorpio arrancó unas espigas y se las lanzó. Éstas se pegaron a la camiseta y el cabello de la joven, y provocó que ella le gruñera un par de veces, pero terminando con media sonrisa.
—No me tires cosas— contestó ella, quitándose las espigas enredadas en su pelo.
—Es que me aburro— respondió el griego, observando todo alrededor—. A ver si despierta la Bella Durmiente y podemos reanudar el camino…ponle espigas en la nariz a ver qué pasa…
Shaina comenzó a reírse e hizo lo que Milo le ordenó.
—No hace nada— indicó ella con una sonrisa en los labios—, pero está muy gracioso, parece que tiene bigote.
Milo dejó escapar una risa al acercarse a ver al pobre de Jabu, que seguía tendido sobre la hierba sin percatarse de las perrerías que le hacían sus compañeros. Fue a recoger más hierbas cuando percibió una repentina racha de aire que alborotó sus cabellos azules.
Se recolocó los pelos despeinados y prosiguió recogiendo cosas del suelo.
Pero una nueva ráfaga, esta vez más fuerte, volvió a embestirle. Milo aguantó el imprevisto viento y cerró los ojos.
—Huid…
Escuchó esa voz en el viento.
—¡Milo, deja de tirarme cosas!— se quejó la amazona de Ofiuco, quien tenía el pelo lleno de hojas y briznas.
—No he sido yo— dijo el caballero de Escorpio, quien se puso en estado de alerta y corrió hacia su caja, abriéndola y vistiéndose rápidamente—. ¡Shaina ponte tu armadura!
—Pero ¿y Jabu?— preguntó la joven, inquieta.
—¡Que te pongas tu armadura!— gritó de nuevo Milo, escuchando una algarabía proveniente del interior del bosque—. ¡Vamos!
El griego avanzó unos metros para tomar conciencia de lo que estaba sucediendo. Los pájaros habían huido despavoridos y por delante de él cruzó un grupo de ciervas que también parecían huir de algo.
Al mirar al origen de la espantada, Milo pudo escuchar voces roncas mezcladas con balidos y gritos de mujeres.
—¡Sátiros!— exclamó alarmado.
Miró en dirección donde estaban Jabu y Shaina. Pudo distinguir al caballero de Unicornio poniéndose de pie y calzándose su armadura.
El griego sonrió y fue a dirigirise hacia donde estaban, cuando Jabu fue a su encuentro.
—¡Milo!— exclamó el japonés, ya recuperados sus dieciséis años—. ¿Qué hacemos en el bosque de Chaménos? Juraría que la última vez estaba en el Santuario con Shaka…¿o lo habré soñado?
Agarrándole de los hombros, el dorado miró fijamente a los ojos al joven.
—¿Me puedes resumir muy brevemente qué recuerdas?— preguntó inquieto.
—Pues…que teníamos una misión aquí, para darle unos panes a una vieja…que te fuiste…Shaina se enfadó…y no sé, me acabo de despertar ahí— dijo señalando el lugar donde estaba la italiana abriendo su caja de Pandora—. ¿Por qué?
El caballero de Escorpio respiró aliviado.
—¡Al fin!— dijo sonriente—. Vale, ya vuelves a ser tú mismo. Mira— dijo señalando el origen del jaleo—, creo que los sátiros andan revolucionando el bosque, es probable que tanto las ninfas como Hécate estén en peligro, porque oigo gritos de mujer, así que ve corriendo hacia allá que ahora vamos Shaina y yo.
Jabu asintió con decisión y recibió una palmada en el hombro del griego, dispuesto a ir a por todas en la batalla.
Por su parte, Milo se dirigió hacia donde estaba Shaina.
Antes de que llegara, vio a la muchacha llevarse las manos a la cabeza, soltando el peto de la armadura que iba a ponerse y se desplomó pesadamente sobre la hierba.
Y sin darle tiempo siquiera a gritar su nombre, observó a un monstruo con mitad cuerpo de cabra y mitad humana, con rostro horrendo y cuernos en la cabeza.
El sátiro se acercó al cuerpo tendido de la amazona a cuatro patas y al estar frente a ella se irguió, revelando su miembro erecto. Seguidamente, se agachó y cuando fue a colocar su mano sobre la joven giró la cabeza súbitamente.
— ¡Shaina!— pudo exclamar Milo.
Como un resorte, el monstruo agarró el cuerpo de italiana entre sus poderosos brazos y desapareció de la escena de un brinco, ante la aterrada mirada del caballero de Escorpio.
Notas:
Siento la tardanza en responder a todo, de verdad es que ando más liada que la pierna de un romano y no paro de un lado a otro.
Si me he quedado sin responder a alguien, ruego que me disculpe, no es mi intención, es que estoy muy ocupada.
Sólo os informo que éste es el penúltimo capítulo, así que está a puntito de terminar. Aunque no sé si subiré el último capítulo el domingo o el lunes, depende de dónde esté.
Sslove: no te preocupes por los comentarios, los aprecio mucho pero ya sabéis de sobra que no los cuento y mucho menos obligo a dejarlos. Si se perdió el tuyo por la inmensidad de la web, no es un problema. ¡Espero que te hayan gustado todos estos capítulos! ¡Gracias!
¡Muchísimas gracias a todos por vuestro apoyo y espero que os haya gustado este capítulo! ¡Feliz finde!
