Disclaimer: Star Wars pertenece a Disney


Destructor Estelar Orgullo Imperial

Ha pasado una semana desde que esparció aquel virus, esperaba que también afectase a la población humana pero lo único que consiguió es que la gente se enfermase pero no tan grave como a los gungans, que a cada hora, moría uno.
La Nueva Republica ya estaba enterada de esto y era evidente que era una declaración de guerra, el escuadrón Espectro ya estaba en camino junto con las flotas de la Republica.

Pero Zinji estaba a punto de recibir una visita y al enterarse que no era el embajador Pedric Cuf, se desilusionó y estuvo a punto de rechazar la llegada de esa persona.
Se hallaba en la sala de conferencias cuando entró una mujer rubia de cabello muy corto y de gran estatura, vestía un peto plateado y capa negra que ocultaba un lado de su armadura.

Un parche en el ojo derecho era una característica de esta mujer.
—Capitana Phasma—exclamó Zinji y la mujer sonrió con los labios.
—Ya no soy capitana, Señor de la Guerra, soy almirante.
—¿La ascendieron? ¿A pesar que bajó los escudos del Starkiller y fracasó en Balmorra?
—El Comandante Soont Irard es un hombre comprensivo—exclamó Phasma sentándose, Zinnji la imitó.
—¿Qué es lo que quieres?
—Vengo en representación del Remanente Imperial. El Comandante Soont Irard le exhorta que se entregue y detenga esta matanza.
—Él es un traidor.
—No se engañe, Zinji—exclamó Phasma endureciendo su mirada—Él es tan imperial como yo pero no es un sanguinario como tú.
—Demuéstramelo—dijo Zinji—Sabes que no me voy a detener. El Imperio volverá.
—Claro que volverá—exclamó Phasma y cruzó los dedos—Es un plan de Irard. El único modo que el Imperio regrese es por la vía no violenta. No guerras si no diplomacia.
—¿Diplomacia? ¿Cómo piensa hacer eso?
—¿Está enterado que Irard ha tenido a su primer hijo?—preguntó y Zinji negó con la cabeza—Al tener el total control del Remanente Imperial y tener una Casa en la Ascendencia Zyn, eso le da un estatus de persona influyente. Espera que su hijo siga sus pasos, termine siendo comandante del Remanente y concierte un enlace con una dama alto poder de la Nueva República. Asi, con el matrimonio de ambos, significará la unión del Imperio con la Nueva República y por supuesto, terminará absorbiéndola y el Imperio habrá regresado. Tomará mucho tiempo, Zinji; posiblemente yo no lo llegue a ver pero es el único modo sin usar la guerra.

Zinji se atusó los bigotes, y se quedó pensativo; odió darle la razón a Phasma pero no era un hombre que quisiera esperar mucho. ¿Cuánto tardaría? ¿Veinte años? ¿Treinta? No era paciente.
—Es demasiado optimista—exclamó Zinji al fin—Puede suceder muchas cosas.
—Es un hombre optimista, lo sé. Pero confío en Irard, le debo mucho a ese hombre. Él me respaldó, él evito que terminara limpiando el piso del Puño de Acero.
—Deberias—exclamó Zinji mirándola con furia—No vales nada. Por mi, te mandaria a Kessel como a ese traidor, FN-2187.
—¿Has mandado a Kessel a FN-2187?
—Sí—exclamó con orgullo—Hace semanas lo capturé, junto con sus amigos de la Resistencia. A esos dos los mande a Tatooine mientras al desertor a Kessel.
—Es difícil razonar contigo, Zinji—exclamó Phasma poniéndose de pie—Esta reunión fue un fracaso. Informaré al Comandante y tendrás noticias mías.
Le dio la espalda, retirándose de la estancia con marcialidad, dejando a Zinji totalmente molesto.


...
A Finn le dolía todo el cuerpo y los sonidos que le taladraban los oídos era una señal que era hora de levantarse y comenzar a trabajar en las minas de brillestin.
El joven desertor no tenía idea cuanto tiempo había pasado desde que estaba en Kessel, todo era pobremente iluminado y la comida era escasa y de sabor horrible, pero él había conocido a un joven de unos dieciséis años.

Unos guardias aparecieron en la habitación en medio de la ensordecedora alarma y entre empujones, salió al exterior rumbo a un comedor donde le dieron un pan de humedad y una bebida de color amarillento.

Vio al chico que había conocido y sabía que no era uno común, de mirada triste se acercó a él.
—Hola, Finn—saludó el escuálido muchacho, Finn se había percatado que el chico tenia buenos reflejos, demasiados para una persona normal, a pesar que ya no tenía el detector, sospechaba que él era sensible a la Fuerza.
—Hola, Syd—exclamó Finn mientras daba un mordisco al pan de humedad, desagradablemente húmedo.—¿Cómo lo has hecho todo estos años? Yo no sé cuánto tiempo ha pasado y quiero largarme de aquí.
—Se me ha hecho costumbre—exclamó Syd alzando los hombros—Estoy aquí desde los dos años, mis padres murieron aquí y me he acostumbrado—y se acercó a para hablarle en voz baja—Confió en ti, me caes bien y te diré un secreto.
—Dímelo—susurró Finn.
—Algunas veces, creo poder manipular a los guardias—susurró—Quiero decir, digo una palabra para que vuelva a mi catre y me mira como desorientado y simplemente, me deja ir. No sé cómo lo hago.
—Tengo una vaga idea—exclamó Finn—Tengo una amiga que hace algo parecido. Ella estuvo en una celda imperial, dijo algo y el soldado la dejó ir.
—Increíble.
—¡Basta de cháchara! ¡Todos al campo!

Los guardias imperiales empezaron a golpear las mesas con los bastones eléctricos y sujetaron con fuerza a los esclavos, empujándolos a la salida.
Finn caminaba por inercia hacia las minas, sentía como el sol abrasaba su piel, agarró la pala de duracero y un casco, Syd Langtree hizo lo mismo y el trabajo forzado dio comienzo.

Nadie hablaba, solo se escuchaba el sonido de los picos contra las rocas cobrizas, unos picaban y los otros recogían y lo colocaban en coches aerodeslizadores.
A Finn ya le empezaban a cansarle los brazos y sentía el sudor por su frente pero no bajó los brazos, levantaba y bajaba con fuerza, maldiciendo su suerte y preguntándose sobre el paradero de Poe y Jessika. Lamentó no tener una radio para comunicarse con Rey o con Syal.

Un hombre de mediana edad cayó de rodillas, completamente exhausto e implorando al furioso guardia que lo dejase tomar algo de aire.
Todos se detuvieron para observar la escena y los otros dos guardias ordenaron que continuasen con el trabajo y asi lo hicieron menos Syd.
El guardia levantó su bastón para golpear al desgraciado hombre.
—¡No lo harás!—gritó el joven Syd y el guardia lo miró a pesar que la cueva estaba poco iluminada.
—¿Quién kriffados eres tú? ¡Vuelve a picar las rocas!
—"No lo golpearé"—exclamó el chico mirando fijamente al guardia pero el truco que esperaba que funcionase no ocurrió, Finn se detuvo para mirar a su compañero de labores.
—Hazle caso—susurró y el guardia lo ignoró por completo levantando el bastón eléctrico.
—¡No!—gritó Syd levantando el brazo y el bastón salió de las manos del guardia hacia el techo.

Los esclavos seguían a lo suyo, Finn sabía lo que pasado mientras Syd estaba bocabierta, el guardia miraba con furia al joven esclavo y se acercó hacia él para propinarle un golpe a la cara y recogió su bastón, sujetándolo con fuerza.

El otro guardia se acercó al hombre mediano y colocó un blaster a la cabeza, disparando segundos después.
—Continúa o serás el siguiente—exclamó el guardia, Syd y Finn se giraron para reanudar con el trabajo.


Tatooine
Una lanzadera imperial aterrizó en el espaciopuerto de Mos Eisley, Poe y Jessika, encadenados descendieron de la nave, siendo empujados por tres soldados de asalto. La mente de Poe trabajaba en la manera de sacarse de encima a los soldados pero ninguno era lo bastante buena para llevarla a cabo.
—Avancen, el Hutt está ansioso por verles—exclamó uno de ellos.
—Yo no me pondré nada—exclamó Jessika.
—Tú cállate.

Los dos fueron empujados y transitaron por las calles de Tatooine, nadie hizo preguntas ni se acercaron pero lo hizo una mujer de cabello rojo, con las manos alzadas.
—¿Adónde los llevan?

Poe enfocó la mirada y se le cayó el mundo a los pies, reconoció la voz que había escuchado en Rishi, esa voz correspondía a una Caballero de Ren.
—¿Quién eres tú?—inquirió el soldado de asalto, que parecía ser el líder de la comitiva, la mujer ladeó la cabeza.
—Soy la Caballero de Ren, Shira Ren.

Poe apretó los dientes, el día no podía ir mejor para ambos, aquella mujer, si no se equivocaba, intentaba matar a Rey. Vio el sable de luz que le colgaba el cinto y también era la primera vez que le veía el rostro.
—¿Caballero de Ren? ¿No habían huido…?
—Nos escondimos—exclamó Shira avanzando unos centímetros sin bajar las manos—¿Adónde los llevan? Su señor me dio órdenes de llevarlos yo misma.
—A donde un Hutt para venderles como esclavos.
—Lo haré yo misma.

Poe y Jessika intercambiaron miradas de pánico, no sabían que hacer y Jessika prefirió irse con el Hutt.
—Está bien, llévatelos.

Fueron empujados hasta caer de rodillas, Shira avanzó hacia ellos y observó cómo los soldados de asalto se perdían de su vista.
—No nos iremos contigo—exclamó Poe desafiante.
—Ya lo creo que sí—exclamó Shira bajando la mirada, sus ojos azules centellaron mientras esbozaba una sonrisa—Nos iremos a Yavin IV.
—No hay nada ahí ¿para qué quieres ir?—exclamó el experimentado piloto, humedeciendo los labios. Shira se colocó de cuclillas, mirándose entre sí, el piloto reconoció que era guapa pero no tanto como Rey.
—Busco a Rey—exclamó Shira Ren—Y sé que está en Yavin.
—Si sabes que está ahí ¿Por qué estás aquí?—exclamó Jessika.
—Combustible—exclamó Shira mientras se escuchaba unos llantos a pocos metros de ellos—Y también comida para él.
—¿Para él?—preguntó Poe.

Detrás de una columna apareció una calamari con un bebé en brazos, avanzó cautelosamente mientras Shira se ponía de pie y movió una mano, para confirmarle que todo iba bien.
La calamari se acercó a donde estaban ellos mientras Shira cargaba a su bebé.
—¿Tienes un hijo?
—Se llama Kyle.
—Kyle Ren seguro—exclamó Jess.
—No. Su nombre es Kyle Solo y yo no soy una Caballero de Ren. Mi nombre es Siri.
—Puede ser una trampa—pensó Poe.
—Confíen en mi—exclamó Siri mientras daba suaves masajes en la espalda de su hijo y miró a Neespi—¿La nave tiene combustible?
—Tanque lleno.
—Genial, vámonos—exclamó Siri mientras con la Fuerza, les retiraba las ataduras, los dos pilotos se pusieron de pie.
—No irás a Yavin IV. Ese niño no es tuyo y es una trampa.
—Tendrás que confiar en mi—exclamó Siri—Los he rescatado.
—Eso es cierto—exclamó Jessika—Gracias.
—Buscas a Rey.
—Solo para hablar con ella—exclamó Siri—Busco ser una Jedi de nuevo.
—¿Eras una Jedi?
—Una aprendiz. Vamos, el calor está molestando a Kyle.

El bebé gorjeó y empezaron a andar, Poe y Jessika se miraron entre sí, el piloto apretó los dientes y al estar desarmado, no le quedó más remedio que irse con ellas.

...
Dos escuadrones y una gran flota de la Republica aparecieron en los Territorios del Borde Exterior, la líder del Escuadrón Espectro, Syal Antilles, confirmó tener a la vista el afectado planeta Naboo y los destructores estelares del Imperio.
—Escuadrón Espectro, en formación—exclamó Syal, quien tomó el mando del escuadrón al estar ausente los dos líderes: Poe Dameron y Jessika Pava.
—Escuadron Azul en formación—exclamó Temmin Wexley.

El destructor estelar soltó los cazas TIE mientras los cruceros calamaris de la Nueva República se ponían en posición defensiva, los escuadrones y los cazas enemigos dieron inicio una batalla.

Zinji ordenó que el destructor se colocase a la espaldas de los otros dos, en uno de ellos estaba Davos Morlot, el otro Señor de la Guerra. El obeso almirante se giró para observar a su misterioso invitado, Pedric Cuf estaba en la pasarela.
—Ha llegado la Republica ¿tiene mas de esas esporas coomb?
—No lo tengo-mintió-Ocupate de ganar esta batalla, yo haré lo mio.
—Claro que sí, Cuf—exclamó Zinji—¿Nos reuniremos despues?
—Le estaré esperando en la oficina de reuniones.

Pedric Cuf abandonó la pasarela mientras se aferraba la capucha, se detuvo ante una puerta y miró ambos lados, al estar desierto el pasillo, ingresó sin problemas.
Trancó la puerta de duracero y caminó por el dormitorio de un soldado, quien lo miraba fijamente sentado en la cama.
—¿Todo en orden?-preguntó Pedric, el soldado, quien tenia la piel llena de cicatrices, esbozó una sonrisa.
—Todo en orden, mi señor-exclamó con voz ronca-Tiene un mensaje.
—Retirate entonces, Yommin Carr. Haces bien tu trabajo.
—Es un honor servirle.

El hombre llamado Yommin Carr abandonó la estancia, dejando solo a Pedric Cuf, quien se arrodilló y empezó a rebuscar por debajo de la cama, sacando lo que buscaba, una esfera anaranjada, de aspecto organico y que latia, como si estuviese viva. Acarició con dos dedos y en la esfera se dibujó un rostro, como una imagen tridimensional.
—¿Ejecutor?
—La primera parte ha sido completada-habló Pedric en un lenguaje extraño y su interlocutor le contestó en otro idoma.
—¿Está muerto?
—Aún no, Maestro Bélico.
—Estan ansiosos, Ejecutor. Hemos esperado miles de años.
—Aún es muy pronto, sé que la galaxia esta debilitada pero debemos esperar un poco más.
—No nos caracterizamos de ser pacientes, Ejecutor Anor. Matalo y comunicate conmigo. No olvides de los grutchins; ellos no deben saber que saboteamos esta abominacion.
—Se hará como ordene, Maestro Bélico.

El objeto que sirivió como medio de comunicacion se agitó con un leve temblor y el rostro del Maestro Bélico desapareció, Pedric Cuf sonrió siniestramente y lo escondió. Todo iba según lo planeado, aún faltaba tiempo pero ellos no lo verán venir.