DISCLAIMER: STAR WARS pertenece a Disney.


Poe Dameron estaba tan ansioso que podía saltar de la nave. Cuando el transporte de Neespi tocó tierra, el experimentado piloto ya se encontraba en la puerta y cuando la rampa bajó, descendió rápidamente.

Luke y Leia, quienes se encontraban en el hangar se acercaron hacia la nave recién aterrizada, Poe frenó en seco ante ellos.
—¡General Organa!—exclamó Poe saludando en posición de firmes—Maestro Skywalker.
—¿Pasa algo?—preguntó Leia, Chewie soltó un leve gruñido detrás de la mujer, Luke observó que en la nave descendía más personas: una calamariana, Jessika Pava y una mujer pelirroja con un bebé en brazos.
—Nos hemos encontrado con la Primera Orden. Un almirante nos mantuvo cautivos a mí, a Finn y Jessika. A Finn le mandaron a Kessel y debo ir inmediatamente.
—¿Zinji?—preguntó Leia.
—Él mismo, general. Veo que ya saben de él.
—Él posiblemente haya envenenado a Naboo, Poe. Miles de gungans están muriendo y la Nueva Republica está luchando contra él—explicó Luke.
—Estábamos preocupados por ti, Poe. No podíamos contactarte.
—¿Quién esta a cargo del escuadrón Espectro?
—Syal Antilles…—dijo Leia.
—Ella es capaz, general Organa. Es hija de Wedge Antilles pero debo ir a Kessel, la vida de mi amigo peligra.
—Yo me uniré a Naboo, no tengo problemas con eso—exclamó Jessika Pava.
—Entonces en marcha.

Poe y Jessika continuaron con su camino, Siri Tharen y Neespi se acercaron donde estaban los hermanos.
—Maestro Skywalker—dijo Siri—Ella es Neespi y…bueno, soy Siri.

Luke observó a la pelirroja, la recordaba como aquella aprendiz de Shyndella Vor, la chica que se unió a los Caballeros de Ren.
—Eras uno de ellos—dijo Luke.
—Los dejé—dijo Siri y miró a su hijo—Él es Kyle, mi hijo. Él me llevó a la Luz y quiero ser una Jedi.

Luke miró a su acompañante.
—Escuché su nombre, maestro Skywalker, déjame mostrarle mis respetos—exclamó Neespi inclinándose levemente.
—La Fuerza te acompaña, Neespi—dijo el maestro Jedi.
—Ella me salvó la vida.

Luke asintió lentamente y observó al niño, cuyas facciones le parecían familiares y la Fuerza era intensa en él. Y lo supo.

Siri miró a Leia y se acercó a ella lentamente, Kyle miró a su abuela, con curiosidad. La forma de sus ojos y la nariz pequeña, era como ver a Ben cuando tenía su edad y lo supo. Él era el hijo de Ben, era su nieto.
—Su padre fue Ben—dijo Siri y ofreció a Leia que lo cargase y ella así lo hizo. Se le formó un nudo en la garganta, sentía sus ojos humedecerse. Ya se había resignado el hecho de haber perdido a su esposo e hijo pero al saber que tenía un nieto, las emociones la embargaron y unas lágrimas empezaron a salir.
—Hola Kyle, soy Leia, tu abuelita.

Kyle sonrió y la forma de su gesto le hizo recordar la manera como Han Solo sonreía.
—Tiene un año—dijo Siri—Allá afuera, su vida corría peligro ante los Caballeros de Ren que me buscaban, pero él me ayudó a regresar a la Luz.
—Con nosotros estará a salvo—dijo Luke.
—Lo llevaré, estará bien conmigo—dijo Leia y miró con amor a su nieto, y se prometió que esta vez no cometería los mismos errores con su hijo.

Leia y Chewie se fueron alejando, dejando solos a Luke y Siri Tharen.
—Maestro Skywalker, el Líder Snoke me ha implantado una orden en mi mente—dijo Siri— Me molesta mucho, no me ha dejado tranquila provocándome intensos dolores.
—Una impronta—exclamó Luke—¿Qué tipo de orden?
—Snoke me ha ordenado asesinar a Rey. Y no lo quiero hacer.
—Me alegra que volvieras con nosotros, Siri. Conocí a tu padre, fue un buen hombre y un gran amigo—exclamó Luke—Arrodíllate.

Siri se colocó de rodillas, tal como lo ordenó el maestro Jedi, cerró los ojos y sintió su mano sobre su cabello y sintió como un intenso calor la envolvía.
"Debes matar a Rey Skywalker" rondó por su mente pero esta vez no lo provocó dolor, y una gran paz y tranquilidad la envolvió. No volvió a escuchar más la voz de Snoke en su mente y el dolor punzante desapareció.

Siri se puso de pie y ambas personas se miraron frente a frente.
—¿Cómo te sientes?
—El dolor se ha ido, hace mucho que no me sentía así. Me siento mejor, gracias maestro Skywalker.
—Bienvenida de nuevo, Siri Tharen.

Poe y Jessika aparecieron en escena, caminando raudamente hacia las naves, Siri miró a Luke.
—Me encantaría ayudarlo.
—Adelante.

Siri avanzó rápidamente hacia donde estaba el piloto, quien hablaba con su compañera de escuadrón.
—De acuerdo, iré a Naboo—exclamó Jess—Pero necesitarás ayuda si piensas ir a Kessel.
—Yo lo acompañaré—dijo Siri.
—Entonces queda así, Chewie me llevará en el Halcón. Vamos.
Jessika se subió en un Ala-B apostado, Chewie soltó un gruñido de bienvenida al ver a sus compañeros subirse al carguero corelliano.

Poe se colocó en el asiento de piloto mientras Chewie revisaba los controles, siendo su copiloto. Siri se sentó a la espalda del experimentado piloto, empezando a meditar.


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El Orgullo Imperial recibía todos los disparos y se veía bastante mal, las fuerzas imperiales de la Primera Orden estaban siendo diezmadas por la Nueva Republica, pero el Señor de la Guerra no se iba a rendir.

Se hallaba sentado en el puente de mando, masajeándose la barbilla y pensando en una estrategia para revertir la situación, eran pocos y cada vez llegaban más refuerzos enemigos. Se puso de pie y fue a buscar a Pedric Cuf, quien se hallaba a bordo del destructor estelar, él podía darle una forma de revertir la situación, aunque le daba mala espina.
—Señor, perdimos el Justicia—exclamó un alférez. Zinji se reclinó en su asiento, sin decir nada, hizo un gesto con la mano para que continúe con sus labores, en el Justicia iba a bordo el almirante Morlot y ahora estaba totalmente solo. Se puso de pie y fue a buscar a Pedric sin decir una palabra.

Avanzaba raudamente por los pasillos, los pilotos corrían y soldados iba y venían. Llegó a la sala de reuniones pero se detuvo al escuchar unas palabras que no entendía, un idioma que nunca había escuchado en su vida y antes que abriera la puerta, esta se deslizó donde salió un soldado de asalto, Pedric Cuf estaba en el otro extremo de la mesa, con la capucha sobre su cabeza, en pie.
—¿Qué hacia ese aquí?—preguntó Zinji.
—Le di una misión—exclamó Pedric Cuf—Estará encantado de ejecutarla. Es mi subordinado.
—¿Desde cuando das órdenes a soldados de asalto?—preguntó ofuscado el Señor de la Guerra ingresando a la sala.
—Desde que conocí a ese infiel, al que llamas Morlot—exclamó Pedric Cuf.
—Debes ayudarme, estamos perdiendo.
—Es un deshonor perder de esta manera, Zinji. No te ayudaré, mi trabajo terminó aquí y todos sabrán que tú cometiste un genocidio gungan. Buscaran responsables y la confianza entre la Primera Orden y la Nueva Republica, desaparecerá.
—¿Qué diablos estás hablando?

Pedric Cuf se bajó la capucha y Zinji vio un rostro casi desfigurado, un ojo azul y otro marrón. Pedric colocó un dedo por debajo de la barbilla y observó horrorizado como la piel de aquel hombre se contraía mientras Pedric lanzaba pequeños quejidos de dolor, disfrutaba del dolor. Y no parecía un humano.

Rostro desfigurado, con varias cicatrices y no tenia labios pero si tatuajes faciales, Zinji se quedó estático sin saber que hacer.
—¿Quién eres..Que eres tú?
—Algo que no comprenderías—dijo Pedric Cuf—Ya sabrás de nosotros en su debido tiempo.

Pedric Cuf esbozó una sonrisa siniestra, Zinji intentó escapar pero una especie de gelatina lo mantenía en su sitio.
—¿Qué es esto?—exclamó aterrado mientras forzaba por salir del pegajoso material.
—Blorash.

La extraña sustancia parecía estar viva, cada vez se aferraba a su pie y observó que otra sustancia se acercaba rápidamente, rodeando su otro pie. Pedric Cuf estaba tan cerca de él que podía sentir su aliento, vio como el iris de su ojo azul se agrandaba y soltó un líquido apestoso a la cara, sintiendo un ardor intenso y gritó.

Zinji cayó muerto debido al contacto con el veneno que le lanzó Pedric Cuf quien salió de la habitación sin problemas, la nave tambaleó pero siguió firme hasta llegar al hangar donde una esfera de textura rocosa lo esperaba, lo acaricio y una abertura se abrió donde ingresó. Levantó una esfera donde acarició, un rostro tridimensional apareció.
—¿Acabaste, Ejecutor?
—El grupo de caza ha logrado infiltrarse, Maestro Bélico—exclamó Pedric Cuf—Esta abominación tiene grutchins por los rincones. En cualquier momento estallará.
—Muy bien, los infieles pensarán que fue una autodestrucción. No sabrán de nosotros y cuando se enteren, será demasiado tarde.
—Así es, Maestro Bélico.
—Ahora Ejecutor, terminada esta misión, irás a Rhommamool.
—Lo haré, Maestro Bélico.

La transmisión se cortó y colocó el artefacto redondo en el suelo mientras colocaba sus manos en un tablero de carne, unas cuerdas delgadas como algas, se colocaron en su cabeza.
La esfera rocosa salió del hangar, junto con los desechos metálicos del destructor. Vio como el destructor estallaba en mil pedazos pero él ya estaba muy lejos.


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A Finn le parecía muy raro ver tan pocos guardias últimamente, tan solo unos días atrás vio una lanzadera, quien se llevó a la mitad de los soldados. Sopesó la idea de provocar una revuelta, ellos eran más y ellos pocos pero no estaba seguro, ya que a pesar de ser numerosos, estaban debilitados debido a los trabajos forzados y una alimentación pobre.

Se resignó mientras seguía picando piedras junto con Syd.
A pesar del sonido de los picos en las piedras, se escuchó un retumbe y la mina se agitó, las personas se aterrorizaron y los pocos guardias intentaron frenar el gentío, Finn calmó algunos mientras buscaban la salida, Syd intentó usar la Fuerza para calmarlos pero fue en vano,
Salieron al exterior en estampida, había heridos que estaban siendo socorridos por Finn y Syd.
—¡Miren eso!
El joven alzó la mirada donde señalaba un minero y vio dos destructores estelares y varias lanzaderas que aterrizaban en el planeta.
El corazón de Finn se encogió, no entendía nada y temía lo peor.
—¿Nos trasladaran?—preguntó Syd.
—Espero que no, estoy esperando a que mi amigo llegue aquí.

Las tres lanzaderas aterrizaron y en ellas bajaron soldados de asalto, los guardias se dirigían calmadamente hacia ellos, pidiendo apoyo para controlar a la gente pero no contaban ser reducidos por ellos mismos.
La muchedumbre estaban en silencio, en una lanzadera descendió una mujer de armadura plateada y capa negra ondeando al viento, Finn parpadeó varias veces al ver a esa mujer rubia de cabellera corta, que se acercaba a él.
Los soldados de asalto llevaron a los guardias y otros acordonaron la zona; la mujer llegó hasta Finn.
—FN-2187, nunca pensé que me alegraría de verte.
—¿Capitana Phasma?
—Soy la General Phasma, FN-2187—exclamó.
—¿A que han venido?
—Hemos venido a tomar esta prisión—exclamó Phasma mirando a su alrededor—El Almirante Irard ha mostrado su desacuerdo que esta instalación aún esté activa. Hemos venido a cerrarla y mandarlos a casa..
—No lo puedo creer—exclamó Syd—Ustedes me encerraron aquí.
—No lo niego—dijo Phasma—Estamos buscando limpiar nuestro nombre. Será un nuevo Imperio, mientras las fuerzas de la Nueva Republica combaten con los revoltosos, nosotros venimos a aquí a liberarlos.
—Aprovecharon que no había muchos de ellos aquí.
—Ciertamente, FN-2187.
—Bueno, agradezco la ayuda, Phasma—dijo Finn—Nunca pensé que diría esto. En fin, sé que mi amigo vendrá aquí, lo esperaré.
—¿Puedo irme contigo, Finn?—exclamó Syd—Yo no tengo a donde ir.
—Claro que vendrás conmigo, Syd—exclamó Finn con una sonrisa.

Los dos empezaron a moverse y antes de alejarse, Finn se giró hacia Phasma.
—Siento por eso—exclamó, Phasma asintió; sabia a que se refería a su ojo izquierdo, tapado con un parche. Lo había perdido cuando ella intentaba matarlo y un compañero de él, disparó. Pudo haber muerto , el disparo láser rozó el visor e hizo que se agrietase y estallase, provocando que un vidrio pinchase su ojo, perdiéndolo.
—No pasa nada, son cosas que pasan. Pasen por el equipo médico.

Finn y Syd reanudaron con su camino mientras Phasma se quedaba de pie, alzó la mirada y observó el destructor estelar.
Las cosas habían cambiado mucho en los últimos cuatro años, si esta viva ahora era porque tenía mucha suerte. Bajó la mirada y observó a Finn a lo lejos.
—Buena suerte, Finn
Phasma se alejó lentamente, seguida por los soldados de asalto, en dirección a su lanzadera, para informar al Almirante Irard de la situación. El imperio volverá, algún día.