III.
11 días después del ataque.
Umino Iruka ha logrado salir del albergue dentro de la montaña de los Hokages y, por varios minutos, tiene que mantener los ojos entrecerrados por la fuerza con la que recibe la luz del sol, el escozor y las lágrimas que le produjeron. No ha salido del albergue oscuro, hacinado de personas llenas de dolor y miseria desde el ataque del kyubi. Aunque con los días se fueron usando más de las habitaciones y salas existentes dentro de la montaña, todo ese lugar seguía apestando a sudor humano y, en ciertos lugares, a su excrementos; además de la humedad y hongos. Las horas de la comida mitigaba en mucho ese hedor, pero a la hora de dormir… Nada mitigaba el miedo y, muchas veces, las pesadillas.
Pero Iruka no supo de dormir ni de pesadillas por dos días, hasta que por fin hubo noticias de sus seres queridos.
―¡Iruka-kun! ¡Iruka-kun! ―y esas noticias vinieron desde su padre.
Los dos se dieron fuertes abrazos llenos de felicidad, como si se quisieran fusionar para evitar perder al otro. Sin embargo, pronto recordaron que falta alguien.
―¿Y kaa-chan?
Iruka teme lo peor cuando ve el rostro preocupado de su padre.
―En el hospital. No me dicen mucho, solo que está grave y… ¡Pero está viva! ¡Gracias a Uchiha-sama, los equipos de rescate y Katsuyu-sama, está viva!
Iruka lleva a su padre hacia la pequeña habitación que había cogido para sí, con toda la intención de saber lo que había pasado. Sin embargo, los dos terminan sucumbiendo al sueño. Duermen casi por un día. No tienen pesadillas, pues están juntos.
Pocas horas después de despertar, su padre sale a seguir con el trabajo. Iruka también quiere salir, está desesperado por hacer algo. Por eso, su padre logra que un tal Maboroshi-sama al que todos los genin le hacen caso, lo tome en cuenta para la organización del lugar.
Así, padre e hijo estuvieron trabajando hasta el cansancio por esos días. Hasta el onceavo. Ya habían terminado de recoger todos los restos más grandes de Konoha (y los cuerpos muertos en ella) además de limpiado lo mejor posible las calles. La casa de Iruka y un par de otras desaparecieron por coletazos del kyubi, pero eso es de lo menos.
Iruka y muchos otros ya pueden salir, justo para ir al primero de los funerales. Al de los ninjas muertos en acción. Y mientras está junto a su padre, muy atrás entre los presentes, viendo las espaldas vestidas de negro de tantos otros konohianos, da oraciones por las personas que se fueron. Y gracias a Naori Uchiha-sama por haber puesto al kyubi en un genjitsu, antes de que sus padres se convirtieran en unos más de esa lista.
