Palabra: Lugar público. (¡Lugares!)


Discoteca

Sus manos se deslizaron por debajo de su falda. Aburrido, miró hacia el escenario mientras a ella le explotaba la cara por completo. Sabía por si rigidez que no tardaría en regañarle, pero para su sorpresa, la sintió abrir un poco sus piernas, lo suficiente para que nadie más notara nada y agarrarle de la manga.

Ryoma sonrió socarrón cuando sus ojos se encontraron. Arqueó una ceja y pasó el índice entre sus pliegues femeninos. Su pulgar atrapó la dureza del botón del placer y este estalló en sus ojos y terminó en un movimiento de sus labios pronunciando su nombre.

Maldijo la música a todo volumen. Maldijo el tener poco espacio para moverla y sentarla sobre su mástil.

Joder. Quería hacerle el amor y que esa vez, si gritaba, no fuera por unos pelos pinchos de cantantes si no, por él.

Y que exclamara su nombre con todas sus letras, mientras su garganta gruñía la calidez de un orgasmo que solo él podía otorgarle.

Cuarto de baño

Su trasero golpeó contra la puerta una y otra vez. Su espalda arañándose contra la superficie cada vez que lo sentía hundirse en ella. La humedad de su sexo resbalando sobre él.

Se aferró a sus hombros con fuerza mientras la cabeza le daba mil vueltas y todo su cuerpo parecía concentrado en un orgasmo que iba a estallar en cualquier momento. Y quería apresarlo dentro de ella, estrujarlo de una manera tan adorablemente perfecta que vaciara su semilla en ella.

La puerta del baño se abrió y una cantinela de mujeres entraron al haber finalizado la sesión de cine. Se miraron a los ojos y por el brillo de su mirada, supo que no iba a detenerse. Continuó penetrándola con más fuerza, golpeando más la puerta.

Una chica soltó una grosería hacia ellos. Otros se burló de lo frígida que era y mientras las voces retumbaban en sus oídos y pese a que no quería ceder, el orgasmo la arrastró con una fuerza tan increíble que temió perder el sentido.

Aeropuerto

Tras una columna, oculta a la vista, Sakuno sentía las manos de su novio presionar contra sus nalgas, levantarla y pegarla contra la pared.

—Ryoma-kun… ¿aquí? —se escandalizó.

Él la besó como respuesta, dándole un beso francés perfecto que la dejó sin hipo.

—Aquí —gruñó —. Y ahora. Es tu culpa.

Tiró del escote más hacia abajo, metiéndole una mano por debajo del sostén y atrapando un seno. Sus caderas se frotaron contra su entrepierna y jadeó contra sus labios.

Sakuno supo que no iba a poder negarse a más. Aunque muriera de vergüenza, cuandito que buscara su ropa interior, se delataría como nunca.

Le mordió la oreja, suspirando su nombre.

—Entonces, no te detengas.

Parque

Muchas parejas frecuentas estos lugares. Algunas tan solo para disfrutar el día, del sol, de las risas de los niños. Sakuno había esperado algo así, hasta que se tumbaron bajo el árbol y a su alrededor, en lugar de pájaros piando, los gemidos resonaron como música exótica.

Buscó la mirada de Ryoma, que estaba tan sorprendido como ella.

Pero cuando Ryuzaki alargó la mano para empezar a recoger, él la detuvo, mirándola fijamente. Sin poder soltar un no, Sakuno se recostó contra la manta que Ryoma tiró sobre ambos del extremo más largo, cubriéndoles.

Un momento después, Una de sus piernas y los movimientos de sus caderas sería lo único que los delatara, mientras, muerta de vergüenza, atenuaba la sensaciones con apretones a su piel con sus labios.

Biblioteca

Ella era la chica aplicada. La que nunca se esperaba que hiciera nada incorrecto. Nadie jamás se imaginaria que entre libros, también se escapaban suspiros. Porque ella imaginaba. Y mucho. Cosas que no debía. Otras que jamás se harían realidad.

Suspiros ocultos entre estanterías, con un libro en su regazo, leyendo a un mismo hombre vivir tantas aventuras, tantos romances y que aún día, continuaba sin encontrar la esposa correcta para él, el amor de su vida.

Un amante excelente. De cabellos curiosamente oscuros y tonos verdes exóticos. De ojos como gato. De tez pálida y una belleza en su rostro que rival no tenía.

Y esa soñaba entre los libros, que ese varón salía de entre sus páginas, que se arrodillaba frente a ella, la besaba hasta el punto de que la mente se le quedaba en blanco. Que se movía hasta que jugaba con su falda, le abría las piernas y enterraba su boca en los calores más íntimos de su ser.

Entonces, despertaba bruscamente del sueño, cerrando el libro y marchándose muerta de vergüenza. Era lo malo de soñar y despertar con un orgasmo en medio de una biblioteca en silencio.

Lo que ella no sabe, es que realmente no era un sueño. Que alguien había pegado su boca a su sexo y que un poseedor de cabellos y ojos tan escasos, existía y era más que la leyenda de un libro.

Pero claro esta… eso lo desconocía.


Quise trabajar muchos lugares para este momento y usé muchos de los que habían recomendado en palabras, para de mi parte, hacer un guiño a todas aquellas personas que participaron :3