Palabra: Parafilia; Elegí: Tricofilia.
La tricofilia o fetichismo del cabello es una parafilia en la cual la excitación sexual es alcanzada por la interacción con el cabello humano, especialmente el de la cabeza. Puede referir también a la excitación por observar el cabello u observar como es acicalado.
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Ryoma apoyó la mejilla sobre la mano y la observó. Sakuno estaba sentada tras su tocador blanco, en pijama de flores amarillo y con un coqueto cepillo, se encargaba de su largo cabello donde las puntas caían casi hacia el suelo.
Era tan diferente cuanto lo tenía recogido a cuando estaba suelto que asustaba y sorprendía cuando la veías. Él podría estar ya acostumbrado, pero seguía asombrándole.
Recostado sobre la cama mientras la esperaba, observó cómo sus dedos se metían entre las hebras y el modo en que el cepillo alisaba los pequeños bucles creados gracias a las trenzas.
Dios. Sabía que era puramente suave y que olía a violetas. Toda ella. Así como era capaz de saber a melocotones.
Algo mal debía de estar con él siempre, porque de algún modo, solo pensar en el cabello de Ryuzaki, su sexo despertaba de tal modo que casi siempre necesitaba un poco de acción de su amiguito para calmarse.
Verla de ese modo, cayendo en cascada hacia atrás cuando ella dejó el cepillo y lo sacudió para que quedara colgando por su espalda, lo puso completamente como una moto.
—Sakuno —nombró.
Ella se volvió lentamente para verle. Sonrió hasta que su sonrisa se desfiguró por la timidez. Tenía una mano sobre su sexo, acariciándose por encima del bóxer. La chica tragó, levantándose lentamente pero saltó hasta la cama. El cabello se le desparramo por todas partes, hasta caer hacia delante, justo sobre su vientre.
Y eso le gustó. A él y a su sexo.
La dejó acariciarle el vientre, subir por su torso y se inclinó para besarla. Sakuno se recostó sobre él y enterró su nariz en sus cabellos, atrapando varios mechones, jugando con ellos.
—¿podrás hacerlo?
Sus mejillas se cubrieron de un rojo intenso pero cabeceó. Le mordió el labio inferior mientras sus manos acariciaron sus costados hasta la cinturilla del bóxer. Ryoma siseó de puro alivio cuando su sexo fue liberado.
Unos instantes después, sin previo aviso, ella le atacó.
Sus cabellos se zarandearon sobre su vientre, golpearon sus muslos y cayeron hacia un lado en una cascada tan erótica que sintió la necesidad de correrse antes de tiempo. Llevó los dedos hasta ellos, acariciándola, masajeando sus sienes, observando como su miembro se perdía entre sus labios.
Le acarició el hombro, enterró los dedos en la gran maraña castaña y echó la cabeza hacia atrás y esa vez, se dejó llevar. Por el arrastre de las sensaciones, por la suavidad de su boca a su alrededor. Su lengua apretando su zona más sensible y su cabello cayendo sobre él, bañándole.
Gimió su nombre estallando en ella y se dejó caer hacia atrás mientras ella continuó probándole, degustando a su gusto y subió, arrastrando su cuerpo hasta unir una vez más, una parte de su cuerpo a él.
La sintió montarle con frenesí, sus cabellos danzando a cada embestida, saltando en bucle contra él y hacia atrás, ondeando en su espalda. Y cuando sucumbió sobre él, se dejó caer hacia un lado, llevándose consigo la hermosura de su pelo.
La observó, disfrutando de su disfrute. Cogió un mechón entre sus dedos, besándolos.
—Te encanta mi cabello —susurró.
—Sí.
Ella sonrió acariciándole los parpados con los pulgares.
—Yo amo tus ojos.
—Somos dos bichos raros —bromeó.
Ella rio con ganas y lo acunó entre sus brazos.
Sí. Bien podían ser dos bichos raros y quizás por eso, eran tal para cual. Perfectos en su imperfección.
Adoré esta filia que les venía ni qué pintado.
Ya os avisé tanto en mi página como en mi perfil que iba a usarla :3 NO pude detenerme.
