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-Quédate Conmigo-
Summary: Elizabeth trata de ayudar a su hermana mayor de escapar del compromiso con su pretensioso primo, sin embargo, ¿puede una mujer sin dinero elegir con quien casarse en pleno siglo XIX?... ¿Y si durante su plan, consigue la ayuda de un singular cómplice?
Nota del Autor: Los personajes de Orgullo y Prejuicio no me pertenecen, solo hago esta historia con fines de entretenimiento.
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-Capítulo 2. El Inicio de una Singular Amistad-
Después de pasar toda la mañana de domingo en compañía de su madre y hermanas, Elizabeth se sintió aliviada de respirar algo de aire fresco y pasar algunas horas a solas, mientras salía a dar uno de sus paseos por los alrededores de la finca de su padre, con uno de sus libros favoritos en las manos, dispuesta a pasar la tarde en el lago más cercano de la residencia.
Recordando mientras caminaba con paso firme, como hace dos semanas había conocido al famoso Señor Bingley, el cual había alquilado la propiedad vecina de Netherfield Park; acompañado de su hermana y de un peculiar caballero. Y ahora con el compromiso de Jane con el insufrible Señor Collins, la Señora Bennet había puesto especial atención en que una de sus otras hijas buscara suerte con el recién llegado, siendo Elizabeth la elegida para tal proeza, después de bailar con el caballero en repetidas ocasiones en la última velada. Sin embargo, Lizzie tenía otros planes para el alegre Señor Bingley, los cuales involucraban directamente a su hermana Jane.
Al pasar el límite de la propiedad de su padre, Elizabeth aún se encontraba concentrada en sus propios pensamientos, por lo que no se percató del ruido proveniente del trote del caballo que se acercaba a toda velocidad a ella cuando llego al camino principal que comunicaba con el pueblo de Meryton. Y no fue hasta cuando lo tenía a un par de pasos que lo escucho, sin poder evitar tropezar con el borde del camino al esquivar el animal, cayendo de lado sobre una de sus piernas, mientras que su apreciado libro salía volando a varios metros de ella en el proceso.
― Señorita Elizabeth, ¿se encuentra usted bien? ―el pregunto el jinete bajando rápidamente del caballo para auxiliarla.
― Creo que sí ―le respondió Lizzie aun en el suelo, ignorando que el caballero se acercaba a ella para ayudarla a incorporarse. Por lo que se impresiono cuando lo vio a su lado, tomándola del brazo con delicadeza para que se apoyara en él al momento de ponerse de pie. Y aunque solo fue un contacto inocente entre ambos, Elizabeth no pudo evitar sonrojarse por las atenciones recibidas.
― ¿Se lastimo? ―le pregunto Fitzwilliam caminando con ella hacia a un lado del camino. Sorprendiéndose de que la misma joven que había invadido su mente durante los últimos días, apareciera de la nada frente su caballo.
― Al parecer que no. ―le contesto Lizzie, sin embargo dejo escapar una mueca de dolor al sentarse cuidadosamente en una piedra lo suficientemente alta para ella, pudiendo sentir una pequeña punzada de dolor en su pierna izquierda― Discúlpeme Señor Darcy, no estaba prestando atención mientras caminaba.
― No se disculpe, yo comparto la culpa por lo sucedido. ―le explico Fitzwilliam al observar una expresión de aflicción en el rostro la joven― ¿Me permite llevarla a su casa?, tengo entendido que no está muy lejos de aquí.
Y aunque ofrecerse para llevarla de nuevo a Longbourn era seguramente una de los dictados de educación en un caballero cuando casi arroyaba a una dama, Elizabeth no pudo evitar sorprenderse por su actual ofrecimiento. Había imaginado que el Señor Darcy mostrara indiferencia por su salud, al contrario de la cortesía que le estaba dedicando en estos momentos.
― Es muy amable de su parte, pero como le dije anteriormente me encuentro perfectamente. ―le explico Lizzie negándose rotundamente a su propuesta― Solo necesito descansar un poco.
― ¿Esta segura? ―le cuestiono él, percatándose que aun la tenía agarrada del brazo, deshaciendo el contacto entre ambos al notar como la joven lo miraba con extrañeza.
―Así es, no tiene por qué preocuparse por mí ―le respondió Elizabeth, desconcentrada del repentino cambio de actitud del Señor Darcy. Ya que en las dos veces que lo había visto, el caballero siempre se había comportado distante con ella; sin embargo, encontrárselo a solas, en un lugar levemente privado pudo ver una conducta totalmente diferente en él.
Por su parte Fitzwilliam no se movió de su lugar, y solo se dispuso a observarla durante algunos minutos. Formándose un incomodó silencio entre ambos, al menos fue lo que sintió Elizabeth, ya que parecía que el caballero estaba más gusto sin decir palabra alguna.
― No sé si es un atrevimiento de mi parte, ―le dijo finalmente él, utilizando esa voz seria y poco expresiva que siempre lo caracterizaba― pero me gustaría saber qué es lo que siente por Bingley.
― ¿Como dice? ―Elizabeth lo observa confundida durante algunos segundos. Aunque no se extrañó por su cuestionamiento, ya que todos en Hertfordshire suponían, por las contantes afirmaciones de su madre, que entre ella y el Señor Bingley había algo, aun cuando ambos afectados solo habían bailado un par de veces y tenido algunas conversaciones amenas en los dos bailes en los que habían coincidido.
― Los he visto a ambos, ―le explico él ― y Bingley me ha dicho que es una dama encantadora y muy agradable, sin embargo…
― ¿Sin embargo? ―le pregunto ella segundo después, cambiando su expresión de sorpresa por una de completa curiosidad.
― Estoy seguro que Bingley no está enamorada de usted ―le respondió Darcy sin miramientos, declarándole lo que él pensaba del asunto.
Los había observado durante el tiempo suficiente para ver que Charles no se había enamorado de la Señorita Elizabeth, además de que sus personalidades eran demasiado diferentes como para pensar en un matrimonio entre ellos. Y aunque Fitzwilliam Darcy nunca lo reconocería abiertamente, había sentido una extraña mezcla de celos e inquietud al verlos bailar la noche que la conoció. Sin poder negarse a sí mismo que se sentía atraído por Elizabeth Bennet, no obstante, sus obligaciones ante la sociedad y los prejuicios por el origen de la dama lo retenían en declarar su creciente inclinación por ella.
― ¿Esta seguro? ―le pregunto Lizzie con voz firme y una ceja levantada― ¿Y cómo es que esta tan convencido de los sentimientos del Señor Bingley?
― No quiero ofenderla, solo trato de ayudarla diciéndole la verdad ―le declaro él, esperando que su comentario no la insultara de tal manera que lo viera como un enemigo en el futuro.
― ¿Y piensa que me está ayudando por decirme que su amigo no está enamorado de mí? ―le cuestiono Lizzie, obteniendo únicamente una afirmación de cabeza por parte del caballero mientras le dedicaba una mirada inquieta― No se mortifique por mí, Señor Darcy, no estoy interesada en el Señor Bingley.
― ¿No? ―Darcy se mostró sorprendido ante su declaración, mientras observaba como la dama frente a él lo miraba con una sonrisa traviesa en el rostro, tragándose sus palabras de consuelo que le iba a brindarle por arruinar sus esperanzas de matrimonio con Charles.
Fitzwilliam la contemplo durante bastante tiempo con una expresión contrariada, mientras los labios de ella seguían dedicándole una encantadora sonrisa y sus ojos lo miraban de manera risueña. "¿Acaso ella se estaba entreteniendo de su confusión momentánea?"; se dijo mentalmente, si era así, extrañamente no le molestaba en absoluto.
― No, todo lo contrario ―agrego Lizzie después de unos momentos, al ver como el caballero se quedaba sin palabras por su inusual declaración.
― Entonces, ¿por qué ha estado aceptando los cumplidos y atenciones de Bingley durante los dos bailes pasados? ―se atrevió a preguntarle él, aun absorto en esos labios que no dejaban de sonreírle.
Hubo otro silencio entre ambos, mientras Elizabeth tenía una discusión mental si confiar o no en el caballero que se encontraba enfrente de ella. Porque no creía que el Señor Darcy jugara con los sentimientos de los demás, incluso había sido sincero al explicarle lo que pensaba del Señor Bingley; sin embargo, era todavía un descocido para ella, ya que era la primera conversación que sostenía con él.
― No pretendo conseguir un compromiso con el Señor Bingley, ―le contesto finalmente Elizabeth, dando otra pausa antes de continuar― lo que quiero es que él se comprometa en una de mis hermanas.
― ¿En una de sus hermanas? ―Fitzwilliam frunció el ceño ante la extraña declaración de la joven, buscando algo de lógica en lo que acaba de escuchar. Se había mortificado toda la semana pensando en un posible compromiso entre Charles y la Señorita Elizabeth, por lo que se molestó consigo mismo por su imaginación tan activa.
― En Jane. ―respondió Lizzie, provocando que el Señor Darcy frunciera más al ceño al escucharla ―Y no me mire así, sé que es algo ilógico pensar que el Señor Bingley se comprometa con mi hermana si ella ya está comprometida con alguien más.
― De hecho es toda una locura ―le declaro Darcy con sinceridad, aunque no pudo dejar de admirar la decisión de Elizabeth por ayudar a su hermana. Destensando todo su cuerpo al escuchar su descabellado plan, ahora que sus celos que había tenido en el pasado desaparecían por completo.
― Y no lo culpo por pensar así. ―le comento Lizzie alzando la cabeza para mirarlo a los ojos. Ella misma pensaba en ocasiones que era todo un disparate pensar en poder ayudar a su hermana en deshacer su compromiso con el Señor Collins; sin embargo, no podía quedarse de brazos cruzados cuando Jane estaba a punto de arruinar su vida– Pero sé que el Señor Bingley y mi hermana se enamoraron desde aquel baile en Meryton, tiene que creerme, yo los vi.
― ¿Y piensa decírselo a Bingley? ―le pregunto él, recordando como Charles le había declarado en algunas ocasiones que la mayor de las hermanas Bennet era una joven hermosa y encantadora; no obstante, su amigo sabía que era imposible tener algún tipo de relación con ella.
― No, ni siquiera mi hermana sabe lo que quiero hacer ―le contesto Elizabeth segundos después.
― ¿Y su plan es acercarse a Bingley para convencerlo de que está enamorado de su hermana?
― En teoría si, aunque debo admitir que aún no tengo nada planeado para convencerlo ―le explico Elizabeth, sintiéndose un poco tonta por su mal elaborado plan, y aún más por exponérselo al Señor Darcy, el cual seguramente en estos momentos estaría pensado que se había vuelto loca.
― Al parecer así es, y creo que al confesármelo no podre quedarme con los brazos cruzados ―el aclaro Fitzwilliam con solemnidad, provocando que Elizabeth lo observara sorprendida.
― ¿Se lo dirá al Señor Bingley? ―le cuestiono Lizzie aun incrédula. Ahora que el caballero sabía sobre su plan, podía echarlo todo a perder si decidía contárselo a alguien más.
Fitzwilliam permaneció en silencio durante algunos segundos más, sabía que era un plan descabellado, porque la Señorita Jane Bennet ya se encontraba comprometida, y tratar de deshacerlo solo provocaría habladurías y problemas para Charles, y seguramente también para la familia Bennet.
― Me temo que sí, Señorita Elizabeth. Ahora si me disculpa tengo que irme ―le respondió él terminando su conversación con ella, dando media vuelta para dirigirse a su caballo al comprobar que la joven se encontraba bien y que ya no lo necesitaba.
― No por favor, si se lo dice lo único que conseguirá es que el Señor Bingley se aleje más de mi hermana, ―le suplico Elizabeth, sin saber de dónde había sacado la fuerza y el valor suficiente para levantarse y tomarlo del brazo para evitar que diera un paso más― se lo ruego, no se lo diga aun.
Darcy se sorprendió por repentino el movimiento de la joven, percatándose de que estaban tan cerca uno del otro, por lo que pudo observar algo de súplica en su mirada. Y sin poder evitarlo su vista se dirigió nuevamente a sus labios, sintiendo un instantáneo deseo de querer probarlos. Y si no fuera porque estaban hablando de algo tan serio, había hecho un lado todos sus prejuicios y sus años de educación, y los había invadido sin reparo alguno.
― ¿Y que se supone que haga? ―le pregunto finalmente Fitzwilliam, aun confundido por la cercanía de ambos. Se había quedado tan concentrado en sus pensamientos que no se había dado cuenta que Elizabeth lo miraba de manera interrogante, esperando que decidiera que hacer.
― Deme algo de tiempo, si no funciona mi plan téngalo por seguro que yo lo misma se lo diré a los dos, ―le declaro Lizzie, tratando de convencerlo a toda costa para que guardara su secreto― y no le culpare de nada, yo seré la única responsable si algo sale mal.
Durante toda la explicación de Elizabeth, Fitzwilliam admiro la activa imaginación de la dama en elaborar tan singular plan, y también admiro su lealtad al querer ayudar a una de sus hermanas.
Sorprendiéndose instantes después de que una joven que apenas conocía pudiera ablandarlo de tal manera, que estaba convenciéndose a sí mismo para ayudarla.
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Hola, yo de nuevo por aquí, quise subir este capítulo lo más pronto posible ya que en él expongo la trama principal de la historia, la cual desarrolla una relación amistad/amor entre los protagonistas.
Espero sus opiniones sobre la idea general, ya que me gustaría ver si la estoy planteando bien (o si solo es otra loca idea de mi mente algo desequilibrada XD).
Quiero agradecer a Molita, Sam, Rianne Black y daniala amaral por su interés por la historia; les prometo que cada capítulo será mejor que el siguiente.
Sin nada más que decir me despido.
¡Saludos!
Atte. Elizabeth Mustang
