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-Quédate Conmigo-
Summary: Elizabeth Bennet trata de ayudar a su hermana de escapar de su compromiso con su pretensioso primo. Sin embargo, ¿acaso una mujer sin dinero puede elegir con quien casarse en pleno siglo XIX?... ¿y si durante su plan, consigue la ayuda de un singular cómplice?
Nota del Autor: Los personajes de Orgullo y Prejuicio no me pertenecen, solo hago esta historia con fines de entretenimiento.
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- Capítulo 22. Todo lo que tú eres -
Ella se despertó abruptamente tras escuchar los gruñidos de dolor provenientes de su marido, el cual se quejaba entre sueños por el dolor y la fiebre que le ocasionaba la profunda herida en su pecho.
Elizabeth rápidamente abandono su lugar en el sillón junto a la cama y fue a su lado para limpiar cuidadosamente el sudor que se había formado en su frente; al mismo tiempo, las mejillas de ella comenzaron a humedecerse poco a poco por sus lágrimas.
Y mientras que trataba inútilmente de contrarrestar la consistente fiebre en él, de alguna manera Elizabeth se dio cuenta de que realmente no conocía tan bien al hombre con el que se había casado.
Ella sabía que los padres de Fitzwilliam habían muerto varios años atrás, y que él había cuidado a su hermana menor desde entonces. También sabía que tenía una buena reputación como uno de los hombres más ricos e importantes del norte de Inglaterra.
Ella había contemplado durante horas sus fascinantes ojos azules, y había descubierto tras casarse con él una cicatriz en su pecho, originada en su adolescencia por un accidente al caerse del caballo. También descubrió que roncaba mientras dormía, aunque no muy fuerte, e incluso lo había escuchado murmurar su nombre entre sueños en varias ocasiones.
Elizabeth sabía que era un excelente hombre y esposo, tan apasionado y tierno con ella; aunque veces podía apreciar su lado más taciturno y orgulloso.
Pero además de que ella sabía que él la amaba y que adoraba a su pequeña hermana, era toda la información que tenía sobre Fitzwilliam Darcy, el hombre del cual estaba profundamente enamorada y que ahora agonizaba frente a ella.
Y aun con los meses que llevaba conociéndolo íntimamente era todo un gran misterio para ella, como un rompecabezas sin terminar; lo fue en la primera vez que lo vio en aquel baile en Meryton, lo había sido durante su corto noviazgo en Hertfordshire, y ahora lo seguía siendo en su breve luna de miel en Londres.
Los quejidos de dolor perdidos entre el mal sueño de su marido regresaron finalmente a Elizabeth a la realidad, tomándole solo unos instantes antes de que pudiera sentir como su corazón se rompía nuevamente al verlo de esa manera y no poder hacer nada para ayudarlo.
Con mucho cuidado logro acostaste a su lado, percibiendo como su cuerpo se encontraba hirviendo por la fiebre. Tomo su mano y la envolvió entre la suya antes que el cansancio la venciera y se sumergiera por completo en un intranquilo sueño.
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Elizabeth perdió la noción del tiempo de cuanto había permanecido dormida sobre la cama antes de que pudiera sentirlo moverse a su lado, notando como él apretaba suavemente su mano contra la suya.
Sin embargo, pasaron un par de segundos más hasta que ella al fin se dio cuenta de que él había despertado, y de que ahora estaba mirándola fijamente desde el otro lado de la cama.
― Fitzwilliam, ¿Te sientes bien? ―le cuestiono Elizabeth de manera automática al verlo, aun con el desconcierto invadiendo su rostro.
Él simplemente asintió con la cabeza en modo de respuesta, manteniendo en todo momento el ceño fruncido en su frente.
― Has estado llorando por mi culpa ―le aseguro él con voz ronca tras unos segundos en silencio, sin retirar la mirada de su esposa.
Elizabeth no pudo dejar de sentirse sorprendida al escuchar su observación. Era cierto, ella había estado llorado todo este tiempo por él; pero no había notado que Fitzwilliam estuviera consiente para darse cuenta de ello.
Después de otro corto silencio entre ambos, Darcy finalmente se incorporó, dejando escapar un leve gruñido de dolor por el esfuerzo, resintiendo en sus músculos los días que ha permanecido postrado en cama.
― Elizabeth ―él pronuncio su nombre entre una cortante respiración, mientras que su frente se arrugaba levemente al tratar de descifrar los pensamientos de su esposa en estos momentos― espero que puedas perdonarme, sé que debes estar enojada conmigo por lo que hice; sin embargo, nunca fue mi intención preocuparte de esta manera.
Elizabeth lo observo detenidamente tras escuchar su solemne disculpa, tratando de controlar el ligero temblor que amenazaba por invadir su voz; al mismo tiempo que contenía las lágrimas que comenzaban a salir de sus ojos.
― ¡Casi mueres ese día!, ¿Acaso te molestaste en pensar en lo que pasaría con Georgiana y conmigo si hubieras muerto? Hubiera preferido cualquier otra solución para el problema de Lydia, que el de que te enfrentaras en duelo con el Teniente Wickham y perderte a ti para siempre ―ella le reprocho con dureza, sintiendo como al final las lágrimas abandonaron sus ojos, mientras sacaba todo el enojo y el temor que había estado guardando desde el día que lo había visto entrar por la puerta mal herido.
― Se lo que sientes, pero ahora estoy contigo nuevamente, y te prometo no volver alejarme de tu lado. ¿Me crees verdad?
Elizabeth asintió en silencio por sus palabras, mordiéndose el labio inferior en el proceso; mientras que el sentimiento de alivio por saber de qué él se encontraba bien y de que se quedaría a su lado lentamente empezaba a eliminar el miedo y la angustia de su mente.
Y a pesar que la decepción seguía visible en su mirada, Elizabeth finalmente levanto la vista y le dedico una pequeña sonrisa, en un intento de esconder la tristeza que aún se alojada adentro de ella.
Y después de tomar una respiración inestable, Elizabeth dejo escapar lentamente el aire de sus pulmones antes de volver a hablar― Yo sé que todo esto fue un martirio por culpa de mi hermana Lydia, y que tu estas aquí ahora conmigo, pero realmente tuve miedo de perderte, yo no sabía si tu…
― Ven aquí ―Darcy la interrumpió con una sutil sonrisa dibujada en los labios, tomando su mano y tirando de ella nuevamente hacia la cama.
Elizabeth vacilo ante su petición, con los recuerdos de su esposo mal herido y al borde de la muerte aun latentes en su memoria, los cuales le impedían tranquilizarse en estos momentos.
― Por favor. ―él le solicito en voz baja, moviendo suavemente su pulgar sobre el dorso de su mano― Desde ahora siempre estaré contigo, te lo prometo.
Luego de otro corto silencio entre ambos, Elizabeth finalmente tomo asiento a un lado de la cama, relajándose cuando los brazos de su marido poco a poco se posaron alrededor de su cintura, sintiendo como la calidez de su piel traspasa por la fina tela de su vestido.
― Lo siento ―le dijo él mientras que su respiración se perdía entre su largo cabello, provocándole a ella un suave cosquilleo por todo su cuerpo.
― No estoy enojada contigo ―admitió ella segundos después, mientras que seguía protegida entre sus brazos― solo que tuve miedo todo este tiempo… miedo de perderte, de verte tan mal herido y no poder hacer nada para ayudarte.
― Lo sé, y lo siento por eso ―Fitzwilliam se disculpó manteniendo su voz suave, moviendo su mano delicadamente por todo su cuerpo, en un intento de tranquilarla.
― Me tenías preocupada, a ambas ―le comento Elizabeth cuando otra ola residual de ansiedad invadió nuevamente su pecho― Georgiana ha estado preguntando por ti todos los días, temimos que no despertaras después de que el doctor sacara la bala de tu pecho y la fiebre apareció.
Tras escuchar sus palabras, Darcy se alejó lo suficiente de ella para mirarla a los ojos, guiando su mano a su mejilla, acariciándola en el proceso― Estoy bien, y nada malo va ocurrirme. Ahora, necesito que tu estés bien también.
Elizabeth vaciló por segunda ocasión, pero finalmente asintió y se deslizo de nueva cuenta en sus brazos, acurrucándose con cuidado de no lastimar las heridas que todavía estaban presentes en él.
― Gracias ―le murmuro Fitzwilliam instantes después, provocando en ella un nuevo cosquilleo cuando deposito un suave beso en la parte posterior de su cuello.
― ¿Por qué? ―Elizabeth le pregunto confundida, sin poder evitar sentirse persuadida por sus contantes caricias.
― Por cuidar de mi todo este tiempo ―le respondió Fitzwilliam pasando sus dedos por su brazo hasta encontrar su mano, uniéndola nuevamente con la suya― y por no odiarme por no cumplir mi promesa de quedarme contigo.
― Tienes suerte de que no sea una esposa rencorosa y vengativa. Ahora vamos… ―Elizabeth le sugirió con energías renovadas, sin embargo, se quedó callada por unos instantes, tratando de encontrar las palabras adecuadas para terminar su frase― iré a buscar a la ama de llaves, de seguro debes tener hambre luego de cuatro días inconsciente. ¡Y Georgiana, de seguro se pondrá feliz al saber que por fin despertaste!
Fitzwilliam sonrió levemente ante el contagioso entusiasmo de su esposa, y sabía, solo por aquel afecto en su mirada, que Elizabeth se merecía todo lo que él podía darle.
―Elizabeth, yo…
― Esta bien Fitzwilliam, no tienes que hacerlo ― le interrumpió ella con voz suave, ofreciéndole una cálida sonrisa que sin duda él no se merecía en estos momentos.
― No, no lo está, aún tengo que ganarme tu perdón. Yo solo quería protegerte, verte feliz.
La verdad invadió su mente cuando Fitzwilliam dijo aquellas palabras. Ahora, todo salía a la luz ante sus ojos. Era su constante incapacidad, y su evidente necesidad de hacer a Elizabeth feliz. Él había estado dispuesto a dar su vida por ella, solo para impresionarla, con la única ilusión en su mente de hacer aparecer su encantadora sonrisa nuevamente en sus labios y verla feliz.
Una suave risa sorprendió sus oídos instantes después.
Él miro hacia arriba y para su sorpresa pudo contemplar como una juguetona mirada empezaba a surgir en ella.
― Se lo que estás pensando y no tienes que disculparte conmigo. Tu arriesgaste tu vida por proteger a mi familia y a mí; y sabes, eso ha sido lo más extraordinario que alguien ha hecho por mí.
Elizabeth le agradeció con una sutil, pero a la vez alegre sonrisa, y por lo tanto feliz, siendo todo lo que él quería que ella fuera.
Instintivamente, Fitzwilliam paso la lengua por sus labios, queriendo desesperadamente inclinarse hacia adelante y poder besarla nuevamente.
Sin embargo, Elizabeth tuvo la misma idea que él.
El aliento de Fitzwilliam se congelo por un instante cuando los cálidos labios de ella se encontraron con los suyos. Y por un segundo, él se olvidó de cerrar los ojos, sintiendo como aquel insistente hormigueo en sus labios lo invadía de nuevo.
Para Elizabeth, poder besarlo era algo tan normal desde hace unas semanas; y sin embargo, ella necesitaba lo normal en su vida en estos momentos. Necesitaba saber que no estaba sola, porque cuando él se encontraba a su lado, ella podía hacer cualquier cosa. Y ahora podrían hacerlo juntos.
― Puedes dormir en la cama conmigo esta noche ―él le sugirió cuando ambos se separaron, regalándole esa cautivante sonrisa que a ella tanto le encantaba― estoy seguro que un sillón no es un buen lugar para dormir para una dama.
Elizabeth se río por segunda ocasión, mientras que su nariz rozaba suavemente contra la suya― Gracias ―ella le murmuro con un toque de felicidad en su voz― por todo.
Fitzwilliam sonrío, dándose cuenta de que no le era difícil respirar cuando ella estaba a su lado― Siempre.
En ese momento él lo sabía, él está destinado a vivir para ella.
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¡Hola! Ha pasado mucho tiempo desde mi última actualización, así que, si alguien sigue por aquí leyendo mi historia, es un placer para mi continuar subiendo capítulos. Tuve un muy ocupado semestre en la universidad y hasta ahorita pude seguir escribiendo, y espero poder actualizar otra vez este mes.
Ahora, quiero agradecer a todos los que leyeron mi historia en estos últimos meses y la agregaron a sus favorites y/o follows: Hannah Reeven, Rosalie BittersweetCullen, alexiel21, carlyslove, joce cullen-swan, uzumaki-suki, yiyukimo-ak y giannin, muchas gracias a todos por leer.
Y a los que muy amablemente me dejaron su comentario del capítulo anterior, muchas gracias, saber que alguien del otro lado de la pantalla le gusta esta historia es muy gratificante para mí. Disculpen mis cortas contestaciones esta vez, no tuve tiempo de contestar como es debido:
Cullen-21-gladys: Gracias por seguir comentando, la verdad extrañe estar por aquí y seguir escribiendo. Espero que la historia te sigua gustando, te mando un fuerte abrazo.
Molita: Gracias nuevamente por seguir la historia, sé que puse en una situación difícil a nuestro Mr. Darcy en el capítulo anterior, pero ahora las cosas empiezan a mejorar, te mando un fuerte abrazo de oso.
Elip: Me alegra que te animaras a comentar esta historia, aquí está el siguiente capítulo, espero que te guste. Te mando un abrazo hasta donde te encuentres.
Conxa: Muchas gracias por comentar, me alegra saber que esta historia te gustara, y espero que te sigua gustando. Te mando un fuerte abrazo hasta donde te encuentres.
Trini: Gracias por seguir comentando en cada capítulo, siempre me ha gustado leer tu opinión de la historia; y contestando tu pregunta, yo soy del norte de México, justo aun lado de EUA, y aquí el frio ya está haciéndonos sufrir. Te mando un fuerte abrazo.
Sin nada más que decir me despido.
¡Saludos!
Atte. Elizabeth Mustang
