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-Quédate Conmigo-

Summary: Elizabeth Bennet trata de ayudar a su hermana de escapar de su compromiso con su pretensioso primo. Sin embargo, ¿acaso una mujer sin dinero puede elegir con quien casarse en pleno siglo XIX?... ¿y si durante su plan, consigue la ayuda de un singular cómplice?

Nota del Autor: Los personajes de Orgullo y Prejuicio no me pertenecen, solo hago esta historia con fines de entretenimiento.


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- Capítulo 23. Casarse con Ella-

Él se obligó a no mover los ojos de los botones de su chaleco azul a medio poner, mientras que su atención era atraída constantemente hacia el elegante peinador que se encontraba del otro lado de la habitación.

Pero aun cuando sus manos se entretenían terminando de abotonar su chaleco, Darcy no pudo evitar dirigir su mirada hacia la hermosa mujer que se encontraba de espaldas frente a él. Percatándose de como la luz que entraba por la ventada le acariciaba el cabello maravillosamente, resaltando cada uno de sus cálidos matices, a la par que iluminaba los delicados mechones que furtivamente escapaban de su peinado.

Fitzwilliam había visto a Elizabeth de esta manera en incontables ocasiones en el pasado, con el cabello suelto y provocativamente largo, mientras que su angelical mirada se posaba en el espejo frente a ella, aplicando solo el maquillaje necesario sobre sus seductores labios. A él le gustaba verla así por horas, perdido por completo en ella en un ambiente íntimo y personal.

Sin embargo, luego de unos instantes noto como los ojos de Elizabeth se posaron sobre él a través del espejo, provocando que sus miradas se encontraran, y él se fascino en silencio cuando ella modificó la expresión en sus ojos, iluminados por una misteriosa perspicacia femenina, entrecerrándolos para estudiarlo con curiosidad. Y por un instante, la respuesta a mil preguntas reposo en las profundidades de aquellos encantadores ojos color café, y él sintió que se moría por hacer cada una de ellas.

― ¿Qué se supone que haces al verme de esa manera? ―le cuestiono finalmente ella, enarcando ligeramente una de sus cejas.

―Estaba meditando, por segunda ocasión, sobre el gran placer que pueden causar un par de ojos bonitos en el rostro de una mujer hermosa ―Darcy le respondió tras unos segundos en silencio, sin retirar la mirada de ella.

Y ante su singular respuesta, su joven esposa enarco aún más su ceja, con aquel gesto tan provocador que lo había cautivado desde el principio; observando después como una chispa divertida iluminaba por completo su rostro.

Darcy trago saliva tras otra inspección minuciosa a su esposa, tratando en vano de calmar las palpitaciones en su sangre a través de su cuerpo al verla dedicarle esa cautivante mirada.

― ¿Así que no es la primera vez que lo piensa? ―Elizabeth le cuestiono manteniendo ese peligroso brillo en sus ojos― me pregunto, ¿quién será la dueña de aquellos ojos que lograron eclipsarlo en el pasado?

Una sutil pero galante sonrisa apareció en los labios de él al escucharla, mientras que la provocación de sus encantadores rasgos hizo que la presión en su pecho amenazara con estallar de fascinación, reconociendo que había echado de menos ese lado desafiante e impredecible que Elizabeth poseía.

Sintiendo como aquella sensación de embriaguez que había sentido al conocerla poco a poco volvía a invadirlo.

― Una vez tuve el placer de conocer a una encantadora dama en un baile. ―le comento él― Y aun cuando a primera vista parecía ser una joven común como todas las demás en aquella velada, ella era la mujer con los ojos más brillantes y hermosos que jamás había conocido en mi vida.

Tras sus palabras, Darcy pudo sentir como la aparición de una ligera curvatura de los labios de Elizabeth logro seducirlo por completo, aturdiendo todos sus sentidos; y durante ese eterno segundo, él no pudo hacer otra cosa que esperar la siguiente reacción en ella.

― Oh, solo espero que su orgullo y su lado taciturno no haya creado en ella una primera impresión errónea de usted ―le comento Elizabeth, retirando la vista del espejo frente ella para observarlo directamente, con una dulce y deleitante chispa de desafío en su mirada.

― Tal parece que ella era inmune a mi lado taciturno y orgulloso, porque a los pocos días de conocerla tuvo la confianza de contarme su inusual y prejuicioso plan de emparejar a su hermana, ya comprometida, con el nuevo soltero de Hertfordshire.

― Debe ser una joven muy fraternal al querer ayudar así a su hermana. Espero que usted haya conseguido algo más que solo su amistad ―se apresuró a intervenir Elizabeth, provocando que Darcy la mirara con cierta curiosidad― es más, espero que se haya casado con ella en cuanto tuvo la oportunidad de hacerlo, ―continúo diciendo con voz decidida― no cualquiera tiene el buen sentido común de detener un compromiso, que, aunque ventajoso, no contaba ni con una pizca de amor entre los novios.

Durante el tiempo en que Elizabeth hablo Fitzwilliam se mantuvo inmóvil, completamente maravillado por la perspicacia de sus palabras; lo cual le dio entender que cualquier intento por controlar su corazón sería una inútil pretensión, y que ya no podía reprimir por más tiempo la sonrisa que se extendía por todo su rostro, así como tampoco le negaría a ella el derecho de poder recibirla.

― ¿De verdad lo crees, pequeña impertinente?

Él le cuestiono cuando finalmente elimino la distancia entre ellos, colocando sus manos en su cintura para alzarla hasta situar su cara a la misma altura que la suya; sabiendo que su único deseo en estos momentos era poseer todo en ella, por lo que no se reprimió de posar los labios sobre los suyos a la primera oportunidad que tuvo, robándole fugaz y tierno beso.

― ¡Bájame Fitzwilliam, vas a lastimarte! ―Elizabeth se quejó cuando el corto beso entre ellos termino, mientras que la risa que había estado tratando de contener todo este tiempo con un encantador puchero estallo finalmente en dulces cascadas de pura felicidad, provocando que Darcy sintiera como su corazón empezaba a latir con mayor fuerza.

Y fue en ese momento en donde él se dio cuenta… Ella era la Elizabeth de aquel modesto baile en Meryton, con esa sonrisa enigmática y una mirada misteriosamente hechizante, ella era la Elizabeth del baile en Netherfield, con aquellos encantadores rizos indomables sobre su cabeza y un brillo atrevido e intrépido en su mirada; era la bella Elizabeth del día de su boda, cuyos ojos le demostraban todo su afecto y su sonrisa su inmensa felicidad.

Ella era la Elizabeth que inexplicablemente no podía dejar de amar, aunque su vida dependiera de ello.

―Tenemos que bajar, mis padres están esperando hablar contigo desde más hace veinte minutos ―le recordó Elizabeth instantes después, mientras que aún se encontraba entre sus brazos.

Dejando escapar un gran suspiro de decepción, Fitzwilliam dejo a su esposa de nuevo en el suelo, recordando que había prometido a los Señores Bennet tener una audiencia cuando él se recuperada de su herida en su pecho, con el fin de determinar el futuro de su hija menor.

― Bien, vamos. Sin embargo, estoy decidido de continuar en donde nos quedamos cuando regresemos a nuestra habitación.

Tras su promesa, ambos finalmente abandonaron la alcoba y caminaron con rumbo a la sala situada en la planta inferior de su casa en Londres, donde el matrimonio Bennet los esperaban pacientemente.

― Buenos días Señor Darcy, es bueno verle de nuevo de pie ―el Señor Bennet le saludo desde uno de los mullidos sillones con una expresión serena en la cara, aunque Fitzwilliam pudo observar perfectamente la ligera inquietud instalada en su mirada.

― Es un placer verlo también, Señor Bennet ―Darcy le contesto con una cordial reverencia de cabeza, dirigiendo luego su atención a su suegra― Señora Bennet, espero que sus hijas y usted se encuentre bien.

― Tan bien como uno puede estar ante las circunstancias, Señor Darcy.

Fitzwilliam se quedó mirándola visiblemente turbado, incapaz de creer que él fuera el destinatario de los insoportables modales y de la abierta antipatía de aquella mujer. Su mirada volvió después hacia su esposa, percatándose como una expresión de mortificación apreciaría poco a poco en su rostro.

― Señor Darcy, aunque para mí es un placer visitar a mi hija, y saber que su salud ha mejorado, creo que sabe a qué se debe nuestra visita esta mañana ―le comento el Señor Bennet, rompiendo el denso silencio que se había instalado en la sala.

― Lo sé perfectamente, de hecho, Elizabeth y yo estuvimos pensado en una posible solución para su hija menor ―le explico Darcy, ignorando la mirada huraña que le dedicaba su suegra, la cual muy seguramente aun no lo había perdonado por su resiente duelo con George Wickham.

― Si usted tiene en mente un plan para ayudar a mi impetuosa hija, soy todo oídos Señor Darcy ―le comento el Señor Bennet, recostándose contra el respaldo del sillón mientras esperaba escuchar la idea de su yerno.

― Ambos creemos que para la Señorita Lydia Bennet lo mejor sería estar un tiempo alejada de las especulaciones y de los rumores, ―Fitzwilliam hizo una pequeña pausa, buscando las palabras más adecuadas para persuadir a sus suegros― ella puede disfrutar de la distracción y de una buena educación que un internado al norte del país puede ofrecerle…

― ¿Acaba de sugerir mandar a mi pequeña Lydia a un internado lejos de su familia? ―le cuestiono rápidamente la Señora Bennet, interrumpiéndolo.

―Tranquila querida, el Señor Darcy solo quiere ayudarnos.

― ¿Ayudarnos, mandando a nuestra Lydia a un horrible internado? ―exclamó la Señora Bennet de manera estridente ante las palabras de su marido, visiblemente ofendida― ¡Lydia no necesita estar recluida en escuela para señoritas, lo que necesita es un marido, y entre más rápido mejor!

Darcy sintió como todos los músculos de su espalda empezaban a tensarse cuando escucho el escueto argumento de su suegra.

―Madre por favor cálmate, lo mejor para Lydia en estos momentos es estar alejada de todos los rumores y calumnias en su contra ―le explico pacientemente Elizabeth, en un intento de tranquilizarla.

― ¿Acaso soy la única en esta sala que se da cuenta que Lydia ha perdido la oportunidad de casarse con un caballero respetable? ―espeto la Señora Bennet con un tono de voz alterado― aun cuando dos de sus hermanas mayores estén casadas con hombres acaudalados, será difícil para Lydia encontrar a alguien que quiera casarse con ella después del gran escándalo de su fuga y del duelo.

Darcy contuvo el punzante desaire que amenazaba por salir de sus labios, tomando la mano de su esposa para ayudarse a mantener el control.

― Es difícil pero no imposible, madre ―le aseguro Elizabeth. Su voz sonó, al principio, un poco insegura, pero se fue normalizando a medida que siguió hablando― la gente olvida pronto, seguramente en algunos meses el escándalo sobre la fuga de Lydia con el Teniente Wickham será mínimo, y con algo de suerte podrá encontrar en el futuro algún caballero que realmente la quiera y desee casarse con ella.

― No estoy de acuerdo, debe de haber otra solución que la de abandonar a Lydia en un internado y perder la única oportunidad de casarla como es debido.

― ¿Y qué propones querida?, tu misma lo has dicho, Lydia no tiene oportunidad de casarse con un caballero decente aun con la ayuda de sus hermanas ―fue el Señor Bennet el que intervino para llenar el silencio que se produjo nuevamente en la habitación ante la constante negativa de su esposa.

― He escuchado por parte de mi hermano que el Teniente Wickham aun quiere casarse con Lydia. ―les explico rápidamente la Señora Bennet, provocando que todos en la habitación la vieran como si hubiera perdido la cabeza― El Teniente Wickham está dispuesto a casarse con nuestra hija si nosotros aceptamos todas sus condiciones.

Darcy se sintió tan contrariado y enfadado al escuchar la absurda solución de su suegra que pudo percibir perfectamente como la sangre comenzaba a hervirle de ira, deseando haber acabado con la vida de Wikcham en aquel duelo, y no solo haberlo dejado lisiado con un brazo inutilizable y el orgullo herido.

Aun sin poder decir nada, Darcy se giró para ver a su esposa, encontrarse con los ojos atemorizados de ella, prefiriendo mil veces sentir ese medio que verlo en su rostro.

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Antes que nada, ¡Feliz navidad adelantada a todos! :D

Espero no haber tardado mucho esta vez, aunque aún estoy de vacaciones, siempre hay cosas que hacer. Y si, aun no nos deshacemos completamente de nuestro "querido" Teniente Wickham, así que esperen un poco más de él y de Lydia en los siguientes capítulos.

Quiero agradecer a los que esta vez pusieron esta historia en sus favorites y/o Follows, muchas gracias a todos por leer: Forever MK NH, Nina69 y hadelqui 1.

Y a los que me dejaron un comentario en el capítulo anterior, les agradezco enormemente, siempre son sus palabras las que me animan a seguir escribiendo esta historia:

Hadelqui1: ¡Hola!, gracias por comentar, me alegra saber que el capítulo anterior te gusto. A mí también me encanta el dramatismo en las historias, aunque la vena romántica siempre termina por ganarme. Espero que la historia te siga interesando como está ahora, te mando un fuerte abrazo.

LeCielVAN: Hola Vane, gracias por venir a comentar ;). Me alegra que te gustaran los capítulos anteriores, y con respecto a tu pregunta sobre Wickham y Lydia, creo que aun tendremos más de ellos en los siguientes capítulos. Te mando un fuerte abrazo.

Nina69: Hola, gracias por animarte a comentar, me alegra saber que te guste esta historia. Estoy tratando de subir los capítulos lo más pronto posible, así que espero que siguas disfrutando de la historia. Te mando un fuerte abrazo hasta donde te encuentres.

Forever MK NH: Muchas gracias por leer y comentar, espero que hayas disfrutando de las horas que duraste leyendo esta historia. Yo también me enamore de la película, sobre todo del actor que interpreta a Mr. Darcy. Espero que la historia te sigua gustando, te mando un fuerte abrazo.

Molita: Nuevamente te agradezco el que te tomes un poco de tu tiempo para comentar, sé que he tardado demasiado en subir el capítulo anterior, y espero poder seguir subiendo capítulos regularmente. Espero que este capítulo también sea de tu agrado, y claro no puede faltar el ya tradicional abrazo de oso ;)

Lizzie Darcy Daae: Hola de nuevo, me alegra que los capítulos anteriores te gustaran, la verdad es que el drama no es mi fuerte, así que me alegra haberlo hecho bien. Y aunque tarde a veces en actualizar tenlo por seguro que seguiré con esta historia. Te mando un fuerte abrazo desde el norte de México.

Sin nada más que decir me despido.

¡Saludos!

Atte. Elizabeth Mustang