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-Quédate Conmigo-

Summary: Elizabeth Bennet trata de ayudar a su hermana de escapar de su compromiso con su pretensioso primo. Sin embargo, ¿acaso una mujer sin dinero puede elegir con quien casarse en pleno siglo XIX?... ¿y si durante su plan, consigue la ayuda de un singular cómplice?

Nota del Autor: Los personajes de Orgullo y Prejuicio no me pertenecen, solo hago esta historia con fines de entretenimiento.


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-Capítulo 24. Perfecta-

Después de leer por tercera vez la carta de su hermana, Elizabeth finalmente la guardo entre las delicadas páginas de su nuevo libro de poesía.

Al parecer Jane estaba disfrutando su viaje de luna de miel por Europa, ella y Charles ya habían recorrido parte de España y Francia; y ahora ambos esperaban visitar sin contratiempos el norte de Irlanda antes de emprender el viaje de regreso a Inglaterra.

Su padre había sugerido no comentarle nada a Jane sobre la repentina fuga de Lydia y del duelo entre Darcy y Wickham hasta que estuviera de vuelta, con el fin de no arruinar su viaje con malas noticias; decisión que Elizabeth apoyo desde un inicio. Su hermana mayor no merecía ser angustiada por las tonterías de Lydia, además ya casi todo estaba resuelto, solo faltaba decidir que hacer con el encaprichamiento por el Teniente Wickham de su hermana menor. Dilema que le recordó como hace una semana su madre había propuesto la imprudente idea de aceptar las condiciones de Wickham para que se casara con Lydia; propuesta que provoco la ira y la indignación de Fitzwilliam.

Decir que su marido no se llevaba bien con su madre era poco, la creciente intolerancia entre ambos era evidente para toda la familia, más ahora que Fitzwilliam había decidido no ayudar con los planes de su madre de desposar a Lydia con Wickham; decisión que ponía a Elizabeth entre la espada y la pared.

Ella no había estado de acuerdo con el plan de su madre, ya que era insensato pagarle al Teniente Wickham para que se casara con Lydia después del duelo; pero tampoco había estado de acuerdo con la forma irracional de actuar de su marido, el cual se había negado rotundamente a buscar una solución más imparcial que la de mandar a Lydia a un internado y Wickham a la cárcel.

Y tras ese día, Fitzwilliam había comenzado a ser más taciturno y reservado con ella, pasando la mayor parte del tiempo fuera de casa; mientras que Elizabeth se pasaba los días en compañía de Georgiana, o con sus hermanas Mary y Katty, que se quedaban con sus tíos en Londres.

Elizabeth solo esperaba que Fitzwilliam no estuviera arrepentido por haberse casado con ella después de la discusión de ese día. Ella sabía perfectamente que no era una dama refinaba ni delicada, y estaba claro que nunca podría hacerlo con su carácter fuerte y osado, y aun así, él le había dado su apellido y compartido su hogar al casarse con ella.

Ahora, su único temor era que, si los problemas entre su marido y su familia continuaban como hasta ahora, le impediría a ella volver a la tranquilidad y felicidad del pasado que tanto anhelaba recuperar.

Tras unos minutos sumergida en sus pensamientos, el silencio del despacho donde se encontrada fue interrumpido por el sonido de la puerta abriéndose, topándose con los ojos azules de su marido cuando dirigió su mirada hacia la entrada.

—¿Cómo estuvo tu día? —ella le saludo con una tenue sonrisa en los labios al verlo entrar, esperando no parecer tan turbada por los pensamientos que habían estado invadiendo su mente momentos atrás.

— Bien, ¿y el tuyo? —le pregunto él con seriedad, pasando enfrente a ella para llegar a su enorme escritorio, donde le dio la espalda y empezó a buscar entre sus papeles.

— Bastante bien, hoy recibí una carta de Jane, —Elizabeth le respondió rápidamente, esperando mantener la conversación con su marido por un poco más tiempo— tal parece que ella y Charles están disfrutando mucho su viaje por Europa.

— Ya lo creo, también recibí una carta por parte de Bingley esta tarde. —Darcy hizo una pausa tras su comentario, entreteniéndose con los papeles que había empezado a leer antes de continuar— ¿Dónde está Georgiana?

— En su habitación, estuvimos practicando con el piano durante toda la tarde. Me pidió que la disculpara contigo por no esperarte para cenar, estaba algo cansada y prefirió retirarse temprano para descansar —le explico Lizzie cerrando el libro que se encontraba en su regazo mientras permanecía sentada en uno de los sillones de la estancia. Recibiendo segundos después solo un movimiento de cabeza como respuesta a su comentario por parte de su marido.

— Sé que estas muy ocupado en estos momentos, pero creo que debo disculparme contigo.

Lizzie le confeso luego de algunos segundos en silencio, mordiéndose ligeramente el labio inferior en el proceso.

Al escucharla, Fitzwilliam finalmente se giró para verla, dejando entrever su confusión por las repentinas palabras de su esposa.

—Quiero disculparme por todos los problemas que te hemos causado en las últimas semanas. Si no fuera por los contratiempos que ha provocado mi familia, ahora mismo estuviéramos en Pemberley y tú no tendrías tantos problemas encima. —le explico Lizzie, tratando de no sonar tan desanimada ante él— Seguramente tus amistades piensan que fue un grave error que te casaras conmigo…

— ¿De verdad crees que me importa lo que los demás piensen de mí? —Fitzwilliam el cuestiono visiblemente molesto, mientras camina hasta el sillón donde ella se encontraba.

— Solo digo que tal vez el casarte conmigo no fue una buena decisión —le declaro Elizabeth con cierto nerviosismo en su voz al observar la reacción de su marido— yo nunca seré como aquellas damas refinadas que saben hablar más de un idioma, o pintan cuadros, bordan cojines y conocen cada una de las reglas de la alta sociedad; como lo es la Señorita Bringley.

— Lo sé, y doy gracias a Dios que tú no eres como la Señorita Bingley —le comento Darcy con ironía, alzando ambos brazos hacia arriba en señal de agradecimiento.

— No tienes por qué burlarte de mí, estoy hablando enserio —le replico Lizzie irritada al percibir el tono burlón en sus palabras. Observando instantes después como él se agachaba para quedar a la misma altura que ella.

— Elizabeth, si yo hubiera querido casarme con una dama como la Señorita Bingley, te aseguro que lo hubiera hecho desde hace mucho tiempo.

— ¿Entonces no te arrepientes por haberte casado conmigo? —le cuestiono ella con cierto temor, teniendo como primera respuesta a su pregunta una sutil, pero a la vez sincera sonrisa por parte de su marido.

─ No, y te puedo asegurar que al conocerte encontré a la mujer más hermosa, dulce y a la vez fuerte e inteligente de todas ―le aseguro Fitzwilliam con sinceridad, tratando de calmar los temores en ella— y aun cuando sigo sin merecerte, estoy agradecido contigo por haberte casado conmigo. Por lo que soy yo el que debe disculparse por mi terrible comportamiento hacia ti toda esta semana.

Tras escucharlo, Elizabeth no pudo retener por más tiempo la sonrisa que invadió sus labios. Desde un inicio, ella siempre había tenido muy pocas posibilidades de encontrar a un buen marido, y sin embargo, se había casado con un hombre tan maravilloso como él, lo que le hacía sentir como la mujer más afortunada del mundo.

— Y ahora que hemos aclarado todo, espero que tu nuevo libro no sea tan interesante como para poder persuadirte de dar un paseo conmigo por el parque, llevas demasiado tiempo encerrada en esta casa por mi culpa, así que pensé que quizás algo de aire fresco te haría sentir bien.

— ¿Ahora?, pero si son casi las ocho, además estoy hecha un desastre.

Le asevero Elizabeth levantándose rápidamente de su asiento, dejando el libro donde había guardado la carta de Jane sobre el sillón. Percatándose que estaba apenas presentable para su marido. Su peinado había sucumbido varias horas atrás durante las lecciones de piano con Georgiana; y las faldas de su vestido estaban llenas de polvo por haber trabajado en el jardín justo antes de la hora de la cena.

— En lo que a mí concierne, nunca has estado tan perfecta como hasta esta noche. —le comento Darcy aun sonriente, entretenido por el lío de su esposa. Haciendo una pequeña pausa para tomarle la mano antes de continuar— Aun recuerdo tu atrevido pasatiempo de caminar por horas bajo el sol cuando vivías en Longbourn. Y aunque la Señorita Bingley lo tachara como una actividad inapropiada para una dama de tu posición, que ciertamente lo es, creo que en ti cariño hace más bien en tu ya encantadora apariencia.

— Le agradezco sus halagadoras palabras Señor, aunque podría usar sus energías en algo más productivo que darle la razón a la Señorita Bingley sobre mis inapropiados pasatiempos —le replico Elizabeth con un tono molesto en su voz, pero sin poder evitar la aparición de tenue una curvatura en sus labios.

— Pero si yo ya uso mis energías en algo que me tiene entretenido día y noche, mi Señora —le comento Darcy con completa tranquilidad, aunque Lizzie pudo apreciar perfectamente aquel brillo alegre en sus ojos mientras él la observaba.

— ¿Y qué es? —se apresuró a preguntar Elizabeth, dejando en evidencia su clara curiosidad por su respuesta.

— Admirarte.

Le respondió él tras unos segundos en silencio, y a pesar de su semblante sereno, Fitzwilliam parecía más infantil y travieso que nunca para ella.

Allí estaba otra vez, el hombre galante y apuesto del que Elizabeth se había enamorado. Él estaba dedicándole esa cautivante mirada, mientras ella sentía que podía perderse por completo en esos encantadores ojos azules.

—¿Pasa algo?

Le cuestiono él luego de algunos segundos, levantando ligeramente una de sus cejas al notar su silencio.

— Nada. —Elizabeth negó con la cabeza ante su pregunta, mientras que su sonrisa se volvía cada vez más amplia— Te amo.

Le confeso finalmente ella, prácticamente riendo de felicidad en el proceso.

Tras sus palabras Fitzwilliam sonrió más abiertamente, sin borrar esa sutil expresión traviesa en su mirada— Creo que eso es bastante obvio.

Ella volvió a reír, presionando su frente contra su pecho al abrazarlo. Y luego, con la satisfacción de sentir sus brazos envolvieron su cuerpo, Elizabeth se apoyó por completo en él, sin que la sonrisa abandonara sus labios.

— Te también te amo.

Elizabeth pudo sentir su aliento sobre su hombro instantes después, mientras que aumentaba ligeramente la fuerza de su abrazo.

Ella se sentía tan feliz por ser su esposa.

Realmente amaba a este hombre.

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¡Hola! Yo de nuevo por aquí. Tenía planeado subir este capítulo desde febrero, pero simplemente el trabajo y la escuela no me dieron tiempo para hacerlo.

Aunque este fue un capitulo corto espero que haya sido de su agrado, trate de calmar la tensión y el drama que existe en la historia al menos por esta vez y regresar a mi zona de confort al escribir. Sí, tengo una adicción al romanticismo, lo sé.

Quiero agradecer a los que leen y ponen favorite y/o follow esta historia: MaiaSakura, Marinacappe, Moonshine Dark, diananarahyuga, maitam, Aldy 97 y Elizannia25.

Y a los que se toman un poco de su tiempo para dejar sus comentarios, muchas gracias, siempre son sus palabras las que me ayudan a seguir escribiendo:

Forever MK NH: Hola de nuevo, y tengo la misma pregunta que tú, necesito saber dónde hay un Mr. Darcy en la vida real, a este paso me quedare soltera y con treinta gatos XD. Espero que te siga gustando la historia, te mando un fuerte abrazo.

Hadelqui: Gracias por seguir comentando, y me alegra saber que te esté gustando la historia. Vamos a tener que esperar para ver que pasa con Lydia, la cual le tengo pensado un final diferente. Te mando un fuerte abrazo.

MaiaSakura: Gracias por decidirte a comentar, y me alegra saber que esta historia te gustara. De hecho, siempre trato de escribir lo que a mí me gustaría leer en una historia. Espero volver a actualizar pronto, te mando un fuerte abrazo hasta donde te encuentres.

Molita: Hola de nuevo, no te preocupes por no leer a tiempo los capítulos, ya sabes que yo suelo tardarme en actualizar XD. Todos en algún momento hemos tenidos malos deseos hacia la Mrs. Bennet, aunque comprendo que solo quiera lo mejor para sus hijas en el libro. Te mando un fuerte abrazo de oso.

Guest: Muchas gracias por seguir comentando :), sé que este capítulo también es un poco corto, pero tratare de subir más seguido para recompensarlo. Espero que te siga gustando la historia, te mando un fuerte abrazo.

Ga Darcy: Hola, tanto tiempo sin leerte. Me alegra saber que esta historia te sigue gustando, y con respecto a nuestros queridos antagonistas vamos a tener que aguantarlos por algunos capítulos más. Te mando un fuerte abrazo.

Sin nada más que decir, me despido.

¡Saludos!

Atte. ElizabethMustang