Hola a todos.

Les deseo un muy feliz año, espero que lo hayan pasado excelente ;)

Bueno, por fin pude traer un nuevo capítulo. Se darán cuenta de que intercale pasado/presente así que espero que no se confundan.

Segunda parte de "Las vueltas de la vida" (así que les recomiendo leerla para que puedan entender).

Bye.

Miri: ¡Gracias por comentar! Sí, me siento feliz de volver. Espero que la historia vaya gustando. Bye.


Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


Capítulo 2. Desayuno con sinceridad

Muchas veces se preguntó, ¿Por qué su vida no podía ser más sencilla? Sin obstáculos ni sobresaltos a medio camino. Por supuesto, la respuesta no llegó o Hermione no fue capaz de verla.

Su relación con Draco era perfecta, sencillamente algo que no esperaba, pero lo bueno siempre acaba. Llegó el día que tanto había temido, él la dejó. De un día para otro. Así como inicio todo… se acabó. En un abrir y cerrar de ojos se vio llorando sola en su habitación.

Él siguió.

Ella continúo.

La vida, las decisiones y el destino jugaron con su relación.

Y fueron ellos quienes le dieron a Hermione una respuesta que había estado buscando.

Los días sin él siguieron pasando rápidamente. Se había concentrado en las clases y deberes, es por eso que ese día había decidido quedarse hasta tarde en la biblioteca terminando un larguísimo ensayo de Pociones. A media noche terminó y por fin recogió sus cosas, caminaba por el pasillo cuando se dio cuenta de que alguien caminaba apresuradamente por el pasillo. Intuitiva y, porque no decirlo, curiosa siguió a la persona. Pocos pasos más allá se dio cuenta de que era él, Draco, y estuvo a punto de desistir. No quería ser testigo de alguna cita del rubio. Entonces, él entró en uno de los baños de ese pasillo.

Hermione le siguió sin hacer ningún ruido, nunca supo como lo logró. Jamás había hecho algo así, pero en el fondo sabía que él le había mentido al terminar con ella.

Fue sigilosa y se escondió detrás de una de las columnas que había ahí.

Draco comenzó con su ritual, es decir, lo obvio, mirarse en el espejo, lavarse el rostro y luego cuidadosamente comenzó a sacarse la ropa. Hermione se sonrojó un poco, ya que ella nunca le había visto así. Nunca habían llegado a tal grado de intimidad.

Le vio desabrocharse la camisa y luego de su bolsillo extraer una botellita, evidentemente una poción, y bebérsela con una mueca en el rostro. Él frunció el ceño e hizo una mueca de dolor en los siguientes segundos y luego se quitó completamente la camisa.

La chica ahogó un gemido cuando le vio.

Sus ojos se llenaron de lágrimas e hizo un esfuerzo enorme para no desbordarse en ese momento.

Su espalda, completamente, estaba llena de heridas y cicatrices por las quemaduras.

Fue ahí, sin que él lo supiera, donde decidió que quería estudiar Pociones y no otra cosa.

Solo por él.

El agrio sabor se deslizó por su garganta. Es necesario, se dijo. Aunque realmente odiaba atenerse aquello. Hace muchos años que dependía de aquellas pociones. El dolor en ocasiones era jodidamente insoportable y las muecas desfiguraban su rostro. Sin embargo, aquello eran meras consecuencias de la guerra y de sus malas decisiones.

Se acomodó la túnica antes de que su esposa entrara, ella no lo entendía. Constansie solo había visto sus cicatrices una vez y eso bastó para que no las viera nunca más, jamás olvidara el asco y la lastima en su mirada. Jamás olvidaría lo diferente que había sido tener relaciones con ella.

Sacudió la cabeza cuando se dio cuenta de que no quería pensar ni en su esposa ni en las cicatrices. Necesitaba estar sereno y feliz. Su hija, Altair, desayunaría en la mansión.

Salió de la habitación y pronto se encontró en el amplio comedor.

—Padre —su pequeña, o no tan pequeña, camino hacia él para darle un abrazo.

Ayer en la cena poco habían podido conversar. Realmente ella y Constansie habían llevado la plática. Draco solamente estaba ajeno a aquello. Una reunión imprevista había sobresaltado su tranquilidad. Una reunión que debía concretarse más tarde.

— ¿Dormiste bien?

Ella sonrió ampliamente alejándose —Claro, mi cama siempre será lo mejor. ¿Y mamá?

Draco hizo una mueca. No podía decirle a su hija que Constansie y él ya no dormían juntos desde hace muchísimo tiempo. No podía decirle que…

—Aquí estoy.

Una distinguida mujer caminó hacia ellos. Constansie Galasso, su prometida desde los cinco años, su esposa desde hace más de quince años, aún conservaba su bella figura y el porte que solo una Malfoy poseía. Ella y Altair eran un espejo. Solo que su hija había heredado los ojos grises, solo eso. Su mujer había decidido darle solo una hija, cosa que Draco agradeció, de cierta forma, ya que nunca más se acostó con ella. Aunque interiormente hubiese deseado un hijo, Altair era simplemente perfecta.

—Madre te ves esplendida.

La mujer sonrió —Gracias, querida.

—Bien, ya que mis dos mujeres están aquí, creo que podemos desayunar.

Madre e hija tan solo asintieron y tomaron su lugar al lado de Draco.

Los elfos se movieron en silencio mientras servían el desayuno. Draco, en los años que vivió junto a su esposa en Francia, había mandado a restaurar la mansión no podía ni quería deshacerse de ella. Hacia unos pocos meses que habían llegado definitivamente a Londres, solo su hija se había quedado más tiempo en Australia, donde estudiaba y tenía amistades.

El desayuno fue tranquilo. Altair acaparó su atención contándole todas las cosas que había visto, las amigas y amigos que había hecho en el internado y las ganas que tenia de volver en un tiempo más. Todo iba bien… todo pudo haber sido perfecto.

—Necesito contarles algo —dijo seriamente la chica.

Constansie y Draco se miraron, por primera vez el rubio supo que su esposa no sabía nada de nada. Eso le asustó.

—Yo… bueno… ustedes saben que yo he estado estudiando en otro país. Sin embargo allá, yo… em… —se mordió el labio nerviosa. Era aterrador estar en esa situación—. Conocí a alguien —murmuró.

No es que nunca hubiese tenido novio. Si los tuvo solo que sus padres nunca lo supieron, en realidad estar en un internado en otro país facilitaba, de cierta forma, las cosas. Realmente ellos estaban en Francia, pero…

— ¿Hace cuanto?

Su madre, ¡Bendita sea!, habló primero. No se atrevió a mirar a su padre, no quería encontrar su mirada fría, distante o decepcionante.

—Lo conozco hace un tiempo, pero llevamos saliendo seis meses.

—Es…

— ¿Es sangre pura? —interrumpió Draco.

Altair lo miró, pero él tenía la vista fija en un punto indefinido. Estaba perdida. Lo sabía. Ella sabía la manía que tenía su padre con el linaje de la sangre.

No quería decepcionarlo. No quería, pero ella amaba a Hugo.

—No, no es sangre pura —le dijo suavemente.

Draco tembló medio segundo antes de tranquilizarse.

—Draco, cariño, creo que eso ya no es importante para ti, ¿Cierto? —miró al rubio, pero este no contesto—. Por otro lado, Aly, ¿Cómo se llama? ¿Vive acá en Londres?

Bien, aquí venía la otra decepción.

Siempre supo lo mal que se llevaba su padre con la familia de Hugo. No faltaban las malas palabras de su padre: "Pobretones Weasley" "Comadrejas" y demases. Cuando se instalaron en Francia siempre le recordaba que debía juntarse con personas de su misma clase, ya que él tuvo la mala suerte de estar rodeado de aquella familia.

Suspiró sonoramente.

—Sus padres viven acá en Londres. Él se llama… —se mordió el labio—. Se llama, Hugo Weasley Granger.

No era cierto. No podía ser posible. No podía estarle pasando aquello.

El test de embarazo resbaló de sus manos cuando el positivo se marcó en el. Quiso llorar y reír, quiso correr y contárselo a Draco, quiso hacer muchas cosas, pero la verdad más absoluta era que estaba sola y no podía contárselo a nadie.

Draco había terminado con ella definitivamente en el Expreso de Hogwarts. Él fue muy sincero al confesarle, a esas alturas, que desde hace muchos años estaba comprometido con una chica italiana.

¿No me quieres? —la pregunta había resbalado de sus labios sin pensarlo.

Él no respondió tan solo movió la cabeza negativamente, se veía afligido y triste, pero para Hermione esa había sido la respuesta más absoluta de su vida. Draco no la amaba y su corazón estaba hecho trizas debido a la última confesión.

Él había sido todo para ella, había sido su nueva manera de empezar ese nuevo año en Hogwarts. Al final terminó rompiéndole el corazón.

Terminó destruyendo todo su corazón. Ahora, estaba embarazada.