Holas!

Lo prometido es deuda asi que aquí esta el capítulo :)

Trataré de subir cada lunes jejeje...

¡Gracias por leer, comentar y dar favoritos y follows!

Segunda parte de "Las vueltas de la vida" (así que les recomiendo leerla para que puedan entender).

Bye.

Miri: Holas! Claro que se equivoca, después sera mas difícil decir la verdad :/ Hugo y Altair se aman... tienes razón no sera fácil separarles. Ooow... pues mas adelante veremos que pasa con los sentimientos de Draco.


Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


Capítulo 4. Lo planeado

Pero no hay nada justo en el amor y en el odio

Lo dejaste todo y te fuiste antes de que sea demasiado tarde

Bailamos toda la noche mientras sonaba la música,

Las sábanas se enredaban del desorden que hacíamos

Ahí, queda nuestra marca…

(Bon Jovi – Hearts breaking even)

Se contuvo. No podía derrumbarse. Su mirada se mantuvo, aquellos ojos le miraban con una ira que no había visto nunca, pero no podía desistir. No ahora.

— ¿Es en serio? —preguntó murmurando e intentó contenerse.

—Es muy en serio, Altair —susurró fríamente.

—Es absurdo que creas que por ese motivo dejaré a Hugo.

Draco frunció levemente los labios —No, no es absurdo. Es razonable. Si lo piensas un poco, es hasta lógico.

Mamá —murmuró quebradamente.

Constansie miró a Draco y luego a su hija. Sinceramente, ella no podía hacer nada, pero su marido estaba siendo un poco drástico; se suponía que la sangre ya no le importaba —Cariño, creo que tu padre tiene razón de cierta forma. Deberías darte el tiempo de conocer a más chicos y no desobedecer.

La chica jadeó — ¿A qué chicos? Si estuve en ese internado desde los once años. Es absurdo. Además…

—Además nada —le cortó Draco caminando hasta quedar frente a ella—. Sé que ya cumpliste los dieciocho, es por eso que no eres consciente de todo lo que implica esto.

—Lo amo —se movió por la sala histéricamente—. Estoy segura de lo que siento y si me tienes que desheredar para demostrártelo… hazlo.

El rubio rió secamente —Esto, Altair, no es un juego, no es una broma y, mucho menos, algo sin importancia. Esto no quiere decir que si tu, en algún momento, te arrepientes se rectifica. Si te desheredo… pierdes todo. Así que, hija, elije: ¿Él o tu herencia?

Altair boqueó varias veces. Miró a su madre, ella miraba hacia otro lado, y supo que no tendría su apoyo si tomaba la "mala" decisión de quedarse con Hugo. ¿Por qué todo era tan injusto? Ella lo ama con todo su corazón, ¿Qué acaso eso no era suficiente para su padre?

Cerró los ojos. La decisión debería ser fácil, pero era jodidamente injusto estar poniendo la balanza entre sus sentimientos y el deber.

Suspiró cuando por fin la cordura llegó a su cabeza y contestó.

Estaba nublado. Pronto comenzarían a caer las primeras gotas. Desvió la mirada de la ventana y la posó en el cuerpo que descansaba en la cama de ese hotel. Suspiró. No, nada había salido como había planeado. No podía… había mirado, había mirado esos ojos tan parecidos a los suyos y no había podido terminarle, pero tampoco podía dejar que su padre la desheredara. Era tan difícil. Amaba a Hugo…

Lo amaba con locura y pasión. Como jamás pensó llegar a amar. No es que hubiese tenido muchas relaciones, pero esta era intensa, pasional y llena de amor.

—Aly.

Ella parpadeó apartando las lágrimas —Hola —murmuró acercándose y dándole un beso en los labios.

— ¿Qué haces levantada? —Hugo observó que estaba completamente vestida.

—Solo… —bajó la mirada y se alejó unos pasos—. No puedo quedarme.

— ¿Por qué? —preguntó extrañado.

Ella se mordió el labio y le dio la espalda —Hugo, has regresado. Creo que deberías ir con tus padres en vez de estar conmigo.

—Bebe, quiero estar aquí y contigo —él sonrió dulcemente cosa que Altair no observó.

— ¿Te has preguntado qué es lo que quiero yo? —susurró. Respiró hondo y le enfrentó.

— ¿Perdón? —él se incorporó.

—Debo irme, mis padres me esperan.

—Altair… estoy aquí por ti. Regresé por ti.

Si no te deja, humíllalo, las palabras de su madre resonaron en su cabeza. No nada más denigrante, para un hombre, que humillarlo —Creo recordar que nunca te lo pedí —una determinación apareció en sus ojos. No perdería su herencia. Amaba a Hugo, pero tenía que ser realista. Tenía que ver la realidad como su padre se la había mostrado—. Quizás debamos replantearnos la relación. Es decir, míranos. Tú eres un simple mestizo y yo soy una sangre limpia, muchas cosas nos separan.

Hugo abrió la boca asombrado por el giró de todo aquello. Habían hecho el amor hacia pocas horas y ahora… —Yo… ¿De qué demonios hablas? ¿Te estás escuchando?

Ella movió la mano restándole importancia al asunto —Realmente… realmente creo que es mejor dejarlo hasta aquí. Hugo, querido, seamos realistas esto es lo más razonable. Si lo piensas un poco, es hasta lógico.

—No hablas en serio, ¿Cierto?

—Jamás había hablado tan en serio como ahora. Solo… dejémoslo. Fue… fue muy bueno mientras duro.

Hugo bajó la mirada. Altair se movió lentamente hasta llegar a la puerta y la abrió intentando no hacer ruido.

—Espero que nunca más nos volvamos a ver —la voz de Hugo sonó irreconocible.

La rubia se fue sin responder.

Pasos determinados. Mirada fija. Corazón latiéndole a mil por horas mientras recorría ese hotel, se preguntó cómo su corazón seguía latiendo cuando estaba rompiéndose poco a poco y por culpa suya. Es lo correcto, se dijo, es lo mejor… es lo mejor… pero seguía sin encontrarle sentido.

Eres una perra, susurró una voz en su interior.

Su corazón había latido desenfrenadamente mientras hacían el amor, pero ahora latía desenfrenadamente por la desilusión y la tristeza. No lo había visto venir. Joder, jamás pensó que aquella chica le tocaría tan hondo el corazón. Había tenido rupturas anteriormente, pero esta, esta, era muy diferente.

Altair había llegado, de partida, media hora tarde. Su mirada no era como la de los otros días, lucia triste y decepcionada, pero decidida... no lo entendió hasta que ella pronunció aquellas palabras. Lo había planeado. La despedida. Donde el único perdedor había sido él. Su madre se lo dijo, ¿Por qué no le creyó?

¡Maldición fue un Slytherin, debió mantener la cabeza fría por ella!, pero ahora era su corazón el que pagaba las consecuencias. ¡Idiota!, Altair solo era una niñita caprichosa que deseaba desobedecer a sus padres con un mestizo y cuando ya no pudo sostenerlo más... le dejaba. Iluso.

Se levantó, ¿Qué más podía hacer?, necesitaba salir de ahí. De aquel lugar donde poco antes lo habían hecho.

Se vistió rápidamente y salió del lugar sin mirar atrás. Atrás quedó todo el amor, el deseo y la esperanza de un futuro juntos.

Mientras avanzaba por las calles decidió irse directamente donde sabía que lo recibirían. Buscó un lugar apartado y desapareció.

Jamás había imaginado volver. No después de la discusión que habían tenido, pero aquí estaba...

La estancia estaba en silencio, lo que le hizo pensar que la casa estaba vacía... pero...

— ¿Hugo?

Se giró. Al pie de la escalera estaba su madre. Vestía sencillamente un pantalón, una blusa y estaba descalza. Pronto recordó que ella siempre se venía de Hogwarts los viernes.

— ¿Hugo? ¿Estás bien?

No lo había notado, pero la vista se le nubló. Llorar, joder, que humillante.

—Cariño, ¿Qué...?

Pero no terminó. Hermione corrió hasta él y lo abrazó, y Hugo finalmente se derrumbó. Nunca nadie había tocado tan profundo en su corazón.

Y lloró porque la vida era una completa locura sin ella.

Hermione le consoló en silencio y sin preguntas. Se acomodaron en el suelo donde el chico siguió sacando su pena.

En otro lugar, mucho más lujoso, una rubia se abrazaba a si misma convenciéndose de que era lo mejor. De que no se había equivocado.

De que había hecho lo correcto. El deber por sobretodo, el amor después… muy después.

A ella nadie la consolaba ni le hacía mimos. Sus padres estaban más que sumergidos en sus propias cosas como para consolarle. Quizás por esa razón se había aferrado tanto a Hugo, tan cálido y cariñoso, quizás por esa razón ahora le dolía tanto dejarlo y haberle roto el corazón.

Quizás…

Porque sabía que no solo él había quedado con el corazón roto.

— ¿Dónde está? —preguntó impaciente.

—En su habitación.

— ¿Te dijo algo?

Hermione se encogió de hombros —Poca cosa. Algo de Altair y no sé que mas…

Ron frunció las cejas — ¿Estás segura?

—Sí, Ron.

— ¿Hablaste con Malfoy?

—No…

El pelirrojo se rió sentándose en el sillón.

— ¿Hace cuantos años nos conocemos, Hermione? —preguntó mirándola— ¿Veinte? ¿Treinta años? ¿Más? ¿Crees que puedes mentirme? ¿Crees que no te conozco lo suficiente como para no saber que me mientes?

Hermione se sentó frente a él sin mirarle. Era increíble que su esposo supiera cuando mentía, y pensar que hace años el tenía el sentido común de una roca —No… yo… Ron si hablé con Malfoy, pero no de lo que tú sabes.

— ¿Entonces de qué? —preguntó interesado.

—Le pedí algo —sus ojos se encontraron—. Le pedí que alejara a su hija de Hugo, pero no le revelé la verdad.

—No puedo creerlo... no puedo creerlo... —murmuró levándose.

Se movió frenéticamente por el comedor. Hermione estaba con la mirada baja.

— ¿Por qué? ¿Por qué hiciste eso?

—Yo...

—Eres increíble, realmente si… —Ron movió la cabeza y al tiempo jadeó—. ¿Qué haces aquí?

Los ojos algo enrojecidos de Hermione miraron a su hijo.

—Hugo…