Disclammer o como se llame x3: Shingeki no kyojin me pertenece completamente, soy dueña de todo y poreso mismo ahora es el manga Ereriren yaoi mas vendido en todo el mundo...nótese en el sarcasmo...7u7r
"Dedicado a la mejor beta del mundo! AngelGefallen y a mi nuevo hermano que lo convertiré en un jodido fundashi aunque me cueste la ida :'v...y en un uke bn zukulempto ewe."
"—Te quiero...
—Aveces, solamente a veces. Y nunca lo suficiente"
Tinta roja.
—Te enseñaré lo hermoso que es ser un asesino.
Tales palabras lo habían marcado por completo, y no hacían más que rondar una y otra vez en su mente, junto con la voz susurrante que lo había convencido de llevar a cabo ese inhumano acto contra el borracho.
Su cabeza dolía, no podía evitar pensar en que era una persona asquerosa, y aun así, seguía considerándolo. Ser un asesino y Eren no encajaban en la misma oración.
El cuerpo que lo inmovilizó contra el sucio suelo del depósito se levantó con cautela aún amenazando con cortarle el cuello. La punta pulcramente pulida del arma blanca rozó la vena de la yugular, enterrándose solo de forma leve para amenazar al individuo, ocasionando no más que un leve ardor en la zona.
Así, Eren se vió a sí mismo preso de un miedo que sólo una persona con la mente sana podría sentir, la sensación de estar completamente indefenso y a merced no de sus propias acciones, sino de las de alguien con la mente aún más podrida que la suya.
Ya no sentía ese extraño deseo de asesinar, ni oía la voz susurrar las palabras prohibidas en la sociedad. Se sintió como un completo adolescente, y eso de alguna extraña manera lo tranquilizó.
—Si vas a ser mi aprendiz, no entrarás en mi casa con eso en tus pantalones.
Todavía con el cuchillo en su cuello, miró directamente al lugar resaltado por el mayor y sintió como su cara empezaba a calentarse de sobremanera. Una pequeña mancha de humedad se extendía justo en medio de sus piernas, que podría jurar que no era orina si no algo completamente diferente.
Se sintió morir por un momento. ¿Cómo pudo tener una erección en una situación así? Su cuerpo había reaccionado por instinto al tener al mayor rozándose contra sus caderas. Después de todo el numerito montado por Rivaille ¿A él lo único que se le ocurría hacer era eso? ¿Excitarse?
Rivaille…
Ahora recordaba.
—No me mires con esa cara de retrasado, mocoso de mierda. Vámonos de una vez, estoy cubierto de tierra y de vómito por tu culpa.
¿Vómito?
—Lavarás tu jodido pelo cuando llegues, ¿me oíste? Hueles peor que Hange.
Si no mal recordaba, antes de caer inconsciente frente al anciano que lo había atacado, había vomitado por el fuerte dolor de estómago que sufrió por no haber comido nada en todo el día. Tal vez cuando llegara a casa de su padre podría…
—¿Cómo sabes que mi padre fue asesinado? —por increíble que le pareciera, Eren mantuvo la calma en cada pronunciación de la oración, sin siquiera inmutarse por hablar con tanta indiferencia, cosa que hizo que Rivaille arqueara las cejas.
"Nada mal…"
—Grisha Jaeger es muy conocido en este mundo, mocoso. El famoso doctor que atendía a los cientos de asesinos más buscados de Europa. —Bajó su cuchillo y movió la cabeza para que lo siguiera, caminando hacia la salida—. Miles de hombres pagarían una fortuna para que revelara los secretos de sus pacientes. Fracturas, contusiones, estados psicológicos. Todo lo que alguien en ese mundo debe guardar hasta la muerte.
Eren le miró la nuca con desconfianza. Su voz grave, ahora suave y tranquila no mostraba ninguna señal de engaño o titubeo que pudiera acreditar que de sus labios salieran mentiras. Aun así, el instinto del moreno no podía dejar de estar alerta frente a la persona que intentó matarlo.
—No es posible. Mi padre trabajaba en el el hospital Rose. Era imposible que la seguridad de ese lugar dejara pasar a una persona sospechosa.
El mayor le devolvió la mirada con hastío. Detuvo su paso y se volteó para encarar al ojiverde. Su paciencia era corta y nunca gustó de explicar la cosas por segunda vez. Estaba completamente seguro de que Jaeger era una persona inteligente, además de que su comentario había sido lo suficientemente detallado como para que hasta un chimpancé pudiera descifrarlo.
—¿Tu padre atendía en casa? ¿Amigos problemáticos? ¿Familiares pobres? ¿Gente supuestamente cercana pero que nunca más volviste a ver en tu vida? —pronunció con hastío.
Ah…
Todo estaba claro.
Eren recordó los años de su infancia, donde Mikasa aún lo acompañaba y jugaban ambos a los soldados en el jardín. Tardes bajo el naranjo de su patio trasero lleno de risas y juegos que eran interrumpidos por su nervioso padre que les pedía que entraran a sus cuartos y se quedaran allí hasta la hora de la cena. Su madre les hacía compañía también y les contaba historias para distraerlos de entrar al living de su sala.
Carla siempre sonreía de manera rara en ese entonces.
Y como el niño curioso que era, Eren desobedeció.
Ese día en particular donde no habían podido volver a cenar puesto que el amigo de su padre había llegado a hablar de cosas muy importantes con él. Si hubiera sabido lo que ocurriría simplemente se habría olvidado de su cena e ignorar como buen niño los temas de adultos.
Eren nunca fue un buen niño...
En la sala de estar de su casa el pequeño moreno había visto una imagen que lo había dejado marcado por alrededor de tres meses, la imagen por la que había empezado a tomar pastillas por el resto de su vida.
El living de caoba, adornado con unos modestos cuadros y muebles de madera pulida, se encontraba cubierta por una oscuridad a la cual el joven no estaba acostumbrada. Solo las pequeñas cenizas encendidas de la chimenea iluminaba el lugar. Y lo único que pudo distinguir fueron los lentes de su padre justo al frente de esta.
"—¡Agh…!"
El grito que sintió en su espalda provocó que girara de manera inconsciente. El resto del recuerdo se encontraba borroso. Lo último que aludió de la escena fue a su padre con un tipo de cierre y el brazo sangrante de una persona , tendido en el piso.
El brazo tenía un tatuaje.
El brazo le pertenecía a un hombre.
El brazo era de Zeke.
¡Mátalos!
—¡Mocoso!
Rivaille lo miró con sorpresa. Eren de imprevisto había parado y se había quedado mirando el infinito con una expresión repugnante en el rostro. Poco a poco su respiración había empezado a hiperventilar, a la vez que, por su ahora pálido rostro, caían gotas de sudor.
—No es para tanto...mocoso…¡Te estoy hablando!
No había caso. Eren estaba encerrado en sus recuerdos. La voz femenina en su cabeza no paraba de repetir la misma palabra una y otra vez alentándole a repetir sus inhumanas acciones. Esa voz llena de odio y de sed de sangre.
El azabache nunca lo vio venir. Fue como una rápida ventisca con olor metálico en ella en donde su vida terminaba en una milésima de segundo.
Eren había perdido el control de su cuerpo. Fuera de sí y con una sonrisa asomándose entre todo el enmarañado pelo que caía sobre su rostro. Sus ojos esmeraldas brillando como un felino que busca cazar a su presa.
Rivaille se vio a sí mismo amenazado por el cuchillo que hace unos segundos sostenía en sus manos.
— ¡Mocoso de mierda!
Eren podría ser cualquier cosa; un loco o un asesino prodigio, pero aun a pesar de todas las etiquetas en las que podía categorizar, siempre, y por el resto de su vida sería superado por las habilidades de el proclamado asesino más buscado del mundo. Rivaille nunca se dejaría matar por un niñato así, aunque eso fuera lo que el destino quisiera. En sus venas corría el instinto más pulido que cualquier otro ser humano hubiera conocido hasta ahora.
Rivaille tenía un pasado y una vida que no le pertenecían. Una vida que lo había obligado a vivir del salvajismo de otros.
Así que lo único que tuvo que hacer fue actuar como lo hacía con todos. Sin compasión y sin un ápice de remordimiento, giró su cuerpo elevando su pierna derecha en el aire, concentrando toda su fuerza en su tibia que iba dirigida hacia la cabeza del menor.
Un par de cuervos sonaron a lo lejos, volando por fuera de la construcción.
Viendo con arrogancia como el cuerpo del menor era estrellado contra el suelo, pensó por un momento en todos los problemas que podría darle ese mocoso. Pero su mente se nubló cuando vio por primera vez la expresión del moreno.
—Mis pastillas… por favor…
Estaba llorando. Llorando con los ojos suplicantes y sin haber sacado la sonrisa psicópata de su magullada cara.
Mocoso de mierda…
Con una expresión que Eren podría considerar casi "amable" Rivaille se arrodilló en frente de él extendiendo su mano. Lo miró suplicante, expresando que no podía moverse por su cuenta. El azabache entendió perfectamente, y procedió a alzar el cuerpo del menor como si de una saco de papas se tratara. Ignorando como Jaeger se quejaba por el fuerte mareo o como empezaba a sollozar en su espalda.
No podía entender cómo es que su personalidad cambiaba tan repentinamente; su instinto le decía que debía alejarse lo más pronto posible del niñato. Pero, al igual que esa vez en su pasado, decidió confiar en su raciocinio en vez de su lado salvaje.
—Mis pastillas…
Mátalo.
Solo esperaba que las consecuencias no fueran igual de desastrosas que aquella vez.
Pero al igual que en ese entonces, los ojos esmeraldas llenos de odio lo cautivaron por completo.
Detuvo abruptamente sus pensamientos.
¿Es que alguna vez había visto esa mirada en el pasado?
La casa de Eren era bastante modesta para ser la de un médico famoso, o al menos eso consideró Rivaille al momento de entrar en ella. Dos pisos repletos de madera barnizada, muebles antiguos y cuadros de dudosa procedencia. El azabache tenía un extraño rechazo a los cuadros abstractos, de libre interpretación en donde siempre que los colores cálidos inundaban el lienzo, terminaba con la cabeza llena de mierda sangrienta y voces llamándolo "capitán."
Por eso, al momento de tirar al ojiverde al sofá de la misma, fue directamente a lo que él creía que era su cuarto, ignorando todo a su alrededor. Fácilmente reconocible por el letrero fuera de su puerta que ponía "Eren", escrito con infantiles letras y alegres colores.
Entrar fue toda una hazaña para el azabache. El olor pestilente que emanaba del cuarto confirmaba que no había sido limpiado en un buen tiempo, además del montón de ropa camuflado como el piso que le impedía caminar sin resbalar.
Rechinó los dientes en desacuerdo. Le tendría que enseñar a ese mocoso un par de cosas además del asesinato. Buscó rápidamente algún frasco de pastillas que pudieran ser las que Eren necesitaba.
Veladores, cómodas, armarios... ¡Hasta debajo de la cama! Absolutamente nada que pudiera ser una pastilla, o si quiera ingerible se encontraba en esa habitación.
El baño.
Corrió rápidamente hacia la puerta entreabierta por donde se veía el color blanco característico de un baño. Abrió la puerta y apresurado buscó algún indicio de las pastillas de Jaeger… Pero llegó a una habitación completamente diferente.
Abrió los ojos sorprendido… Esto era…
—Esto va a ser interesante...
Si alguien hubiera visto la sonrisa de Rivaille en ese momento, se hubiera orinado los pantalones...
—Mocoso, tus pastillas —la voz de Rivaille hizo acto de presencia. Pudo observar como Eren se retorcía de dolor en el sofá, sujetándose la cabeza y dando vueltas sobre sí mismo ignorando completamente su llegada.
Rivaille se acercó a su cuerpo para tomarlo del cuello y alzarlo en el aire por segunda vez en el día. Era increíble como siendo de tan baja estatura comparado con Eren, pudiera levantarlo sin ningún problema. Y presumiendo de su fuerza, metió la pastilla dentro de la boca del moreno, moviendo sus dedos sobre su garganta para que se la tragara, ignorando como un profesional los quejidos y las arcadas de este.
Tardó alrededor de cinco minutos en hacer efecto la pastilla. Era bastante pequeña y al parecer se disolvía con mayor facilidad que las demás. Eren durante ese tiempo no hizo más que actuar como un demente. Decía cosas sin sentido y repugnaba a Rivaille con solo su presencia. Pero el último aguantó su inusual comportamiento hasta que por fin lo vio tranquilo en el sofá. Casi durmiendo, pero atento a todo lo que pasaba a su alrededor .
—Gracias…
Rivaille no lo miró ni le respondió. Simplemente palmeó su pierna y se encaminó hacia la salida. Eren lo miró con ojos cansados. ¿Dónde iba?
—Andando, mocoso de mierda.
El tono de voz ocupado era aterrador, y se veía a kilómetros de distancia como el mayor estaba con la paciencia en el límite. Jaeger no era estúpido, así que procedió a seguirlo sin importar el dolor en su cabeza y en su cuerpo.
Ahora que lo pensaba…
¿Rivaille siempre tuvo esa maleta consigo?
El mocoso lo había estado observando desde que salieron de su casa. No había volteado, pero estaba seguro que su rostro expresaba un semblante lleno de sospecha, y no lo culpaba. Podría ser distraído pero no tonto; era obvio que se había dado cuenta de la maleta que ahora llevaba consigo.
Rodó los ojos con hastío. No eran más que las pocas prendas limpias del mocoso, algunas cosas personales, y unas cuantas cosas que aprovechó de robar en la casa del menor.
Algo tenía que ganar con ayudar al niñato, ¿no?
—Señor Rivaille… ¿Qué lleva en esa maleta? —La voz de Eren denotaba desconfianza y cansancio a la vez.
—Tus pertenencias y unos productos de limpieza que robé de tu casa —La voz de Rivaille respondió segura y apresuradamente, tal vez demasiado—. ¿Crees que te iba a comprar ropa nueva? No voy a desperdiciar mi dinero en mocosos de mierda que no saben ni chupar bien una polla...
Eren se puso completamente rojo. Recordaba perfectamente como la noche anterior había "complacido" en ese aspecto a Rivaille al mismo tiempo en que él hacía lo mismo. Hecho que lo llevó a pasar la mayoría del tiempo gimiendo en vez de devolver el gesto. Era su primer 69 y había quedado patidifuso. El solo recordar como la lengua del ojigris pasaba lentamente por su extensión desde la base hasta la punta…
O mierda…
Se mordió el labio inferior mientras observaba aún con más atención la baja, pero musculosa espalda del azabache. Recordó con gula el sabor de sus labios y como hace solo unos minutos atrás lo había sentido presionar contra su entrepierna, con el cuchillo amenazando su cuello…
Gimió bajamente ante solo la idea de tener a Rivaille cabalgando su polla, desnudo y pidiendo por más, amarrado y con múltiples cortaduras por todo el cuerpo. Suplicando que le diera duro y fuerte, que lo enterrara más profundo, que le clavara su polla, que lo hiriera…
—No tengo ni puta idea de lo que estás pensando, Jaeger. Pero más te vale que pares de gemir mi puto nombre como perra en celo si quieres llegar a la casa con tu ropa intacta.
Oh joder, qué vergüenza…
Eren siempre fue una persona promiscua en su sana medida. No disfrutaba de fetiches o de fantasías extrañas. Simplemente le gustaba tener sexo con su pareja como cualquier adolescente con buena educación, como le había dicho algún día su madre. No era el tipo de persona que se acostaba con el primer desconocido, pero también sabía muy bien que el alcohol causaba estragos en su cuerpo de una manera impresionante. Tanto que lo llevó a acostarse y a actuar tal y como dijo el azabache, como una perra en celo.
Quiso tenerse asco, pero no pudo evitar sentir que quería volver a repetir esa acalorada noche…
¿Y desde cuando empezaron a atraer los cortes en la piel? Tenía un límite para sus perversidades y quería seguir creyendo que lo conservaba .
—Llegamos, mocoso calenturiento.
La casa estaba tal y como la había visto en la mañana. Limpia y ordenada hasta estresarse.
Eren no se sintió cómodo a pesar de haber pasado la noche allí. Pareciera como si todo esto fuera sacado de una novela, o mejor dicho, de un húmedo sueño del que debía despertar pronto.
Pero el aliento de Rivaille en su oreja confirmó que esta era la puta realidad. ¿Por qué tan de repente?
—Vamos, Eren… Acompáñame a tu nuevo cuarto… —articuló letra por letra de forma lenta y sedosa en su oído, acariciando por encima de la ropa entre medio de sus piernas, sin tocar su miembro, pero insinuándose.
—Rivaille…
—Sígueme.
Se alejó por el mismo camino que recorrieron la noche anterior, solo que ahora en vez de subir por la escalera, terminaron yendo a un pasillo extraño que condujo a una escalera subterránea.
—¿Un sótano? —preguntó con extrañez. Una cosa era que le aceptara en su casa y que le diera una habitación pequeña y hasta descuidada. ¿Pero un sótano?
—Tengo mis… juguetes, allí abajo.
—O-oh…
Tragó saliva pesadamente y empezó a fantasear con las miles de cosas que al parecer Rivaille quería hacerle. Imaginó todos esos productos que había visto en redtube y en los diferentes roles que tomaban los protagonistas. ¿Rivaille le gustaría usar los juguetes en él, o consigo mismo? ¿Sería activo o pasivo? ¿Dejaría que se la chupara por segunda vez? O tal vez…
—Date vuelta…
El sótano era bastante amplio a su parecer; no estaba seguro si las paredes eran de ladrillo o solo era un papel mural, el cual estaba bastante desgastado, cabe agregar. Unas pocas cajas se amontonaban meticulosamente en la esquina del lugar, junto con unos muebles escondidos bajo mantas llenas de polvo y pelusas, cosa que le extrañó, pues Rivaille parecía ser alguien a quien lo le gustaba la suciedad.
En la vuelta que se dio a petición de Rivaille, pudo apreciar con mejor detalle el cuarto-sótano. Pero lo que más le llamó la atención fue la cama de dos plazas que pasaba a estar frente suyo, con sábanas verdes y un cubrecama negro. Nada fuera de lo normal, si no fuera porque justo arriba de ella se alzaban dos gruesas cadenas de hierro, con esposas en su final.
¿Le gustaban… eso tipos de … "juegos"?
—¡E-eh!
Ya había perdido la cuenta de las veces que lo habían atacado por la espalda el día de hoy, pero la repentina empujada que Rivaille le dio, lo dejó lo suficientemente aturdido como para ignorar cómo cayó sobre la cama, al mismo tiempo que su cuerpo fue levantado y puesto a la altura de las cadenas.
¿No estaría pensando en…?
Tragó saliva con miedo…
¿Verdad...?
La expresión de Eren fue bastante cómica. Su gesto atónito hacía resaltar sus expresivos ojos. El ojigris aprovechó la oportunidad para agarrar con fuerza sus muñecas y apresarlo bajo las esposas que colgaban del techo.
Eren gritó desesperado y trató de zafarse, no consiguiendo ningún resultado. Las pastillas hacían sus movimientos torpes y su sentidos se adormecían de manera sorprendente. Rivaille lo miró con una expresión desinteresada.
—Te voy a hacer una serie de preguntas, Jaeger. Y me responderás con la verdad. ¿Entendido?
Así que era eso.
No pudo sentirse más impotente.
Pensaba que Rivaille era diferente, que tal vez quería ayudarlo, que se interesó aunque hubiera sido de manera carnal en un "mocoso de mierda" como él. Pero ahora lo veía todo con claridad.
Rivaille le había dicho. Su padre tenía información que le convenía a cualquier asesino. Un asesino como él mismo. Sabía que era inteligente y ahora trataría de sacarle cada uno de los mínimos e inexistentes recuerdos sobre el confuso pasado de su padre. El cuento del aprendiz no había sido más que mierda bonita, el mayor solo se había interesado en sus conocimientos. Se vio engañado por las palabras que el mayor le dijo hace momentos antes. ¿Tantas ilusiones se había hecho como para sentir esa punzada en el pecho? Le había dado esperanzas…
Y el muy maldito venía y lo ocupaba como el jodido reflejo de su padre.
¿¡Por qué carajos todo el mundo lo comparaba con ese desgraciado hijo de puta?!
Si solo hubiera huido cuando pudo…
Si solo…
Si solo lo hubiera matado…
Y la voz apareció de nuevo.
¿Por qué no lo haces entonces? Eren…
Puede que esa delgada línea no fuera más que la creación de su subconsciente, pero era demasiado carismática como para ignorarla.
¿Por qué no simplemente hacerle caso?
—Eh, mocoso, baja los fuegos —mencionó después de esquivar el claro intento de morderlo del niñato—. No voy a hacerte nada malo. Solo un par de preguntas.
Al final Eren no era más que el podrido reflejo de su padre…
—¿Cuando aprendiste a atacar así?
Abrió los ojos sorprendido.
¿Eh…?
¿No le iba a preguntar por su progenitor…?
—No me mires con cara de estúpido, mocoso de mierda, solo responde la pregunta.
Pero qué hombre más raro.
—No lo sé, simplemente lo hice…
"Por eso te tuve que amarrar, niñato; no controlas tu sed de sangre…" Pudo leerlo en sus ojos, y no estaba muy alejado de la realidad.
—Oh…Interesante ¿Me ves con cara de mula, pendejo? —El ojigris con la mirada llena de impaciencia se subió en la cama sin importar si sus botas ensuciaran el cobertor. Botas que pusó en el hombro de Eren , empujándolo hasta dejarlo de cuclillas sobre la superficie—. Responde con la verdad, maldito niñato…
El miedo de Eren se intensificó y el dolor en su hombro se volvió aún más fuerte con el pasar de los segundos.
—¡Lo juro! ¡F-fue la voz! ¡La voz me le dijo! —Su voz denotaba la desesperación que sentía en ese momento. Y por alguna razón, Rivaille encontró verdad en sus palabras.
—Una "voz"… Ya veo. Las pastillas de antes, Clozapine, ¿no es así? ¿Por qué un adolescente en sus plenas… capacidades mentales, tendría que tomar algo así…?
—Yo… —No quería responder. El uso de las pastillas era algo completamente personal; ni siquiera Armin sabía de ellas. Pero de alguna extraña forma, sintió que debía contárselo al ojigris. Eso o su vida acababa en ese mismo instante—. Son… para la esquizofrenia…
"Así que eso explicaba lo de la voz". Pensó el azabache cuando estaba a punto de patearlo por segunda vez.
—¿Cuanto llevas con las pastillas?
—Desde los cinco o seis años…
—¿Por qué?
—No me acuerdo cómo empezó.
—No parece como si afectara tu vida diaria.
—Todas las semanas voy al psiquiatra para controlarme. Bueno, las últimas tres no he ido.
Suspiró con impaciencia. El rumbo de la conversación no estaba yendo tal y como Rivaille lo había planeado. Pero no podía evitar que la curiosidad naciera por la "condición" del menor.
Decidió que más tarde aclararía sus dudas al respecto. No es como si tampoco su mente estuviera más sana que la de él. Hasta podría jurar que si fuera a uno de esos psiquiatras lo atarían con camisa de fuerza.
No era momento de pensar en ello.
—Hay algo que me inquieta. A pesar de que estés "loco" o enfermo, como quieras llamarle — Notó la cara ofendida del menor—. ¿Cómo es que aceptaste convertirte en asesino tan fácil? ¿No llorarás por la muerte de tu padre? ¿No estarías abandonando tu tranquila vida? Tus amigos se asquearán de tí si supieran tu posición ahora, Eren...
—Pareces bastante preocupado por mí como para que sea un simple desconocido, ¿no, Rivaille?
Eren quiso creer que él había dicho esa valiente -estúpida- línea. Pero, por un momento, por pequeñísimo instante, sintió que no fue él quien habló, si no otra persona completamente diferente. Alguien que sabía y había visto todo...
"Mocoso inteligente."
—Yo hago las preguntas, pedazo de mierda.
Tomó su cabello y lo jaló hasta que vio como pequeñas lágrimas se formaban en los párpados de Eren. Y no lo soltó hasta que un gemido lastimero salió de sus labios.
Delicioso.
La bota que había estado posada en su hombro descendió lentamente por el pecho del menor. Casi acariciándolo; haciendo una leve presión a la altura del vientre de este. Un pequeño jadeo de terror salió de los labios de Eren, quien creyó que estaba a punto de ser dejado estéril.
Pero lo que siguió no fue realmente lo que esperaba.
—¡Mgh…!
Su pie siguió bajando lentamente hasta llegar por encima de su entrepierna. Eren gimió adolorido; el mayor no estaba presionando con fuerza, por el contrario, casi parecía estar teniendo cuidado con él.
Empezó a notar los movimientos circulares del azabache en su húmedo y cubierto miembro, sacándole un suspiro de placer. La bota que llevaba Rivaille era de cuero negro, y casi le llegaba hasta la rodilla, cosa que resaltaba los blancos pantalones que cubrían su erección.
A pesar de sentirse totalmente dominado, no pudo evitar querer someter también al azabache a los placeres que en cuerpo anhelaban salir.
Sus gemidos y súplicas se hicieron más fuertes, junto con la dureza de su sensible entrepierna, a la vez que el sucio calzado presionaba más y más contra su cuerpo.
—Respóndeme, mocoso de mierda…
Su ronca voz confirmó el insaciable deseo compartido por ambos. Podía ver como el grueso pene de Rivaille se ahogaba en sus prendas. Solo el recuerdo de cómo lo hizo disfrutar la noche anterior ocasionó que la humedad en sus boxers aumentara.
—Mocoso…
—Yo… No me importa… Ah… Mi padre e-era un desgraciado y... ¡Ahh! —Rivaille había detenido su pierna para bajarla y llevar sus manos al cierre de su pantalón. Dejando su otra mano reposar en la boca de Eren, metiendo su pulgar en ella y empapándolo—. Mi amigo se irá en unas semanas…. los demás son solo adornos… Me quedaré solo… Oh mierda…
Rivaille había tomado su propia ya libre erección y se había empezado a masturbar justo en frente de su cara. Podía sentir el amargo aroma del presemen inundar sus fosas nasales y sus oídos derretirse con el ronco jadeo soltado por el mayor.
—Solo mírate, Eren. ¿Tanto deseas mi polla? No eres más que una puta perra asquerosa…
A pesar de las hirientes palabras del mayor, Eren no cambió en ningún momento su modo pensar. Simplemente era eso, tenía miedo de quedarse solo. De volverse a quedar solo.
El mayor había concluido la interrogación con la ultima respuesta del menor. Eso le bastaba por ahora. Pero en ese momento sus deseos cambiaron completamente.
Con una agilidad que lo caracterizaba, empujó los desgastados pantalones de Eren, junto con sus boxers, hasta dejar su polla completamente al descubierto. Completamente empapada de presemen y con la punta rosada brillante a la luz de la pequeña vela que iluminaba desde el velador en su costado.
Volvió a pisarla, sacando un grito del Jaeger.
— Niñato de mierda. ¿Veintiún años? No me jodas, tienes diecisiete malditos años. Me follé a un jodido mocoso.
—Ah…
—Mira cómo disfrutas. Tus malditas hormonas de adolescente no se controlan sin alcohol, ¿verdad? Dime Eren, ¿Qué quieres que haga contigo?
No pudo contestar de inmediato. La sensación de ser masturbado de una manera tan obscena y sucia, además de tener el húmedo falo del mayor a la altura de sus labios, sin siquiera recordar el efecto de las pastillas que nublaban su mente, fue suficiente para soltar su sucia lengua.
—Déjame chuparla…
Mañana no podría mirarlo a la cara.
—Oh… con que quieres chuparla. Si no mal recuerdo eres un desastre en eso. ¿Siquiera te has lavado la boca desde que llegamos?
—Me enjuagué con agua antes de irnos de mi casa… —jadeó deseoso de sentirlo completo en su boca.
—Eso no es suficiente, niñato. No quiero tu jodido vómito seco ni tus gérmenes en mi polla —dijo lo último con asco. Pero la iluminaba mirada en sus afilados ojos le decía que Rivaille ya tenía planeado algo.
Ante la deseosa mirada de Eren, el mayor siguió acariciando su longitud frente a los impasibles ojos del moreno. Respiraba agitado y su cálido aliento rozó su rojiza punta cuando ya solo lo separaban unos pocos centímetros.
El empeine de la bota siguió acariciando su fálico miembro aumentando la rapidez del roce junto con el mar de sensaciones que Eren estaba experimentando. Sentía como poco a poco se perdía en la gélida mirada del ojigris y en los masculinos sonidos que soltaba cada dos por tres.
— Rivaille… pare, pare o si no… ah…
Ignoró completamente sus súplicas. El calor en su vientre aumentaba de manera descontrolada; se sentía cerca y no podía hacer nada para evitarlo. Sus jadeos se volvieron ahogados y sus gemidos ya no se distinguían de los gritos. El nombre de Rivaille moría en sus labios acompañado de palabras sucias y anhelantes. El último grito de placer nombró su seudónimo con fuerza, y pequeños chorros blancos comenzaron a salir de su aplastada polla al tiempo que Rivaille movía el pie asqueado. Eran sus botas favoritas y Eren no parecía tener ningún problema con llenarla de su espesa y blanquecina sustancia.
—Mocoso de mierda.
—¡Tra-traté de avisarle!
—No me jodas, pendejo —Tomó entre sus dedos la barbilla del menor y la apretó hasta abrir completamente su boca. Soltó su propio miembro y metió los dedos en la húmeda cavidad del moreno, hasta rozar su campanilla con la punta de estos. Pequeñas arcadas acompañadas de lágrimas salieron de su ojos , mientras sentía como las falanges de Rivaille entraban y salían de su boca, simulando una penetración. Se veía molesto y pareció olvidar el supuesto vómito seco que todavía quedaba en su garganta—. Ensuciaste mis malditas botas. ¿Qué vas a hacer al respecto, niñato?
Se veía completamente serio al respecto; al parecer de verdad que tocó una vena sensible del mayor. Sus ojos destilaban furia y sus dedos lo confirmaban con el rudo movimiento. Creyó que iba a vomitar por la profundidad con la que profanaba su garganta, pero aguantó con todas sus fuerzas para no molestar más de lo que estaba al mayor.
Dijo lo primero que se le vino a la mente.
—¡Las limpiaré! Las dejaré brillantes pero… ugh! ¡Pare por favor!
Oh...con que los limpiaría.
Eren no se dió cuenta del doble sentido que pudieran tener sus inocentes palabras. El brillo de los ojos del mayor se acentuó y una leve sonrisa de lado decoró su pálido rostro; percibió como sus manos que estaban tirantes, encadenadas al techo, se aflojaron poco a poco, hasta poder dejarlas completamente tendidas en la cama. Sus acalambradas extremidades sintieron alivio al ver que la presión en esta disminuya considerablemente.
Creyendo que Rivaille le perdonaría por esta vez, se permitió sonreír con alivió y mirar con gratitud al mayor.
—No te emociones, mocoso.
¡PAFF!
La fuerte bofetada que recibió en su mejilla lo dejó conmocionado. ¿Pero qué demonios?
Rivaille se sentó frente a él con las piernas abiertas. Haciendo notoria la diferencia de estatura. Eren lo miró desde arriba conmocionado, y por un momento, pensó que tomaría el control de la situación.
Con Rivaille como acompañante, debió saber que esa opción estaba completamente descartada. Este alzó el pie y lo puso a la altura de su rostro, dejando a la vista como su semen se deslizaba por esta hasta llegar a las sábanas.
—Límpialo —Eren lo miró desconfiado
—No entiendo a lo que se refiere.
—Digo que abras tu jodida boca y saques esa maldita lengua. ¿Querías chuparla? Esto es lo más cerca que estarás de hacerlo.
¿Estaba bromeando, cierto?
La bota le pegó en su rostro y lo empujó levemente hacia atrás. Los ojos de Eren se agrandaron de sobremanera y se sintió morir. El solo pensar en lamer su propio semen le producía unas terribles ganas de vomitar.
—No quiero…
—No me interesa. Te salvé de que te metieran en la cárcel y te ofrecí educación y asilo. ¿No crees que deberías devolverme el favor?
Las lágrimas que trataba de contener pasaron a bañar su rostro de sobremanera , acompañado de sollozos lastimeros y desconsolados. Paso a abrir la boca y a sacar su lengua, esta vez expresando la arcada en señal de lo asqueroso que le resultaba. Los ojos del mayor se suavizaron, pero no lo detuvo en ningún momento. Era una opinión totalmente personal, pero la mejor forma para educar según él era a través del dolor y del sufrimiento.
Tal y como Kenny lo había hecho en su persona.
La lengua tímida del menor comenzó a delinear poco a poco el empeine de la bota, sin tocar aun el semen. El ojigris procedió a seguir con lo suyo volviendo a posar su mano en su propio miembro y empezando a agitarlo en un delicioso vaivén. Desde la base donde se podía notar el fino vello hasta la rosada punta, cubierta de líquido preseminal. Pequeñas venas azuladas adornaban la longitud y mostraban el deseo de liberar toda su lujuria en un solo chorro potente y blanquecino. Pero su resistencia lo hacía esperar hasta que el menor terminará con su tarea encomendada.
Eren pasó a acercarse poco a poco a su líquido en la bota del mayor. Lamió lentamente entrecerrando los ojos y formando una mueca por el sabor amargo que llenaba su paladar. La espesa sustancia quedaba en su garganta y trataba con todas sus fuerzas en tragarla, pero su cuerpo seguía rechazándola.
—Mierda… Eren…
Los jadeos del mayor poco a poco empezaron a hacerse más fuertes y descoordinados. Su respiración se volvió espesa y sus pómulos empezaron a adquirir un leve tono rojizo.
—Rivaille… —Eren, ya sin importarle las arcadas o el asco, empezó a lamer vorazmente lo poco de semen que aun quedaba en la bota; sin despegar la vista de los ojos del mayor y de su gruesa virilidad. Lo sabía, estaba tan cerca…
Y ocurrió. Su bota estaba ya completamente limpia, su cabeza reclinada hacia el techo. Sus calientes quejidos hacían vibrar todo el cuerpo de Eren y su rostro se distorsionó por un segundo. Chorros de semen fueron disparados en la camisa del mayor mientras que un estremecimiento recorrió toda su espina dorsal. Se había corrido justo para el momento en que la vela terminó de consumirse completamente.
—Eren…
La habitación quedó sumida en la oscuridad y en el silencio. Solo se escuchaban las respiraciones cansadas de ambos hombres. Uno sentado con las piernas abiertas y otro inclinado sobre sus codos y rodillas con la cabeza recostada en la blanda superficie.
Eren pensó entonces que Rivaille se pararía y lo dejaría para ir a tomar un baño, pero, para su sorpresa, pasó algo realmente diferente.
La callosa mano del mayor se acercó a su cabello y lo empezó a acariciar lenta y hasta delicadamente. Entrecerró los ojos y una paz inundó su ser al sentir el roce.
—Buen chico, Eren.
Gimió tranquilo y como si fuera un pequeño animalito se acurrucó entre las piernas y el descubierto miembro del azabache. Sin ninguna lujuria ni deseo carnal se dejó arrullar por el confortable contacto.
—¿Qué soy… un perro? —mencionó con tono juguetón y se acercó aun más. Con las manos apresadas no podía hacer mucho, pero la posición se asemejaba bastante a un tipo de abrazo post-orgasmo.
Sintió unos labios en su mejilla y sus ojos se abrieron sorprendidos. Sintiendo un cosquilleo en la zona y como su rostro se tornaba tan rojo como un tomate.
—No te pases de listo, mocoso de mierda —mencionó divertido.
Rivaille lo dejó con cuidado en la cama, recostando su cuerpo en las sábanas. Le dio una leve palmada en la cabeza y se incorporó estirando su cuerpo. Se encaminó hacia la escalera y lo miró directamente a los ojos.
—Duerme bien, mocoso.
Sí… una buena siesta le vendría bien…
Cerró los ojos relajado y empezó a sumirse en la inconsciencia.
Súbitamente un pequeño detalle lo despertó.
—¡Rivaille! ¡L-las cadenas!
Pero el mayor se había ido.
¡¿Tendría que pasar toda la noche con las cadenas puestas?!
—¡RIVAILLE!
No fue la mejor noche para Eren.
Salió del baño ignorando los gritos del menor en el sótano. Una toalla lo cubría y se secaba el cabello con otra más pequeña.
El teléfono de la habitación empezó a sonar y el ojigris gimió con fastidio. ¿No podía tener una noche tranquila?
Caminó para ver quien se le ocurría llamar a las -miró el reloj en su pared- una de la madrugada en un maldito fin de semana. Se sentó en el sofá y se recostó mientras tomaba el teléfono, asumiendo que si se trataba de la persona que creía que era, seguramente no contestaría Apretó el botón verde y se masajeó la sien. Si es que de verdad existía un Dios, seguramente lo odiaba.
—¡Enan...!
Cortó de inmediato.
Era la maldita de Hanji.
Como odiaba tener razón en todo.
Se levantó apresurado y buscó el cable que desconectaba el teléfono, pero este empezó a sonar por segunda vez. Acabando con su paciencia.
"Maldita cuatro ojos"
—¿Qué mierda quieres...?
—Erwin te descubrió... Si vas...
Oh, mierda.
Abrió los ojos pasmado y se quedó sin habla. Esperaba que no fuera lo que él creía.
—No sé a qué mierda te refieres, loca de los mutantes o lo que seas, pero deja de joderme a estas horas de la madrugada. Necesito una maldita siesta y...
—Erwin sabe que tienes a Eren Jaeger. Lo quiere mañana a primera hora en su oficina.
Maldita sea.
Lanzó fuertemente el teléfono contra la pared de la habitación, destrozándose en mil pedazos y agrietando el cuadro que recibió el impacto.
Se sentó y en busca de algún tipo de consuelo sumergió su cara entre sus manos, estirando su cabello hasta sentir un dolor punzante en el nacimiento de este, maldiciendo en voz alta repetidas veces. Sintió la impotencia de saber que no podría hacer nada para evitar que Eren fuera a ese jodido lugar.
Miró la pequeña foto que descansaba en la mesa del centro. Buscando una respuesta en ese par de miradas que alguna vez fueron parte de su vida.
Golpeó el sofá frustrado.
—Carajo…
Y de repente recordó.
Se levantó apresuradamente sin importarle que la toalla se hubiera caído en el proceso o que ahora caminaba con el trasero al aire por toda la estancia. Buscó con avidez la maleta que había traído de la casa de Eren, encontrándola al pie de la entrada.
La tomó con cuidado y la abrió mientras se agachaba para buscar en su contenido.
Ropa y libros de estudiante de preparatoria.
Y, envuelto en una manta llena de dibujos de patos de hule, la más importante pertenencia que Rivaille alguna vez pudo encontrar en su puta vida.
Envuelto en la manta se encontraba un brazo.
El brazo tenía un tatuaje.
El brazo tenía un dueño.
El brazo era de Zeke.
Ah sí, y sus nuevos productos de limpieza.
Muchas gracias por leer hasta acá!
Quiero agradecer a todos los que comentaron!fueron alrededor de 13 u 14, me hicieron demasiado feliz! y los favoritos y los follow y toooodos los que leyeron mi humilde primer historia en este fandom x3 por eso tate de mejorar mi modo de narración (cometo errores como narrar muy poco) xD asi que todos los dias escribi un pequeño pedaso ksdnve xD. obviamente junto con la mejor beta del mundo AngelGefallen Joder tiene q leer su historia "Dulce caramelo" nose a mi me encanto xD
Tratare de actualizar una vez a la semana por q mis vacaciones terminan en unos dias 7u7, asi que estaré llena de trabajos pruebas y mi part time.
Espero un que dejen review! las criticas siempre son recibidas, buenas o malas, me hacen feliz de todas formas ewe.
Byebye!
CatyUchihaWix
