Holas.
Hay ni se por donde empezar.
Intentaré hacer esto cortisimo.
Perdón. Mil perdones por dejar la historia así, tirada, pero es que mi computador murió y la historia, TODA, se quedó ahí, y no saben lo difícil que fue retomarla y acordarme de las cosas que había escrito. Estuve casi dos semanas intentado escribir este capítulo hasta que salio. Sinceramente espero poder cumplir con los capítulos que vienen :/
Espero que les guste.
¡Gracias por sus comentarios, fav y follows!
Bye.
Lana: Holis. Perdón por romper tu corazón D:
Miri: Holis. Exacto. Ya Draco lo sabe, asi que, bueno, haber que le dice Hermione.
Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
Capítulo 6. La verdad (parte 1)
Altair susurró un hechizo y todas sus pertenencias quedaron ordenadas en la maleta. La decisión estaba tomada. Necesitaba hacerlo, necesitaba irse porque de otra manera no sería capaz de alejarse de Hugo como su padre quería.
Dejó todo a un lado y salió de su habitación dispuesta a comer algo antes de irse.
Sus pasos fueron rápidos al bajar por la escalera, y casi al momento se dio cuenta de que había alguien más en su casa.
—Hugo —susurró al verlo—. Espera…
El chico se giró para mirarla.
—Altair.
Altair cada día que pasaba comprendía que lo amaba muchísimo, pero no sabía si eso era suficiente para enfrentarse a su familia, a su padre.
— ¿Qué haces aquí? ¿Viniste a verme? —preguntó esperanzada.
Él medio sonrió —No realmente. De todas formas me voy, espero que todo salga bien en tu viaje.
— ¿Qué pasa si no me voy?
Hugo la miró un momento. Jamás se había dado cuenta de lo caprichosa, mimada, que era. De lo manipuladora que podía llegar a ser —Es tu decisión, Altair.
—Lo siento…
— ¿De verdad?
Ella asintió.
—Yo también lo siento —murmuró él, ella caminó hacia Hugo—. Siento haberte conocido.
— ¿Por qué me haces esto?
—Porque yo te amaba.
Altaír no respondió nada y dejó que su amor se fuera.
Quizás era lo mejor.
Quizás debería aceptar su error al haberlo dejado.
…
La primera vez que tropezó con ella en la biblioteca no sabía que podía comportarse cortésmente. La guerra le había pegado duro, tan duro que comprendió que no podía tener prejuicios contra nadie. Lamentablemente aquellos pensamientos se fueron diluyendo con el pasar de los años. Se diluyeron completamente cuando vio como ella también se casaba, cuando supo que la había perdido definitivamente. Sí, se había enamorado de Hermione Granger, pero no podía echar por la borda aquel compromiso con los Galasso.
Cuando finalmente conoció a Constansie supo que no la amaría nunca. Ella era bella, refinada, práctica y fría, pero no se comparaba con la belleza de Hermione y con el amor que había visto en sus ojos. Draco decidió que él también sería así, que volvería a ser así.
La fiesta fue perfecta, las personas que conoció le abrieron, tiempo después, un muy perfecto mundo en las inversiones italianas. La luna de miel, sin embargo, fue distinta; en vez de disfrutarla como pareja de recién casados, se pasaron toda la noche planeando su vida, su futuro. Había quedado muy claro entre ellos que el amor no surgiría, que si deseaban tener amantes podían hacerlo, pero que de ninguna manera aquello se debía saber. Serian prácticos, el matrimonio perfecto.
La primera vez que tuvieron relaciones, Draco comprendió lo que era tener sexo frío y práctico.
A los meses se enteró de que ella estaba embarazada. La felicidad inundo su mirada, mas no su actuar.
Altair había sido la luz en aquel túnel oscuro que era su vida.
La sensación de tenerla en sus brazos había sido arrolladora y fuerte.
Ahora, después de saber la verdad, se dio cuenta de que si se hubiese quedado, o tan siquiera sospechado, quizás aquella sensación la habría sentido dos veces.
Porque él debió saberlo, en el fondo sabía que era así, pero no dejó que la lógica lo iluminara completamente. Fue un idiota por confiar en ella, por creer en sus palabras. Ella solamente deseaba que no supiera la verdad y dejarlo como el "malo" de la historia.
El puño se deslizó implacable por aquella puerta de madera.
Jamás pensó que tendría que recurrir a esto. Había pensado que aquella reunión sería la última.
—Malfoy… —murmuró cuando la puerta fue abierta.
—Hola, Granger.
— ¿Qué haces aquí?
—Necesitamos hablar.
Ella miró hacia atrás y luego asintió dudosa dejándolo pasar.
Draco caminó elegantemente y se quedó mirando aquella casa tan hogareña, tan simple.
— ¿Qué pasó?
Él suspiró controlando todas las emociones —Eso mismo me gustaría saber a mí —la miró intensamente.
— ¿Qué quieres decir? —preguntó confundida frunciendo el ceño.
—Lo es todo.
Hermione abrió la boca intentando pronunciar alguna palabra coherente, y es que aquella declaración significaba muchas cosas.
— ¿Qué…?
Draco la agarró de los hombros acercándola.
—Lo es todo, sangre sucia. Todo.
— ¿De qué hablas? —preguntó temerosa.
Él la apretó más sin siquiera percatarse del daño que le pudiese estar haciendo —Él es mi hijo —murmuró siseando.
Ella atinó a reírse nerviosamente — ¿De dónde sacaste eso?
—Sus ojos…
Eso la impactó completamente —Hugo no es tu hijo.
Draco rió sin ganas apretándola más — ¿A no? ¿Entonces no te negaras a hacerle una prueba de ADN o, mejor aún, una prueba de compatibilidad mágica?
—Nunca permitiría eso —dijo con arrogancia—. Hugo no es tu hijo, es de Ron.
—Por supuesto, es evidente por su cabellos pelirrojo, sus ojos color miel y que, oh, fue a Gryffindor. Él mismo me conto de su inusual casa. Quizás, no lo vi antes, pero ahora está muy claro.
— ¿Cómo…? —su voz tembló.
—Él fue a verme.
—No es tu hijo.
Draco la alejó de un empujón.
—De cualquier forma lo descubriré. Con o sin tu ayuda.
— ¿Por qué te importa tanto?
—Ciertamente no me importa si es o no mi hijo. Digamos que solo necesito saberlo. Porque si es así puedo llevarme a Altair muy lejos y no dejar que se enamore más de él.
Hermione cerró los ojos.
¿Por qué estas cosas le sucedían a ella?
Todo estaba tan bien, tan perfecto, que nada pudo haber salido mal.
—Cuando me dejaste —comenzó—, pensé que podría seguir con mi vida, que nada me ataría a ti, pero me enteré de que estaba embarazada. Entonces, sí, Malfoy, Hugo es tu hijo.
Draco quiso controlarse, pero la verdad es que irradiaba rabia. No se contuvo y la abofeteó. El rostro de Hermione ardía por el golpe, pero lo que más le dolía era el alma al ver la reacción del que su fue amor. Se esperaba cualquier cosa menos eso.
— ¡¿Cómo pudiste mentirme en algo tan grave?!
Ella le miró de frente, la mejilla le ardía y sintió como un hilillo de sangre se escurría por la comisura de sus labios —Después de que me dejaste no esperabas que corriera a ti y te dijera la verdad. No quería humillaciones y menos que me quitaras a mi hijo.
Él bufó exasperado —Ciertamente, aún puedo quitarte a tu hijo.
—Claro que no puedes, Malfoy —murmuró que quebradamente. No quería llorar, pero las lágrimas estaban acumuladas en sus ojos,
—Oh, sí puedo. Puedo contarle la verdad y hacer que sus palabras te duelan más que el golpe que te di.
— ¿De qué demonios estás hablando, Malfoy?
Draco y Hermione miraron hacia la chimenea, Ronald Weasley caminó a grandes zancadas y se puso a un lado de su esposa.
— ¿Qué pasó?
Hermione miró a su esposo y él comprendió todo en menos segundos de lo que esperaba, comprendió y todo el temple que pudo haber tenido se esfumó al ver la mejilla de su esposa. Apretó los puños y se lanzó contra Draco golpeándole el rostro.
La mujer fue testigo de cómo se golpeaban sin medir ninguna fuerza entre ellos. Intentó separarlos, pero estaba tan histérica que no lograba formular ningún hechizo con su varita.
—Inmobilus —murmuró alguien a pocos pasos.
Ambos hombres quedaron inmovilizados, Hugo miró a su madre quien estaba histérica y no paraba de llorar.
— ¿Mamá? ¿Qué pasó?
Ella parpadeó mirándolo.
—Yo…
— ¿Qué pasó? ¿Estás bien? —el chico tocó el golpe en la cara de su madre.
La mujer suspiró alejándose del tacto de su hijo y sacó su varita murmurando un "Finite Incantatem". Ambos hombres se levantaron inmediatamente.
—Vete, Malfoy.
Draco miró despectivamente a Hermione y a Ron. Después miró a Hugo, su… su hijo, y asintió —Esto no va a quedar así. Tienes todo el día para decir la verdad, si no es así ya sabes lo que pasará.
Y sin más se fue.
La habitación quedó en un hermético silencio que fue roto por una dulce voz.
— ¿Estas bien, mami?
Hermione miró a su pequeña Rose, quien solo estaría con ellos el fin de semana, y comprendió porque Ron había aparecido tan repentinamente. Su hija lo había llamado.
—Cariño… —comenzó a hablarle— necesito que tú y tu papi vayan a visitar a la abuela Molly.
—Hermione…
—Luego, Hugo y yo les alcanzaremos.
— ¿Estas segura?
Ella miró a su esposo —Segura.
Ron asintió acercándose a ella.
Él tocó delicadamente la mejilla de su mujer. La amaba tanto, pero sabía que ella no sentía lo mismo.
—Cuídate. Vamos, Rose.
La niña tomó la mano de su padre, y juntos caminaron hacia la red flu.
—Mamá.
—Hugo… acompáñame.
Hermione caminó directamente hacia la cocina. Necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos y palabras.
— ¿Qué paso en la mejilla, mamá?
Hermione inconscientemente se tocó la cara. Le dolía, pero no tanto como tener que decirle la verdad a su hijo —Discutí con Malfoy.
— ¿Te golpeó? —preguntó incrédulo.
La mujer se encogió de hombros —Estábamos discutiendo.
—Es un maldito hijo de puta… —apretó los puños— me las pagará.
—No harás nada, Hugo —dijo firme Hermione.
— ¿Por qué? Te golpeó, ahora entiendo porque él y papá estaban peleando, debí dejar que siguieran.
Hermione se acercó a él y lo abrazó. Necesitaba sentir el amor de su antes de que le confesara la verdad.
—Te mentí —ella se separó para mirarlo a los ojos—. Lo siento mucho, hijo.
— ¿En qué mentiste?
—Que visitaras a Malfoy provocó que él se diera cuenta de algo —la mujer retrocedió unos pasos—. Nunca pensé contarte esta parte de mi vida porque simplemente no se me pasó por la cabeza que conocerías a Altair Malfoy, pero el destino a veces nos juega una mala pasada.
En mi último año en Hogwarts yo conocí a Draco Malfoy, es decir como era verdaderamente. En los años anteriores nos llevábamos muy mal, pero luego de la guerra él cambió. Salimos juntos, a escondidas, y tuvimos algo muy lindo. Él me dejó, casi cuando íbamos a terminar el colegio, porque se iba a casar con Constansie. Algunos días después me enteré de que estaba embarazada de él.
Ya está. Lo había dicho. La verdad había quedado ahí; desnuda y palpable.
— ¿Dónde está ese bebe, mamá? —preguntó temeroso.
Ella tragó todos los sentimientos que esa pregunta le provocaba —Ese bebe eres tú, Hugo.
