Holas!

Siiiiiiii... pude cumplir :) Jejeje. Bueno, creo que podré cumplir con un capítulo semanal (todo mis ratitos libres los dedicaré a ello)

Okey.

Em, quiero aclarar algo importante. Yo estoy en contra de la violencia contra la mujer (en mi país hay femicidios cada hora u.u). Quiero que entiendan que, para mi, los capítulos están trazados así y, aunque a mi me cueste escribirlos, serán así. Mas adelante, uno o dos capítulos más, también sucederá algo parecido.

Aclarado ese punto, comenzó a decir que este capítulo tiene una advertencia: contiene lemmon, o algo parecido.

Espero que les guste.

Bye.


Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


Capítulo 7. La verdad (parte 2)

Sinceramente, siempre se sintió diferente a su familia.

Nunca lo había dicho en voz alta, pero encontraba que no se parecía mucho a su padre. Rose, en cambio, era una copia de él; su cabello era pelirrojo, pecosa y tenía unos increíbles ojos azules. Hugo, consideró entonces que se parecía más a su madre, cosa que, de cierta forma, era cierta, excepto en los ojos.

Cuando fue seleccionado en Slytherin, independientemente de lo que pensara su familia, se sintió dichoso de ser "diferente". Poco tiempo después se dio cuenta de que ningún Weasley había pertenecido a esa casa y fue ahí, y no antes, donde el colegio dejo de ser placentero. Solo su amiga Aline Nott ayudó a sobrellevar todo.

Ahora, después de años, se da cuenta de que siempre perteneció ahí, a esa casa, de que era muy obvio el motivo para quien lo sabía.

—Repítelo —susurró fríamente. La voz salió trémula y su mirada estaba fija en su madre.

Hermione comenzó a sollozar e intentó acercarse a su hijo, pero este se alejó dando unos pasos.

—Repítelo. Necesito oírlo de nuevo.

Ella tragó saliva —Ese bebe e-eres t-tú —tartamudeó.

Hugo cerró los ojos intentando controlar sus sentimientos. Deseaba llorar y destruir todo a su alrededor, pero, en el fondo, necesitaba ser frío. Necesitaba respuestas — ¿Me acosté con mi hermana? —preguntó a la nada.

Hermione comenzó a llorar tapándose el rostro con las manos. Hubiese deseado que Ron estuviese, pero su realidad era así. Tenía que enfrentarlo sola. Tuvo la oportunidad de decir la verdad muchas veces y no las había aprovechado.

— ¿Por qué? —preguntó aparentando estar tranquilo—. ¿Por qué me mentiste?

—Porque no quería romperte el corazón… —respondió ella mirándolo.

— ¿No querías? —preguntó inexpresivo.

—Hugo…

—Mamá… no te entiendo. No logró comprender porque me mentiste en algo tan importante. Me acosté con ella, no una, sino muchas veces. La amo con todo mi corazón, independientemente de que Altair me haya dejado. Pensé que ella había roto mi corazón cuando me dejó, pero tú… tú terminaste de romperlo.

—Hijo…

— ¿Por qué no me lo dijiste? —repitió—. Si tan solo… tú… tú me lo hubieses dicho… yo —la voz se quebró y desvió la mirada aguantándose las lágrimas.

Hermione se acercó y tocó su hombro. Jamás había visto tanta tristeza en la mirada de su hijo. Error. Si había visto esa mirada: cuando Altair lo dejó.

—Perdóname.

— ¿Qué cosa? —la miró directamente a los ojos—. ¿No decirme la verdad sobre mi padre o que, por no decirme las cosas antes, este enamorado de mi hermana?

—Lo siento. Jamás pensé que te enamorarías precisamente de ella —Hermione tocó la mejilla de su hijo—. Perdóname, por favor.

—Dime que no me has mentido en nada más y lo pensaré.

—Te he dicho toda la verdad.

—Eso espero —murmuró—. ¿Mi papá lo sabe, supongo? —la pregunta resbaló dudosamente de sus labios.

—Lo sabe. Él desde que supo que tenías una relación con Altair quiso que te lo dijera, pero siempre desistí. Hugo, hijo, él no tiene nada que ver mis decisiones. Es tu padre, por sobretodo.

Él quitó la mano que acariciaba su mejilla —Lo sé. No tienes que decirme eso. Él es mi único padre —afirmó.

Hermione asintió y se preguntó ociosamente si Draco buscaría a Hugo después de saber la verdad.

—Me voy.

—Hugo…

— ¿Si?

—Solo… si tienes una duda o cualquier pregunta ven a mí.

El chico frunció el ceño y luego comprendió —Nunca dudes de mí, mamá.

Hugo desapareció por la red flu. Hermione se quedó sola en la casa. Las lágrimas seguían marcando su rostro. Jamás pensó que decir la verdad dolería tanto.

Draco tiró todo lo que estaba en el escritorio.

Estaba furioso, colérico, por lo que había pasado, por la verdad que ahora estaba marcando su vida.

Tenía un hijo.

Joder.

Tenía un hijo con la mujer que amo en su adolescencia, con aquella única chica que le permitió ver sus cicatrices.

Mierda.

De tan solo haberlo sospechado, quizás…

Se dejó caer en la silla totalmente agotado, la mirada perdida en algún lugar de la habitación. Sus pensamientos giraban todos en torno a Hermione y a su hijo.

¿Qué haría ahora? ¿Qué pasaría ahora? Altair estaba a punto de irse, cosa que era buena. ¿Cómo Hermione, por todos los demonios, dejó la verdad oculta? Si lo hubiese sabido, su hija estaría muy lejos desde hace mucho tiempo.

— ¿Estas bien?

—Porque no he de estarlo —contestó sin mirarla.

Constansie frunció el ceño cuando vio el desastre en el suelo. Algo, realmente malo, le pasaba a su esposo para estar así. No solía entrar donde Draco trabajaba, pero lo había visto llegar furioso y estaba aburrida así que decidió investigar que le sucedía.

— ¿Seguro?

Draco la miró. Ella se dio cuenta de que él tenía la mirada algo desenfocada y estaba conteniéndose en llorar. Algo que jamás había visto —No te importa.

Constansie se mordió el labio. Rodeó el escritorio y como pudo se sentó en el regazo de su esposo —Sé que no somos el matrimonio que todos creen, pero somos amigos, o algo así. Nosotros planeamos nuestro futuro, planeamos todo. ¿Hay algo que salió mal? —preguntó.

Draco juntó la su frente con la de ella. Constansie tenía razón. Toda su vida matrimonial estaba planeada, trazada desde hace años, necesitaba confiar en ella —Tengo un hijo. ¿Eso, para ti, es salirse del plan?

Dos semanas después…

La lengua se deslizó endureciendo los pezones. La espalda se arqueó y los gemidos llenaron la habitación.

Los piernas se enredaron en la cintura, y los embistes fueron cada vez más rápidos.

Se besaron, y a los pocos minutos llegaron juntos al orgasmo.

Jadearon mirándose a los ojos.

Ojos parecidos, iguales.

Hugo murmuró algo y luego se deslizó fuera de su compañera.

Quedó arrodillado entre las piernas de ella. Cerró los ojos intentando regular su respiración.

—Pensé que no querías verme —murmuró ella acomodándose en la cama.

Él la miró —Quizás quiero seguir haciéndolo.

—Lo siento. Mi padre…

Hugo el besó —No quiero hablar de tu padre cuando podemos estar haciendo cosas más interesantes.

—Tienes razón. De todas formas ellos creen que me fui.

—Es una suerte para ti, entonces.

—Suerte para los dos.

—Eso creo.

Hugo se levantó de la cama y caminó hacia el baño.

Se deslizó por la puerta cerrada quedando sentado en el suelo.

Dos semanas. Dos jodidas semanas y el dolor seguía ahí. Seguía tan palpable como el amor que sentía por Altair.

Mentiría si dijera que la había olvidado. Mentiría…

Ella era tan real, tanto, que estaba sobre aquella cama de hotel.

Era tan real que no pensaba en nada cuando le hacia el amor. De las tres veces que se habían reunido, luego de que supiese la verdad, siempre terminaba encerrado en el baño vomitando ante la realidad.

Altair era su hermana y no podía hacer nada para cambiar eso.

No podía hacer nada para sacársela de la cabeza.

— ¿Dónde estabas?

Hugo dejó la chaqueta en el colgador y respondió: —Salí, obviamente.

—Eso es evidente, Hugo. Mejor pregunto, ¿Con quién estabas?

—Con nadie, papá —respondió con fastidio.

—A mí no engañas —Ron se levantó del sillón.

— ¿Qué piensas que estaba haciendo? —se atrevió a preguntar.

La relación padre-hijo había cambiado mucho, había sufrido tales mutaciones, que Hugo ya no podía sentirlo como tal. Aún estaba dolido. Sus padres lo sabían y no se lo habían dicho. Dejaron que se enamorara como idiota y ahora se jodía en la mierda.

— ¿Estabas con ella? —preguntó temeroso.

—No.

—No te creo.

—Puedes hacer lo que quieras —le dijo caminando hacia su habitación.

—Hugo, escúchame… —el chico comenzó a subir las escaleras—. Soy tu padre y estamos hablando.

Hugo se detuvo por el efecto de aquellas palabras. ¿Por qué ahora no lo sentía así?

Bajó los pocos escalones que había subido.

—Tú no eres mi padre —aquellas palabras salieron duras y frías de su boca.

El chico pudo ver el desconcierto y el dolor en los ojos del hombre —Puede que no lo sea, pero eso no quita que por veinte años te he criado como a uno. Así que, por tanto, me debes respeto —dijo firmemente Ron intentando que su voz no se quebrara.

—No eres mi padre. No lo eres. Tú y mamá no hicieron más que mentirme. ¿Por qué me mentiste?

—No me correspondía a mí decirte la verdad.

—La odio. Quizás, en un principio, estaba en shock y no lo hacía, pero ahora, pasados los días, la odio por mentirme, por ser incapaz de revelarme algo tan importante, por todo…

—Hijo…

— ¿Por qué no eres tu mi padre? —le preguntó desviando la mirada—. La amo tanto. Tanto. Nunca podré olvidarla, ¿Por qué mamá tuvo que mentir?

Ron lo atrajo hacia él y lo abrazó.

—Han pasado dos semanas y no hay día en que no piense en ella.

—Tienes que olvidarla. No puedes…

—Por favor. Dime, ¿Cómo la olvido?

Ron no contestó. Tenía una respuesta para eso.

Lo estrechó más en sus brazos, y Hugo se dejó llevar y lloró desconsoladamente en los brazos de Ron.

Draco releyó la carta y luego suspiró.

Dos semanas después y su hija estaba muy lejos de Londres. Hablar con Constansie aquel día había sido totalmente esclarecedor. Ella era una muy mujer fría y práctica. Le habló claramente sobre lo que tenía que hacer. Y él había hecho todo lo que hablaron.

Primero, enviar a Altair lejos. No a Australia, sino a otro lugar.

Segundo, mover sus hilos en el Ministerio para poder hacerle a Hugo una prueba de compatibilidad mágica.

Y tercero…

—Señor Malfoy, el joven Weasley está aquí.

Draco asintió y el elfo se retiró dejando pasar a Hugo.

Hacía cuatro días que Hugo Weasley le había mandado una carta, cosa que lo sorprendió, pidiéndole escuetamente el poder ir a verlo a la mansión. Draco tardó dos días en responder.

—Hugo…

—Señor Malfoy.

—Ambos sabemos que…

—Lo sé, señor, solo que no… no puede pedirme que sea diferente.

Draco asintió —De acuerdo. ¿Algo de beber?

—No gracias.

—Entonces, tú dirás.

—No voy a fingir que estoy bien después de saber toda la verdad. Es muy duro para mi enfrentar esto y más si… aún amo a Altair. Yo… yo… vengo a pedirle que me dé su apellido, señor Malfoy.