Hola, buenas noches ;)
Espero que hayan tenido un buen inicio de semana, y, bueno, yo aquí subiendo capítulos como les volví a prometer. No puedo creer que ya vaya en el Capítulo 8 :D ame escribir el capítulo porque me costó un montón ponerme de acuerdo conmigo misma jajaja.
Bueno, espero que les guste.
Bye.
¡Gracias por los comentarios, fav y follows!
Disclaimer;los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
Capítulo 8. Seres repugnantes
La cara de Draco era todo un poema, su boca se abrió intentando formular alguna respuesta, pero es que aquella petición le había dejado el blanco. Él, después de saber la verdad, no había tenido ni la más mínima intención de resolver las cosas con su… su hijo. Se conformaba con que Altair estuviese lejos y, bueno, aún estaba buscando el momento para contarle la verdad.
Desvió la mirada hacia la ventana e intentó que su voz no reflejara sentimientos al contestarle.
— ¿Por qué lo quieres?
—Porque —murmuró a su vez Hugo—. No lo sé, solo quiero no estar confundido con todo esto, señor Malfoy —mintió.
— ¿Tus padres lo saben? —Draco lo miró con más atención.
—No —contestó pensando en su madre, en como después de todo lo que había pasado su resentimiento hacia ella crecía más y más—. No he hablado con ellos, en realidad esta es una decisión mía. Necesito su apellido.
— ¿Qué dijiste? —preguntó alguien a sus espaldas.
Hugo no conocía la voz, pero evidentemente era una mujer.
Constansie, la madre de Altair.
— ¿Qué haces aquí, Constansie? —preguntó Draco mirando a su mujer.
—Pasaba por aquí cuando escuché la petición. Además, quiero saber tu respuesta, cariño.
—No es algo tan descabellado si lo piensa, señor Malfoy. Soy su hijo y quiero eso. Sinceramente, usted me preguntó porque y la respuesta es porque es mi padre.
Constansie caminó hasta estar al lado de su esposo. Si ese chiquillo obtenía el apellido Malfoy, su hija quedaría a un lado. El heredero varón tenía todas las de ganar. Maldijo a sus adentros el no haber tenido otro hijo. Si de ella dependía, él apellido quedaría donde estaba.
—Si quieres el apellido deberás dejar de acostarte con mi hija —le dijo mirándole retadoramente.
— ¿De qué estás hablando? —preguntó Draco desconcertado.
Hugo no se esperaba eso. Sí, se había acostado con Altair, pero después de que hablase con su padre, Ron, había prometido no volver a hacerlo. No quería volver a hacerlo, realmente. Esperaba cumplir.
—Lo dejaré de hacer.
Draco se levantó irritado, ellos hablaban como si él no estuviese presente.
—No te daré mi apellido —concluyó él.
Hugo asintió. Todo pudo haber ido bien si ella no se hubiese metido —Esta carta —murmuró levantando un papel doblado— irá a parar en dos segundos a manos de Altair. Ella se enterara por mí que soy su hermano y usted no quiere eso, señor Malfoy.
—Se lo puedo decir yo y no tendrías ninguna necesidad de amenazarme.
—Cierto, pero no lo ha hecho. ¿Cómo cree que he logrado llegar hasta ella?
Draco caminó a hacia Hugo y lo levantó de la silla.
—No tendrás mi apellido —susurró—. No después de lo que me he enterado.
—Entonces me seguiré acostando con mi hermana.
Draco lo soltó, no deseaba golpear a su hijo —Eres repugnante.
Hugo sonrió sínicamente —Vengo de una familia de seres repugnantes.
Draco vio como Hugo guardaba la carta en el bolsillo de su chaqueta.
—Somos seres repugnantes, padre. Pero tuve la suerte de conocer a una persona que no lo es. Piénsalo, o esta carta irá a parar a manos de Altair en menos de un segundo.
Dio dos pasos atrás y se fue.
Constansie puso una mano sobre el hombro de su esposo.
—Es momento, Draco.
…
Hermione bajó la mirada cuando ya no pudo soportar el reproche de Ginny y Harry. Había decidido sincerarse con ellos primero, después con todos los Weasleys.
— ¿Por qué no nos contaste? —atinó a preguntar Harry.
— ¿Qué querías que les dijeras? —preguntó a su vez—. Hey, amigos, estoy embarazada del chico que me trató mal durante años.
— ¿Cómo llegaste a enredarte con él, precisamente con Malfoy, Hermione?
—No lo sé. En un momento estaba en la biblioteca y al otro ya estaba hablando con él. Todo pasó demasiado rápido. Todo fue muy intenso.
— ¿Ron lo sabe?
Ginny era la más compungida con la confesión. La traición bailaba en su mirada.
—Ron siempre lo supo, aunque yo nunca se lo dije directamente.
— ¿Por qué ahora, Hermione?
Ella suspiró —Hugo se enamoró de la hija de Malfoy, de su media hermana.
—Joder…
—Sí, y, bueno, Malfoy ya lo sabe todo.
— ¿Cómo esta Hugo con la noticia? —Ginny siempre se refería a él, a Hugo, como su sobrino, pero Hermione sabía que las cosas cambiarían.
—Ya te puedes imaginar. Me odia, al principio no lo demostró, pero ahora esta hostil y apenas me habla.
—Es comprensible —murmuró ella—. Si yo me siento shockeada con la noticia, él debe estar mucho peor. Por otro lado, ¿Cuándo se lo dirás a mis padres?
Hermione asintió comprendiendo el punto de Ginny —Quiero que estén ahí. Ron desea que sea lo antes posible.
—De acuerdo —murmuró Ginny, luego miró a su esposo—. ¿Podemos irnos?
Hermione supo que las relaciones se romperían por sus mentiras.
Era el precio que tenía que pagar.
…
— ¿Estás bien? —preguntó.
—Sí, lo siento.
—No te preocupes. En realidad, um, yo tampoco tenía ganas de hacerlo.
—Simplemente no pude.
Altair miró la espalda de Hugo.
Sus encuentros, en un principio, habían sido explosivos, pero ahora todo se había acabado. Lo sentía así.
—Hugo sé que quizás no sea el momento, pero necesito pedirte perdón por haberte dejado aquel día.
—Quizás fue lo mejor.
Hugo estaba de espaldas a ella. Se acurrucó más a la manta que cubría su desnudo cuerpo. No podía mentirse. No podía dejar de amarla, pero llegado al acto… simplemente no pudo… no pudo y eso era algo irreversible.
—Mi padre quiere verme más tarde.
Una semana después el señor Malfoy le diría la verdad a su hija. Hugo se la habría dicho, pero sabía que eso no le correspondía. Él solo necesitaba el apellido.
— ¿Te dijo el motivo?
—No realmente. Solo sé que antes de que se cumpla la hora debo llegar a donde se supone que estoy.
—Bien. Quizás deba irme.
— ¿Podemos… inténtalo de nuevo? —pregunto avergonzada.
—No podemos.
—Hugo… ¿Qué te pasa?
—Creo que… —cerró los ojos—. Me enteré de algo, Altair y creo que no podré seguir viéndote.
— ¿Qué pasó? —murmuró tocando su hombro. Era increíble que ese toque tan mínimo le produjera ahora repulsión, realmente desde que supo la verdad y se acostó con ella sintió aquel pesar, pero ahora era más… más intenso.
—Quizás deberías escuchar a tu padre cuando venga a verte.
— ¿Tiene que ver con él? Hugo, por favor, dime cualquier cosa.
Él suspiró sentándose en la cama.
—Te amo, Aly.
Ella se mordió el labio —Yo también. Dime, ¿Qué pasa?
—No fue un error que me dejaras, él error fue que yo seguí tus juegos. Perdóname. Tengo que irme.
—Hugo…
Él se levantó y comenzó a vestirse rápidamente. Cuando estuvo listo se acercó a la cama y le besó la frente a Altair.
—Perdóname. Si quieres hablar, sabes dónde encontrarme.
Altair se quedó sola en aquella gran habitación sin entender nada. No sabía que horas después las piezas del rompecabezas finalmente encajarían.
…
Hermione siempre supo que esto era inevitable.
Un mes después de que su hijo supiera la verdad, le contó a toda la familia Weasley quien era el padre de Hugo. Las reacciones no se hicieron esperar; hubo llanto, gritos y algunos hechizos. Ron se mantuvo firme a su lado, Hugo era su hijo y nadie le quitaría eso de la cabeza. Sabía que se había casado con un gran hombre, él, independientemente de las mentiras, seguía ahí con ella. No podía decir que lo amaba, le tenía un enorme cariño, quizás debió dejar que los sentimientos fluyeran y no frenarlos.
Por otro lado, su hijo se había ido alejando poco a poco de ella. Atrás había quedado aquella conversación donde le pidió que, ante cualquier duda, recurriera a ella. Sabía que había cometido un error, uno grande, y ahora estaba pagando las consecuencias de ello.
Malfoy se había mantenido pasivo, por el momento, cosa que le extrañaba enormemente, pero quería confiar en que él no quisiera nada con Hugo.
—Necesito que firmes esto —murmuró deslizando una carpeta café sobre la mesa.
No lo había escuchado, ¿Ta sumida estaba en sus pensamientos? — ¿Qué es esto?
—Léelo.
—Hugo…
—Bien, madre, hace algunos días le pedí al señor Malfoy que me diera su apellido. Es un papel que debes firmar para poder hacerlo.
— ¿De qué estás hablando? —preguntó hojeando la carpeta.
—Jamás podré comprender que me mintieras. Él y yo hemos tenido algunas conversaciones —mintió.
— ¿Por qué no me lo dijiste?
—Por la misma razón que tú no me dijiste que mi padre no era mi padre. Temí romper tu corazón —dijo irónico.
Ella suspiró —Perdóname, hijo, pero no firmaré nada.
—Por favor, no te cuesta nada.
—Me cuesta, claro que sí, pero no por lo que piensas, sino por Ron. ¿Se lo has dicho?
—Él no es mi padre.
—Hugo… siento mucho haberte mentido y engañado, pero no nos puedes hacer esto.
— ¿Qué sientes? ¿Haberme mentido? ¿Qué él sea mi padre? ¿Haberme tenido y haber engañado a todo mundo? Crees que no lo sé, pero mis abuelos y mis tíos ya no me miran de la misma manera. Me doy cuenta de todo, mamá. Odio que me hayas mentido porque a pesar de todo sigo amando a Altair.
—Debes olvidarla, debes intentar olvidarla, no te hace bien estar enamorado de ella —murmuró—. Lo siento, siento haberte mentido, pero no podía decirte la verdad. Era muy difícil de decir.
—Claro, lo entiendo, pero bien que pudiste hacerlo cuando el señor Malfoy te restregó la mentira en la cara.
— ¿Hasta cuándo estarás así?
—Firma eso y lo pensaré.
—No firmaré nada. Tu padre es Ron y no él, ya te lo dije.
Hugo asintió —Cuando era más pequeño pensé que él no era mi padre. No nos parecíamos, nunca lo hicimos, y creí que era un idiota por pensar eso. Sin embargo, tuve razón. Creo que si Draco, mi padre, hubiese sabido y hubiese peleado por mi custodia me habría ido con él.
Ella lo abofeteó con lágrimas en los ojos —No tienes derecho a hablarme así, Hugo. Soy tu madre, por sobre todas las cosas, y jamás hubiese dejado que él, si en dado caso lo hubiese sabido, te alejara de mí.
Él se acarició la mejilla y murmuró: —Somos seres despreciables, mamá. No puedes esperar algo bueno de mi boca para ti, aún estoy resentido. Si quieres leer con más calma el documento, hazlo. Háblalo con tu esposo.
Hugo se fue arriba.
Y Hermione comenzó a pensar en los errores que había cometido. Hojeó los papeles y tomó una decisión.
…
Constansie salió de la chimenea limpiándose las cenizas del vestido.
La estancia estaba tranquila, su hija no se veía por ningún lado. Ella sabía que la visitarían, dio unos pasos y se fue directamente a la habitación.
—Altair.
Nadie respondió.
La mujer frunció el ceño, agudizó su oído y un ruido se escuchó tras la puerta del baño.
Golpeó y preguntó —Hija, ¿Estás ahí?
—Salgo en un minuto.
Y así lo hizo.
Se veía pálida, desmejorada y muy débil.
— ¿Estás bien?
—Sí, algo me cayó mal —sonrió tenuemente—. ¿Y papá?
—Vendrá en unos minutos más. Me adelante para poder hablar contigo.
—Oh, bien. Siéntate —señaló la cama.
Ambas mujeres se sentaron y el silencio reino.
—Hay algo que necesito preguntarte así que lo haré directamente, ¿Te cuidabas cuando tenías relaciones con Hugo?
Altair se sonrojó — ¡Mamá! ¿Por qué me preguntas eso?
Ella se encogió de hombros —Soy tu madre, necesito saberlo.
—Sí, lo hacía.
— ¿Pero…?
—Pero nada —murmuró nerviosa.
Constansie siempre fue una mujer muy inteligente. Cuando Draco le contó sobre el hijo que tenía y que este era novio de Altair, no tuvo que sumar dos más dos para darse cuenta de que había una posibilidad, aunque mínima, de que Altair estuviese embarazada. Fue por esa razón que había decidido ir antes a hablar con ella.
— ¿Hace cuánto no te llega el periodo? —preguntó directamente.
—Madre…
—Estabas vomitando cuando llegué, te vez muy desmejorada y estoy segura de que no has comido mucho.
—Esta mañana me sentía bien —murmuró pensando en Hugo y en lo que no había pasado—. Hace unas dos semanas, creo.
— ¿Crees?
Cerró los ojos —Estoy embarazada.
— ¿Hace cuánto lo sabes?
—Hace unos días.
— ¿Es de Hugo? —preguntó temerosa.
—Sí.
Constansie asintió.
Lo sabía, sus presentimientos nunca fallaban.
— ¿Estas enfadada?
—Acabas de arruinar tu vida, cariño —le tocó el rostro—. Debes deshacerte del bebe.
—No lo haré —se levantó de un saltó de la cama—. Aún no hablo con Hugo, pero sé que él lo aceptara.
— ¿Aceptara que, Altair?
La chica miró hacia la puerta, su padre estaba ahí.
—Draco, debes decírselo —murmuró Constansie.
El hombre miró a su hija — ¿Qué pasa?
—Padre —Altair miró a su madre, pero esta no le miraba. Suspiró y contó lentamente hasta diez—. Estoy embarazada.
