Holaaaas!

Sip, lo prometido es deuda. Aquí les traigo los epílogos, son 3 -joder y yo decía que eran dos, pero salio uno mas- y estoy feliz de haberlos completado y editado en tan poco tiempo -y es poco porque trabajo demasiado :'c.

En fin, gracias... muchas gracias a todas/dos por seguirme y seguir esta historia, por llevarla a los DramioneAwards, por tenerme paciencia y por comentar, dar follows y favoritos. Jamas pensé demorar tanto en terminarla, pero bueno...

Creo que pronto -espero... espero- comenzaré a subir historias. Me quiero enfocar en eso, deje de hacer retos -no es cierto, estoy en uno D:- para poder ponerme al 100% con las historias que están ahí, en el tintero o guardadas en una carpeta -totalmente empolvada sin editar jajaj-.

Repito. Gracias y perdón la demora en general.

Espero que les guste todo esto.

Nos leemos pronto.

Bye.


Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.


.

.

.

Epilogó 1. Giros de la vida

Once años después…

Ojos grises se deslizaron por los paisajes llanos que el tren recorría, sentía la imperiosa necesidad de sonreír al ver algo tan hermoso y sublime. Viajar en tren era un placer para ella, especialmente cuando dejaba que sus pensamientos revolotearan sin ningún tipo de reparo.

—No te duermas.

Lamentablemente, aquel placer culpable no podía obtenerlo cuando viajaba acompañada.

—No te preocupes, Rachel, solo admiro el paisaje.

La chica bufó —No sé cómo puedes verlo sin marearte —habló sin mirar hacia allí.

—Es relajante.

—Lo relajante, querida amiga, es que ya nos graduamos —su voz dulzona se convirtió en chillona.

—No sé si… —cortó sus palabras cuando el tren hizo el agónico sonido antes de detenerse.

—¿Qué decías? —preguntó, levantándose, Rachel.

—Nada —la miró entonces—. Esperemos, todos quieren salir rápido.

Rachel se acomodó el rubio cabello mirándose en un espejo de manos que llevaba —De acuerdo. De todas maneras, mis padres tardaran en venir por mí, ¿Te llevamos, Emma?

La aludida solo fijó sus ojos grises en la multitud de gente que había en el Andén 93/4, la esperanza de que su padre o su madre vinieran se había diluido cuando solo recibió una escueta carta de ella y una más larga y conmovedora de él diciéndole que no podrían ir a recogerla porque… porque ya ni se acordaba del motivo de su madre, pero su padre estaba demasiado ocupado promocionando su nuevo y exitoso libro. A él, se lo perdonaba todo, pero ella, Aline, su madre, era otra historia. Algo mucho más grande y doloroso.

—No, creo que vendrán por mí —murmuró sin ver si Rachel estaba ahí o no. La verdad era que nadie vendría, menos en estas fechas. Su familia siempre estaba de duelo estos días.

—De acuerdo. ¿Vamos?

Los tristes ojos grises volvieron a la tranquilidad al oír la voz de su mejor amiga. Se levantó. Ambas se movieron por el desierto pasillo, uno que otro estudiante estaba ahí, pero ya no estaba el tumulto del principio.

Bajaron escuchando el murmullo de las personas, Emma sonrió cuando la realidad de su graduación y madurez estudiantil la golpeó. Se había graduado con honores, tenía un futuro prometedor, según le había dicho. Ella esperaba que fuera así.

—Emma…

Le sonrió a su amiga y se movieron hacia donde había menos personas. Se abrazaron —Espero que podamos seguir hablando, Rachel.

—Tenlo por seguro, debemos vernos, salir y disfrutar de las cortas vacaciones que tendremos antes de volver a estudiar —dijo, con fingida tristeza, Rachel.

—Así será —le contestó Emma separándose de ella.

Ambas movieron sus manos a medida que veían a alguna compañera/ro de su casa o ajena.

—Debo irme, creo que ellos vinieron antes —Rachel señaló al hombre vestido de negro.

—Nos vemos.

Se despidieron afectuosamente y Emma vio cómo su amiga se iba, esperaba volver a verla.

Movió sus cabellos sacudiendo la cabeza, por supuesto que la volvería a ver. Era la única amiga que había conseguido en Hogwarts, ambas habían sido seleccionadas para estar en Ravenclawy habían hablado desde el primer minuto.

La mayoría de sus cosas ya se había ido a su casa y ella solo debía encargarse del pequeño bolso que llevaba consigo.

Sus pies se movieron en cualquier dirección, conocía todo aquello de memoria, además debía buscar un transporte para irse a su casa.

Sumida en sus pensamientos comenzó a pasar a través del gentío que había a esa hora. Sus hombros chocaron dolorosamente contra los de alguien.

Gimió bajito, deteniéndose y sobándose.

Se giró para ver a su agresor, este le devolvió la mirada. Era joven, atlético, cabello castaño y ojos claros. Él se movió hacia ella, pero Emma tuvo la corazonada de que debía alejarse de aquel hombre.

No lo hizo.

—¿Estas bien? —preguntó él.

Emma se perdió en aquellos ojos grises idénticos a los suyos —Sí —atinó a decir.

El hombre asintió y dio un paso atrás, la pelinegra abrió la boca dispuesta a decir algo —¡Andrew! —exclamaron no muy lejos.

Andrew, era evidentemente él, se giró, lo que le permitió a Emma ver a la chica que lo acompañaba, la conocía, vio como le sonreía y volvía su mirada hacia ella.

—Siento haberte lastimado, debo irme.

Y yo debo dejar que lo hagas, pensó sorprendida —No te preocupes, gracias.

—De acuerdo —murmuró alejándose y mirando una vez más sobre su hombro—. Adiós.

—Adiós —susurró ella, pero él ya estaba corriendo hacia la chica.

Su acelerado corazón estaba a punto de salir, se tocó el pecho al sentirlo tan desbocado. Ningún chico antes le había provocado aquello, pero en el fondo también sentía como su corazón se rompía al ver como se alejaba con otra chica.

Suspiró observando el sitio donde ellos se habían perdido.

Continuó su camino hacia un hogar donde sabía que nadie la esperaría. A su graduación habían asistido su padre y sus abuelos. Hoy los extrañaba y hubiera deseado poder irse antes de Hogwarts para ir con ellos a Australia, pero había decidido quedarse con Rachel e irse juntas.

No se arrepentía, pero ahora podía ver que había tomado una errada decisión.

Emma no lo sabía, pero aquel encuentro con Andrew sería el primero de muchos, su frágil corazón sería destrozado por las mentiras de un pasado del cual no era consiente ni culpable.

Solo los conocedores podrían detener aquel tormento que de una u otra manera se forjaría.