Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.
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Epílogo 3. A pesar del tiempo
Once años después…
Su roto corazón no pudo volver a latir. No importaba cuanto lo intentara, cuanto deseara hacerlo. No podía. No podía. Y dolía. Dolía demasiado. Dolía tanto que a veces pensó en terminar con su propia vida, pero… el remordimiento podía más ante los deseos. No quería dejar solo a Andrew, tenía que velar por su hijo.
Andrew era lo suficientemente grande para comprender todo lo que había pasado. Él había perdido a su madre y Alex al amor de su vida.
Los primeros días fueron tortuosos, llenos de papeleos, declaraciones y lágrimas contenidas.
Alex no entendía porque la vida le había dado lo más preciado y se lo había quitado tan pronto. Altair había sido su todo y él ahora era nada.
Se sentía perdido, Andrew siempre lo traía a flote, pero él no siempre estaba. Estaban lejos de todo, en eso Alex no había desistido. Se había desecho de su casa, buscando algo más pequeño y alejado, su hijo estudiaba en una escuela de magia en Australia, solo lo veía los fines de semana y fechas importantes. Es más, veía a Draco y Hermione tres veces al año. A veces Andrew iba a quedarse con ellos.
Como ahora.
Altair cumplía once años desde su muerte.
La madre de ella había sido condenada por homicidio, daños y otras causas que no recordaba. Estaba loca, tan loca como para irrumpir en una fiesta e intentar matar a su rival, consiguiendo matar a su hija.
Sus pasos se aligeraron cuando contempló el lecho donde ella estaba descansando. Depositó una rosa roja a un lado de otra perfectamente igual.
—Supuse que, como cada año, no lo olvidaste —murmuró mirando el epitafio grabado. Escueto y simple.
—No puedo olvidar a la persona que amé —contestó la persona a sus espaldas.
Era extraño, pero no lo había visto cuando se acercó, solo supo que estaba ahí, como siempre cada año.
No le molestaba. Había dejado de hacerlo. Había dejado de importarle las veces que él venía.
—¿Aún la amas, verdad?
—Pasé página hace algunos años. La ame, sí, en su debido tiempo. Hoy, hoy la recuerdo con un cariño inmenso —contestó acercándose.
Alex se giró y miró a Hugo. El dolor aún carcomía en su ser, sus ojos lo demostraban —Yo no puedo. Mi amor por ella permanece intacto.
Hugo se mordió el labio indeciso —Ese día… —murmuró recordando— hablamos y ella…
—No quiero escucharlo —se arrodilló. Solo ese día se mostraba débil y con capacidad de llorar a mares, siempre el mismo día, siempre el día en que la había perdido.
Hugo se dejó caer a su lado —Ella dijo —continuo sin importarle que Alex lo escuchara o no—: "No puedo decirte como lo logré. Fue duro, lloré y grité miles de veces por lo sucedido, pero un día simplemente me pude levantar más ligera y seguí adelante" —la voz se le quebró casi al terminar—. No lo entendí, pero un día, no recuerdo cual, me sentí así, Alex. Yo no… no puedo saber lo que estás pasando, pero sí sé que Altair no querría verte así. Tú debes saber mejor que nadie que ella no querría esto ni para ti ni para nadie. Ella se fue y no va volver, aunque tú y yo le lloremos a su tumba.
—Jodete —seseó fríamente, sus puños se apretaron inconsientemente—. No me conoces, no pretendas hacerlo. No te quiero como amigo —lo miró con los ojos vidriosos. Las palabras habían dado en el clavo—. Altair me lo dijo todo, se todo y respeto tu cariño como hermano y todo eso, pero no me vengas con palabras de consuelo, no las necesito y menos de ti.
—Son meras verdades —Hugo desvió la mirada.
Alex no dijo nada. Jamás reconocería que, de una manera u otra, Hugo se había convertido en una constante en su vida, alguien con quien podía hablar y distraerse, al menos ese día. No amigos, no nada… solo hombres que había amado a la misma mujer.
Pero, también, lo odiaba desde que su propia esposa le había dicho la verdad de su pasado.
—No puedes decirme cosas que ya se, ¿Ella no lo hubiera querido? Soy el primer conocedor de eso —suspiró derrotado—. También, y aunque lo odie, sé que… sé que ella no hubiera querido… —miró a Hugo quien también lo miró— pero… tienes que saberlo.
—¿Qué cosa? —Hugo se puso serio.
—Se trata de Andrew… —Alex se odió por tener que hacerlo, pero sentía que era necesario. Desde hace unas semanas sentía que era necesario— él…
—Es mi hijo —afirmó con algo de convicción.
Alex se sorprendió de que lo supiera. Era un secreto tan hermético que no entendía como él lo sabía —¿Cómo lo sabes?
—Mi madre y mi padre discutían sobre eso cuando me encontraron borracho, fue el primer aniversario de Altair, y a pesar de estar en ese estado podía entenderlos. No hice nada porque sabía que… no podía ni quería, realmente. Andrew es… extraño para mi… no lo veo como mi hijo y… siento que no lo es —murmuró confundido ante sus palabras. Había tenido todos estos años para asimilarlo, pero no podía considerar a ese chico como su hijo. Lo había visto en contadas ocasiones—. ¿Por qué me lo dices ahora?
—Él llegará hoy, Hermione y Draco están en mí casa, deberías considerar quedarte.
Hugo movió la cabeza —No, Emma regresó hoy de Hogwarts y le mentí diciéndole que iba a otro lugar, necesito regresar a casa. Aline se fue de viaje, creo. No quiero que mi pequeña este sola, no este día al menos.
El otro hombre asintió —No quiero meterme, pero… —sus ojos se encontraron nuevamente— deberías replantearte tu matrimonio con Aline, no la amas.
—Quizás, después —le contestó levantándose y palmeándole el hombro—. Nos vemos, Alex.
—Nos vemos.
Hugo se movió hacia la salida, su corazón se había sanado poco a poco, pero aún estaba afectado por la muerte de la mujer que un día amo, por la muerte de su media hermana.
Se giró observando como Alex se quebraba en la intimidad de la soledad que debería haberle dado desde el principio. Había alguien que aún no podía superar la perdida, había alguien que aún tenía el corazón destrozado y desgarrado por las circunstancias.
Ninguno de ellos fue consciente de que aquella conversación había iniciado una nueva brecha de interminables encuentros y disputas en la familia.
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Notas finales:
Bien, hemos llegado al final :'( creo que voy a llorar, jamas imaginé que me costaría tanto dejar la historia... D:
Solo darles las gracias por seguirme y por comentar. Esta historia nació sin siquiera pensarlo, hice la primera parte y luego ya estaba escribiendo esta segunda.
Voy a ser sincera, con este último epílogo me replantee algo indebido -perverso ajjajaja-, por un segundo pensé que Alex y Hugo deberían estar juntos, pero al siguiente segundo me di cuenta de que sería extraño que dos hombres que amaron -en todo el sentido de esa palabra- a una mujer... se enamoraran entre ellos -joder, se que suele pasar, pero sería extraño-. Ese fue mi minuto de sinceridad
Gracias por todo. Y, aclaro que nunca fue mi intención dar a entender que la historia se repetiría. Creo que ellos son los primeros en querer que nada similar pase, y menos a sus hijos :)
Bye.
Nos leemos!
