Se lo pasaron bien en la excursión, aunque Juvia no logró localizar el camino traicionero que le había prometido a Gray. Tal vez porque se lo había inventado. Aun así, en los peñascos que cruzaron hacía mucho frío y el viento soplaba con fuerza, por lo que Gray no se quejó demasiado. Incluso le tendió la mano a Juvia en un tramo helado, pero ella no fue tan temeraria: se limitó a lanzarle una mirada fachendosa y le dijo que tendría que arreglárselas solo porque ella no estaba dispuesta a ayudarle a subir cada vez que viese un poco de hielo y se le metiera el miedo en el cuerpo
Él se rió y se encaramó a un montón de rocas resbaladizas. Al verle contemplando las aguas grises del invierno, con la cabeza echada atrás y sus cabellos oscuros flotando al viento, Juvia se quedó sin aliento.
Durante el resto de la caminata, ella se olvidó de ser odiosa y se divirtieron mucho. Cuando regresaron a la casa, los dientes le castañeteaban por el frío, pero todas sus partes femeninas ardían.
Gray se quitó el abrigo y se frotó las manos.
-Si no te importa, me meteré en tu bañera.
Ella hubiera preferido que se metiese en su cuerpo, pero se limitó a decir:
-Tú mismo. Yo tengo que volver al trabajo.
Tras subir a toda prisa al desván, Juvia recordó lo que Mira le había dicho una vez. «Cuando te has criado como nosotras, Juvia, el sexo intrascendente es como un foso de serpientes. Nosotras necesitamos un amor que nos llegue al alma, y puedo asegurarte que eso no se encuentra saltando de cama en cama.»
Aunque Juvia jamás había saltado de cama en cama, sabía que Mirajane tenía razón. Pero ¿qué se suponía que tenía que hacer una mujer de veintisiete años con un cuerpo sano y sin un amor que le llegase al alma? Si al menos Gray se hubiese comportado como alguien superficial y estúpido durante la excursión... Pero no había hablado de fútbol ni una sola vez. Se habían pasado la mañana hablando de libros, de la vida en Chicago, y de su pasión mutua por la película This Is Spinal Tap.
No podía concentrarse en Daphne, así que abrió su ordenador portátil para trabajar en «Darse el lote: ¿hasta dónde se puede llegar?». El tema la deprimió aún más.
Durante su tercer año en la universidad se había hartado de esperar la Gran Historia de Amor, por lo que había decidido olvidarse de un amor profundo y se había dedicado al cuidado profundo de un chico con el que llevaba saliendo un mes. Pero perder la virginidad había sido una equivocación. La aventura la había dejado deprimida, y había visto que Mirajane tenía razón. Ella no estaba hecha para el sexo casual sin sentimientos de por medio, ella necesitaba mas para conformarse.
Pocos años más tarde, se había convencido a sí misma de que finalmente había conocido a un hombre que le importaba lo bastante como para volverlo a intentar. Era un hombre inteligente y cariñoso, pero la dolorosa tristeza que la invadió después de esa aventura tardó meses en desaparecer.
La habia engañado con la primera que mostro mas de la cuenta a sus ojos, estaba de mas decir que Laxus le partió la nariz a ese imbécil y aunque la hizo reir ella ya se habia dañado, no quería volver a tener sexo.
Había tenido una serie de novios desde entonces, pero ningún amante, y había hecho todo lo posible por sublimar sus impulsos sexuales esforzándose en el trabajo y entregándose a buenas amistades. Tal vez la castidad estuviera pasada de moda, pero el sexo era un auténtico atolladero emocional para una mujer que no había conocido el amor hasta los quince años. Así que, ¿por qué seguía pensando en él, especialmente teniendo a Gray Fullbuster en casa?
Porque era simplemente humana, y el quarterback de los Stars era un deleitable pedazo de caramelo, un afrodisíaco andante, un hombre con todas las letras. Juvia gimió, miró el teclado del ordenador y se obligó a concentrarse
A las cinco oyó que Gray se marchaba. A las siete, «Darse el lote: ¿hasta dónde se puede llegar?» ya estaba casi terminado. Por desgracia, el tema la había tensado y excitado considerablemente. Llamó a Levy, pero su amiga no estaba en casa, así que bajó las escaleras y se miró en el pequeño espejo de la cocina. Era demasiado tarde para que las tiendas estuvieran abiertas; de lo contrario podría haber salido corriendo a por un tinte de pelo. Tal vez se lo cortaría y listo. Ese corte al rape no había quedado tan mal hacía unos años.
Se mentía a sí misma. Había quedado horrible, muchas veces el casero le pregunto en que estado se encontraba de su enfermedad y llego a sus oídos que sus vecinos escudriñaban que tenia cáncer.
En lugar de las tijeras, cogió un sobre de comida instantánea y se lo comió en el mostrador de la cocina. Después extrajo los dulces que había en el fondo de un cartón de helado Rocky Road. Finalmente, cogió el cuaderno de dibujo y se sentó ante el fuego para dibujar. Pero no había dormido bien, y al poco rato empezaron a pesarle los párpados. La llegada de Gray poco después de medianoche la hizo levantarse de golpe.
-Hola, Daphne. Ella se frotó los ojos.
-Hola, Gay. Gray colgó su abrigo en el respaldo de una silla. Apestaba a perfume.
-Habría que airearlo -comentó él.
-Eso digo yo.
Los celos se la comían. Mientras Juvia babeaba pensando en el cuerpo de Gray y se obsesionaba por sus fracasos amorosos, había pasado por alto un hecho importante: Gray no había mostrado el más mínimo interés por ella.
-Debes de haber estado ocupado-dijo-. Huele a más de una marca. Todas ellas nacionales, ¿o has encontrado a alguna au pair en alguna parte?
-No he tenido esa suerte. Por desgracia eran todas mujeres americanas, y todas hablaban demasiado -dijo dejándole claro con la mirada que ella también hablaba demasiado.
-Y seguro que muchas de las palabras tenían más de una sílaba, así que probablemente te dolerá la cabeza.
No podía seguir por ahí. Gray no era tan tonto como ella hubiera querido, y si no se andaba con cuidado, él iba a descubrir por qué se interesaba tanto por su vida privada.
Gray parecía más irritado que enfadado.
-Resulta que me gusta relajarme cuando tengo una cita. No me gusta debatir sobre política mundial, ni discutir sobre el calentamiento global, ni que me obliguen a escuchar a gente con una higiene personal imprevisible recitando mala poesía.
-Vaya, pues ésas son mis cosas favoritas. Gray sacudió la cabeza, luego se levantó y se estiró, alargando su formidable cuerpo vértebra a vértebra. Ya estaba aburrido de ella. Probablemente porque ella no le había en tretenido recitándole sus estadísticas profesionales.
-Será mejor que me acueste -dijo Gray-. Me iré mañana por la mañana a primera hora, así que si no nos vemos, gracias por tu hospitalidad.
Juvia forzó un bostezo. -Ciao, bambino.
Sabía que él tenía que volver a los entrenamientos, pero eso no alivió su disgusto. Gray sonrió.
-Buenas noches, Daphne.
Ella se lo quedó mirando mientras subía las escaleras: los vaqueros se ajustaban a sus hermosas piernas, moldeaban sus caderas estrechas, y la camiseta dejaba entrever todos sus músculos.
¡Dios, si estaba babeando! ¡Y eso que había pertenecido a la sociedad universitaria Phi Beta Kappa!
Juvia se sintió dolorida y desasosegada, irreprimiblemente insatisfecha con toda su vida.
-¡Maldita sea!
Tiró el cuaderno de dibujo al suelo, se puso en pie de un salto y salió disparada hacia el baño para mirarse el pelo. ¡Se lo raparía!
¡No! No quería estar calva, y esta vez no se iba a permitir comportarse como una loca.
Caminó decidida hacia el estante de los vídeos y extrajo el remake de Tú a Londres y yo a California. A la niña que llevaba dentro le encantaba ver cómo las gemelas lograban reunir a sus padres, y a la niña que llevaba fuera le encantaba la sonrisa de Dennis Quaid.
Gray tenía la misma sonrisa torcida.
Con resolución, sacó la cinta de la retransmisión del partido de fútbol del vídeo, introdujo Tú a Londres y yo a California y se sentó a mirarla.
A las dos de la madrugada, Hallie y Annie habían reunido a sus padres, pero Juvia se sentía todavía más inquieta que antes. Empezó a hacer zapping saltando a toda velocidad de películas antiguas a múltiples anuncios, y sólo se detuvo al oír la sintonía familiar de la vieja serie Encaje, S.L.
«Encaje está al caso, sí... Encaje resolverá el caso, sí...» Dos hermosas mujeres atravesaban corriendo la pantalla, las atractivas detectives Sable Drake y Ginger Hill.
Encaje, S.L. había sido una de las series favoritas de Juvia cuando era niña. Había querido ser Sable, la inteligente morena interpretada por la actriz Mallory McCoy. Ginger era la pelirroja sexy experta en kárate. Encaje, S.L. no fue en su momento más que una serie de segunda fila, pero a Juvia eso no le importaba. Simplemente disfrutaba viendo a dos mujeres ganando a los malos, para variar.
Los créditos del inicio mostraban primero a Mallory McCoy, y luego a Lilly Sherman, que interpretaba a Ginger Hill. Juvia se incorporó un poco al recordar un fragmento de la conversación que había oído una vez en las oficinas de los Stars sobre si Lilly Sherman tenía algún tipo de relación con Gray. No quería que nadie supiera que estaba interesada, así que no hizo preguntas. Estudió a la actriz más detenidamente.
Llevaba uno de sus característicos pantalones ajustados, un top que le dejaba los hombros completamente al descubierto y tacones altos. Los cabellos, rojos y rizados, le colgaban sobre los hombros, y sus ojos pestañeaban seductoramente a la cámara. Incluso con aquel peinado pasado de moda y esos enormes aros de oro que llevaba como pendientes, era un bombón.
Actualmente, Sherman debía de rondar ya los cuarenta y pico; sin duda era un poco mayor para ser una de las mujeres de Gray, de modo que ¿qué relación tenían? En una fotografía de la actriz que había visto hacía sólo unos pocos años se veía que había ganado unos kilos desde la serie de televisión. Sin embargo, seguía siendo una mujer hermosa, así que era posible que hubieran tenido una aventura.
Juvia presionó el botón de cambio del mando a distancia y apareció un anuncio de cosméticos. Tal vez fuera eso lo que necesitaba. Un maquillaje total.
Apagó la tele y subió a su habitación. Algo le hacía pensar que un maquillaje no solucionaría sus problemas.
Tras una ducha caliente, se puso uno de los camisones de lino irlandés que se había comprado cuando aún era rica. Todavía la hacía sentir como la heroína de una novela de Geor- gette Heyer. Se llevó el cuaderno a la cama para poder seguir pensando en Daphne, pero la oleada de creatividad que había experimentado aquella tarde se había desvanecido.
Roo roncaba suavemente a los pies de la cama. Juvia se dijo a sí misma que le estaba entrando sueño. Pero no.
Tal vez podía acabar de pulir su artículo, pero mientras se dirigía al desván para coger el portátil, echó un vistazo al baño de invitados. Tenía dos puertas: aquella en la que estaba ella y, al otro lado, la que llevaba directamente al dormitorio donde dormía Gray. La puerta estaba abierta de par en par.
Sus piernas inquietas y nerviosas la llevaron hasta las baldosas del baño.
Vio el neceser Louis Vuitton sobre el lavabo. No se imaginaba a Gray comprándolo por su cuenta: debía de ser un regalo de una de sus bellezas internacionales. Se acercó más y vio un cepillo de dientes rojo con las cerdas blancas. Había vuelto a tapar el tubo de Aquafresh.
Pasó la punta del dedo por el tapón del desodorante y luego alcanzó una botella de cristal deslustrado de aftershave del caro. Desenroscó el tapón y acercó la nariz. ¿Olía como Gray? Él no era de esos hombres que se ahogan en colonia, y no se había acercado a él lo suficiente como para saberlo con seguridad, pero algo familiar en el aroma le hizo cerrar los ojos y aspirar más profundamente. Se estremeció; volvió a dejar la botella donde estaba y luego se fijó en el neceser.
Tirado junto a un bote de ibuprofeno y un tubo de Neosporin estaba el anillo de la Super Bowl de Gray. Sabía que lo había ganado en los primeros tiempos de su carrera, como suplente de Natsu Dragneel. Le sorprendió ver un anillo de campeón tirado tan descuidadamente en el fondo del neceser, aunque por lo que sabía de Gray era de suponer que no quisiera ponerse un anillo que había ganado por los méritos de otro.
Empezó a alejarse, pero se detuvo en seco cuando vio en el neceser algo que le había pasado inadvertido.
Un condón.
No era nada del otro mundo. Era natural que Gray llevara condones consigo. Probablemente tendría todo un cajón lleno. Lo cogió y lo estudió. Parecía ser un condón de lo más normal. Entonces, ¿por qué estaba allí observándolo?
¡Era una locura! Llevaba todo el día comportándose como una obsesa. Si no se recomponía, acabaría cocinando un conejo como la loca Glenn Close en Atracción fatal.
Juvia se estremeció. «Lo siento, Daphne.» Una miradita. Nada más. Sólo le echaría una miradita mientras dormía y se marcharía. Se acercó a la puerta del dormitorio y la abrió lentamente.
HOLIWIS JSSJASJAS no me resisti y lo subi muy rapido XDD perdonenme AJJSAJSA queria decir que actualizare el Fic cada Martes y si no lo hago el martes lo hare dentro de esa semana :) las adaptaciones son izi pizi porque solo tengo que copiar y pegar JAJJAJA entonces ya tengo muchos capitulos listos 7w7
LunaLessin12: OMG GRACIAS 3 Me emociono XD no me habia fijado en ese Kevin y eso es que estaba A TODA VISTA ToT soy una inutil (? pero ya lo arregle, apenas lei tu comentario fui volando a leerlo de nuevo y encontrar ese Kevin XDD espero que te haya gustado el capitulo 7w7 la cosa se pone buena poco a poco (?
Gracias a Juvia-Chan14 y claudiacorvo por agregarlo a favoritos 3 Se los agradezco mucho SAJJASJSA
