Capítulo trece

Daphne dejó el martillo y dio un saltito atrás para admirar el letrero que acababa de clavar en la puerta. NO SE ADMITEN TEJONES (¡Y ESO VA POR VOUS!). Lo había pintado aquella misma mañana.

El día solitario de Daphne

Juvia observo por la ventana color menta pastel a Lilly Sherman, la madre de Gray, técnicamente su suegra, el divorcio aun no se consolidaba y ambos estaban legalmente casados aunque la verdad era que recién se estaban conociendo y entablando una amistad.

Por su mente pasaron una y mil formas de acercarse a ella y hablar sobre el tema, quería que Lilly se abriera a ella y contara que es lo que sucedió realmente, ya había escuchado la versión de Gray y ahora se moría de ganas por escuchar la de Lilly.

Gray había salido hacia el pueblo desde muy temprano junto a Meredy para hacer las comprar y llenar la despensa con provisiones para la semana, era el momento perfecto para hablar con Lilly sin que Gray estuviera rondando la zona.

Juvia no pudo evitar sonreír un poco al recordar algunas cosas extras que pidió en la lista que le entrego a Gray, es cierto que necesitaba muchas cosas para hacer los desayunos y los pasteles para la hora del té pero había uno que otro chocolate que no le vendría para nada mal. El solo hecho de pensar en sentarse una tarde a ver una película y comer chocolate la hizo sentirse ansiosa porque llegara pronto Gray.

Decidió que era momento de dejar de observar a su suegra por la ventana como una acosadora o fan digna de Lilly Sherman pero ella no había vendió a conocer más fans, había venido para restaurar la relación con su hijo y descansar a la vez, o bueno, eso creía Juvia.

Juvia se dirigió a la puerta cuando escucho el ruido de las piedras siendo arrasadas por las llantas del auto de Gray, maldijo en voz baja el hecho de que haya tardado tan poco, lo mejor sería ir a ayudar a bajar las bolsas y cajas y dejar la conversación con Lilly para otro día, conversación que no tenía ni la menor idea de cómo comenzar.

-Súbete al taburete y mira lo que hay en el estante de arriba, ¿quieres, Meredy?-dijo Gray desde la despensa-. Yo sacaré todas estas cajas de aquí.

En cuanto habían regresado del pueblo, Gray había reclutado a Meredy para que le ayudara a hacer inventario de los comestibles. Durante los últimos diez minutos, Meredy se había pasado todo el rato intercambiando miradas curiosas entre la despensa donde trabajaba Gray y la mesa de la cocina en la que Juvia estaba preparando el té. Finalmente, ya no pudo contenerse.

-Es curioso que Juvia y tú os casarais casi el mismo día que Lyon y yo, ¿verdad?

Juvia depositó el primer trozo de pastel Bundt en la bandeja victoriana para pasteles y escuchó a Gray escurriendo el bulto.

-Juvia ha dicho que iba a necesitar más azúcar moreno. ¿Hay algo ahí arriba?

-Veo dos bolsas. Hay un libro que yo leí sobre el matrimonio...

-¿Qué más?

-Unas latas de pasas y un cacharro para la levadura. Pues eso, que ese libro cuenta que a veces hay parejas que, bueno, después de casarse tienen problemas para adaptarse y tal. Porque es que es un cambio muy grande.

-¿Hay harina de avena? Me ha dicho que también le hace falta.

-Hay una caja, pero no es grande. Lyon cree que casarse es fabuloso.

-¿Qué más hay?

-Cacerolas y trastos. No hay más comida. Pero si tienes problemas para adaptarte o algo... vaya, que puedes hablar con Lyon.

Juvia sonrió por el largo silencio posterior. Finalmente, Gray dijo: -Tal vez podrías ir a ver qué queda en el congelador.

Juvia había escuchado atentamente cada palabra de Meredy y había esperado ansiosa el momento en que Gray estallara, se sentía malévola al querer que el pasara por lo mismo que ella y es que no había día en que Meredy dejara de molestarla sobre su "matrimonio".

Meredy salió de la despensa y miró lastimeramente a Juvia. Había algo en la compasión de aquella adolescente y en sus chupetones que la tenía con los nervios a flor de piel.

El té no era ni la mitad de entretenido sin Gray. La señora Chet, Gwen en realidad, no trató de disimular su disgusto cuando Juvia le explicó que Gray tenía otro compromiso. Tal vez se habría animado si hubiera sabido que Lilly Sherman se alojaba allí, pero Lilly no se presentó, y tampoco iba a ser Juvia quien anunciara su presencia.

Juvia estaba sacando los cuencos de cerámica para tenerlos a punto para el desayuno del día siguiente cuando Gray entró por atrás cargado de comida. Evitó a Roo, que intentaba mordisquearle los tobillos, y dejó las bolsas sobre la mesa.

-¿Para qué sacas todo esto? ¿Dónde está Meredy?

-Basta, Roo. He dejado que se marchara. Empezaba a lloriquear por el síndrome de abstinencia de Lyon.

Apenas lo había dicho cuando la vio corretear por el patio hacia su marido, que debía de haber olido su rastro en el viento, porque apareció salido de la nada.

-Ahí están otra vez –dijo Meredy.

Su encuentro fue tan apasionado como un anuncio de perfume. Juvia observó que Lyon hundía la cabeza en el escote abierto de Meredy, que echó la cabeza atrás y arqueó el cuello. Otro chupetón.

Juvia cerró de un manotazo la tapa del Tupperware.

-Va a necesitar una transfusión de sangre si Lyon no deja de hacerle eso.

-No parece que le importe demasiado. Hay mujeres a las que les gusta que un hombre les deje su marca.

Algo en el modo en que la miraba le produjo un hormigueo en los pechos. No le gustó su propia reacción.

-Y hay otras mujeres que lo consideramos como lo que es: el patético intento de un hombre inseguro de dominar a una mujer.

-Sí, de ésas siempre hay. –Gray sonrió perezosamente y salió por la puerta lateral a por el resto de la comida.

Mientras descargaba, le preguntó a Juvia si quería ir al pueblo a cenar, pero Juvia declinó la oferta. Había decidido limitar el contacto con Gray al que estaba dispuesta a exponerse en un solo día. Así que regresó a su casita, satisfecha de su autodisciplina.

El sol parecía una enorme galleta de limón puesta en el cielo, lo que abrió el apetito de Daphne. « ¡Guisantes! », pensó. Adornados con hojas de diente de león. Y, de postre, pastel de queso con fresas.

Ya era la segunda vez que sus criaturas se asomaban ese día a su cabeza. Tal vez ya estaba preparada para volver al trabajo, si no para escribir, sí al menos para hacer los dibujos que quería Helen y poder cobrar el resto de su anticipo.

Entró en la casita y se encontró con la nevera bien provista y un armario lleno de provisiones. Tenía que reconocerlo: Gray hacía todo lo posible por ser considerado. A ella no le entusiasmaba la idea que él estuviera empezando a gustarle tanto, e intentó compensarlo recordándose a sí misma que Gray era superficial, egocéntrico, cobraba demasiado, conducía Ferraris, la había secuestrado, detestaba a su perro y era un mujeriego. Excepto que de mujeriego no le había visto nada. Nada en absoluto.

Porque él no la encontraba atractiva. Juvia se tiró del pelo y soltó un grito apagado por su propio patetismo extremo. Luego se preparó una opípara cena y se comió hasta el último bocado.

Saco de su pantalón el chocolate extra que le había pedido a Gray y comenzó a morderlo, disfruto tanto la sensación del chocolate derritiéndose en su boca que deseo haber pedido mil mas.

Al anochecer se sentó en el porche ante el bloc de papel que había encontrado en un cajón. ¿Qué problema había en mantener sólo un poco más apartadas a Daphne y a Melissa? A fin de cuentas, sólo era un libro infantil. Las libertades civiles de los Estados Unidos de América no dependían de lo cerca que estuvieran Daphne y Melissa.

El lápiz empezó a moverse, primero dubitativo, y luego más rápidamente. Pero el dibujo que apareció no era el que había planeado. Juvia se encontró dibujando a Benny en el agua, con el pellejo chorreando sobre sus ojos mientras miraba, boquiabierto, a Daphne, que saltaba desde lo alto de un acantilado. Las orejas pegadas a la espalda, el cuello de cuentas de su chaqueta vaquera abierto como un paracaídas, y un par de sandalias Manolo Blahnik muy elegantes que salían volando de sus patas.

Frunció el ceño y pensó en todas las historias que había leído sobre chicos con parálisis permanente por saltar de cabeza en aguas cuya profundidad se desconoce. ¿Qué clase de mensaje de seguridad les estaría dando a los niños?

Arrancó la página del bloc y la arrugó. Éste era el tipo de problemas en los que nunca pensaban todos aquellos que querían escribir libros infantiles.

Juvia se había vuelto a quedar en blanco. En vez de pensar en Daphne y Benny, se encontró pensando en Gray y en el campamento. Era su patrimonio, no debería vendérselo nunca. Gray decía que se había aburrido mucho de niño en aquel lugar, pero no tenía por qué aburrirse de mayor. Tal vez sólo le faltaba un compañero de juegos. Su mente evitó pensar en lo que implicaría exactamente jugar con Gray.

Juvia decidió dar un paseo hasta el espacio comunitario. Tal vez dibujaría algunas de las casitas para entretenerse. De camino hacia allí, Roo salió trotando a recibir a Charlotte Long para impresionarla con su imitación del perro muerto. Aunque menos de la mitad de las casitas estaban ocupadas, la mayoría de los residentes parecían haber salido a dar un paseo vespertino, y sus sombras largas y frías caían como susurros sobre la hierba. La vida transcurría más lentamente en el Bosque del Ruiseñor... La glorieta le llamó la atención.

¡Organizaré una merendola! Invitaré a mis amigas, nos pondremos unos sombreros fabulosos, comeremos helado de chocolate y diremos:

«Ma chére, ¿habías visto jamás un día tan hermoosoo?»

Juvia se sentó con las piernas cruzadas sobre la toalla de playa que se había llevado consigo y se puso a dibujar. Varias parejas de paseantes se pararon a observar, aunque, como formaban parte de la última generación con modales, no la interrumpieron. Mientras dibujaba, se encontró pensando en todos sus años de campamento de verano. El frágil hilo de una idea comenzó a formarse en su mente, no sobre una gran merienda, sino sobre...

Juvia cerró el cuaderno. ¿De qué servía pensar en algo tan lejano? Birdcage poseía por contrato los derechos para dos libros más de Daphne, ninguno de los cuales sería aceptado hasta que Juvia hiciera las revisiones que le habían pedido para Daphne se cae de bruces.

Las luces estaban encendidas cuando Juvia regresó a la casita. Le pareció recordar que las había apagado, pero tampoco se preocupó demasiado.

Algo dentro de sí se había puesto frágil otra vez, el dibujar y escribir es una representación de lo que el autor siente o recuerda y Juvia de nuevo tuvo que hacer frente a lo que evitaba día a día.

Era innegable que amaba estar en ese lugar, lo amaba porque estaba escapando de su realidad, no tenia que lidiar con Mirajane, con sus vecinos, su trabajo, la ciudad, con Victoria, ella estaba evitando pensar en todo ello y aquella tarde recordó que su vida no era un cuento de hadas.

Roo se puso a ladrar enseguida y entró corriendo hacia la puerta del baño. La puerta estaba ligeramente entreabierta y el perro la abrió unos centímetros más empujando con la cabeza.

-Tranquilo, Roo.

Juvia acabó de abrir la puerta y vio a Gray, hermoso en su desnudez, metido en la vieja bañera, con las piernas cruzadas sobre el borde, un libro en las manos y un pequeño puro sujeto en la comisura de sus labios.

-¿Qué estás haciendo en mi bañera?

Aunque el agua llegaba hasta arriba, no había ni una burbuja de jabón que le escondiera, así que Juvia no se acercó.

Gray se sacó el puro de la boca. No desprendía humo, y Juvia se dio cuenta de que no era un puro, sino un palo de caramelo, de chocolate o de regaliz.

Gray tuvo el descaro de molestarse.

-¿A ti qué te parece? ¿No podrías llamar, antes de irrumpir de este modo?

-Ha sido Roo el que ha irrumpido, no yo. El perro salió despacio, una vez cumplido su trabajo, y se encaminó a su cuenco de agua-. ¿Y por qué no utilizas tu propia bañera?

-No me gusta compartir el baño.

Juvia no le hizo notar lo que le parecía evidente: que en ese momento estaba compartiendo el baño con ella. Observó que su pecho era tan soberbio mojado como seco. Incluso más. Algo en la manera como la miraba la puso nerviosa.

-¿De dónde has sacado ese caramelo?

-Del pueblo. Y sólo he comprado uno.

-Muy bonito.

-Sólo tenías que pedírmelo.

-Como si yo supiera que ibas a comprar caramelos. Y estoy segura de que hay una caja de galletas de azúcar de la hermosa fräulein escondida en algún rincón.

-Cierra la puerta al salir. A menos que quieras desnudarte y meterte en la bañera conmigo.

-Muchas gracias, pero parece un poco pequeña.

-¿Pequeña? No lo creo, cariño.

-¡Oh, madura!

Una risilla burlona la siguió mientras salía y cerraba con un portazo. ¡Slytherin! Juvia se dirigió al dormitorio pequeño. Como había supuesto, la maleta de Gray estaba allí. Suspiró y se apretó las sienes con los dedos. Su antigua jaqueca volvía.

Solo pedía un momento sola,¿ porque siempre aparecía en sus momentos de depresión? Juvia bufo molesta, como era posible que existiera alguien… alguien… tan hermoso. Tan desagradable.

Daphne dejó la guitarra eléctrica y abrió la puerta. Benny estaba en pie al otro lado.

-¿Puedo bañarme en tu bañera, Daphne?

-¿Y eso por qué? Benny parecía asustado.

-Porque sí.

Juvia se sirvió un vaso de Sauvignon blanco de la botella que encontró en la nevera y salió al porche. La camiseta negra sin mangas que llevaba no abrigaba lo bastante para el fresco del anochecer, pero tampoco se molestó en entrar a por un jersey.

Juvia se estaba columpiando cuando apareció Gray. Llevaba un par de calcetines grises de tenis y un albornoz a rayas verticales marrones y negras que parecía de seda. Era el tipo de albornoz que una mujer le regala a un hombre con el que quiere acostarse. A Juvia no le gustó.

-Podríamos preparar una estupenda merendola en la glorieta antes de irnos -dijo Juvia-. Lo convertimos en un acontecimiento e invitamos a toda la gente de las casitas.

-¿Y por qué íbamos a hacer eso?

-Por diversión.

-Suena de lo más emocionante –respondió Gray, sentándose en la silla de al lado con las piernas extendidas. Los pelos de sus pantorrillas estaban empapados. Olía a Safeguard y a algo más caro. Era como un furgón de seguridad lleno de corazones rotos de mujer.

-Preferiría que no te quedases aquí, Gray.

-Y yo preferiría quedarme -dijo sorbiendo el vino del vaso que había traído consigo.

-¿Puedo dormir en tu casa, Daphne?

-Supongo que sí. Pero ¿por qué quieres quedarte?

-Porque en mi casa hay un fantasma

-De verdad Gray, quiero estar sola.

-Pues mala suerte.

-No puedes esconderte de Lilly eternamente –dijo Juvia.

-No me escondo. Sólo me tomo mi tiempo.

-No sé muy bien cómo se obtiene una anulación, pero diría que esto podría comprometer la nuestra.

-Ya estaba comprometida desde el principio -dijo Gray-. Por lo que me contó el abogado, las únicas posibilidades para una anulación son el engaño o la coacción. Pensé que tú podrías alegar coacción. Yo seguro que no lo discutiría.

-Pero el hecho de que ahora estemos juntos lo pone en duda.

-Gran problema. Entonces pediremos un divorcio. Tardará un poco más, pero el resultado será el mismo.

Juvia se levantó del columpio.

-Aun así, no te quiero aquí.

-La casita es mía.

-Tengo derechos de inquilina.

La voz de Gray se deslizó sobre ella, suave y sensual.

-Creo que estar cerca de mí te pone nerviosa.

-Sí, claro -dijo ella simulando un bostezo.

Gray señaló con la cabeza al vaso de vino y dijo con una sonrisa

-Estás bebiendo. ¿No temes volver a atacarme mientras duermo?

-Ups. Recaída. Y ni siquiera me había dado cuenta. En su mente solo pudo pasar la fugaz frase "Ojala así fuera".

-O tal vez temes que yo te ataque a ti. Algo despertó en su interior, pero se hizo la fría y se dirigió hacia la mesa para limpiar las migajas de pan con una servilleta que había dejado allí.

-¿Por qué iba a temerlo? Tú no te sientes atraído por mí.

Antes de responder, Gray esperó el rato justo para que ella se pusiera nerviosa.

-¿Y tú cómo sabes por quién me siento atraído yo?

El corazón de Juvia dio una voltereta peligrosa.

-¡Vaya! Yo ya pensaba que mi dominio de la lengua inglesa iba a separarnos.

-Eres tan impertinente.

-Lo siento, pero me gustan los hombres con una personalidad más profunda.

-¿Intentas decir que piensas que soy superficial?

-Como un charco en la acera. Pero eres rico y atractivo, así que no pasa nada.

-¡Yo no soy superficial!

-Llena el espacio en blanco: lo más importante en la vida de Gray Fullbuster es...

-El fútbol es mi profesión. Eso no me convierte en una persona superficial.

-Y las cosas más importantes en la vida de Gray Fullbuster en segundo, tercer y cuarto lugar son el fútbol, el fútbol y, mira por dónde, el fútbol.

-Qué pasa si dijera que tu estas entre ellas?

Juvia estaba recibiendo demasiados ataques aquel día, podía sentir la alarma de incendios sonar en su cabeza pero esta vez era porque algo se estaba saliendo de control, algo mas que sus acciones, algo como… Como sus sentimientos.

-Algo así diría un tipo profundo no? El corazón de Juvia se volvió de cristal y se rompió en mil pedazos, estúpido niño rico, mimado, fortachón e idiota que jugaba con sus emociones.

-Tú solo piensas en Futbol, no eres un tipo profundo.

-Soy el mejor en lo que hago, y no voy a pedir disculpas por ello.

-La quinta cosa más importante en la vida de Gray Fullbuster es... eh, un momento, ahora vendrían las mujeres, ¿no?

-¡Las calladitas, así que tú quedas fuera!

Juvia ya se preparaba para una réplica mordaz cuando cayó en la cuenta

. -Claro. Todas esas mujeres extranjeras... –Gray la miró con recelo-. No quieres a alguien con quien puedas comunicarte realmente. Eso podría interponerse con tu obsesión principal.

-No tienes ni idea de lo que dices. Te lo repito, salgo con muchas mujeres americanas.

-Y supongo que son intercambiables. Guapas, no demasiado listas y, en cuanto se vuelven exigentes, les das puerta.

-Los buenos viejos tiempos...

-Te he insultado, por si no te has dado cuenta.

-Y yo te he devuelto el insulto, por si no te has dado cuenta.

Juvia sonrió.

-Estoy segura de que no querrás compartir el mismo techo con alguien tan exigente.

-No te vas a librar de mí tan fácilmente. De hecho, vivir juntos podría tener sus ventajas.

Gray se levantó del columpio y la miró con una expresión que conjuraba imágenes de cuerpos sudorosos y sábanas arrugadas. Entonces, se metió la mano en el bolsillo de su albornoz y rompió el hechizo que probablemente sólo había existido en la imaginación de Juvia.

Gray extrajo una hoja arrugada de papel. Juvia reconoció enseguida el dibujo que había hecho de Daphne tirándose al agua.

-He encontrado esto en la papelera -dijo alisando el papel mientras se acercaba a ella y señalando a Benny-. ¿Y éste? ¿Es el tejón?

Juvia asintió lentamente, deseando no haber tirado el dibujo en un lugar donde él pudiera encontrarlo.

-¿Y por qué lo has tirado?

-Cuestiones de seguridad.

-Mmm...

-A veces me inspiro en incidentes de mi propia vida.

-Eso ya lo veo.

-Soy más una caricaturista que una artista.

-Esto tiene demasiados detalles para ser una caricatura.

Juvia se encogió de hombros y alargó la mano para recuperar el dibujo, pero Gray negó con la cabeza. -Ahora es mío. Me gusta -dijo guardándoselo en el bolsillo. Luego se dirigió hacia la puerta de la cocina y añadió-: Será mejor que me vista.

-Vale, porque quedarte aquí no va a funcionar.

-Ah, sí que me quedo. Es sólo que bajo un rato al detuvo y la miró con una sonrisa torcida-. Si quieres acompañarme...

En el cerebro de Juvia se disparó una alarma.

-No, gracias, tengo el alemán un poco oxidado, y si como demasiado chocolate se me agrieta la piel.

-Si no te conociera mejor, diría que estás celosa.

-Acuérdate, liebling, de que el despertador suena a las cinco y media.

Eran cerca de las dos y media de la mañana cuando Juvia sin poder dormir decidió que era mejor salir a caminar un poco y estirar las piernas, tal vez el aire puro le ayudaría a dormir y despejar su mente.

Gray aun no volvía y Juvia estaba bastante molesta, ¿Acaso sus padres no le advirtieron sobre llegar tarde? Bufo molesta por preocuparse por el, solo era un idiota mimado con un cuerpo digno de Dios Griego.

El aire frio la golpeo y no pudo evitar acomodarse mejor la bufanda, se había puesto un jersey encima para contrarrestar el helado clima de la noche. Fueron tres, tal vez cuatro minutos en los que se quedo observando el hermoso lago brillando bajo la luna, el rio del agua chocar contra la orilla, el olor a humedad, las hojas y el viento, era todo tan armonioso que quiso retratarlo.

Saco un par de lápices de su bolsa de la tienda de baratijas y comenzó a dibujar, Roo se acomodo bajo sus pies mientras ella sentada bajo un árbol trata de retratar lo que sus ojos apreciaban, si tenía suerte podría hacer alguna escena de Benny en el lago robando los barcos.

El césped estaba húmedo y podía sentir su trasero humedecerse, estaba terminando de pintarlo cuando una imagen vino a su mente.

Victoria.

Oh Dios, su respiración comenzó a apresurarse y todo comenzó a dar vueltas, el lago, la luna, el sonido del agua arremetiendo contra las rocas le parecía insoportable.

Después de un tiempo, su Tv se apago y todo se volvió negro a su alrededor.


HOLAAAAA XD volvi despues de dos semanas PERO TENGO EXCUSAS XD estaba enojada (? okno, pero decidi que mientras no alimenten con amor el fic no actualizare, lo se, soy maligna.

Gracias a Ilovegruvia que salvo la actualizacion (? JSAJASJASJ te amu 3

Este capitulo es muy MUY diferente a lo que sigue en el libro, en el libro hacen como que Juvia olvido a su bebe y eso a mi en lo personal no me gusto, no me gusto para nada porque encuentro que el perder a su motivacion no es algo que superes de un momento para otro asi que vengo yo a meterle mas historia XD ojala me salga (?

Se que no les importa pero ñee XD ahora mismo estoy con las mejores calificaciones del mundo (? por lo que estoy demasiado feliz JASJASJAS podre ingresar a la Universidad con privilegios (? okno

Ilovegruvia: ASJASJJSAJASJJSA mientras dejes reviews te llenare de tantos capitulos como pueda (? pero siempre en los fin de semana XDD la semana esta llena de tareas de fisica y biologia ALV JASJASJ Gracias por estar siempre leyendo el fic 3 lo aprecio demasiado, no noto la presion (? besitos 3