Capítulo catorce
-Acércate al agua, Daphne -dijo Benny-. No te mojaré.
Daphne lo ensucia todo
Juvia despertó justo a la media noche con la respiración cortada y empapada en sudor y ¿Lagrimas?
La habitación estaba oscura, en su cabeza no dejaba de repetirse la imagen que se presento en su sueño…Victoria…Victoria en sus propias manos, al principio era una hermosa imagen donde recibía a Victoria en el hospital, luego de un segundo a otro la imagen se trastorno y…
Había sido un sueño, un estúpido sueño tan real que le carcomía las entrañas desde el fondo, estaba tiritando y no pudo evitar pegar un alarido y comenzar a llorar, se vio todo tan real que le asusto.
No supo por cuanto lloro pero al llegar Gray eran pasada las una y Juvia aun no paraba de llorar y sollozar hecha bolita en su cama.
La puerta se dé su habitación se abrió y la luz le dio en toda la cara dejándola ciega por unos segundos.
-¿Juvia? ¿Estás despierta?
Juvia trato de callarse pero un sollozo escapo de ella y Gray entro rápidamente a la habitación.
Estaba acercando su mano a la lámpara cuando Juvia se abalanzo sobre él.
-Por favor… No la enciendas.
-¿Que sucedió?
-Fue una pesadilla…Yo…Victoria estaba en mis manos cubierta de sangre…Y luego el lago…
Juvia no pudo seguir hablando debido al gran abrazo que Gray le dio, ambos, en el suelo de la habitación abrazados y ella llorando, para Juvia fue un momento tan hermoso que quiso quedarse así por más tiempo.
Habían pasado muchos minutos cuando Gray decidió que el suelo no era el lugar mas cómodo y el tierno momento se rompió y Juvia no supo porque se sentía tan vacía por dentro cuando él la dejo.
Gray se sentó en el borde de la cama y Juvia le siguió.
-Juvia…Y si vas donde un psico…
-¡No¡
-Juvia, entiendo que no quieres ir y…
-No necesito uno.
-Perdimos un bebe Juvia, necesitas ayuda.
-Sin embargo tu estas bien. Un silencio se extendió y Juvia entendió que lo había herido con sus palabras.-Gray… No quiero que alguien me diga cómo superar a Victoria, no si no sabe cómo me siento.
-Ellos estudian eso, saben cómo te sientes.
-Pero no lo sienten Gray, yo…Yo no…No estoy bien. Gray se levanto de la cama para luego pararse enfrente de Juvia y mirarla a los ojos directamente.
-Juvia, dejemos esta conversación para cuando estés más tranquila pero tienes que saber, que cualquier cosa que pase, sea real o no…Ya sabes…Puedes contar conmigo.
Juvia asintió mientras un par de lágrimas se escaparon de ella, no supo en que momento se durmió solo que al sonar la alarma, Gray estaba recostado a su lado.
Juvia lo observo dormir, sus pestañas eran espesas y sus facciones estaban muy bien marcadas, su respiración era tan tranquila que le apeno despertarlo.
Había llovido toda la noche y mientras Juvia y Gray avanzaban en silencio por el camino, un tono gris rosado dominaba el cielo recién lavado; sin embargo, estaban ambos demasiado dormidos como para apreciarlo. Mientras Gray bostezaba, Juvia se concentraba en poner un pie delante del otro intentando evitar los charcos. Sólo Roo estaba contento de estar ya despierto y en marcha.
Comenzó a pensar si lo que decía Gray era verdad, si de verdad necesitaba ayuda, Mirajane la había inscrito en un grupo de padres que perdieron a sus hijos, grupo al que jamás asistió.
Sus acciones, su día, su vida… Juvia paró en seco a medio camino, Gray avanzo unos cuantos pasos para luego observarla dudoso.
-¿Qué sucede?
-Asistiré.
-¿Qué?
-Cuando vuelva a Chicago… Asistiré al grupo de padres que perdieron a sus hijos…Ellos tal vez me entiendan más que un psicólogo…
Gray siguió caminando mientras su respuesta no dejaba de sonar en la cabeza de Juvia "Iré contigo".
Juvia preparó tortitas de arándanos mientras Gray cortaba trozos desiguales de fruta que iba depositando en un cuenco azul de cerámica. Mientras trabajaba, refunfuñaba que alguien con un promedio de pases bien dados del sesenta y cinco por ciento no debería dedicarse a la cocina. Sus quejas se silenciaron, sin embargo, cuando entró Mermy.
-¿De dónde ha salido ese gato? Juvia esquivó la pregunta.
-Es una gata, y apareció ayer. Se llama Mermy.
Roo lloriqueó y se arrastró bajo la mesa. Gray cogió un trapo de cocina para secarse las manos.
-Hola, bonita -dijo arrodillándose para acariciar al animal. Mermy se acurrucó inmediatamente junto a él.
-Creía que no te gustaban los animales.
-Me gustan los animales. ¿De dónde has sacado esa idea?
-¿De mi perro?
-¿Es un perro? Anda, lo siento. Creía que era un accidente por residuos industriales -dijo mientras pasaba sus dedos largos y delgados entre el pelaje de la gata.
-Slytherin.
Juvia tapó el recipiente de la harina de un manotazo. ¿Qué clase de hombre podía preferir un gato a un caniche francés excepcionalmente refinado?
-¿Qué me has llamado?
-Es una referencia literaria. No lo entenderías.
-Harry Potter. Y no me gustan los motes.
Su respuesta la irritó. Le estaba resultando cada vez más difícil convencerse de que Gray era sólo una cara bonita, y sobre todo después de la noche anterior.
Los Pearson fueron los primeros clientes. John Pearson consumió media docena de tortitas y una ración de huevos revueltos mientras ponía al día a Gray sobre su hasta el momento infructuosa búsqueda de la curruca de Kirtland. Chet y Gwen se marchaban aquel mismo día, y cuando Juvia echó un vistazo al comedor, observó que Gwen le lanzaba miraditas de «acércate más» a Gray. Poco después, Juvia oyó una discusión en la puerta principal. Apagó el fuego y corrió hacia el vestíbulo, donde el hombre corpulento que había visto en el espacio comunitario el día de su llegada le gruñía a Gray:
-Es pelirroja. Alta, metro setenta y muchos. Y hermosa. Alguien me ha dicho que la vieron aquí ayer por la tarde.
-¿Qué quiere de ella? –preguntó Gray.
-Teníamos una cita.
-¿Qué clase de cita?
-¿Está aquí o no?
-Creo que reconozco esa voz ronca -dijo Lilly, apareciendo en lo alto de las escaleras. De algún modo, lograba convertir su sencilla camisa de lino con caracolas de mar y el pantalón corto a juego en algo glamuroso. Bajó las escaleras con aplomo, como la reina de la pantalla que era, pero se detuvo en seco al ver a Gray-. Buenos días.
Gray la saludó bruscamente con la cabeza y desapareció hacia el comedor. Lilly mantuvo la compostura. El hombre que había venido a verla miró hacia el comedor, y Juvia observó que se trataba del hombre que había visto salir del bosque en su primer día en el campamento. ¿De qué le conocería Lilly?
-Son las ocho y media -refunfuñó-. Se supone que habíamos quedado a las siete.
-He considerado durante unos segundos la posibilidad de acudir, pero he decidido seguir durmiendo.
El hombre la miró como un león enfurecido. -Pues vamos. Estoy perdiendo la luz.
-Si la busca bien, estoy segura de que la encontrará. Mientras, desayunaré.
El hombre frunció el ceño. Lilly se dirigió a Juvia con una expresión gélida. -¿Sería posible que pudiera comer en la cocina y no en el comedor?
Juvia se dijo que podía mostrarse todavía más hostil que Lilly, pero luego decidió que al cuerno, que a ese juego sólo podían jugar dos.
-Por supuesto. Tal vez querrán comer los dos juntos en la cocina. He preparado tortitas de arándano. Lilly se mostró ofendida.
-¿Tenéis café? -ladró él.
A Juvia siempre le habían atraído los individuos a quienes no les importa ganarse la aprobación de los demás, posiblemente porque ella había pasado mucho tiempo intentando ganarse la de su padre. La indignante excentricidad de aquel hombre la fascinó. También observó que era muy atractivo para su edad.
-Todo el que quiera.
-Pues de acuerdo. Juvia se sintió un poco culpable y volvió su atención hacia Lilly.
-Puede utilizar la cocina con toda libertad siempre que quiera. Estoy segura de que preferirá evitar a sus admiradores a primera hora de la mañana.
-¿Qué clase de admiradores? -preguntó él.
-Soy bastante famosa -dijo Lilly.
-Oh -replicó el hombre, dando por acabado el tema de la fama-. Ya que insistes en comer, ¿podrías darte un poco deprisa?
Lilly se dirigió a Juvia sin duda únicamente con ánimo de ofender al hombre. -Este hombre atrozmente egocéntrico es Liam Jenner. Señor Jenner, le presento a Juvia, la esposa de mi... sobrino.
Era la segunda vez en dos días que se quedaba atemorizada ante un famoso.
–¿El señor Jenner? –Juvia tragó saliva-. No puedo decirle lo encantada que estoy. Hace años que admiro su obra. ¡No puedo creerme que esté usted aquí! Sólo que... en las fotos que siempre sacan de usted, lleva el pelo largo. Ya sé que deben ser de hace años, pero... lo siento. Estoy parloteando. Es que sus obras han significado mucho para mí.
Jenner asesinó a Lilly con la mirada.
-Si quisiera que ella supiera mi nombre, se lo habría dicho yo mismo.
-Qué suerte -le dijo Lilly a Juvia-. Ya tenemos a un ganador para el concurso de Don Encanto.
Juvia intentó contener la respiración.
-Sí, claro, lo comprendo. Estoy segura de que hay mucha gente que viola su intimidad, pero...
-Tal vez podría usted saltarse la adulación y llevarnos directamente hacia esas tortitas. Juvia tomó aire.
-Por aquí, señor.
-Tal vez tendrías que preparar unas tortitas de mala uva para él.
-Lo he oído -murmuró el pintor.
En la cocina, Juvia se recompuso lo suficiente como para conducir a Lilly y a Liam Jenner hasta la mesa redonda del saledizo. Luego corrió a rescatar los huevos revueltos que había abandonado y los puso en un plato.
Gray entró por la puerta y miró hacia Lilly y Liam Jenner, pero aparentemente decidió no hacer preguntas.
-¿Ya están listos esos huevos? Juvia le entregó los platos y le advirtió:
-Están demasiado hechos. Si la señora Pearson se queja, cálmala con tus encantos. ¿Puedes traer café? Tenemos comensales en la cocina. Te presento a Liam Jenner.
Gray saludó al artista con la cabeza.
-Había oído en el pueblo que tiene usted una casa en el lago.
-Y tú eres Gray Fullbuster-dijo Jenner, sonriendo por primera vez y sorprendiendo a Juvia con la transformación de sus marcados rasgos. Realmente muy atractivos. Lilly también lo notó, aunque no pareció tan impresionada como Juvia.
Jenner se levantó y le tendió la mano.
-Debería haberte reconocido enseguida. Hace años que sigo a los Stars.
Mientras los dos hombres se estrechaban la mano, Juvia observó que el artista temperamental se había transformado en un aficionado al fútbol.
-Has realizado una temporada muy buena.
-Podría haber sido mejor.
-No se puede ganar siempre. La conversación derivó hacia los Stars, y Juvia se quedó observando a los tres tertulianos. Qué extraño grupo de gente reunida en aquel lugar aislado. Un futbolista, un pintor y una estrella de cine.
Juvia sonrió, le quitó los platos de las manos a Gray, que parecía disfrutar de la conversación, y los llevó al comedor. Por suerte, no hubo quejas por los huevos. Sirvió café en dos tazas, cogió una ración de crema de leche y un sobre de azúcar de más, y lo llevó todo de vuelta a la cocina.
Gray estaba apoyado en la puerta de la despensa, ignorando a Lilly, mientras hablaba con Liam Jenner.
- … dicen en el pueblo que mucha gente está visitando Wind Lake con la esperanza de poder verle. Aparentemente, ha beneficiado usted el turismo local.
-No por gusto -dijo Jenner cogiendo la taza de café que Juvia le había dejado delante e inclinándose a continuación en su silla. Parecía estar a gusto dentro de su pellejo, pensó Juvia. Era de constitución robusta, un poco canoso: un artista disfrazado de curtido hombre de los bosques. -En cuanto se difundió el rumor de que me había construido una casa en este lugar, empezaron a aparecer todo tipo de idiotas.
Lilly aceptó la cucharilla que le ofrecía Juvia y, mientras removía el café, dijo:
-No parece tener en mucha estima a sus admiradores, señor Jenner.
-Lo que les impresiona es mi fama, no mis obras. Se ponen a parlotear sobre el honor de conocerme, pero las tres cuartas partes de ellos no reconocerían uno de mis cuadros aunque les mordiera el trasero.
Juvia, que se sintió aludida, no podía dejarlo así.
-Mamá de mal humor, pintado en 1968, una acuarela muy temprana -dijo mientras vertía el batido para rebozar en la sartén-. Una obra emocionalmente compleja con una engañosa simplicidad de trazo. Prendas, pintado sobre 1971, una acuarela con pincel seco. A los críticos no les gustó, pero estaban equivocados. Entre 1996 y 1998 se concentró en los acrílicos con la serie Desiertos. Estilísticamente, esos cuadros son un pastiche: eclecticismo posmoderno, clasicismo, con un guiño a los impresionistas que se podría usted haber ahorrado.
Gray sonrió.
-Juvia es summa cum laude. En Northwestern. Escribe libros de conejitos. Mi favorito entre sus cuadros es un paisaje, no tengo ni idea de cuándo lo pintó ni de qué dijo la crítica sobre él, pero se ve a un niño en la lejanía, y me gusta.
-A mí me encanta Niña en la calle -dijo Lilly-. Una figura femenina solitaria en una calle urbana, con unos zapatos rojos maltrechos y una expresión de desespero en el rostro. Se vendió hace diez años por veintidós mil dólares.
-Veinticuatro.
-Veintidós -replicó Lilly dulcemente-. Lo compré yo. Por primera vez, Liam Jenner pareció haberse quedado sin palabras. Pero no por mucho tiempo.
-¿Cómo te ganas la vida? Lilly dio un sorbo a su café antes de hablar.
-Me dedicaba a resolver crímenes.
Juvia estuvo a punto de dejar pasar el regate de Lilly, pero le venció la curiosidad de ver qué pasaba.
-Ella es Lilly Sherman, señor. Jenner. Es una actriz bastante famosa. Jenner se inclinó en la silla y la estudió antes de murmurar finalmente:
-Ese estúpido póster. Ahora me acuerdo. Usted llevaba un biquini amarillo.
-Sí, bueno, es evidente que dejé atrás los tiempos de los pósters hace ya mucho.
-Dé gracias a Dios por ello. Aquel biquini era obsceno. Lilly se mostró sorprendida, y luego indignada.
-No veo qué tenía de obsceno. Comparado con hoy, era algo modesto.
Jenner juntó sus tupidas cejas.
-Lo obsceno es que se cubriera el cuerpo con algo. Debería haber salido desnuda.
-Yo me largo -dijo Gray volviendo hacia el comedor.
Ni una manada de caballos salvajes se hubieran podido llevar a Juvia de aquella cocina, y colocó un plato de tortitas delante de cada uno de ellos.
-¿Desnuda? -La taza de Lilly cayó ruidosamente sobre el plato-. Jamás de la vida. Una vez rechacé una fortuna por posar para Playboy.
-¿Y qué tiene que ver con esto Playboy? Le estoy hablando de arte, no de excitación-dijo hincando el diente en las tortitas-. Un desayuno excelente, Juvia. Deja este lugar y ven a cocinar para mí.
-En realidad soy escritora, no cocinera.
-Libros infantiles... -Su tenedor se detuvo en medio del aire-. Yo había pensado en escribir un libro para niños... -El tenedor se clavó en una de las tortitas del plato de Lilly-. Probablemente no habría habido mucho mercado para mis ideas.
-No si implicaban desnudos -murmuró Lilly.
Juvia soltó una risilla. Jenner le lanzó una mirada intimidatoria.
-Lo siento -murmuró Juvia mordiéndose el labio, y soltó un resoplido no muy femenino.
El ceño de Jenner se volvió más feroz. Juvia ya iba a volver a disculparse de nuevo cuando observó un temblor ascendente en la comisura de sus labios. O sea que Liam Jenner no era tan irascible como quería aparentar. La cosa se ponía cada vez más interesante.
Jenner señaló la taza medio llena de Lilly.
-Puedes llevarte eso. Y lo que queda de tu desayuno también. Tenemos que irnos.
-Yo nunca dije que posaría para usted. No me cae bien.
-Ni a ti ni a nadie. ¡Y por supuesto que vas a posar para mí! -Su voz se volvió más profunda con el sarcasmo-. La gente hace cola para tener ese honor.
-Pinte a Juvia. Fíjese en sus ojos. Jenner la estudió.
Juvia pestañeó intencionadamente.
-Son bastante extraordinarios -dijo el pintor-. Su rostro se está volviendo interesante, pero le falta más vida en sus ojos, tal vez en unos años mas cuando tu mirada sea más vivaz pueda pintarte.
-Eh, no hable de mí como si yo no estuviera delante.
Jenner levantó una ceja oscura hacia Juvia, y luego llevó de nuevo su atención hacia Lilly.
-¿Es sólo conmigo, o eres tan testaruda con todo el mundo?
-No soy testaruda. Simplemente protejo su reputación de artista infalible. Tal vez si volviera a tener veinte años, posaría para usted, pero...
-¿Y por qué iba a interesarme a mí pintarte cuando tenías veinte años? -Jenner parecía auténticamente perplejo.
-Vamos, creo que eso es evidente -dijo Lilly sin pensarlo.
Jenner la estudió unos instantes, con una expresión difícil de interpretar. Luego sacudió la cabeza.
-Por supuesto. Nuestra obsesión nacional por la demacración. ¿No eres ya un poco mayor para seguir tragándote eso? Lilly plantó una sonrisa perfecta en su cara mientras se levantaba de la silla.
-Por supuesto. Gracias por el desayuno, Juvia. Adiós, señor Jenner.
El pintor la siguió con la mirada mientras salía de la cocina con paso majestuoso. Juvia se preguntó si él habría notado la tensión que cargaba Lilly sobre sus hombros.
Le dejó con sus propios pensamientos mientras se terminaba el café. Cuando terminó, Jenner recogió los platos de la mesa y los llevó al fregadero.
-Son las mejores tortitas que he comido en muchos años. Dime qué te debo.
-¿Qué me debe?
-Esto es un establecimiento comercial -le recordó.
-Ah, sí. Pero no hay nada que cobrar. Ha sido un placer.
-Pues gracias. Jenner se giró para marcharse.
-Señor Jenner.
-Puedes llamarme Liam. Juvia sonrió.
-Ven a desayunar siempre que quieras. Puedes colarte por la cocina.
-Gracias, tal vez lo haré .asintió lentamente.
-¿Alguna idea para un nuevo libro? -preguntó Mirajane por teléfono a primera hora de la tarde siguiente.
Era un tema espinoso, pero como Juvia se había pasado los últimos diez minutos de su conversación esquivando las preguntas entrometidas de Celia la Gallina sobre Gray, cualquier cambio era positivo.
-Unas pocas. Pero ten en cuenta que Daphne se cae de bruces es el primer libro de un contrato para tres, y Birdcage no aceptará otro manuscrito hasta que termine los cambios que me pidieron.
No hacía falta contarle a su hermana que todavía no había empezado con esos cambios, aunque después del desayuno le había tomado prestado el coche a Gray para ir al pueblo a comprar material de dibujo.
-Esta gente de NHAH son de chiste.
-De chiste malo. Oye, no tengo tele en la casita: ¿han vuelto a aparecer últimamente?
-Anoche. Gracias al nuevo proyecto de ley sobre derechos de los homosexuales en el Congreso, han tenido mucha repercusión mediática. -Mirajane dudó unos instantes y eso no era una buena señal-. Juvia, han vuelto a citar a Daphne.
-¡Es increíble! ¿Por qué me hacen esto? Ni que yo fuera una autora famosa de libros para niños.
-Esto es Chicago, y tú eres la esposa del quarterback más famoso de la ciudad. Y ellos utilizan esa relación para ganar minutos de emisión. Sigues siendo la esposa de Gray, ¿no?
Juvia no quería volver a entrar en esa discusión.
-Temporalmente. La próxima vez, recuérdame que busque a una editora con agallas.
Juvia deseó no haberlo dicho: su editora no era la única que necesitaba agallas. Tuvo que recordarse nuevamente que no tenía elección, al menos si quería pagar sus facturas. Como si le hubiera leído el pensamiento, Mirajane dijo:
-¿Y qué estás haciendo para ganar dinero? Sé que no has...
-Ya me apaño, no te preocupes.
Aunque Juvia quería muchísimo a Mirajane, a veces deseaba que no se convirtiera en oro todo lo que tocaba su hermana. La hacía sentir tan incapaz. Mirajane era rica, hermosa y emocionalmente estable. Juvia era pobre, simplemente atractiva y había estado mucho más cerca de una crisis nerviosa de lo que podría admitir jamás. Mirajane había superado enormes desventajas para convertirse en una de las propietarias de la NFL más poderosas, mientras que Juvia no podía siquiera defender a su conejita de ficción ante un ataque de la vida real.
Tras colgar el teléfono, Juvia estuvo charlando con algunos de los huéspedes, y luego puso toallas limpias en todos los baños mientras Gray registraba a una pareja de jubilados de Cleveland en una de las casitas. Luego se fue a su propia casita para ponerse el bañador rojo que Gray le había regalado e ir a nadar.
Cuando sacó el bañador de dos piezas de la bolsa, descubrió que, aunque la parte de abajo no era un tanga, iba sujeta a cada lado únicamente por un cordelito y le pareció algo exiguo para su gusto. La parte de arriba, sin embargo, tenía un aro inferior que ayudaba a mantenerlo todo en su sitio, y Roo pareció dar su aprobación.
Aunque la temperatura del aire rondaba ya los treinta grados, el lago todavía no se había calentado, y la playa estaba desierta cuando ella llegó. Juvia se estremeció de frío al meter los pies en el agua, pero fue entrando lentamente. Roo se mojó las patas, luego retrocedió y se dedicó a perseguir a las garzas. Cuando Juvia no pudo seguir soportando aquella tortura, se zambulló.
Salió a la superficie jadeando y empezó a dar brazadas vigorosas para entrar en calor; entonces vio a Gray en pie en el espacio comunitario. Nueve años de campamento de verano le habían enseñado la importancia de hacer las cosas acompañada, pero Gray estaba lo bastante cerca para oírla gritar si se ahogaba.
Se puso boca arriba y nadó de espaldas durante un rato, evitando las aguas más profundas, porque, aunque Gray dijese lo contrario, ella era una persona muy sensible en lo referente a la seguridad en el agua. Miró de nuevo hacia el comedor comunitario: Gray seguía en pie exactamente en el mismo lugar.
Parecía aburrido.
Juvia agitó el brazo para captar su atención.
Gray le devolvió el saludo sin mucha convicción.
Eso no era bueno. No era nada bueno.
Juvia se zambulló y empezó a pensar.
Gray observó a Juvia en el agua mientras esperaba a que los empleados de la empresa de basuras aparecieran con un nuevo contenedor. Un destello de rojo carmesí flotó en el aire cuando Juvia saltó al agua y luego la vio desaparecer bajo la superficie. Había sido un error comprarle ese biquini: dejaba prácticamente al descubierto ese pequeño cuerpo tentador que a Gray le estaba resultando cada vez más difícil ignorar. Pero el color de aquel biquini enseguida le había llamado la atención, porque era casi del mismo tono que tenía su pelo el día en que se habían conocido.
Juvia ya no llevaba el pelo igual. Sólo habían pasado cuatro días, pero se estaba cuidando y sus cabellos habían adquirido el mismo color que el mar con el que Gray adoraba bañarse. Gray se sentía como si la estuviera viendo volver a la vida. Su piel había perdido aquel aspecto pálido, y sus ojos habían empezado a brillar, especialmente cuando se trataba de fastidiarle.
Esos ojos... Esos endiablados ojos sesgados que parecían decir a gritos que no se proponía nada bueno, aunque Gray parecía ser el único que captaba el mensaje. Mirajane y Laxus veían en Juvia, a la intelectual, a la amiga de los niños, los conejitos y los perros ridículos. Sólo él parecía comprender que por las venas de Juvia Loxar corrían los problemas en vez de la sangre.
Durante el vuelo de regreso a Chicago, Laxus le había sermoneado sobre lo seria que era Juvia en todo lo que hacía. Que de niña nunca había hecho nada malo. Lo buena estudiante que había sido, y la ciudadana modélica que era. Le había dicho que Juvia tenía veintisiete años, pero la madurez de cuarenta. Más bien veintisiete y la madurez de siete. No era extraño que se ganara la vida como escritora de libros infantiles. ¡Estaba entreteniendo a sus iguales!
Le mortificaba que tuviera la osadía de llamarle imprudente. Él no se había desprendido nunca de quince millones de dólares. Por lo que sabía de ella, Juvia no comprendía el significado de jugar sobre seguro.
Gray vio otro destello de rojo en el agua. Todos aquellos años de campamento de verano la habían convertido en una buena nadadora, con una brazada regular y ágil. Y un cuerpo bonito y esbelto... Pero lo último que quería Gray era volver a empezar a pensar en el cuerpo de Juvia, así que se concentró en lo mucho que lo hacía reír.
Gray volvió la vista hacia el lago, pero no vio a Juvia. Esperó un destello de rojo. Y esperó... Sintió que crecía la tensión en sus hombros al ver que la superficie no se movía. Dio un paso adelante. Entonces apareció su cabeza, como un punto a lo lejos. Justo antes de volver a desaparecer, Juvia logró gritar una palabra apenas inteligible.
-¡Socorro!
Gray echó a correr.
Juvia contuvo la respiración tanto como pudo, luego volvió a salir a la superficie para llenar los pulmones. Como era de esperar, Gray se acababa de lanzar al agua con un estilo impecable.
Juvia se debatió en el agua hasta que estuvo segura de que él la había visto, entonces volvió a zambullirse, se sumergió hacia el fondo y nadó hacia su derecha. Era una mala pasada hacerle eso, pero era por un bien superior. Un Gray aburrido era un Gray triste, y ya hacía demasiado tiempo que no se había divertido en el campamento de Wind Lake. Tal vez así ya no estaría tan ansioso por venderlo.
Juvia volvió a salir a la superficie. Gracias a su habilidoso cambio de dirección bajo el agua, Gray se dirigía mucho más a la izquierda. Juvia tomó aire y volvió a sumergirse.
Cuando Daphne se hundió por tercera vez, Benny nadó...
Borremos eso.
Cuando Benny se hundió por tercera vez, Daphne nadó más y más rápido...
Ser rescatado por Daphne le serviría de lección a Benny, pensó Juvia virtuosamente. Benny no debería haber ido a nadar sin compañía.
Juvia abrió los ojos bajo el agua, pero después de tanto llover el lago estaba turbio y no pudo ver gran cosa. Recordó lo aprensivos que eran algunos de sus compañeros de campamento cuando tenían que nadar en un lago en vez de en una piscina, « ¿y si me muerde un pez?», pero Juvia acostumbró ya en su primer verano y se sentía como en casa. Empezaban a quemarle los pulmones y salió a por más aire. Gray estaba a unos veinte metros a su izquierda. Juvia no quiso pensar en el cuento del pastor y el lobo, y realizó su siguiente movimiento.
-¡Socorro!
Gray dio media vuelta; y siguió nadando con su soberbia frente cubierta por esos cabellos rubios.
-¡Aguanta, Juvia!
-¡Deprisa! ¡Tengo -«un tornillo flojo»- un calambre! -gritó antes de volver a sumergirse. Juvia torció a su derecha y nadó paralela a la orilla, como un auténtico número once. Sus pulmones volvían a pedir aire, había llegado el momento de volver a emerger cerca de la línea de gol.
Gray llevaba dos décadas localizando a receptores entre el tumulto, y la divisó al instante. Sus brazadas eran poderosas y Juvia se quedó tan absorta viendo cómo batía la superficie del lago que casi se le olvidó volver a sumergirse.
La mano de Gray frotó su muslo y la agarró por la parte de abajo del minúsculo biquini.
La mano de Gray. En su culo. Juvia debería haberlo pensado antes.
Gray tiró bruscamente del biquini para llevar a Juvia a la superficie, y los delicados cordones se rompieron.
Gray la rodeó con un brazo y tiró de ella hacia arriba.
La parte de abajo del biquini no emergió con ellos.
Mientras contemplaba cómo se lo llevaba la corriente, Juvia intentaba comprender cómo se había metido en aquella situación. ¿Iba a ser aquélla su recompensa por haber querido hacer algo con buena intención?
-¿Estás bien?
Juvia pudo ver fugazmente la cara de Gray antes de que éste empezara a tirar de ella hacia la orilla. Le había asustado de verdad. Una parte de Juvia se sentía culpable, pero aun así no se olvidó de toser y tomar aire mientras Gray la arrastraba por el agua. Y, al mismo tiempo, Juvia se esforzaba por superar su pudor.
La respiración de Gray no era en absoluto agitada, y por un momento Juvia relajó por completo sus músculos y se dejó llevar disfrutando de la sensación de que fuera Gray y no ella quien se esforzara. Pero resultaba difícil estar relaja da y con el culo al aire al mismo tiempo.
-He... he tenido un calambre.
-¿En qué pierna?
Juvia notó que le rozaba la pierna con su cadera, pero Gray no pareció darse cuenta de que algo faltaba.
-Para... Para un momento, ¿quieres? -le pidió Juvia.
Gray dejó de dar brazadas y la giró entre sus brazos sin soltarla. Juvia vio en su rostro que el enfado había sido sustituido por la preocupación.
-¡No deberías haber ido a nadar sola! Podrías haberte ahogado.
-Ha sido una estupidez.
-¿Qué pierna?
-La... izquierda. Pero ya está mejor. Ya puedo moverla.
Gray la dejó ir de un brazo para tocarle la pierna.
-¡No! –chilló Juvia, temiendo lo que podía encontrar por el camino.
-¿Otro calambre?
-No exactamente.
-Vamos a la orilla. Ya te miraré la pierna allí.
-Ya estoy bien. Puedo... Gray no le prestó ninguna atención, y empezó a tirar de ella hacia la playa.
-Esto, Gray... -Gray tosió al tragar agua.
-¡Cierra el pico, joder!
«Bonita forma de hablar para un H.P., sobre todo mientras auxilia a una víctima.» Juvia hacía lo posible para mantener su mitad inferior lejos de la mitad inferior de Gray, pero él no dejaba de deslizarse contra ella. Y se deslizaba y se deslizaba... Juvia gimió tras una acometida de sensaciones.
El ritmo de Gray cambió, y Juvia se dio cuenta de que ya tocaban fondo. Intentó soltarse.
-Suéltame, aquí ya puedo andar.
Gray se acercó más a la orilla y finalmente la soltó y se puso en pie. Juvia colocó los pies en el fondo y se enderezó. El agua le llegaba a la barbilla, aunque a Gray no le llegaba a los hombros. El pelo empapado le chorreaba sobre la frente, y parecía malhumorado
-Podrías ser un pelín más agradecida, ¿sabes? Te acabo de salvar la vida.
Al menos ya no se le veía preocupado.
-Gracias. Gray todavía la sujetaba de un brazo y se puso a andar hacia la orilla.
-¿Habías tenido antes calambres así?
-Nunca. Me ha cogido totalmente por sorpresa.
-¿Por qué arrastras los pies?
-Tengo frío. Tal vez todavía estoy un poco aturdida. ¿Me puedes dejar la camiseta?
-Claro -respondió sin dejar de arrastrarla hacia la playa.
-¿Me la podrías dejar ahora, por favor? –dijo Juvia, arrastrando los talones.
-¿Ahora?
Gray se detuvo. Las olas del lago lamían los pechos de Juvia. La parte de arriba del biquini rojo los mantenía en su sitio y a Gray se le fueron los ojos. Juvia notó que sus pestañas mojadas habían formado pequeñas espinas agresivas alrededor de sus penetrantes ojos grises, y sintió que se le aflojaban las rodillas.
-Me gustaría ponérmela antes de salir del agua -dijo del modo más amable que pudo. Gray apartó la vista de sus pechos y echó a andar de nuevo.
-Será más fácil cuando te hayas secado en la playa.
-¡Para! ¡Haz el favor de parar!
Gray se paró, pero se quedó mirándola como si le faltara un tornillo.
Juvia se mordió el labio inferior. Toda buena obra supone un sacrificio: iba a tener que decírselo.
-Tengo un pequeño problema...
-Eso diría yo. No tienes el más mínimo sentido común. En el diploma de Northwestern del que tanto presumes tendrían que haber puesto summa cum loca.
-Déjame la camiseta. Por favor.
Gray no hizo ademán de quitársela. Más bien se puso receloso.
-¿Qué tipo de problema?
-Parece que he... Tengo mucho frío. ¿Tú no tienes frío?
Gray esperó, con esa expresión terca que indicaba que no iría a ninguna parte hasta que ella confesara. Juvia cobró dignidad.
-Parece que he... –Juvia se aclaró la garganta-. He perdido la parte de abajo de mi biquini en el lago.
Naturalmente, lo primero que hizo él fue mirar abajo, escrutar las aguas turbias.
-¡No mires! Cuando volvió a levantar la mirada, sus ojos ya no parecían enojados si no divertidos.
-¿Y cómo lo has hecho?
-Yo no lo he hecho. Has sido tú. Cuando me has rescatado.
-Te he quitado el biquini.
-Pues sí. Gray sonrió burlón.
-Siempre se me han dado muy bien las mujeres.
-Da igual. ¡Déjame tu camiseta de una vez!
¿Fue accidental que el muslo de Gray rozase su cadera? Él volvió a bajar la vista hacia las aguas turbias, y Juvia se sintió poseída por el loco deseo repentino de que desapareciera toda la turbiedad. Notó un tono ronco y seductor en la voz de Gray.
-O sea, que me estás diciendo que estás con el culo al aire debajo del agua.
-Has comprendido perfectamente lo que te estoy diciendo.
-Pues nos encontramos ante un interesante dilema.
-Aquí no hay ningún dilema. Gray se acarició la comisura de los labios con el pulgar, y su sonrisa fue tan suave como el humo.
-Nos encontramos ante la esencia del auténtico capitalismo, justo aquí y ahora, tú y yo, y que Dios bendiga América como el gran país que es.
-¿De qué hablas? Creí que era yo la chiflada.
-Puro capitalismo. Yo tengo un producto que tú quieres...
-Se me está volviendo a acalambrar la pierna.
-La cuestión es -empezó a decir despacio, sin apartar la mirada de sus pechos-, ¿qué vas a darme por ese producto?
-Ya te he estado dando mis servicios como cocinera -respondió rápidamente ella.
-No sé. Esas sandalias de ayer eran muy caras. Creo que ya te he pagado al menos tres días de cocinera. Gray estaba haciendo ronronear las entrañas de Juvia, y a ella no le gustó.
-¡No pienso quedarme aquí ni un día más si no te quitas esa estúpida camiseta de tu estúpido pecho hipermusculado ahora mismo!
-No había conocido a ninguna mujer tan desagradecida en mi vida.
Gray empezó a quitársela, se paró para rascarse un brazo, volvió a tirar de la camiseta, se la subió muy despacito por el pecho, flexionó aquellos músculos sublimes...
-¡Eso son veinte yardas por pérdida de tiempo!
-Es una penalización de cinco yardas -puntualizó Gray desde debajo de su camiseta.
-¡Hoy no!
Por fin se quitó la camiseta, y ella se la arrebató de las manos antes de que se le pasara por la cabeza jugar a «a que no lo pillas», un juego al que un quarterback de la NFL sin duda ganaría a una escritora de cuentos de conejitos.
-Con el culo al aire... -dijo con una amplia sonrisa.
Juvia le ignoró y se peleó con la camiseta para ponérsela, pero manejar todo aquel algodón empapado con el agua gélida que le llegaba a los pechos no era exactamente fácil. Naturalmente, él no la ayudó.
-Tal vez te sería más fácil si salieras del agua antes de ponértela.
Era un humor demasiado infantil para merecer respuesta. Finalmente logró ponerse la camiseta, aunque una enorme bolsa de aire la hinchaba a su alrededor.
Juvia tiró hacia abajo y caminó hacia la orilla, que, por suerte, estaba desierta.
Gray se quedó donde estaba y observó a Juvia mientras salía del agua. La visión trasera de Juvia le estaba entorpeciendo a Gray la respiración. Al parecer Juvia no había caído en que las camisetas blancas son casi como el papel de fumar cuando se mojan. Primero emergió su cintura esbelta, luego unas caderas curvas, y finalmente las piernas, vigorosas y bonitas como ningunas.
Gray tragó saliva al ver aquel culito dulce. La tela blanca de la camiseta se le adhería a la piel y parecía como si lo hubiesen salpicado con azúcar mojado.
Gray se lamió los labios. Menos mal que el agua estaba fría como el hielo, porque verla caminando hacia la playa le había puesto caliente. Aquel culito redondo... la hendidura oscura y seductora. Y todavía no había contemplado las vistas desde delante.
Circunstancia que estaba a punto de cambiar.
Juvia oyó a Gray que chapoteaba detrás de ella. Enseguida estuvo a su lado, dando pasos de gigante en el agua.
Gray se adelantó, con los músculos de sus hombros chorreando cada vez que levantaba los brazos. Llegó a la playa y se giró para mirarla.
¿Qué debía de ser exactamente lo que le parecía tan interesante? Juvia empezó a ponerse nerviosa. Gray movió una mano y tiró sin darse cuenta de la parte delantera de sus vaqueros empapados.
-Tal vez no es tan difícil de creer que tu madre era una corista.
Juvia miró hacia abajo y chilló. Luego tiró de la camiseta para apartarla de su cuerpo y salió corriendo hacia la casita.
-¡Eh, Molly! La vista desde detrás también es bastante interesante. Y pronto tendremos compañía.
Efectivamente, los Pearson, aunque todavía estaban lejos, se acercaban. Apenas se les veía detrás de las sillas, las bolsas y la nevera de playa.
Juvia no podía contar con la colaboración de Gray para volver a la casita, así que se dirigió hacia el bosque, separando la camiseta de su cuerpo por delante y por detrás, al tiempo que tiraba de ella para hacerla más larga.
-Si alguien te tira un pez -gritó Gray mientras Juvia se alejaba-, es porque andas como un pingüino.
-Y si alguien te pide que rebuznes, es porque te comportas como un...
-Guárdate las lindezas para más tarde, Daphne. Acaban de llegar los de la basura con el nuevo contenedor.
-Cierra la tapa después de entrar.
Juvia aceleró su paso de pingüino y, sin saber muy bien cómo, logró llegar a la casita sin más tropiezos. Una vez dentro, se apretó las mejillas sonrojadas con las manos y se rió.
Pero Gray no se reía. De pie en el espacio comunitario, mirando en dirección a la casita, sabía que no podía seguir así. Qué ironía. Era un hombre casado, pero no podía disfrutar de la principal ventaja que ofrecía el matrimonio.
La cuestión era: ¿qué pretendía hacer al respecto?
HOLIWI
SJAJSAJSAJ GRACIAS POR SUS LINDOS COMENTARIOS WAAAAAA *Se pone a llorar (?*
Pues baia baia 7w7 la historia se va poniendo intensa 7w7 Ese Gray, que es lo que planea? 7u7
Seryam Asakura: WAAAAA TE AMOOO 3 ok ya me calmo (? Poco a poco se van acercando SAJJSA es por eso que de la serie de Libros de los Chicago Stars escogi este porque es el que tiene los personajes mas reales por asi decirlo y es el que esta mejor ambientado segun a mi gusto, el tercer libro es muy bueno sin embargo JSAJAS ese tiene mucha comedia de por medio, pero este tenia ese toque que fue como AAAA DEBO ADAPTARLO AAA XDD Lo que pasa esque Juvia se pasa la mayor parte del dia trabajando o tratando de no pensar lo que es su vida en ese momento :c esta huyendo pero ya le llegara la chancla de la vida para que recapacite, El lemmon se acerca, lento pero seguro 7w7 Gracias por tus lindas palabras y por tu hermoso review 3 espero leas el testamento que deje XDD
Ilovegruvia: SJJASJSA ahora no tengo clases gracias al censo de Chile 7w7 ALV, espero te vaya gustando la historia, la cosa se va a poner zukulenta 7w7 espero se note como se van acercando poco a poco porque si no todo valio madre ALV JAJAJJAJA, besitos y abrazos 3
