—No, definitivamente algo sucedió ¿no es así?— Insistió la deidad mientras enfocaba sus ojos en los de ella manteniendo una expresión de seriedad.

La semi-humana no fue capaz de mirarle a los ojos sin sentir su corazón alocarse y sin notarlo bajo la mirada, solo con una negación de cabeza como respuesta.

—Todo está bien— Respondió poniendo toda la honestidad que pudo. Aunque solo la mitad de aquella afirmación era real.

Su condición física estaba intacta, pero su condición mental era otro asunto…

¿Cómo miraría a Yato ahora que conocía la naturaleza de sus sentimientos hacia él? ¿Cómo debía actuar? ¿Qué debía hacer? Sus sentimientos la hacían feliz hasta cierto punto, pero también se volvían una carga… Puesto a que sabía que eran sentimientos incorrectos.

—Hiyori.

Llamo su acompañante colocando una mano sobre la mejilla de ella y acercando el rostro más para acortar la distancia entre ambos, forzándola a mirarle por la sorpresa de las repentinas acciones. Aquellos hermosos ojos de un bello color azul claro reluciente, sin duda los ojos más bonitos que había visto en toda su vida. Le era imposible no perderse en ellos y una vez hipnotizada, difícilmente recobraría sus sentidos por completo.

— Puedes confiar en mí, lo sabes ¿no es así?— Pregunto mientras esbozaba una ligera sonrisa y empleaba un tono de voz suave y amable. ¿Quién era Yato en realidad? Sus acciones sin duda seducirían a cualquier mujer, ¿Acaso en verdad era un mujeriego como lo había sugerido Yama?

Puso su mano sobre la de él con la intención de retirarla, pero no supo en que momento su voluntad se perdió, quizás flaqueo al ver la sonrisa y la manera en que aquel la miraba con preocupación.

—En verdad… Todo está bien— Insistió finalmente siendo capaz de bajar la mirada. Sentir sus latidos chocar con fuerza desde el interior de su pecho se estaba volviendo doloroso.

—Pero tú… Estas poniendo una cara triste ¿Estas siendo intimidada o algo así? ¿Peleaste con un amigo?— Continuo interrogando la deidad sin apartar la mirada de ella.

La Ikki movió la cabeza negando una vez más.

—Te prometo que no eso. No hay nada de lo que debas preocuparte… Es eso, ya sabes… La adolescencia.

El dios torció un poco la boca, dejando ver su inconformidad con aquella respuesta.

—Yato… ¿La amistad entre una entidad divina y un humano son permitidas?— Cuestiono disminuyendo el tono de su voz tras cada palabra, llegando a susurrar la última parte.

El pelinegro mostro de nuevo una sonrisa.

— Vamos, ¿Eso es lo que te preocupa? ¿Por qué de repente?— Pregunto dejando ver el alivio que sintió al creer descubrir lo que acongojaba a su querida amiga.

Hiyori permaneció en silencio esperando a la respuesta de él con paciencia. La verdad aquel asunto de la amistad no le importaba, si Yato estaba de acuerdo, entonces aun si lo prohibían ninguno de los dos permitiría una separación, sin embargo… Aquella respuesta podría afectar en sus sentimientos.

Un romance… Estaba casi segura de que era algo imposible, pero aun así… Deseaba escucharlo de la boca de él.

—"Las acciones de un dios siempre son justas" —Respondió con calma sosteniendo su sonrisa para con ella— Te lo dije antes ¿no? La verdad es que no hay reglas para los dioses, porque eso somos, dioses. Nosotros decidimos lo que está bien y lo que no. Lo que es pecado o no… En otras palabras, somos libres de hacer lo que queremos. Por lo tanto, la amistad entre nosotros está más que permitida, porque así lo decido yo. Claro, mientras tú estés de acuerdo.

"Las acciones de un dios siempre son justas"…

La castaña abrió más los orbes y miro sorprendida a su amigo, quien aún sujetaba con una mano el rostro ajeno.

—¡Yato!—Alguien, cuya voz ambos conocían perfectamente, abrió la puerta de la enfermería donde ambos estaban con poca delicadeza y rapidez interrumpiéndoles— ¡No encuentro a Hiyo…!— Yukine avanzo hasta que fue capaz de ver a la Ikki junto a Yato. La forma en que ambos lucían, a una distancia corta y tocándose mutuamente hizo que una sombra cubriera los ojos del joven shinki— Yato… ¿Qué estás haciendo?

— ¿Eh?

De inmediato la chica se apartó con el rostro enrojecido poniéndose de pie.

— ¡Tu acoso sigue evolucionando!— Exclamo el rubio apuntándolo con el dedo.

— ¡No es acoso! ¡Es amor!

— ¡Solo aléjate de Hiyori!—Insistió el menos mirando con recelo al dios de la calamidad, con él cual ya era normal discutir.

La semi-humana suspiro y se dio media vuelta tratando de ocultar su rostro sonrojado de ambos.

—Lo siento, yo… Debo regresar a clases— Dijo bajando lo más que pudo la cabeza para que su cabello alcanzara a cubrir antes de dar pasos hasta llegar a la puerta de la enfermería pasando de largo de Yukine, quien al igual que su amo la miro confundido.

— ¿Hiyori?

—Lo siento. Después de esto iré a casa de Kofuku…— Prometió usando toda su concentración para regular el tono nervioso de su voz aun negándose a mirar a sus dos amigos que estaban detrás de ella, y de esta forma salió de aquel lugar.

Avanzó por los pasillos casi con desesperación aun aferrándose a enfocar su vista en algún punto no existente del extenso suelo de su camino, sin notar la expresión opaca de su rostro.

Lo sabía, que no estaba actuando como ella, quien siempre le hallaba lo positivo a todo y mostraba una sonrisa cuando las cosas no iban bien ¿Qué había cambiado? Solo sus sentimientos. ¿Tan malo era estar enamorada de Yato? No… No era malo. En definitiva no lo era... Pero Yato era un dios.

Pensar en su condición como humana y como ello la limitaba a tener un amor no correspondido era doloroso. Porque realmente quería a Yato, y sabía que no se separarían por el resto de su corta y fugaz vida, ese era su más honesto deseo. Sin embargo…

Pensar en estar a su lado por todo ese tiempo, mirándolo como otra cosa que a un amigo… ¿Cuánto durarían sus sentimientos? ¿Serian fugaces? ¿Los superaría con el tiempo? ¿Llegaría a olvidarlos? Sería triste que jamás se alejaran de su corazón.

Yato era un dios.

Coloco una mano sobre su pecho y se detuvo formando con sus labios una sonrisa inversa mientras permanecía con la mirada baja.

No estaba actuando como ella misma, eso había provocado que todos se preocuparan. Y lo peor de todo es que dejaba que su nerviosismo se apoderara de ella cuando Yato estaba en frente. Era obvio que eso le haría preocuparse más por ella… Porque Yato en realidad la apreciaba, y eso ella lo sabía muy bien.

Tomo una bocanada de aire y apretó su mano aun sobre su pecho cerrando con fuerza los ojos.

—Bien— Musito y entonces reabriendo los orbes nuevamente levanto la mirada para continuar con su camino, de regreso a su clase como había dicho a Yukine.

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— ¿No crees que es bastante bueno que últimamente tengan más trabajos? A este paso el deseo de Yato-chan de tener su templo enorme y lujoso quizás este a menos siglos de los que esperábamos— Musito la diosa de la pobreza mientras permanecía sentaba a la mesa acompañada de Hiyori, quien hacía poco había llegado a la casa de ella— Aunque es una pena que tengas que esperarlos ahora. También siento algo de pena por Yukine-chan… Se le nota algo cansado.

—Tienes razón… Pero de alguna manera se solucionara, Yukine-kun no dejaría que Yato abusara de él sin oponerse antes. Así que debe estar trabajando extra por su voluntad— Concordó mostrando una ligera sonrisa para la mujer de cabello rosa que a veces decía cosas crueles— ¿Y Daikoku-san?

—Ah… Salió a pasear, a esta hora los niños de primaria están jugando en los parques— Respondió ella recostándose sobre la mesita demostrando la pereza que sentía, llevaba todo el día en su casa, casi en la misma posición por no haber tantas cosas que hacer, después de todo su shinki hacia todo por ella a la vez que le prohibía salir -por obvias razones- a dar "paseos".

—Ya veo…— Contesto la Ikki mostrando una sonrisa forzada ahora. Recordaba lo que Yato le había dicho sobre Daikoku una vez en el pasado, "a él le gustan los infantes"… En un principio esas palabras habían sido malentendidas por ella y por Yukine. Pero se refería a "gustar" en el buen sentido, como a una persona puede gustarle la comida, o gustarle dormir.

"Gustar"…

Esa palabra se volvía dolorosa incluso de pensar. A este paso quizás estaba desarrollando una tendencia masoquista, o al menos eso llegaba a pensar.

—Hiyorin… ¿Qué te tiene preocupada?

La aludida enfoco los ojos en quien le había preguntado.

—Lo siento, no es nada.

Y nuevamente mostro una sonrisa ligera cerrando los ojos.

Lo había decidido… No sería molesta y contagiaría su humor deprimente, actuaria lo más natural posible. Ya no haría que los demás se preocuparan por ella, porque no tenía sentido. Al final estaba indispuesta a hablar de sus sentimientos, que aun consideraba incorrectos.

—Hummm— La diosa mostro una sonrisa y miro de una manera extraña -una mezcla de seriedad y recelo- a la chica que la acompañaba— Hiyorin ¿Cuánto tiempo crees que he vivido?— Cuestiono con voz paciente.

La sonrisa de Kofuku se mantuvo de esa forma mientras sus ojos destilaban una intriga divertida. La semi-humana paso saliva y miro con nerviosismo los ojos brillantes de aquella deidad. ¿Qué debía responder ahora? La sola mirada de aquella diosa bastaba para ponerla rígida, continuar con la mentira no era una opción muy posible… ¿Entonces?

—Puedes decirme que no quieres hablar del tema— Continuo hablando antes de estirar los brazos al cielo y dejar oír un suave bostezo—Pero no puedo perdonar que me mientas.

Hiyori inclino las cejas y después fijo los orbes lilas en algún punto de la mesa.

—Lo siento…

Dijo con toda la culpabilidad expresada en el rostro. La diosa de la pobreza sonrió una vez más y palmeo la cabeza de la menor.

—Está bien. No tienes que esforzarte por decírmelo… — Consoló con amabilidad usando un tono suave de voz al hablar—Pero no es necesario que cargues con todo tu sola. Somos dioses, no hay nada imposible para nosotros, y más que dioses, somos tus amigos.

La Ikki apretó las manos en puño e hizo lo mismo con sus labios mientras unas gotas de lágrimas se posaban en sus ojos deprimidos.

Si, eran sus amigos, sus preciados amigos. Quería dejar de preocuparlos y sonreír honestamente. Pero ahora no estaba segura de sí hablar de lo que la acongojaba era correcto o no… después de todo, eran sentimientos incorrectos hasta cierto punto. Le asustaba el hecho de que su primer amor fuera destinado al rechazo, porque estaba dedicado a algo tan lejano como un dios, y eso la ponía triste, después de todo ¿A quién no le duele un amor no correspondido?

—Tú... En verdad no quieres guardarnos nada ¿no es así?— Musito Kofuku acomodando su cuerpo de manera que pudo abrazar a Hiyori ocultando el rostro de la misma en su pecho— Puedo escucharte si así lo deseas, aun si crees que no te seré de ayuda.

Aun conteniendo las lágrimas en el interior de sus ojos, la castaña frunció los labios poniendo una expresión dolorosa, que reflejaba el sufrimiento de su corazón.

KU-Pyon: ¡Lamento cortar de esta forma! No se me ocurre como prolongar 7n7

Bien, me disculpo profundamente por haberme tomado más de 20 días en actualizar TuT Ha sido una época difícil con mis peleas con las matemáticas y los eventos escolares ;u; sueño que ya estoy de nuevo en vacaciones…
En fin. Nuevamente vengo con una pregunta para ustedes ¿El amor entre un dios y un humano es posible? :v Lo sé, que pregunta es esa… Yo solo quiero aumentar los comentarios xD ok no. La verdad es que he estado dándole vueltas a ese asunto, creyendo que quizás es una exageración de mi parte hacer que Hiyori se preocupe tanto por ello :/

En fin, espero que les haya gustado y me esforzare para no hacerlas esperar tanto.

¡Gracias por leer!