3. Seijuro

Beso mejor de lo que cocino.

—¡Gou-kun!

Los gritos resonaron en sus oídos, a pesar de la distancia.

—¡Gou-kun!

Era cuestión de segundos, para que…

—¡Volví de mi entrenamiento matutino!

Ahí estaba, golpeando la puerta, como cada mañana. ¿Qué hora era? ¿Las 5:30? Seiijuro despertaba cada madrugada para salir a correr, y luego sentía la extraña necesidad de despertarla a ella también, sólo para dejarle saber que estaba de vuelta en casa. Había sido así cada día desde que se mudaron juntos. Al principio le parecía dulce, despertar con la luminosa sonrisa del ex-capitán de Samezuka justo frente a ella, esperando para darle un beso de buenos días. Pero aquello comenzaba a volverse un poco rutinario, abrumador, y no estaba segura de cómo decírselo a su novio sin herir sus sentimientos.

—Gou-kuuun

"Gou-kun, Gou-KUN". Tal vez eso era lo peor; él no había dejado de llamarla "Gou-kun" a pesar de su relación, y ese insignificante detalle estaba volviéndola loca.

Abrió los ojos despacio, respirando hondo antes de girarse hacia la puerta de la habitación.

—Seii— ya te he dicho que…—las palabras se quedaron enredadas en su garganta.

Frente a ella, como cada día, se encontraba Seiijuro, con su pantalón deportivo y una de esas camisas de tirantes que lo hacían lucir tan sexy. Sin embargo, esta vez llevaba en las manos una bandeja plateada con un racimo de flores y el desayuno para dos.

—Lo sé— dijo, inclinándose para besarla en la frente. Luego la miró con esa expresión dulce y pícara a la vez, con esa sonrisa llena de energía—. Buenos días, Gou-chan.

Y fue entonces que entendió que no se trata de apodos o sufijos, sino de significados.

—Buenos días, Seii— respondió, besándole suavemente en los labios.

Los significados escondidos en un beso, en una mirada, en una sonrisa, en una carrera matutina para verla despertar frente a él.

—¿Podemos comer el postre primero? — preguntó el pelirrojo, dejando el desayuno a un lado para volver a besarla.

Ella sonrió.