—Ehhh… Así que después de todo el corazón de Hiyorin si le pertenecía a alguien.
De una manera más calmada, ahora ambas mujeres conversaban en aquella pequeña sala de estar, cada una sentada frente a la otra bebiendo algo de té sugerido por la diosa de actitud infantil. Había hablado de ello con Kafuku, porque la apreciaba como a una amiga y sabía que quizás le haría mejor hablar de una vez en lugar de estar guardándose todo. Sin embargo, no le había contado todo, solo la parte en la que había descubierto sus propios sentimientos hacia alguien y que la situación era complicada por ser un amor imposible.
La aludida se sonrojo y bajo la mirada mientras ponía una expresión avergonzada después de las palabras que la deidad había pronunciado.
Su corazón perteneciéndole a alguien… Pensar en aquello la hacía sentirse avergonzada, porque realmente nunca se había puesto a pensar con seriedad en cosas como el amor o romance. Sin embargo, pese a la vergüenza y el nerviosismo que ese nuevo sentimiento le provocaba, sentía un tibio y dulce calor en su pecho, acompañado por un dolor.
— ¿No crees que es triste?—Cuestiono al cabo de unos segundos mientras bajaba la mirada, refiriéndose a la parte en la que su primer amor se trataba de un romance imposible.
La pelirrosa bajo con delicadeza la taza de té que había en sus manos depositándola con suavidad sobre la mesa y miro a la humanada con una sonrisa amable dibujada en sus labios.
—No es así— Respondió mirando con una calidez casi maternal a Hiyori, en una de las pocas veces que actuaba con seriedad— Es verdad que el corazón de los humanos sufre más complicaciones y cambios que el de los dioses, sin embargo… No he visto a un humano maldecir a su suerte por enamorarse cuando está en el florecimiento de su amor— Continuo antes de atirantarse sobre la mesa para obtener una posición estirando los dos brazos sobre su lugar alcanzando solo aire con sus dedos— ¿O acaso te arrepientes, Hiyorin?
En ese momento, nuevamente la miro con su expresión relajada y traviesa de siempre.
Los orbes lila de la Iki se abrieron más mientras interpretaba las palabras de la cuestión de la diosa de la pobreza.
Arrepentirse…
Arrepentirse…
Sus sentimientos recién descubiertos le traían dolor sin duda. Y también pensaba que la persona por la que su corazón se había inclinado era un mal partido, después de todo Yato era un mal hombre bajo ciertas críticas; Era infantil, caprichoso, irresponsable, un vago, mal administrador, y muchas otras cosas malas, pero… Dentro de ella sabía muy bien lo bueno que era. En todas las situaciones peligrosas, él se había encargado de cuidar de ella. A veces más que un amigo, se preocupaba por ella como un padre… Incluso había dicho que ningún hombre era digno de ella.
Suspiro y empezó a jugar con sus manos en un intento de despejar su mente un poco.
—No— Respondió sin notar la sonrisa que se había formado en sus labios al momento de contestar.
No se arrepentía. Con certeza, sus sentimientos de amor hacia Yato le traían sufrimiento y habían hecho que no fuera capaz de concentrarse en nada, pero no era capaz de odiarlos.
Porque quería a Yato…
En verdad lo quería. No importaba si era un amor destinado al fracaso y a ser unilateral, ella jamás se arrepentiría de haber conocido a ese dios inútil y tampoco de amarlo, porque esos nuevos sentimientos demostraban lo bueno que aquel dios de la calamidad podía ser. Quizás tenia malos gustos, quizás sonaba un poco masoquista e idiota, pero Yato era un buen sujeto, el mejor de los que había conocido en su vida, y era por esa misma razón por la que ella se había enamorado de él.
—Entonces, ¿No deberías poner una cara más feliz y disfrutar de tu primer amor?— Binbougami hablo ya con los ojos cerrados y usando un tono de voz adormilado.
Hiyori sonrió un poco más y movió una única vez la cabeza asintiendo.
—Quizás tienes razón.
La deidad esbozo una sonrisa pícara y entreabriendo los ojos miro un poco traviesa a su compañera humanada.
—O si te resulta demasiado ¿Por qué no enamorarte de Yato-chan?
Los orbes rosados de la castaña se abrieron más antes de que su rostro se coloreara de un rojo brillante.
—Eh… ¡¿Eh!?— Exclamo dando casi un respingo desde su lugar.
Justo en ese momento alguien golpeo con suavidad la cabeza de Kofuku a modo de represa.
—Deja de meterle malas ideas.
Reprendió Daikoku, el oportuno Daikoku mientras miraba con severidad a su maestra.
—Hump— La mujer se enderezo y empezó a sobarse la parte de su cabeza que acaba de ser golpeada mientras inflaba las mejillas infantiles— Pero eso sin duda haría muy feliz a Yato-chan, él nunca le rompería el corazón a Hiyorin— Se defendió sin dejar de sobarse mirando con una especie de capricho a su regalía bendita.
— Ese sujeto solo le arruinaría el futuro. Definitivamente… La estarías condenando a ser una mujer que mantiene a su familia mientras el hombre derrocha el dinero estúpidamente— Respondió el shinki soltando un suspiro— De ser así… Lo pobres niños no podrían ser felices…
—Pienso que sería divertido. Solo piénsalo, si Hiyorin trabaja no tendrá a quien encomendar a sus hijos, entonces podría venir a pedirnos ¡y de esa forma nos pagaría!— La diosa de la pobreza con signos de yenes dibujándose en sus orbes morados que de repente parecían relucir más de lo normal.
Hiyori los miro con líneas azules dibujándose debajo de sus ojos. ¿Qué tan cruel podía ser Kofufku? Incluso estaba ideando un plan de futuro para que su vida fuera un fracaso y así tener que depender de ella.
Pero… No sonaba mal, aun si era un futuro duro… Casarse y tener hijos.
— ¿En verdad es posible?— Cuestiono en voz alta sin notarlo.
Los dos habitantes del mundo espiritual miraron a la chica deteniendo su discusión.
— ¿A qué te refieres?
Avergonzada y nerviosa por su pregunta al aire, la Iki levanto las manos y con una sonrisa forzada completo su pregunta.
—B…Bu…Bueno, me…. Me refiero a eso de… de si un dios y un humano… p… pueden enamorarse y tener descendencia….
La expresión de aquellos dos de repente se volvió seria.
— Hiyorin— Llamo Kofuku poniendo una expresión ligeramente triste— ¿Has escuchado acerca de las historias griegas?
— ¿Historias griegas?— Repitió algo confundida. La deidad asintió y se puso de pie mirándola mientras expresaba una sonrisa un tanto deprimida.
—Así es, acerca de la mitología griega… En donde los dioses engendraban hijos con mujeres humanas— Respondió con aparente calma.
—Oh… Sí, he escuchado de ello. Pero… En realidad pensé que se trataban de historias creadas por humanos de aquella época.
Binbougami acomodo las dos manos detrás de ella y dio un giro sobre la punta de uno de sus pies dándole ahora la espalda a la semi-humana.
—No lo son. En realidad ocurrieron.
Hiyori miro la delgada figura de atrás de Kofuku sopesando de a poco las palabras de ésta.
—Entonces… No es imposible— Dijo moviendo a penas los labios.
Aquello disipaba todas sus preocupaciones, sin embargo… ¿Por qué no era capaz de sentirse aliviada ni un poco? La expresión de Ebisu Kofuku le daba a entender que no era un tema agradable y mucho menos común.
Un dios y un humano juntos… Parecía entristecer a la diosa de la pobreza. ¿Quizás había tenido una mala experiencia?
—Kofuku-san… Lo siento, yo…— Empezó a disculparse con culpabilidad.
—Oh, no. No es como si yo supiera algo en realidad— Nuevamente la pelirrosa se giró a donde ella parpadeando con inocencia— Al igual que tú, solo he escuchado historias.
La Iki entrecerró los ojos y miro inexpresiva a la mujer de rosa.
—Sin embargo… Lo poco que he escuchado, son historias que terminan en desgracia— Continuo hablando mientras estiraba las manos y relajaba su postura.
— En… ¿En desgracia?
—Así es, bueno… Es fácil imaginárselo, el dolor de un dios al ver morir a los mortales que ama—Respondió ella encogiéndose de hombros y falto poco para que se arrodillara para abrazar a Hiyori por la espalda recargando el mentón en la cabeza ajena— Me refiero a la mujer y al hijo semi-dios, claro.
La castaña opaco su mirada y entreabrió los labios para decir algo, sin embargo, no fue capaz de decir nada… Su mente quedo en blanco en cuestión de segundos, solo con aquellas palabras.
Un dios… sufre por amar a un humano…
Enamorarse no estaba prohibido, simplemente era doloroso. Por supuesto… El humano es mortal, y muere al cabo de unas décadas de existencia.
Dolor…
Sufrir…
Después de todo…
Era algo imposible.
KU-Pyon: Había olvidado un poco la personalidad de Kofuku-chan xD Pero recién acabo de leer el capítulo 58 del manga y… ¡La amo! ;3 es más impertinente de lo que recordaba, pero definitivamente la amo, mira que unir el destino de Hiyori al de Yato… Eso es algo por lo que la amaré por mucho tiempo xD Y bueno, hasta aquí el capitulo ;u; La imaginación me abandono de nuevo, y también el tiempo ^^
Espero les haya gustado :D
