Esa mañana se despertó entorpecida, y adormilada como cualquier otro de los días. Había batallado para dormir, pero al final lo había conseguido, y también fue capaz de tener un dulce sueño.

Se estiró y dejo oír un ligero suspiro cerrando los ojos, pues sentía que la luz le lastimaba y entonces relajó su postura. ¿Qué horas serian? No tenía idea, pero definitivamente ya el día estaba en su plenitud. Por suerte, era domingo y no hizo ningún plan con nadie para salir.

—Buenos días, Hiyori.

—Bueno días— respondió con suavidad y giró el rostro con una amable sonrisa a quien la había saludado, llevándose de inmediato una enorme sorpresa que la hizo despertarse por completo— ¡¿Yato?!

El dios de la calamidad estaba justo al pie de su cama, hincado en el suelo y con los codos sobre el colchón, mirándola con una estúpida cara de felicidad.

—buenos días mi dulce Hiyorin— repitió con tono meloso imitando el apodo con el que la diosa de la pobreza se refería a aquella humana.

El rostro de la chica se sonrojó y lo miró fijamente.

— ¿Eh? ¡¿Eh?!— Dijo totalmente aturdida sin dejar de verlo.

El dios se puso de pie y continúo mirando de la misma manera a la chica.

— ¿Qué sucede Hiyori?

— ¿P… Por… Por qué estás aquí?— Preguntó con la voz oscilante y los pensamientos revolviéndose dentro de su cabeza.

— ¿Huh? No me digas que lo olvidaste...— la expresión del pelinegro pronto se volvió de tristeza y actuando dramáticamente se tiró al suelo— A pesar de que fue mi primera vez... Eres demasiado cruel, Hiyori.

La expresión de la chica se puso azul tras aquellas palabras.

Primera vez…

Primera vez…

En ese momento recordó una de las escenas de su dulce sueño. Una imagen vívida donde Yato la abrazaba, la besaba en los labios y musitaba amarla. De inmediato su rostro cambio el color de azul a rojo brillante y se escondió detrás de su cobija.

"No fue un sueño" Pensó dentro de su mente y de inmediato su cuerpo se llenó de calor.

—N… No lo olvidé— Pronunció al cabo de unos minutos aún incapaz de levantar la mirada para encontrarla con la de Yato. Su corazón de había acelerado en veces anteriores, pero esta vez realmente sentía como si buscara salirse del interior de su pecho. Su mente también estaba hecha un lio… Despertó creyendo que todo había sido un buen y tierno sueño, pero la verdad era que Yato había ido a su habitación. Le había dicho que la amaba, la había abrazado y la había besado.

Si, de repente recordó todo. El aroma de la deidad, su amabilidad y calor cuando la estrechó y el cariño que había empleado en sus dulces labios. Más enrojecida que nunca, la Iki se cubrió el rostro con las manos y dejó escuchar un gemido provocado por su vergüenza.

— ¿Qué ocurre, Hiyori?— El dios la miró preocupado.

— Ya… Yato…— Llamó ella aun en tono chillón— T… Tú…— Se armó de valor para para descubrirse el rostro y dejar de usar su cobija como protección— ¿Tú en verdad me… me amas?

Todo era demasiado bueno para ser verdad, o eso creía ella. ¿En verdad ese dios acosador la miraba de otra forma? ¿No era demasiado perfecto?

— Sí. Te amo, Hiyori— Contesto éste con una gran sonrisa en el rostro.

La menor dió un pequeño grito de vergüenza, y no tardó en ocultarse de nuevo tras sus manos. En verdad su corazón parecía estar sufriendo un ataque en ese momento. Esa sonrisa estúpida y alegre, era imposible que no creyera en ella… En ese momento cayó en cuenta de algo.

— Yato…— De repente ella lo miró seria, pero aun sonrojada— ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

— Desde anoche— Él seguía sonriendo como idiota— Quise dormir a tu lado, pero preferí quedarme viendo tu linda cara dormida…

La mirada de Hiyori se volvió vacía con aquellas últimas palabras.

Dormida… dormida… dormida…

Una vocecita resonó con esas palabras dentro de su cabeza. Dormida… Eso significaba que seguramente tendría lagañas en ese momento por las lágrimas que derramó antes de dormir, su cabello estaría desarreglado y posiblemente hizo ruidos raros mientras descansaba.

— Ah, fue tan irresistible para mí que termine tomándote un par de fotos…— Continuó hablando él mientras sacaba su celular y parecía revisar algo. Hiyori fue capaz de ver una carpeta que parecía totalmente dedicada a ella.

— … ¡FUERA DE AQUÍ!— Exclamó arrojándole al rostro una de sus almohadas.

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— Huh… ¿Dónde estuviste toda la noche?— Cuestiono Yukine mientras parecía orear sábanas blancas y futones en el patio de la casa de Kofuku. Yato lo miraba desde atrás sentado en el suelo de madera de aquél templo, sonrió y se encogió de hombros.

— Debes saberlo ¿no, Yukine?

— Y por tu sonrisa arrogante, también puedo suponer que algo bueno sucedió con Hiyori— El adolescente se giró aun sujetando una de las sábanas que limpiaba ocultando su felicidad, pues de ser así, entonces esas dos personas que tanto quería serían felices, pero de demostrarlo sería imposible pararle la boca a Yato.

— No es una sonrisa arrogante— Se quejó su maestro cruzándose de brazos y mirando a otro lado fingiendo indignación, pero pronto volvió a mirar a su regalía con una sonrisa más amplia.

— ¿Qué? ¿No planeas decirme nada?

— Hay cosas que un niño no debe saber— Respondió él con un repentino aire de superioridad. La expresión de Yukine pronto se puso rígida mientras sus mejillas se ruborizaban y pasaba saliva.

— N… No me digas que… Tú… Tú— Lo apuntó con el dedo índice dejando caer el objeto que estaba en sus manos— Le hiciste algo a Hiyori… ¿Enserio?— Simplemente no podía creerlo, ¿Yato tenía un lado pervertido que lo llevara a hacerle algo a Hiyori? De solo pensarlo sentía escalofríos. Maldito acosador, no tenía perdón.

— ¡Hey! ¡No pienses cosas sucias!— Se apresuró a regañar con una mano sobre su pecho— ¡Duele!

— ¡Es tu culpa!— Excusó Yukine mirándolo con desconfianza— ¿Cómo pudiste poner una mano sobre nuestra Hiyori?

— Dirás MI Hiyori— Corrigió el dios aun con la mano en su pecho— Y no— De repente miro a otro lado con un tenue rubor— No es lo que te imaginaste. Pero…

— ¿"Pero"?

La mirada de Yato se volvió cálida mientras sonreía con naturalidad.

— Ya todo está aclarado con Hiyori. Debo admitir que algo dentro de mí aun me dice que estoy haciendo mal, pero…— Suspiró, pero sin deshacerse de su sonrisa conforme bajaba la mirada— Después de ver a Hiyori tan feliz, en verdad no me importa.

Yukine camino hasta donde él y le mostró una expresión de alegría.

— En ese caso ¿Qué más da? ¡Tu guía te da el visto bueno!

Yaboku lo miro conmovido, desde el principio él lo había apoyado y había estado soportando sus pensamientos pesimistas sin cansarse ni rendirse en dejar de animarlo.

— ¡Yukine! ¡Eres un buen chico!— Sollozó abrazándose al torso del menor, logrando sorprenderlo.

— ¡Ahh!

— ¡En verdad soy tan feliz de tenerte!

— ¡No soy un objeto!— Se quejó el rubio mientras intentaba quitarse de encima al dios de la calamidad.

— Ahora todo está bien, pero…— Yato se puso serio, pero sin soltarse de su tesoro bendito— Cuando los demás dioses se den cuenta las cosas se pondrán feas…

El shinki dejo de forcejear y miro preocupado a su dueño.

— ¿Es un tabú?

— No es tan preciso como un tabú, pero… — Tomo aire y después suspiro— No lo ven como algo correcto.

— Creí que todas las acciones de un dios eran justas ¿No es así?

— Sí. Pero se supone que nuestra prioridad es el bienestar de los humanos, y a Hiyori no le hace bien entrelazar su destino a alguien que no es humano— Yato sonrió con algo de pesar— Además, soy algo así como una existencia inestable.

— ¡P… Pero!— Intervino el menor — ¡Te estas esforzando por ser reconocido!

El dios lo soltó e incorporándose puso su mano sobre el cabello rubio de su regalía.

— Lo sé. Pero no es momento de preocuparse por ello. Pase lo que pase, no dejaré que me separen de Hiyori, no si eso la hace infeliz.

El adolescente movió la cabeza asintiendo, totalmente de acuerdo con su maestro, quien le despeinó un poco y nuevamente bajo la mano.

— En cualquier caso. Tengo hambre, iré a ver si Daikoku quiere cocinar algo para mi…— Se dio media vuelta y empezó a caminar como si nada hacia el interior de la casa ajena con las manos metidas dentro de los bolsillos de su chamarra.

— ¡Hey! ¡Deja de vivir como un parasito! ¡Esta ni siquiera es tu casa!— Reclamó Yukine, consiguiendo que Yaboku se detuviera para verlo de reojo.

— Para eso trabajas tú aquí, para compensar la estadía de los dos ¿no es así?

— ¡Abusivo!

KU-Pyon: ¡Perdón por haberme tomado todos estos días! No era broma lo de no tener imaginación, y por lo mismo he hecho este capítulo tan corto ;n; Pero como la mayoría me ha pedido (Tanto en Fanfiction como en Wattpad) una segunda cita, les cumpliré el deseo (Lo del lemmon, no confirmaré nada :v )jajajaja Saben que las amo 3

En fin, muchas gracias por todas las que se ofrecieron a ser mi beta reader :D Pero solo me he quedado con 3 personas ñ.ñ (Lastimosamente no puedo recibir puntos de vista de tantas personas sin hacerme bolas TnT). Este capítulo ha sido corregido por una de las beta :D ¡Muchas gracias!

Espero les haya gustado, y también espero que nos leamos pronto.