Todos ellas se miraban entre sí con los labios apretados y una expresión de temor. Tenjin tenía un rostro aun peor, la ira y el desapruebo movían las arrugas de su sabio rostro sin que él se preocupara por aquello, dejando expuesto un rostro que denotaba por completo su estado de ánimo.

— Ese tonto ¿Qué cree que hace?— Dejó salir un bramido de sus labios mientras apretaba la pipa que estaba en sus manos con la fuerza suficiente como para romperlo.

— Tenjin-sama…— Nayu miró a su maestro, suplicándole con los ojos serenos que se tranquilizara. El anciano la miró y de inmediato negó ante aquella petición moviendo una única vez la cabeza. La shinki cerró los ojos y bajó la cabeza, sentía que era su culpa que su dios se sintiera tan furioso ahora.

— No es tu culpa— Musitó Tsuyu— Hiciste bien en hablar— Continuó y después miró a su dueño—. Tenjin-sama, debe calmarse un poco. Quizás después de todo, solo se trata de un malentendido ¿No es así, Mayu?— Ahora sus ojos purpuras de dirigieron a la shinki que anteriormente servía a Yatogami.

La chica bajo la mirada y con suma preocupación negó.

— No lo sé. Él no es la clase de persona que cometería una estupidez de esa magnitud, pero…— Cerró los ojos y colocó una mano sobre su pecho y al abrir de nuevo los orbes mostró una profunda tristeza— después de verlo con esa chica, debo admitir que claramente se ve el cariño que le guarda.

Tenjin suspiró y miró la mano con la que había roto su pipa, logrando de a poco calmarse y relajar su expresión.

— No es una carga con la que debas hacerte, Mayu— Dijo mirándola con cariño— Además, de seguro él ya conoce las posibles consecuencias— La regalía asintió y se esforzó por mostrarle una sonrisa a su maestro. Nuevamente, el dios del aprendizaje suspiró y puso una expresión serena—. Aun así, debo ir cuanto antes a hablar con él.

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— ¡¿EH?!— Soltaron al unísono la diosa de la pobreza y su shinki— ¿Es una broma?— Continuo hablando la regalía, con la cara igual de sorprendida que su dueña.

— No… No lo es— Respondió tímidamente la humana mientras clavaba los ojos rosas en el suelo de madera de aquella casa. Yato se mantenía a su lado con una enorme sonrisa y el brazo rodeándole los hombros al hablar con sus amigos. Yukine se encontraba al lado de su maestro mirando casi divertido las expresiones de los dos que recién escuchaban la noticia.

— Vaya, no creí que te lo tomarías tan enserio Hiyorin— Kofuku miraba con los ojos bien abiertos a la Iki, manteniendo su boca cubierta con sus delgados dedos.

"O si te resulta demasiado, ¿Por qué no enamorarte de Yato-chan?"

Hiyori recordó aquellas palabras, Kofuku se las había dicho cuando ella recién notaba que en realidad estaba enamorada de Yato. Una sombra cubrió su rostro y pasó saliva, no sabía se ponerse más nerviosa o sentir temor ¿Qué diría él si supiera lo mucho que se habían intensificado los sentimientos de ella desde antes?

— ¿Hum? ¿De qué hablas Kofuku?— Cuestiono el dios de la calamidad aun con esa enorme sonrisa. Binbougami correspondió con otra, aunque menos amplia.

— Es un asunto de mujeres, no seas entrometido Yato-chan— Guiñó un ojo y le mostró una lengua juguetona provocando que el pelinegro la mirara feo. Daikoku, que estaba al lado de su maestra, dejo oír un suspiro pesado logrando que todos le prestaran atención.

— Dai… ¿Daikoku-san?

El hombre la miró con una expresión casi triste.

— Mi más sentido pésame, Hiyori.

Yaboku abrió la boca poniendo una expresión de enojo.

— ¿Qué cosas dices, grandote?— Reclamó, señalándolo con el dedo índice.

— Yo tuve una reacción igual, Daikoku-san…— El chico rubio empezó a reír vacíamente con una mirada perdida.

— ¡Ustedes dos debería desearnos la felicidad!— Continuo quejándose el dios de la calamidad. Y de pronto una serie de peleas infantiles entre él y su regalía surgió, dejando que los demás se rieran de aquello. Pero aquel momento de felicidad no fue eterno, justo cuando la discusión avanzaba al grado de insultos la presencia de otra deidad se hizo presente en el lugar. El dios del aprendizaje se presentó en el templo de Binbougami, rodeado algunas de sus regalías y el esplendor de su divinidad, aunque se limitaba a permanecer en el jardincillo que todos los invitados de Kofuku eran capaces de ver.

— ¡Ara!— Exclamó la diosa de cabello rosa mirando con inocencia al recién llegado.

— ¿Tenjin?— Llamó Yato mirando un tanto confundido al anciano, pues sabía de antemano que aquel viejo rara vez salía de su templo, y obviamente no vendría para una simple visita, después de todo, no era tan amigo de Kofuku— ¿Qué haces aquí?

El aludido se mantuvo en su lugar, siendo educado al no entrar a la morada ajena sin ser invitado, y con una expresión llena de seriedad miró al dios de la calamidad.

— Vine a buscarte— Respondió, y Yato fue capaz de distinguir una tonalidad seca en el tono de voz de aquel. Los ojos de Tenjin se fijaron el brazo de Yaboku rodeando con apego a la humana y un suave suspiro de decepción se escapó de sus labios— Así que después de todo era verdad…

Los ojos del pelinegro de pronto demostraron cautela, y dejando de abrazar a Hiyori se puso de pie.

— ¿De que estas hablando?

— De la humana con la que te relacionaste— Respondió el mayor señalándolo con la tablilla que llevaba en la mano. Yatogami pasó saliva y miro en una dirección distinta.

— ¿Acaso debía notificártelo?— Su tono de voz no era hostil, pero a que sus palabras si lo eran. Más bien empleaba una manera suave de hablar, tratando lo más posible de evitar una discusión seria.

— Ese no es el punto— Señaló Tenjin poniendo de a poco una expresión de enojo—. Recuerdo haberte dicho que si deseabas que esta niña tuviera una vida normal, debías alejarte de ella.

— Lo hiciste— Concordó Yato frunciendo el entrecejo— Pero decidí no escucharte.

— ¡Y todo estuvo bien con ello! Pero no te conformaste con solo no alejarte, ahora decides tener una relación romántica con ella ¡Con una humana!— El anciano poco a poco elevaba el tono de su voz.

— Ese es solo asunto nuestro, viejo—Protestó el pelinegro mirando también serio a quien le hablaba—no es algo en lo que debas meterte.

Hiyori y los demás se mantenían solo escuchando. De alguna manera, sentían que era imposible interferir, pero Hiyori sentía la necesidad de hablar. Yato tenía razón, el asunto era de ambos, no tenía idea de porque el hecho de ellos se volvieran pareja enfadaba tanto a Tenjin, pero sin duda no era justo que solo Yato estuviera dando la cara. Pasó saliva y colocó sus dos manos sobre la mesa manteniendo los labios apretados.

— E… Esto…— Habló dispuesta a levantarse y también dar la cara, no tenía idea que palabras podía usar, pero definitivamente debía hacer algo. Justo cuando iba a continuar hablando, la mano de Kofuku la detuvo, sujetando una de las suyas le impidió ponerse de pie— ¿Kofuku-san?— Llamó confundida. La diosa la miraba aun con una sonrisa, pero sus ojos desprendían una sensatez que le provocaba casi escalofríos.

— No es momento de que interfieras, Hiyorin… No aún— Dijo aquella deshaciéndose de la curva de sus labios— Tenjin no vino hasta aquí para pelear con Yato, tampoco para llamarle la atención— Sus ojos purpuras de a poco de volvían fríos—Escucha pacientemente su conversación.

Tanto el shinki como la novia de Yato la miraron sin entender aquellas palabras. Entonces los ojos de Hiyori nuevamente se fijaron en el recién llegado y notó que aparte de la ira, se observaba preocupación en aquellos ojos llenos de sabiduría ¿Acaso temía a algo?

— ¿Es que no lo entiendes?— Cuestionó el anciano calmando el tono de su voz. Yatogami permaneció en silencio, sabiendo que Tenjin se refería a si entendía o no las consecuencias de sus imprudentes acciones— ¡No eres un dios reconocido! Si esto llega a oídos de Ōkuninushi quien sabe cómo pueda reaccionar. En el peor de los casos, incluso Amaterasu-sama podría tomar cartas en el asunto.

Yaboku bajo la mirada y relajo su expresión.

— Lo sé. Lo supe desde el principio…

— No eres un dios tan reconocido. Si demandan tu muerte, no podrás renacer— La expresión de Yukine y de Hiyori se volvió de horror ante aquella verdad, la situación era lo suficientemente fuerte como para arriesgar la vida de su preciado dios. Hiyori de repente sintió ganas de llorar, ¿Después de todo si estaba prohibido? No había forma, de ninguna manera él podría morir. Una atmosfera de tensión se había creado, pero aun así, Yato miró una vez más a Tenjin y le mostró una sonrisa.

— Lo sé— Repitió— Incluso estoy preparado para ello.

— ¿No hay nada que se pueda hacer al respecto?— Mayu cuestiono de repente, con una expresión preocupada, arrepintiéndose luego por haber hablado, pues era una falta de respeto para su maestro.

— Si se llega a un juicio divino, o si lo demanda Amaterasu-sama… No habrá nada que hacer al respecto— Respondió Kofuku, antes de meter uno de los dulces que estaban en su mesa a su boca—. Pero es muy poco probable que algo así pase ¿No lo creen?— La diosa sonrió mirando fijamente a Tenjin.

— ¿De qué hablas?— Yukine finalmente se atrevió a preguntar.

— En el pasado hubo historias de dioses relacionándose de manera amorosa con los humanos— Contestó Tsuyu inclinándose ligeramente a manera de respeto— Pero son historias tan lejanas… Son como cuentos de terror para los dioses.

Yato suspiró y se llevó una mano a la nuca.

— Vas a decirme que eso ocurrió hace siglos, mucho antes de que yo existiera. Y también me dirás que desde entonces esa práctica profana dejo de llevarse a cabo ¿no es así?— Miró con una sonrisa a medias al dios del aprendizaje, quien termino suspirando.

— Eres como un niño…— Tenjin lo miró con cansancio. Yatogami puso una expresión de reproche y abrió la boca para reclamar, pero antes de que lo hiciera, el anciano habló de nuevo—Deberías prestar más atención a lo que los demás te dicen. Quizás de esa manera no serias tan lamentable.

La expresión de aquel se tornó sombría mientras esbozaba una sonrisa obviamente forzada.

— ¿Qué dices?— Le señalo con el dedo índice— ¡Quien va a querer escuchar a un viejo que se burla de los demás!

— Vaya, vaya. Del único del que me rio es de ti— Contestó el anciano con una sonrisa natural.

Hiyori miró a ambos sonriendo ligeramente. La discusión se había terminado, la tensión solo fu momentánea… Kofuku tenía razón, Tenjin no había ido hasta allí para pelear con Yato, tampoco para llamarle la atención. Él solo estaba preocupado por él, por el problema en el que posiblemente se había metido, y estaba tratando de hacerle entrar en razón… Después de todo, incluso él sentía afecto hacia Yato, y no deseaba que éste muriera y desapareciera para siempre.

— La prioridad de los dioses es velar por el bien de los humanos— Musitó Kofuku con su habitual sonrisa al tiempo que se tiraba sobre su shinki abrazándolo— Pero aun asi, una relación entre ambos puede terminar en tragedia. Pero… — Hizo una pequeña pausa y fijó sus ojos purpuras en el dios que aparentaba más edad— Si Hiyorin es feliz con ello, no veo porque la ira divina tendría que desatarse.

Alguien de los presentes pareció suspirar de alivio.

— No puedo negarlo— Concordó Tenjin con una expresión de resignación, entonces fijó sus ojos en la humana por la que discutían— ¿En verdad estas bien con esto, ojou-chan?

Hiyori no tardó en responder. Movió la cabeza asintiendo, dejando sin dudas que no había nada de qué preocuparse, por supuesto, ella es y sería feliz al lado de Yato. Sería feliz incluso si no sabía de qué aquello dependía la vida de su amado. Aún si él era un acosador, un vago, un tonto o cualquier cosa mala, ella estaba casi segura de que no dejaría de amarlo, y de ser así, jamás dejaría de ser feliz.

— Por supuesto que lo está— Confirmó Yaboku hincándose para poder abrazar a su novia que aun yacía sentada en el suelo— ¡Nosotros estamos muy enamorados!— Dijo y sin más beso la mejilla de la Iki logrando que ésta se sonrojara.

— Huh… Yato-chan está presumiéndonos su felicidad…— Murmuró un tanto sombría Binbougami.

—… Maldito presumido— Escupió Yukine mirándolo con frialdad — Aun no entiendo que le vio Hiyori.

— Tengan hijos pronto— Daikoku les sonrió, su comentario hizo enrojecer más a Hiyori.

— ¡¿Eh?!

— Por supuesto— Respondió Yato con una gran sonrisa, sin soltarse de su humana, ignorando a los demás— Quiero 7 hijos.

KU-Pyon: ¡Lamento la semana de espera! :D Espero este capítulo les haya gustado ^^

¡Tengo una noticia que darles! He estado pensando y pensando (Mi viaje me ayudo a relajar mi mente y ahora pensar con menos pesar :v ) y he decidido ponerle fin a este fic No es por nada malo Dx no me he cansado, ni estoy inconforme con nada, no se acabó mi imaginación y tampoco me he quedado sin tiempo . Solo… Pienso que la historia ha llegado a un punto en el que puedo darle cierre sin dejar muchas inconformidades. Por lo tanto, si mis planes se cumplen, el siguiente capítulo será el final

¡Alto! ¡No me odien aun! Dx Se que la mayoría piden lemmon, y sé que saben que yo sé que ustedes saben que no se los podré dar en este fic, pero… 7u7 ¿Y si hago un especial?

¡Tengo otra pregunta! (Espero la respondan 7u7). Si Yato y Hiyori tuvieran hijos… ¿Cómo serían? :D