Te conozco…

—¿A qué hora regresa su marido, señora Himura?—Pregunto Nitto, con ojos mordaces.—

—¿Cómo?—Pregunte tartamudeando—

—Como escucho… quiero suponer que ya han llegado los rumores a sus oídos y usted iba a salir a buscarle—

Parecía que aquel hombre podía leer la mente, pero yo no podía darle la razón de ningún modo, así que tenía que pensar rápido e inventar algo que me diera el tiempo suficiente para pensar algo más elaborado y poder solucionar esto.

—Pues—comencé diciendo a todos los presentes—los rumores ya los escuche pero… a decir verdad me parecen muy ilógicos, Kenshin es demasiado noble y dulce para ser un samurái asesino, y pues en realidad no sé de donde salieron esos rumores pero, desde ahora les digo que son falsos.

—No puede mentir, porque yo eh visto a su marido arrebatar vidas como si se tratara de sacar una zanahoria del suelo.

Logre divisar a Kenshin, no podía hacer ninguna señal para que él se retirara, para que escapara, así que simplemente se acercó.

Cuando por fin se dio cuenta el lugar exacto donde aquel tumulto de gente se encontraba corrió asustado.

—¿Qué sucede? No me digan que la señora Mikki ya tuvo al bebe—Dijo Kenshin preocupado—

—Nada de eso—dijo Nitto mirándolo fijamente— y me alegra que regresara—continuo—tenemos algo importante que comentarle señor… samurái de Kumamoto.

Ante aquella declaración hecha por Nitto a Kenshin ante todas aquellas almas que estaban expectantes de alguna reacción, Kenshin con toda la cordura que en ese momento pudo conservar soltó una pequeña carcajada logrando desconcertarme.

—Lo has escuchado Kaoru, yo, un samurái de Kumamoto—reía— de verdad que desearía serlo, así Kaoru y yo podríamos tener una vida mejor e incluso atrevernos a concebir sin temor de no tener como mantener a nuestro hijo.—dijo con una tristeza muy peculiar en su voz—

—Tú crees que somos idiotas, sabemos cómo son los samurái y yo te vi matando…"olvida lo que viste y yo olvidare que te vi, no mato civiles a menos que me lo ordenen"

La sonrisa del rostro de Kenshin se borró casi de inmediato, como, si de un segundo a otro llegara a su mente algún recuerdo.

Sanosuke había recibido una carta de amenaza y Kenshin había ido a revisar, los hombres a los que les arrebato el latido… eran hombres bajo el mando de Gein, que tenían como objetivo acabar con Sanosuke… y este hombre, Nitto, lo reconoció de aquella noche.

Kenshin sin una sonrisa que mostrar y cambiando de un segundo a otro su postura de manera radical, dejo las pocas cosas que cargaba ese día en el suelo y se acercó a Nitto.

—Le susurro—¿Qué quiere?

—No es obvio, quiero sacarte a ti y a tu mujer la cual… ya tiene un pie en el otro mundo solo por estar casada con una bestia de tu tipo.

—¿Y cómo planeas sacarnos de nuestra casa? No hay motivo para hacerlo—hablo para todos— no les hemos hecho nada.

—¡No lo han hecho!… ¡pero tú lo harás!—grito una de las mujeres de entre la multitud—

—Ya la escuchaste, aquí no nos gustan los samurái, solo traen problemas, así que se van o los sacamos.

—Kaoru hacia atrás… quiero que entres a la casa disimuladamente—me dijo mientras me retiraba de entre la gente—

A la primer señal que Kenshin me dio no lo pensé dos veces, entre lo más rápidamente que pude a la casa… pero en vez de esconderme fui en busca de mi katana y las de Kenshin, aun escondidas entre nuestras prendas, las saque sin ningún cuidado y regrese a la puerta frontal decidida a ahuyentarlos y a entregarle a Kenshin sus katanas.

—En este momento, desearía, haberte matado esa noche, Nitto.—Dijo Kenshin—

Al dirigir mí vista a Kenshin vi que entre varios hombres le había sujetando las manos y los pies… el estaba tirado en el suelo y todos le miraban como a un demonio en una pintura.

Antes de que pudiera siquiera respirar, una mujer se abalanzo a Kenshin que se encontraba literalmente indefenso y con un golpe fuerte y bien dirigido le reventó el labio de una patada, la patada de aquella mujer parecía ser un silbato de inicio para una competencia, entre hombres y mujeres se encargaron de desatar sobre Kenshin una tormenta de golpes, que ni el peor de los seres merecería.

Casi como en cámara lenta corrí en su auxilio dejando de lado y en el completo olvido las katanas que llevaba en mis manos.

Como pude, me acerque al centro, al ojo de aquella tormenta donde Kenshin trataba de atajar los golpes y desatar las cuerdas que le sujetaban, lo abrace intentando protegerlo, recibí muchos de esos golpes… un intrépido decidió que era un gran momento para apedrearnos. La sensación era horrible y Kenshin luchaba contra mí, para sacarme de esa masacre, pero, al estar atado le era imposible.

Los golpes hicieron que me sangrara la espalda y que literalmente ya no sintiera nada en ella.

En mi mente no dejaba de mostrarse "estamos muertos" a esas alturas ya aseguraba nuestra muerte, ya podía ver a lo lejos a la muerte, ansiosa y relamiéndose los labios mientras nos miraba desfallecer lentamente.

Una roca golpeo mi mejilla y termine recostada al lado de Kenshin, que ya tenía el rostro cubierto de sangre y me miraba con rabia e impotencia.

Con la mirada nos dimos a entender que este iba a ser nuestro fin, uno bastante patético y uno tan horroroso, no por los golpes, no por la tortura ni por la situación si no porque la muerte nos llegaba cuando apenas comenzábamos a vivir, cuando empezábamos a dar los primeros pasos para llegar a una vida feliz.

Pero un grito que salió fuerte y voraz de la garganta de alguien detuvo aquella masacre en la que Kenshin y yo éramos el objeto de entretenimiento.

—¡Alto!—Grito aquel ex samurái con el que había hecho amistad—

—¡Kaoru, Kenshin!— Grito Mikki, la mujer embarazada, avanzando lo más rápido que su embarazo le permitía en nuestro auxilio—

—detente Mikki.

—El que debería detenerse eres tú, Nitto.

Nitto furibundo le dio una bofetada tan fuerte que la mando al suelo, sin importarle su estado.

Me levante como pude y ayude a Mikki a levantarse y mientras yo hacía eso, Ayato, el ex samurái desataba a Kenshin y lo ayudaba a levantarse.

Entre Mikki y Ayato nos llevaron dentro de la casa… solo las personas con las que habíamos hecho alguna amistad nos ayudaron.

Ayato, indignado hablo para todos.

—ellos jamás les han hecho nada, al contrario les han ofrecido la mano siempre que la han necesitado y si tanto quieren matar a un samurái, si tanto los odian ¿Por qué jamás han intentado asesinarme?

—Porque tú eres un hombre bueno—contestaron entre la multitud—

—él es diez veces más bondadoso de lo que soy yo… si él lo deseara, si ese hubiese sido su objetivo… ninguno de nosotros seguiría con vida… ustedes no saben el porqué de que ellos estén aquí, tal vez solo buscaban formar una familia feliz aunque fuera en la más triste austeridad y se los digo por experiencia propia… si alguno de los dos, por un segundo perdiéramos la cordura o simplemente quisiéramos jugar con la sangre, este sería lo más cercano a un pueblo fantasma.

Con ayuda de otro hombre dispersaron a la gente de nuestra casa.

—Yo ya sabía que eras un samurái—dijo Ayato a Kenshin—

—¿De verdad?
—Si.

—¿Cómo lo supiste? Fui muy cuidadoso.

—Lo sé, y, es algo que te aplaudo, pero, esos trucos ya me los sé, lo note por tu caminar y porque cuando te sentías amenazado involuntariamente llevabas la mano a la cadera como buscando una katana con la cual defenderte y no solo eso… yo ya te conocía.

—¿Qué?

—Himura Battousai, eras joven y me viste menos de cinco veces, soy Ayato Sabato, ex líder de tu facción.

Ayato nos ayudó a escapar al día siguiente, dejamos los muebles y solo nos llevamos la ropa, katanas y el dinero.

Enviamos una carta a Sanosuke avisándole de nuestra situación y preguntándole que hacer.

En lo que la carta iba y venía nos quedamos en una posada… y cuando por fin llego la carta…

Por fin regresábamos a Kumamoto, volvíamos a casa.

…o…o…o…

En una casa de seguridad una criatura de claros cabellos aguardaba recelosa.

El pobre ente no llevaba esposas, solo una cuerda atada al abdomen… no era necesario tener más seguridad, el pobre ser, estaba desmembrado, sin brazos ni piernas con las que apoyarse y huir.

Esperando a que la venganza se consumara…

—¿Qué haces aquí?

—No hay guardias a esta hora y yo tengo acceso libre a todo ¿recuerdas?

—Te arriesgas demasiado ¿no crees?

—Tranquilo, yo no arriesgo nada.

—Es demasiada confianza de tu parte ¿no crees?—dijo otro ente que salía de las sombras—

—Llegaste.

—Siempre estoy al pendiente de todo.

—Bueno, creo que es hora de irnos, seguimos en contacto y… trata de seguir con vida.

—Ocúpense de su vida, yo me encargo de la mía.

Los dos nuevos entes dejaron solo en aquella celda a la criatura mutilada. Esta sonreía de manera maliciosa.

—¿Habrá algo más hermoso que la guerra? No lo creo… lástima que la guerra tarde tanto en empezar y dure tan poco.—finalizo el ser mutilado.—

NOTAS DE LA AUTORA.

Hola, espero que les gustara y también les quiero avisar que ya entre a clases y aun no me dan el horario definitivo así que hasta que me lo den y me organice como es debido habrán muchos atrasos en la historia, así que de antemano una disculpa.

En fin no olviden dejar un review, besos.