Visitantes sin invitación.
Una mujer pelirroja, que de japonesa tenia lo que yo tengo de africana y que en su dominio del idioma maneja un acento, pelirroja con acento "extranjera"… su madre, mi suegra, mi madre política…
—Kenshin, tenemos que hablar—Musito la mujer.
No es como que tuviese miedo a la leyenda de la suegra con corazón de piedra y mente maquiavélica, pero, la voz de esa mujer me intimido un poco.
—No respondiste a mi pregunta, madre—Dijo tensando su espalda y dando un paso al frente, intentando intimidarlos.
—Yo creo, hijo mío, que este no es el lugar para discutir, además, no me has presentado a tu… esposa.
—Mama, ese no es tema de esta conversación.
—No me salgas con decencias, que tú de decente ¡no tienes ni los ojos! Mira que casarte sin siquiera avisarnos y es más, tuvimos que enterarnos por otra persona.
—Olvide decirles…
—Olvidaste nada, ni a tu hermano invitaste.
—Que parte de lo "olvide" no entiendes.
—La parte donde se te olvida invitar a tu familia a tu boda y tampoco puedo entender la parte donde jamás informaste que tenías interés en una mujer.
—¡Ah! Kamisama…
—Y usted señora—me señalo— ¿Que nunca le dio interés conocer a la familia a la que se estaba uniendo? ¿Y sus padres que dijeron?
—Mama ella no tiene familia, la única familia que tiene son Megumi, Sanosuke, las dueñas, Enishi, Yunko y por supuesto yo.
La mujer de rasgos europeos abrió sus ojos a un grado en el que podrían salirse de sus cuencas y el par de hombres tras ella solo se quedaron pensativos hasta que uno de ellos decidió hablar.
—Que tonto eres, como piensas semejantes cosas teniendo a tu madre en la familia.
—Hiko—Llamo la mujer a su marido— no sé si sentirme alagada u ofendida.
—Te diría que te alagues pero, mejor tómalo como te plazca.
—Yo…—Hablo el más joven— ya no entendí nada.
—Yahiko, no es como que debieras entenderlo, tienes quince años.
—Cállate tonto, no me llevas tantos años… además a mí no me están regañando por casarme con una muchacha…—me miro a los ojos— tan fea.
"Mocoso del demonio, como se atreve a llamarme así, ni siquiera lo conozco y ya me insulta"—pensé.
—Kenshin—Llamo el mayor— ¿Por qué no vamos a hablar los tres un rato? Tu madre y la chica pueden quedarse aquí.
Los tres hombres se fueron a la sala de juntas y la mujer se quedó sentada a mi lado.
Tenía que hablar, ya teníamos diez minutos sin dirigir palabra.
Abrí la boca y apenas salió un sonido indescifrable. Me sentí observada y por fin pregunte.
—¿Cuál es su nombre, señora?
—Yo tengo dos nombres, el que mis padres me pusieron y el que uso aquí.
No sabía si preguntar o no, pero nunca fui muy callada.
—¿Y? ¿Me podría decir los dos… o solo uno, por favor?
La mujer me miraba con esos ojos purpuras que eran tan parecidos a los de Kenshin, pero en vez de tener los destellos dorados los de ella eran verdosos.
—Es que… no sé cómo llamarle.
—¿¡No te dijo mi nombre!?
—Si lo hizo, pero… lo olvide.
—Bueno, pues aquí me llamo kyoko… y en mi tierra me llamo mikaela, pero ese no importa.
La curiosidad me carcomía la espina dorsal ¿de donde era? Quería preguntarle pero, no me conoce y yo no la conozco, es inapropiado preguntarle…en este momento.
—Y bueno—Dijo kyoko—¿Cuál es tu nombre?
—Kaoru.
—Es lindo, no quería preguntar, pero, creo que podemos tomarnos ciertas libertades… note unos ojos azules en tu cara, no es un color común aquí ¿de dónde eres?
—Pues yo soy de Kumamoto, pero, si quiere saber el porqué de que mis ojos sean azules y no marrones como es común, pues… mi abuela materna era americana y tenía los ojos azules.
—Tienes… sangre sucia… sangre de extranjeros.
—Sí, pero, porque usa ese término… "sangre sucia", son sus raíces no debería llamarlas así.
—No lo digo por mí, lo digo por Kenshin, desde niño le llamaban así, por mi culpa y lo peor vino cuando al menor también comenzaron a insultarle.
—Que malvados, como puede haber gente que le arruine la existencia así a un niño, los hacen pensar que sus raíces son malas, cuando es lo contrario.
—¿¡Verdad que sí!?—Decía con sincera emoción—
—Claro que es verdad.
Del rostro de aquella mujer emano una luz y una sonrisa que sin querer me contagiaron.
Kenshin, Yahiko y Hiko seguían con su conversación.
—¿Y el matrimonio se consumó?
—¿¡Qué!? Sabes que él está aquí ¿verdad?—señalo a Yahiko—
—Sabes que hay cosas que podemos hablar frente a él.
—No me parece que esto se pueda hablar frente a él.
—Si tanto te molesta, dime en el oído.
Kenshin le miro con un gesto de sarcasmo, suspiro con derrota y le dijo que si en el oído.
—¡Entonces la página ya no se puede dar vuelta!—Dijo a gritos dando a entender al menor que la respuesta era un sí.
—No se para que te hago caso, si siempre haces lo que quieres—Dijo Kenshin mientras se frotaba la sien.
—Pero, sigo con la duda…
—Y ahora me ignora, perfecto.
—¿Por qué no nos quisiste decir de ella? ¿Pensaste que la rechazaríamos por no tener un apellido?
—No es eso, simplemente lo olvide.
—No te creo.
—Enserio, lo olv…
—Y sabes porque no te creo, porque ser idiota no te hace olvidadizo.
Kenshin le miraba pensativo y en sus ojos podía leerse la culpa. Si mirabas más profundo podías ver las respuestas a todas las preguntas que en ese momento pudieses tener, estaba contra la pared, no había a donde correr.
—Sí, no lo olvide, ¿contento?
—No del todo, quiero que tu respuesta sea…observable, medible y cuantificable.
—¿Qué?
—Que me des tus razones, que me expliques con ejemplos y cantidades si es necesario… idiota.
—Ella… ella era empleada doméstica, trabajaba aquí.
—¿¡La compraste!?
—¡No! no la compre, podría decir que… me la regalaron, o algo así.
—Ese si es un problema.
—Lo vez…
—Hasta yo digo que eso es problemático—Decía Yahiko con gran seriedad.
Los otros dos hombres le miraban con curiosidad, el adolecente se veía pensativo y miraba a su hermano mayor como si tratara de descubrir el porqué de que su cabello sea rojizo.
—¿Y?—comenzaba a decir el menor— ¿Qué piensas hacer?
—Que se supone que va a hacer, nada, ya está hecho—Decía Hiko—al menos espero que le hayas dicho.
Kenshin reía nervioso mientras miraba hacia el suelo.
—No le dijiste verdad, Kenshin, eres un bobo… no sé cómo mi madre no te lanzo al rio de pequeño, debió quererte mucho… por que no encuentro otra razón para dejarte respirando.
—¡Oye! Claro que me quería, si te quiso a ti, a mí con más ganas.
—Basta los dos, ya están muy grandes para hacer esas pataletas de niños… y tú—señalo a Kenshin—vas a tener que ir a resolver esto.
Los tres hombres bajaron y Kenshin me llamo a parte. Me explico que casarse con mujeres que nunca habían tenido apellido era problemático, pero, la cosa empeoraba cuando esta había sido una sirvienta y sobretodo el hombre no la había adquirido siquiera. Esto afectaba al valor de la mujer, a la honra del hombre y llegaba a afectar al nivel social de la familia del marido, sin querer me lleve entre los pies a todos.
Me había molestado, era un secreto que él había guardado para su propia conveniencia, pero, después de un rato no entendí mi propio enojo, si de secretos hablamos el mío es el peor, así que lo disculpe y con mucha vergüenza pedí perdón a sus padres.
El hombre soltó una carcajada enorme al verme humillada frente a ellos pidiendo disculpas, Kenshin y su hermanito me veían con una mezcla de sorpresa y confusión, la mujer al verme hacer este acto se agacho a mi nivel, con todo el cariño de una madre y el respeto que una mujer puede sentir por otra me levanto el rostro y musito.
—No es necesario, más humillados no podemos estar… que seas parte de nuestra familia no nos hará nada, ni el viento podrá mover un solo cabello nuestro.
Y era verdad ya ninguna humillación les haría nada, una extranjera que tuvo un hijo con un campesino y tuvo otro con un samurái, hijos a los que el samurái quiere y adora aunque uno no sea de su sangre. Que más daba que el hijastro se casara con una empleada sin nombre, a nadie le importa, ni le importara más de lo que ya lo hace.
Hiko, Kenshin y de alguna manera Yahiko habían demostrado que todos esos "impedimentos" no te hacen un mal soldado, aunque eran lo eran tenían un lugar en el mundo, ya habían logrado acomodarse en buenas posiciones sociales, en cierto sentido eran hombres realizados y bien respetados e incluso… temidos.
Me sentí feliz, me sentí agradecida… por tan buena familia en la que fui a caer, y no era la única, había conocido gente maravillosa a la que todos los títulos y la sangre que corría por sus venas no les inflaba el ego.
Pintaba a ser un día grandioso hasta que la puerta fue tocada de nuevo, Yuno, la sirvienta, había corrido de nuevo a abrirla y había vuelto a la casa pregonando mi nombre, alguien me buscaba.
Me disculpe y corrí a ver quién era, que sorpresa más grande me lleva al ver que se trataba de los Haruma… aquellos que me habían ofrecido casarme con su hijo y formar parte de su familia oficialmente.
El señor Haruma, furico como nunca lo había visto, me tomo de los hombros y estrujo gritando, ¡Donde esta ese bastardo! ¡Donde esta ese bastardo!
Ante los estruendosos gritos del hombre, Kenshin y compañía fueron al jardín a ver qué diablos pasaba.
—Kenshin—Llamo la madre— gracias a ellos nos enteramos del matrimonio— término explicando la mujer.
—¡Los Haruma! ¿Y ellos que vienen a ser aquí? ¿A ellos que les importa esto?
—Pues resulta que ellos fungieron de guardianes de Kaoru bastante tiempo, le enseñaron su estilo y casi la nombran hija suya, pero declinó la oferta.
Entre jalones podía ver a Kenshin pálido como nunca, incluso más pálido que el día que lo vi bañado en sangre, algo ya iba mal.
—Así que una hija de Haruma, casada con un hijo mío… me retracto.
Hiko de la misma manera que el señor Haruma estrujaba de los hombros a Kenshin y pregonaba "te casaste con una loca, te casaste con una loca"
Dios sabe como pero a Kenshin y a mí nos dejaron en paz y entre ellos comenzó una pelea a puño limpio… Kenshin me miraba receloso hasta que me busco pleito.
—¿Porque te casaste conmigo si sabias mi estilo?
—¿¡De qué diablos me hablas!?
—¡No te hagas la que no oyes, sabes mejor que nadie que nuestros estilos son enemigos natos, están hechos para bloquearse el uno al otro, ni tú me puedes ganar, ni yo te puedo ganar!
—Sigo sin entender… ¡y eso que tiene que ver con que estemos casados!
—¡Que no deberíamos de estarlo, es una aberración!
—¡Aberración, aberración tu puta madre, ven acá que te voy a reventar la cabeza!
—¡Si no te la reviento yo primero!
—¡ven a intentarlo, bastardo pelos de calabaza podrida!
Kenshin se lanzó hacia mí, y como pelea de gatas nos tirábamos el cabello.
—¡Hey a mí no me metan en sus discusiones!
—Kyoko … ¿porque siempre que nos topamos pasa esto?
—No lo sé minako… no crees que se ven patéticos.
—Siempre lo he creído, es más jamás he comprendido por que pelean.
—Pues básicamente es algo que nada tiene que ver con ellos, es más bien una rivalidad entre escuelas.
—Es por lo de los hermanos ¿no?
—si…
—que idiotas.
La rivalidad va en la historia de los creadores de ambos estilos, creados casi al mismo tiempo por hermanos, ambos muy celosos y envidiosos, hicieron una apuesta para ver quien creaba el mejor estilo, vigilándose a escondidas durante años; creaban técnicas que bloqueaban las creadas por su hermano, terminando en los dos estilos más fuertes que se conocían, ninguno lograba derrotarse y furiosos implementaron cada uno una escuela y a sus estudiantes a parte de enseñarles el estilo, les enseñaban a odiar el estilo hermano.
Muchos ni siquiera comprendían bien los motivos de su odio.
—¡Ya basta!—Grite harta— ¿Porque peleamos?
—Pues… por tu culpa—Dijo Kenshin.
—¿Y sabes porque es mi culpa?
—Porque eres alumna de "ese" estilo
—¿Y eso es todo?
—Si
—Que imbécil ¡no tiene sentido! ¡Pelea tu solo!
—A no, eso sí que no, usted señorita defienda su estilo y usted—señalo a Kenshin— haga lo mismo.
Terminamos enfrentándonos en un duelo de espadas eterno, no podíamos ganarnos… aunque Kenshin llevaba cierta ventaja por su condición, práctica diaria en combate y fuerza física… yo era más lista y lograba distraerlo, seguía siendo su esposa y seguía gustándole, podía usar eso a mi favor.
Terminamos cansados y hartos, acordamos jamás volver a hacer eso a menos que fuera necesario y corrimos tras "nuestros padres" para darles una buena paliza.
—¡Y a la próxima enfréntense ustedes y a nosotros déjenos vivir en paz!— Grite con furia— que pelea tan mas estúpida.
Una vez que los humos se calmaron y el señor Hiruma y el señor Hiko reorganizaron sus prioridades; se dieron cuenta de que había cosas más importantes de las que hablar.
El señor Haruma estaba molesto, Kenshin me había cortejado y desposado sin su permiso; cosa que jamás tome en cuenta, ya que ellos no eran mis padres, ni me habían adoptado, ni nada por el estilo; el hombre aun así se ofendía.
Hiko por su parte solo se mofaba del señor Haruma, el solo decía "aunque no te parezca tendrás que aceptarlo, ella ya es su mujer" para después soltar una sonora carcajada.
La noche había llegado. Después de una tarde llena de dimes y diretes.
Al haber tan poco espacio en la facción y al haber llegado sin avisar… en un cuarto para dos, tuvimos que entrar siete, sacamos muebles y guardamos cosas, entramos, pero muy apretados.
Los Haruma estaban acomodados a mi derecha y los Himura a mi izquierda, del lado donde solía dormir Kenshin; cuando llegamos a querer recostarnos a dormir, tanto Hiko como el señor Haruma se acostaron de manera que evitaban que estuviéramos acostados juntos, con el pretexto de que "no vaya a ser que se nos ocurriera fabricarles nietos con ellos durmiendo a un lado"… aunque la razón real era que seguían un poco molestos por el incidente de la tarde y este era un pequeño castigo.
Kenshin termino aguantando los ronquidos de su hermano y los abrazos involuntarios de su madre, todo detrás de una masa de musculo que apenas se movía a la cual llamaba padre o idiota en días como estos.
Y yo no estaba en mejores condiciones, pues, aunque dormía con más libertad, con los ronquidos del señor Haruma y los golpes de Minako era más que suficiente.
Estuvimos en vela hasta casi las tres de la mañana, hasta que Kenshin se levantó de su lugar, lo seguí de inmediato.
—Kaoru ya no lo soporto, no puedo dormir… mi madre me sofoca en abrazos, termino nadando entre su busto de lo fuerte que me abraza y la verdad, no es algo que me apetezca… y mi hermano, ronca como borracho, me sube la pierna y no sé qué diablos estaba soñando… no te quiero contar lo que sentí… no quiero dormir con ellos.
—Yo tampoco quiero dormir ahí, la señora Minako me lanza bofetadas, patadas y puñetazos a cada rato y el señor Haruma ronca como tu hermano, como un borracho y como tu cuando se te tapa la nariz… además de un par de olores que no se dé cuál de los dos provienen… prefiero no averiguarlo.
—Si, escuche esos "olores"… prefiero estar en los pechos de mi madre sinceramente, al menos huele bien.
—Que pervertido, es tu madre…
—¡Oye! mi madre es limpia y siempre huele bien… no soy ningún pervertido, el pervertido aquí es mi hermano que soñaba hacerle kamisama sabe que cosas a alguna pobre chica.
—Bueno, bueno, bueno ¿y qué hacemos?
—¿Dormir en el techo?
—No bromees.
—Bueno, si yo quiero puedo dormir sentado en un rincón libre, ya lo he hecho, el problema eres tú, que nunca has dormido así.
—¡No me importa! ¡Prefiero dormir de pie como las gallinas antes que seguir durmiendo entre esos dos!
En un rincón pequeño logramos acomodarnos, todo para dormir de la manera más incómoda y retorcida que era posible.
A las pocas horas de sueño toda la familia ya estaba de pie, bastante molesta por encontrarnos de aquella manera.
Volvimos a ser "regañados y castigados" pasando otra noche de la misma incomoda manera.
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Actualidad:
Me había encargado de investigar todo lo posible pero de aquel samurái había solo leyendas, nada concreto.
Para entregar el dichoso trabajo, hice una investigación de un samurái más conocido el cual me otorgo un cien de calificación… pero con este hombre… con este hombre el asunto era personal, él se convirtió en mi obsesión.
¿Quién era? ¿Por qué no hay información de el? ¿Que esconde en esos ojos? ¿¡Y quién demonios es esa chica que se parece tanto a Kaoru!? ¿Qué esconde tras esos ojos?
Tenía muchas dudas y pocas respuestas, cada vez que averiguaba algo, lo único que conseguía eran más dudas…
Cierto día; estando de vacaciones y en uno de mis desvelos, investigue hasta donde pude, para mi fortuna encontré un blog de asuntos paranormales y en una de las publicaciones más antiguas se trató a este samurái y su familia…
Desaparecieron durante circunstancias extrañas por años, para después volver y aislarse en los campos.
Habían fotografías a color de la supuesta casa donde vivieron, fotografías de sus tumbas, un árbol genealógico incompleto, fotografías de sus pertenencias resguardadas en la casa de armas y una nota… una nota de un periódico de poca pinta, uno amarillista, que decía que alguna vez desenterraron a la mujer encontrando entre sus cosas ropa moderna, libros de publicación reciente en muy mal estado e incluso uno de un autor que ni siquiera había debutado, una mochila y lo más llamativo… un teléfono celular, pero no cualquier teléfono; uno muy adelantado para la época pues según la nota el cadáver fue exhumado en los noventa.
Cual relámpago guarde toda la información que encontré en una memoria USB y al día siguiente la imprimí; tenía que ir a esa casa a investigar qué diablos pasaba.
/
—¡Oye! Imbécil ¿no crees que te estas tardando mucho en hacer esto? es solo ir a matarlo y ya…—Grito una sombra, desesperada de tanto esperar.
—¿Eres idiota o eres actriz? estas cosas no se hacen así, matar a alguien y tomar el control requiere de mucho tiempo de planeación, hay que analizar cada detalle, ¡nada puede salir mal! Hay que ver todas las variables, debemos de hacer los planes de manera que sean flexibles al cambio, nada es seguro, además, en esta celda mugrienta y con ustedes dos como único contacto las cosas, son más lentas… al menos ya tengo algo seguro, ya puedo atraer a Sanosuke, solo falta que el imbécil de Himura y su zorra mascota tengan un bastardo para empezar a hacer que "la rueda gire"—Contesto el ser desmembrado, atado a un madero.
—¿Porque es tan necesario que Himura tenga un puto cachorro? solo hay que ir a cortarle la cabeza y asunto arreglado— Contesto la otra sombra que se encontraba en la habitación.
—Que no ves que un padre hará cualquier cosa por proteger la vida de su vástago, sin siquiera ponerse a analizar la situación… Himura es muy analítico y para vencerlo hay que hacerlo más… instintivo, que no piense, que solo actué, como un perro que defiende a su cachorro, por eso el pequeño engendro me es urgente…
—Que estúpido.
—Es más estúpido que estén aquí al mismo tiempo, lárguense y tráiganme… buenas noticias la próxima vez…
—te traeremos noticias… pero recuerda que tu solo eres un fuhyō más en este shōgi.
Las dos criaturas desaparecieron entre las sombras, mismas sombras de las que estaban constituidas sus presencias.
/ SHOGI: popularmente conocido como ajedrez japonés.
Fuhyō: peón del juego ya mencionado.
NOTAS DE LA AUTORA:
Hola a todos, un gusto saludarles por fin…
Como disculpa no había podido publicar por la universidad, me absorbió hasta el alma, este capítulo se ha estado escribiendo durante tooooooodooo ese tiempo… lamento si no es muy bueno.
Bueno la verdad no quiero explayarme mucho puesto que tengo algo planeado… durante todo este tiempo me ha ido como carnaval o como una tragicomedia.
Hace días me puse a hacer un recuento de todo lo que ha pasado y la verdad me ha apetecido hacer o mejor dicho adaptar todo lo que ha pasado (de manera literal, sin modificación o apenas unas diminutas) a un fic, puede escucharse pedante, pero la verdad me apetece hacerlo, así que si son amables y me dan su opinión al respecto de este pequeño plan, me sería de gran ayuda.
Saludos.
