Sakuno Kamiya se había levantado con un terrible dolor de cabeza y un ardor insoportable en la boca del estómago después de una de esas noches en las que la depresión mallugaba su espíritu y la hacían beber y llorar como mártir con alcoholismo.
Precisamente ese día vendría su querida hermana y su ya no tan pequeña sobrina Yuriko darle su visita de rutina.
Sakuno decidió levantarse y darse una ducha para tratar de eliminar el rastro de aquella borrachera amarga, limpio un poco y se recostó en su cama mirando el techo.
El timbre de la casa retumbo cual campana de iglesia cristiana para los ahora sensibles oídos de Sakuno, con toda la prisa que su estado le permitía abrió la puerta.
La única presente era su sobrina Yuriko, cargada con carpetas, su computador, un maletín y una cara de pánico.
Estaba pálida, ojerosa y mal vestida. A Sakuno le estremecieron las piernas por verla en tal estado.
Yuriko entro a la casa sin ninguna invitación, tomo la mesa del comedor como escritorio y la pared del mismo como pizarra de detective; Sakuno la miraba estupefacta.
Una vez término de poner la maraña de información en el comedor de su tía mascullo con toda seguridad.
—Creo saber dónde está Kaoru.
Sakuno estremeció con tal brutalidad que casi podían escucharse sus huesos crujir.
—¿De qué hablas?
—Sonara loco, pero tengo pruebas, todo tu comedor son mis pruebas.
Sakuno miraba como si los ojos apenas y se sostuvieran en sus cuencas.
—Kaoru no fue secuestrada, ni desapareció por la dama del invierno, eso es un invento milenario, es un cuento para espantar a los niños mal portados…lo que sí es seguro es lo que te voy a decir.
Yuriko guardo silencio unos segundos, como si intentara tomar valor y que algo le dijera que no estaba errada.
—Kaoru es un ente.—mascullo con seguridad.
—¿Un ente? ¡¿Y que carajos es eso?!
—Son personas en trance…
—¿De qué diablos hablas?—Interrumpió—
—Déjame terminar, los entes son personas en trance, no están ni vivas ni muertas, simplemente están en algún lugar, sus cuerpos físicos nunca se han podido encontrar, simplemente adquieren una forma etérea, es como si su cuerpo fuera de cristal o de papel, son seres frágiles que deambulan de un lugar a otro.
—¿Por qué debería creerte?
—Yo sé que es rebuscado pero, es lo único que tiene hasta ahora, no hay más, nadie ha sabido darle más información que yo.
—Supongamos que te creo… ¿Dónde está mi hija?
—Cuando le digo que deambulan, no me refiero a que este en Osaka, ella está en Kumamoto, pero en el Kumamoto de hace más de doscientos años. Mire.
Yuriko mostro a Sakuno fotografías de Kenshin, habían unas cuantas, alrededor de cuatro donde aparecía ya sea solo o en compañía de los miembros de la facción.
—Me costó encontrarla, tuve que ir a la casa de armas a tomar fotografías sin que me vieran…
Continuo mostrándole las fotografías.
—Se preguntara ¿y este samurái que tiene que ver en esto? Pues mire.
Yuriko señalo en su pared dos fotografías más una donde yo aparecía al lado de Kenshin, Sanosuke, Megumi, Yunko y Enishi, una fotografía tan nítida que negarlo era simplemente absurdo.
—Y quiero que vea esta, la encontré en el museo de la casa de armas, en la que fue la habitación de ese samurái.—señalaba la imagen de Kenshin.
Era la fotografía del día de nuestra boda, Yuriko comparo rasgos físicos de la fotografía más nítida con una fotografía moderna de antes de que desapareciera.
—Es idéntica, tía, por favor sé que es difícil de creer pero, tengo una corazonada, sé que no estoy herrada, yo lo sé.
Yuriko continuo mostrando cosas, fotografías de páginas de mi diario con pequeñas frases de mis libros favoritos, la biografía de Kenshin, sacada de un viejo libro de secundaria, todo lo que pudo y mi madre… y mi madre en su desespero, le creyó.
Mi madre aun con jaqueca se derrumbó al suelo y comenzó a llorar.
Ni mi tía, ni padre podían creerlo, aseguraban que esa investigación tan rebuscada era parte de su duelo. Pero, a la larga mi padre termino por creerles y mi tía simplemente se dejó llevar, era la respuesta más clara que alguien les había dado en mucho tiempo, tres años sin respuesta, tres años sin que nadie dijera nada, tres años en los que me había convertido en el atractivo de una ciudad, tres años en los que mi familia tuvo que soportarlo todo y sin ninguna ayuda.
—¿Y que se supone que vamos a hacer?
—Eso, aun no lo sé.—Finalizo Yuriko.
Y mientras ellos analizaban tanta información en el mil ochocientos alguien daba los últimos detalles a su plan.
—¿Por qué carajos tenemos que esperar tanto? De aquí a que ataquemos battousai ya va a estar muerto y no va a ser por nuestra causa.
—No deberías desesperar tanto, sabes, aún tenemos gente ahí adentro, y alguien escucho que la estúpida zorra que battousai tiene por mujer está preñada, además, Enishi al fin cedió ante las pasiones carnales, eso es muy bueno, solo plantéate esto, los tres cabecillas de esa facción con debilidades y sin la cabeza para pelear, dejaron de ser bestias y se volvieron humanos por amor.
—Bueno, esas son, excelentes noticias.
—En efecto, solo abra que esperar a que el mocoso nazca y para ese entonces, la bastarda de Sanosuke se erguirá y Enishi tal vez solo, tal vez quiera traer otro niño maldito a este mundo y así tendré una cola de dónde tirarles y por sus bastardos serán capaces de darlo todo, y eso incluye lo que nosotros queremos.
—Sus vidas.
Los tres seres rieron al unísono, llenos de ira y rencor, ambicionando tener las cabezas de battousai y su familia entre las manos, bañándose en el poder que ese primer ataque traería para ellos y el resto de su equipo.
—Negaste a tu hijo.—Dijo Sanosuke.
—Fue involuntario.—me defendí.
—Pero lo hiciste.—Dijo Enishi.
—Yo no quise que las cosas fueran así, claro que me alegra ser padre, pero, no soy el mejor candidato para ello.
—¿Y qué quieres hacer? Fallarle al niño y a tu mujer o planeas poner a votación ¿Quién quiere ser el padre de mi hijo?
—No, por supuesto que no…
—¡¿Entonces?! Solo hazlo, ya está hecho, ella ya está embarazada y es tuyo, no puedes retractarte ni ponerte a dilucidar si quieres o no; siempre hablas de las consecuencias de los actos, esta, es una de esas consecuencia, demuestra tu madurez, demuestra tu hombría, actúa como se debe, como debe de actuar un marido, un hombre, un padre, no un jodido samurái, no un inútil guerrero, no un imbécil que se jacta de artista marcial, yo te digo esto porque yo soy padre y sé que tienes, tienes miedo, de ti y de lo que te rodea, te temes a ti porque sabes de lo que eres capaz, porque sabes lo que es que la gente, que hasta tus propios compañeros te teman y a toda costa quieres evitar eso con un hijo tuyo, tienes miedo de no saber si serás buen padre porque solo conoces un método para educar y es el que te impartieron a ti… tienes miedo de que ese hijo o hija se convierta en ti, que se equivoque igual que tú.
—Sano…
—Y te voy a decir otra cosa, yo aún le temo a eso, pero, es algo que se tiene que superar, y tienes que confiar en que, aunque tenga algo de ti y tenga predisposición a ser como tu hay otra parte de él que lo va a evitar y esa parte es de Kaoru, tienes que pensar que él o ella van a ser mejor de lo que tú eres y jamás serás, esa, esa, es la única manera de perder el miedo.
—Sano… yo…no sé qué decir.
—Clásico de tu parte.
—¿Cómo?
—Te quedas callado cuando sabes que el hablante tiene razón.
—Kenshin—Enishi que hasta hace poco se mantenía expectante le llamo de manera cálida—siempre te vi como alguien que no le teme a nada, no me hagas cambiar esa imagen de ti, has que mejore.
—Enishi…
Ambos hombres le sonrieron al de menor estatura, tratando de darle una confianza que ni ellos poseían.
—Sabes, deberías ir con Kaoru y arreglar lo que tu gran bocota arruino.
—Sí, tienes razón Enishi… y les agradezco el regaño.
Kenshin se fue corriendo a buscarme.
—Kenshin tiene un gran problema.
—¿Asi? ¿Cuál?
—Nunca abre la boca, pero el día que lo hace, echa todo a perder… al menos en su vida personal.
—Sabes Enishi, creo que nunca había estado tan de acuerdo contigo.
Me encontraba en la habitación meditando acerca de que tendría que hacer.
—Kaoru—me llamo, llamado que ignore.— me ignoras… pero, al menos me escuchas y con eso me basta, sabes, hace unos minutos estaba hablando con Enishi y Sanosuke y…—tomo aire— me di cuenta de una cosa, yo no, no es que no quiera niños, es simplemente que no quiero que sean como yo.—gire mi rostro ante tal declaración, el continuo hablando cabizbajo—cuando te dicen que serás padre, debe de invadirte una felicidad enorme, cosa que abría pasado, de no tener miedo, yo no sé hacer muchas cosas, se matar, se defenderme, puedo defenderte a ti y a él o ella, puedo ser estricto, si se porta mal lo puedo regañar, le puedo enseñar a defenderse, y no se escucha tan mal una vez que lo mencionas pero, Hiko, aunque no es mi padre como tal me enseño todo lo que supo, soy así por su mano, mi mano tiene la guía de Hiko, si yo le enseño lo que se, será una cadena de gente como Hiko y como yo y me cuesta aceptar que no puedo hacer otra cosa.
—Si puedes— Respondí.—eres un buen hombre y si, eres terco, mal geniado, agresivo, seco, formal y te gusta caminar en la fina línea que dibujas tu solo, la línea que dicta que está bien y que está mal; y tal vez nuestro hijo no sea el mejor portado, el más habilidoso o lo que sea, pero, es nuestro y sea como sea, si se parece mucho a ti físicamente y es igual a mí en su carácter o si es igual a mi físicamente y a ti en el carácter o una mezcla homogénea de los dos, lo único que podemos hacer es dar lo mejor que tenemos; tu das lo mejor que la mano de Hiko te dio y yo lo mejor que la mano de mis padres me dieron y así, tendrá dos manos junto a la suya y tendrá lo mejor de mí y lo mejor de ti, será mejor de lo que nosotros somos… y para ello, solo hay que tener fe en que lo haremos bien… yo confió en que lo harás bien y confió en mí, y si te equivocas no te preocupes, yo voy a estar ahí —reí— dime ¿tu confías?
—No… pero de aquí a que eso pase, puedo intentar confiar.
Sonreí, ese hombre era rígido como una pared, pero en el fondo, era blando como almohada y siempre ha sido difícil llegar a ese enorme corazón con el que los dioses lo ensalzaron.
