Aquella mañana el Rey había decidido hacer una visita a la ciudad para darse gusto haciendo pequeñas compras que terminaban llenando de bolsas a sus guardias, pero había algo en su mente ademas de comprar cosas, al dar un paseo matutino por el palacio había visto a Alicia guardando una camisa en uno de los armarios de la lavandería, había dicho que era la camiseta del joven que conoció durante la fiesta, después de casi una semana no había llegado a recogerla.

—Vaya desperdicio —¿Quién era el para decir eso? Una persona que olvida que tenia alguna prenda después de usarla, a menos que sea alguno de sus trajes preferidos, eran sus tesoros. Ya iban por la quinta tienda y decenas por delante, al entrar la mujer sonriente en el mostrador se alarmo a verlo y empujo a uno de sus ayudante para que fuera hacia Viktor, era un pequeño castaño que difícilmente podía pronunciar una palabra, tal vez los nervios ¿Quién no lo estaría? No era nada mas ni nada menos que el Rey en persona «A pesar de que no sea la primera vez que vengo aquí» Pensó mientras observaba el sudor cayendo por la frente del pequeño.

—Dejare que ellos elijan —Dijo señalando a los guardias quienes de repente se tensaron, a pesar de aquello no reclamaron y se quedaron en silencio hasta que Viktor salio del lugar, prefería usar la ropa que ellos elijan a regir siendo salpicado de sudor. Cerca de una tienda de abarrotes noto una figura la cual reconocio, era el chico de aquella noche, había olvidado si pregunto su nombre o no, sintió el pequeño impulso de seguirlo, se cubrio con su capucha y camino hasta la siguiente calle donde lo perdió— ¿Cómo puede ser tan rápido? —Se quejo, eso de caminar rodeado de tanta gente que lo empujaba no era lo suyo, un ondeante cabello nogro lo guio hasta un camino mas despejado desapareciendo nuevamente.

—¡Alteza! —Escucho a sus espaladas y sus pensamientos fueron irrumpidos.

—Chirs, que raro verte en la ciudad —Dijo feliz y sorprendido.

—Podría decir lo mismo, no veo a sus guardias por ningún lado, no me diga que los esta metiendo en un lío de nuevo —Dijo con el ceño fruncido, rara vez intentaba actuar preocupado y cuando lo hacia era bastante divertido para el peliplata.

—Nos conocemos desde hace años, todo el mundo lo sabe, así que no necesitas hablarme con tanta formalidad cuando estamos en publico —Dijo divertido.

—Esta bien, pero es hora que regrese con los demás, el Consejo no va a querer perder el tiempo eligiendo un reemplazo para usted cuando desaparezca.

—Pues deberían comenzar a hacerlo, nadie sabe si me aburra del puesto tarde o temprano —Chris se quedo callado— Hey, no eres el de siempre ¿Qué pasa con tus respuestas? Parecen mas bien regaños.

—Solo voy a llevarte de regreso, debo hacer algo después —Viktor dejo de preguntar, a pesar de que Chris sea su amigo y consejero no sabe demasiado de el, cuando sus tareas en el palacio terminan el se va, a diferencia de los demás miembros del Consejo quienes viven allí.

El camino estaba despejado, lejos de todo ruido, en aquel lugar había visto mas rosas de las que hay en el jardín del palacio, la mayoría eran rojas las cuales opacaban al resto, escucho el delicado desliz de una hoja en un libro y una suave respiración.

—¡Despierta! —Escucho el grito de cierto muchacho, el Rey se levanto perezoso de su cama para ver a su rubio consejero mirándolo con firmeza.

—Es de mala educación que grites a tus mayores, en especial si se trata de mi —Dijo rascando su cabeza.

—Sera mejor que te vistas rápido, tienes una reunión con los representantes del pueblo, ve antes de que regrese, me importa una mierda que seas el Rey, tus caprichos me traen consecuencias.

—Esta bien, deja de gritar, vas a hacer que mi cabeza explote antes de que pueda atender a los pueblerinos —Yurotchka se abandono la habitación mientras el mayordomo entraba para ayudar a Viktor con su vestimenta. Los sábados en la mañana eran cuando los representantes del pueblo llegaban para arreglar algún asunto que afecte a la comunidad, pero ademas de eso existían ocasiones en las que debía tratar asuntos de reino, como el comercio, la economía del país, y cosas que lo estresaban al extremo, momentos en que debía dejar de ser el Rey juguetón y amable.

Después de confirmar que la ciudad seguía tan pacifica como siempre decidió retirarse de aquel trono pero alguien lo detuvo.

—Oh, Otabek, creí que por fin me dejarían un segundo libre ¿Qué se te ofrece? —Dijo sonriendo ya agotado.

—Debemos hablar de su prometida, aho…—Le hizo una señal para que se callara.

—No me interesa lo que vayan a hacer con ella, pero tomen en cuenta que quiero evitar que se perjudique mi relación con su padre, no se puede vivir de guerras. Y en cuando a lo de casarme, puedes molestarme con eso en otro momento —Dicho eso dejo a Otabek solo en el salón del trono donde únicamente de escuchaban los pasos del Rey— Alicia —Llamo a su mucama.

—Que me traigan un carruaje —Dijo mientras se colocaba su capucha.

—En un segundo su Alteza, déjeme avisar a los Guardias —Dijo con una reverencia.

—Solo quiero que traigas un carruaje con su conductor, no voy a necesitar que llevar una caravana esta vez, y ve corriendo, no quiero esperar demasiado.

Para cuando llego a la ciudad el sol comenzó a meterse y algunos restaurantes abrían mientras otros cerraban, camino hasta el pequeño mercado por que había pasado ayer, y siguió el mismo camino por el cual fue guiado, cuando la acera termino piso el pasto verde que cubría el lugar.

—¿Ya había estado aquí? —El mismo camino, el mismo silencio, de repente escucho un suspiro y en lugar de alarmarse le dio mas curiosidad, atravesando algunos arbustos vio la esbelta figura de un joven, sentado en las hiervas con una mano apoyado hacia atrás y con otra mano libre, aun lado de el noto un pequeño librito el cual cerro y lo hizo a un lado, con su mano libre hundió los dedos entre su cabello haciéndolo hacia atrás, Viktor quino dar otro paso pero el ruido de las hojas lo traiciono. El chico se giro y lo observo sorprendido, para luego cambiar a una expresión mas sonriente.

—¿Y que lo trae por aquí? Alteza.