Gracias a todos por sus reviews. Aquí esta el segundo capi, espero que les guste.
Noches de Arabia
-Ya esta todo como lo ordenó, señor Zaid,- una voz femenina dijo parándose en frente de un escritorio de madera negra.
-Muy bien hecho, Abra,- una voz baronil ansiana pero poderosa contestó. Sus ojos negros se posaron en una bella chica de ojos rosas que estaba en los siete monitores que tenía en frente.- Las arenas del tiempo han comenzado a correr, los eventos tomarán su curso de nuevo. El principio se repetirá pero el final, esperemos en Alá, no...-
-¿Qué haces?-
-Busco sabiduría, mi señor,- contestó con su voz angelical.
Sus manos se movían elegantemente cuando pasaba sus dedos sobre hojas y pergaminos, tomando los que le interesaban con suma delicadeza. Me acerqué a ella un poco más, me encantaba el dulce olor a flores que emanaba de su seductor cuerpo que, a pesar de estar cubierto por un largo velo de tela roja, despertaba los mas bajos instintos de mi ser. Mientras ella escogía mas pergaminos, hice un movimiento con mi mano que significaba una orden para que los demás sirvientes se salieran y me dejaran solo con mi Maliha.
Escuché la puerta cerrarse y fue entonces que me acerqué a ella lo suficiente como para tomar el velo que cubría su hermoso rostro para quitárselo lentamente. Ella se quedo quieta mientras la tela desenvolvía su radiante cabello, que más bien podría ser rojo como el fuego, haciendolo bailar en libertad mientras su hermoso cuerpo era lentamente expuesto ante mis ojos. Le había pedido que bailara para mi, pero por una razón u otra no había podido deleitarme con su belleza aun. Tomé el velo y lo puse sobre nuestras cabezas, nadie podía ver a esta hermosa mujer mas que yo, si algún otro hombre fuera lo suficientemente estúpido como para ver a mi Maliha como una mujer en mi presencia, sería ejecutado de inmediato.
Ella sostenía un pergamino, su bello rostro estaba marcado por la confusión, y aun así sus finos rasgos me hipnotizaban. Mis ojos estudiaron su cuerpo, el cual era obvio que no había sido expuesto al sol puesto que su piel era blanca como el mármol. Puse mi brazo libre alrededor de su cintura y la acerqué a mi lo mas posible. Ella se quedo quieta, a pesar de las comodidades y privilegios que tenia sobre los otros sirvientes, no se le había olvidado cual era su verdadero lugar: una simple esclava y nada más.
Acerqué mi cara a la de ella hasta que mis labios tocaron los suyos. Esas suaves delicias que mas bien podrían ser un fruto prohibido se quedaron inmóviles a pesar que mis labios la invitaban a probar. Aburrido por la falta de acción, me surgió apetito por probar otro delicioso fruto prohibido. Dejé el velo caer al suelo mientras mis labios abandonaron los suyos para hacer su camino por su níveo cuello hasta posarlos por completo en el lugar que sabía que la haría temblar. Por una extraña razón, un sentimiento más poderoso que mis deseos de poseerla en ese instante se apoderaron de mi ser haciendo que mi sed de ella se apaciguara con solo besar su hermoso cuello.
Fue entonces que sentí una gota de agua caer en mi oído. Me alejé de su cuello para ver que era lo que me había caído y descubrí con amargura que lágrimas corrían por sus sonrojadas mejillas.
-Por favor disculpe esta insolencia, mi señor,- dijo agachando la mirada sollozando mientras sus mejillas se sonrojaban más.
No podía ser una bestia con ella, por mas que lo intentara y por mas que me recordara que estaba en mi derecho puesto se había ofrecido a servirme de por vida a cambio de que perdonara la vida de la Egipcia. No podía simplemente tomarla a la fuerza. Deseaba que ella se me entregara por su propia cuenta, eso significaría que su amor me pertenecía.
Puse mis manos en su rostro y limpié las lágrimas con mis pulgares- No tienes nada de que disculparte,- besé su frente y la dejé para que siguiera en sus asuntos.- Continúa buscando tu sabiduría,- di media vuelta para salir.
-Mi señor,-
-¿Qué sucede?- pregunté tratando de sonar desinteresado.
-Gracias,- dijo firmemente para después levantar el velo rojo del piso para cubrir su cuerpo con tal.
Una sonrisa se apoderó de mis labios.- Quiero que me ames,- mis nudillos se posaron suavemente en su mejilla, acariciándola con delicadeza.
-Si supiera, mi señor, alejaría su mano con asco,- respondió desconcertándome por un momento. Seguramente era porque había dado su libertad por la Egipcia.
-Yo jamas sentiré asco por ti,-
Abrí mis ojos sintiendo vomito subir por mi garganta. El olor a humo y azufre, a los cuales ya me había acostumbrado por los años que llevaba viviendo en el castillo de Él, dejaron un espantoso sabor en mi garganta, mareándome un poco haciendo que incrementara mi asco. Me senté en la orilla de mi cama y limpié el sudor que había en mi frente con la parte de atrás de mi mano. Mi respiración agitada ya estaba regresando a su ritmo normal mientras escuchaba el silencio del castillo.
Mordí mi labio inferior con fuerza descomunal, como odiaba tener estos sueños, el sentimiento de "culpa" hacía que mis genes malignos se revolvieran. Yo no nací para sentir culpa, yo nací para lastimar, engañar, odiar sin menor remordimiento. Pero estos sueños me perseguían y bañaban de culpa. Ya se imaginaran cuales eran las consecuencias: tenia que volar al baño a vomitar.
Mis nauseas se aplacaban lentamente y mis ojos se posaron en los documentos que tenia en mi escritorio. El plan perfecto para destruirla. Un plan que había sido arruinado porque a la muy estúpida se le ocurrió desmayarse antes de que yo pudiera poner mi plan en acción. Lo que quería era que me atacara y que cuando el humo se hubiera dispersado, hacerla creer que estaba atacando a un ser inocente. ¡Pero esa tonta se desmayó!. Un gruñido se escapó de mi boca mientras las nauseas regresaban, pero esta vez por el odio y la rabia que sentía al ver mis planes frustrados.
Era hora del plan B, el que esperaba que no sucediera sin antes completar la primera fase del plan A, pero tenía que cambiar de estrategias rápido para conseguir mi objetivo. Demonios, ya hasta sonaba como el estúpido de Mojo Jojo. Deje que un suspiro se saliera de mi boca antes de recostarme de nuevo y dejarme llevar por el sueño que de repente me inundo, y con surte, ningun sueño me preseguiría por el resto de la noche.
Sonó mi despertador, era hora de empezar la farsa. Tomé el uniforme que el director de la escuela de Bombón nos había dado a mi y a mis hermanos cuando nos fuimos a inscribir para llevar a cabo mi plan. Mi plan era sencillo pero efectivo, nos íbamos a volver parte de sus vidas, para después arruinarlas. El punto era de que no supieran quien los estaba atacando, por eso también el cambio de identidad. Para toda la escuela mi nombre era Ulrick, tengo cabello castaño y ojos color café. Odiaba tener que ponerme cosas en los ojos pero sin los lentes de contacto Bombón, y toda la escuela, sabría quien soy en realidad. Mis hermanos, que no lo serían durante las clases, eran Caleb y Drew a los cuales yo conocía muy vagamente, solo sabía que sus padres trabajan en el mismo lugar que el mio.
Para mis hermanos, mi plan parecía demasiado simple, tuve que explicarles que el plan no era simplemente conocerlas y hacernos sus amigos, sino que era destruirlas desde el interior. Hay que conocer al enemigo para poder vencerlo. De ser por Butch estaríamos luchando con ellas en este momento, pero desgraciadamente si hacíamos eso estaríamos cayendo de nuevo en nuestros errores del pasado. Cuando eramos niños, mis hermanos y yo solo atacábamos usando la fuerza bruta y siempre perdíamos contra ellas. Eso era porque jamas hacíamos un plan, jamas analizábamos sus estrategias y debilidades. Por eso perdíamos. Pero ahora, ahora voy a entrar en la cabeza de esa molestia, voy a descubrir que es lo que la hace temblar de miedo en las noches, y voy a exprimir ese miedo hasta que no quede nada de ella.
Hoy comenzaba mis clases en el Colegio de Saltadilla, pero ya tenía un currículum decente en el Colegio de Caravilla. Bombón era demasiado inteligente para su propio bien y si yo comenzaba a darle sospechas no podría darle razones para sospechar mas sin un pasado concreto. Salí del castillo de Él sin esperar a mis hermanos, puesto que no son mis hermanos de acuerdo a mi plan, y volé a la escuela, aterrizando a una distancia discreta para caminar y parecer 'normal'. El director me recibió dándome un tour por el colegio, primero mostrándome los premios, trofeos y reconocimientos que el colegio había recibido por competencias deportivas y académicas. Después me mostró la biblioteca y la cafetería para después llevarme de nuevo a su oficina y darme mi horario de clases.
Para mi sorpresa, cierta pelirroja estaba esperándonos en la oficina del director. Él la presentó como la mejor alumna de toda la institución diciéndome que no había nadie mejor aquí para ser mi guia durante el resto del día. Ella me saludó y me dió la bienvenida diciéndome que teníamos la gran mayoría de nuestras clases juntos excepto por la quinta clase. Nos despedimos del director y ella me guió hasta nuestra primera clase, la cual ya había comenzado. En el camino me explicó que el profesor estaba enfermo del corazón y tendríamos una substituta por toda la semana.
Cuando entramos al salón todos voltearon a vernos sorprendidos porque la señorita perfección estaba tarde y por ver un nuevo rostro en su aula. Bombón tomó su asiento normal.
-Clase, este es Ulrick,- dijo la señora cubierta de pies a cabeza con un manto azul cielo.- Él sera su nuevo compañero de clases y quiero que lo hagan sentir bienvenido.-
Tomé mi lugar en el único asiento vació que justo estaba junto a la odiosa de Princesa Muchaplata.
-Hola, soy Princesa Muchaplata y mi papi es el hombre mas rico de esta sucia ciudad,- dijo sonriendo,- te me haces conocido, ¿nos hemos visto antes?-
-No lo creo,- contesté firmemente mientras la substituta comenzaba a hablar de continuar leyendo la obra de Romeo y Julieta.
-Pues tal vez te confundí,- dijo pensando, algo que no creía que ella hacía,- de todos modos Ulrick, ver una cara nueva en este monótono infierno es muy innovador.-
Era la escena cuando Romeo y Julieta se casaban a escondidas. Una historia muy cursi y sin punto. Si alguien me dijera que algún día voy a morir por amor moriría en ese instante de la risa. Yo no nací para sentir amor. Yo nací para odiar y para destruir... para destruirla a ella. A la pelirroja cuya voz llenaba el aula mientras leía las lineas de Julieta, mientras que el proclamado por si mismo genio, Dexter, leía con aburrida monotonía las lineas de Romeo. Cuando menos me di cuenta la campana sonó anunciando que la primera clase de seis había acabado. Escuché una que otra queja acerca de una historia que la substituta había prometido contarles al final de la clase.
-Esa Bombón es un fastidio,- escuché a Princesa decir mientras metía su libro en su bolsa.- Siempre tiene que hacer todo perfecto, para mi que moriría si las cosas le dejaran de salir bien.-
Eso exactamente era lo que yo me iba a encargar de hacer. Le sonreí a Princesa y salí del aula para acompañar a Bombón a la siguiente clase y para mi fastidio, el niño genio venía con nosotros.
-Tienes una excelente voz para leer,- dijo Dexter caminando por el pasillo a la clase de Química Avanzada.
-Gracias,- contestó la odiosa líder haciendo que vomito subiera por mi garganta de nuevo,- pero leó como todos los demás,-
-Estoy de acuerdo con él, tienes una voz angelical,- mentí, su voz era como escuchar a un millón de gatos llorando.
-Me alagan sus cumplidos,- dijo mientras sus mejillas se tornaban rosas.
La misma rutina de mi primer clase se repitió hasta la hora del almuerzo. Yo les daba mi horario a los maestros, ellos me añadian a su lista de estudiantes y me mandaban sentar en un lugar vació. Unos solo anunciaban que era nuevo y otros me hacían presentarme ante la clase. Siempre era sentarme y observar a la líder, observar sus moviemientos, con quien hablaba, a quien le hacía muecas y porque. Tenía que saberlo todo. Solo así podría destruirla desde adentro.
Cuando la hora del almuerzo llegó me separé de Bombón cuando escuché los gritos histéricos de su hermana menor. Me senté disimuladamente con mis hermanos que estaban cada quien en su mundo. Al terminar de comer hice un movimiento con mi cabeza ordenando a mis hermanos que me siguieran. Mientras caminaba por los pasillos de la escuela encontré unas escaleras que llevaban a la terraza del colegio. Parecía que era frecuentado por los estudiantes puesto que había bancas y el perímetro estaba enrejado para evitar accidentes.
-Me estoy muriendo del aburrimiento,- exclamó Butch sentándose en la banca poniendo ambas manos detrás de su cabeza y cerrando sus falsos ojos cafés.
-La diversión comienza para ti,- dije mirando la vieja fabrica de zapatos.- Ya sabes que hacer.-
-Como ordenes, jefe,- tomó sus cosas con una sonrisa llena de malicia y alivio de no tener que ir a sus ultimas dos clases.
Butch salió por la puerta por la que habíamos entrado y en menos de cinco segundos un rayo de luz verde fue visto solo por mi hermano Boomer y por mi, puesto que todos los demás estudiantes estaban muy ocupados con sus asuntos.
-¿Cuanto tiempo más hay que esperar?- Boomer preguntó observando el orfanato olvidado.
-Tú tendrás que esperar a que terminen las clases,- su rostro fue adornado por una mueca,- tenemos que hacer que parezca que fue algo rápido pero planeado al mismo tiempo.-
-Entiendo,- dijo suspirando, obviamente fastidiado tanto de las enseñanzas como yo. Mis ojos se posaron en la cicatriz que se extendía de la parte de atrás de su oreja a su nuca. Como odiaba a las Chicas Superpoderosas.
Entonces sonó la campana de que el almuerzo había terminado y teníamos que resumir nuestro aprendizaje. Boomer tomó sus cosas y se dirigió a Química con Burbuja mientras que yo me quede atrás sentándome en el lugar donde Butch había estado sentado hace unos segundos. Para mi quinta clase tenía Música y Fisiologia Avanzada con Bombón, en ese caso sería una perdida de mi tiempo atender esa clase.
-¿No se supone tiene que estar en clases?- la maestra de mi primer clase estaba parada en la puerta.
-Se supone, pero no tengo ganas de ir,- dije sonriendo con prepotencia. Era la única clase que no tenía con la molestia y la única razón por la cual me inscribí en la escuela fue para destruirla mentalmente.
-Muy mal,- suspiró, pero su voz sugería que esperaba que no fuera a clases.
-¿Que quiere?- pregunté perdiendo mi paciencia con aquella mujer.
-Solo quiero mostrarte algo,- de repente, mis ojos comenzaron a cerrarse y mi cuerpo se puso pesado, como si hubiera cargado toneladas todo el día y recibiera al sueño con los brazos abiertos. -Quiero mostrarte como es que todo comenzó.-
Soy el Sultán. No hay nadie en esta tierra más grande que yo. Yo lo gobierno todo desde las bellas tierras de Arabia, hasta las malditas tierras de Egipto. Todos me sirven y responden a mis ordenes. Todos. Desde Árabes hasta Egipcios tienen que obedecer hasta la mas tonta de mis reglas. Y quien no lo haga recibirá la muerte como el mas leve de los castigos, pues ¿que es la muerte si no un descanso de la vida? Los traidores recibirán todo menos un descanso.
-¡Larga vida al Sultán!- y comienza la función.
Las grandes puertas se abrieron ante mi presencia. Tomé asiento en el trono de mi padre listo para escuchar acusaciones de personas diciendo que habían sido robadas, y yo tenia que brindar justicia. Cuando mi amado padre ya no pudo seguir siendo Sultán yo tomé su lugar como gobernador supremo de estas tierras. Mi padre se encargó de conquistar las tierras que habían traído muerte a mi madre. Sus ejercitos no eran nada comparados con los nuestros y su líder no era tan sabio como el nuestro. El Faraón cayó bajo el pie del Sultán. El débil cayó bajo el pie del fuerte. ¿Mi mas grande trofeo? El anillo del Faraón descansaba en mi dedo anular como recordatorio a todos los Egipcios de su lugar como bajos escarabajos.
-Mi señor- un comerciante Árabe me sacó de mis pensamientos. Aunque no lo crean, también bienen a quejarse las pestes Egipcias, pero la mayoría del tiempo terminan en la hoguera,- mi señor...- el hombre con barba larga y gris tartamudeaba, había una chica joven en el piso, un guardia en cada lado de ella. Mi estomago se resolvió... era Egipcia. El hombre dió un paso mas hacia adelante,- mi señor... esta... ladrona... me ha robado una manzana de mi tienda. Mi señor, me quise mostrar benévolo diciéndole que si no me podía pagar que no la denunciaría con usted si me regresaba la manzana pero esta... mujer...-
-Te equivocas,- a mi izquierda, la sabia voz de mi consejero Rashid inundo el lugar, a pesar de ser unos meses mas joven que yo, era obvio que había sido iluminado por Alá,- esta, mujer aun no es...-
-Como si importara,- sentado a mi derecha, Fakhir, mi leal amigo y maestro en las artes de la guerra que, también a pesar de ser mas joven que yo, mostraba gran sabiduría cuando se trataba de conquistar y destruir al enemigo, especialmente a los Egipcios.
Noté como Rashid estaba a punto de contestar cuando la insolente chica levantó la voz- Mi Señor, por favor, no tenía otra opción ¡mis hermanos están muriendo de hambre! si no los alimentaba...-
-¡Silencio Egipcia!- dijo uno de los guardias golpeándola en la espalda con su lanza. La chica guardo silencio, a pesar del seguro inmenso dolor que debía estar sintiendo.
Todos en el sgran alon guardaron silencio. Todos esperaban mi decisión.
-¿Mi señor?- el comerciante esperaba justicia y como la chica no le iba a regresar la manzana y como no le iba a pagar tampoco...
-Matenla,- fue mi orden final.
Noté la sonrisa del comerciante, noté la sonrisa de Fakhir, noté la cara de terror de la chica mientras me miraba con ojos grandes y azules como el cielo incrédula a mi desición, pero lo que mas me interesó fue que noté como el cuerpo de mi amigo Rashid se tensaba y su expresión facial se endurecía. Él jamas había estado en contra de mis decisiones, pero ahora, su desacuerdo era obvio.
-¡Espere!- una voz femenina llamó la atención de todos hacia la entrada principal, incluyendo la mía.-Por favor, mi señor, no cometa una injusticia.-
Todos en el lugar suspiraron sorprendidos, nunca nadie se había atrevido a decir que con mi desición iba a cometer una injusticia. Rashid se relajó, como esperando que alguien me dijera eso, mientras que Fakhir comenzó a reír.
-Y dinos ¿que harías tú en el lugar del Sultán?- la voz de Fakhir era burlona, pero no pude evitar también llenarme del humor de sus palabras. Todos comenzaron a reír, pero la chica de ojos café brillaron con un fuego que me llamaron la atención.
-Trataría de ser más justa,- dijo ayudando a la chica que estaba en el piso a pararse causando que todos guardaran silencio de nuevo.- ¿Estas bien Mandisa?- su voz era dulce, casi... maternal...
-Señorita... que pena con usted... por favor vayase,- jamas había visto a una Árabe hablar con tal cordialidad a una Egipcia y vice versa.- He robado, señorita, tengo que aceptar mi castigo,-
La "señorita" acarició la cara de la Árabe con cariño, -No voy a permitir que te maten...-
-¿Tu vas a pagarme mi manzana? ¿Tu me la vas a regresar?- el comerciante habló con rabia ante tal conversación,- dime ¿o es que tu no te enojarías si una Egipcia se robara algo tuyo?-
-Tengo entendido que usted tiene manzanas por montón- dijo la chica con calma pero su enojo no era completamente escondido, había algo de ella que me estaba hipnotizando.- Compartir una no le va a quitar su fortuna...-
-¡Pero cuanta insolencia!- el comerciante alzó las manos obviamente frustrado, yo por otra parte, me estaba divirtiendo al ver tal discusión, era divertido ver como ambos querían jugar juez y decidir que era lo correcto cuando el único que tenía ese derecho era yo.- Cuantas manzanas tenga o no, no es de tu incumbencia, tal vez si alimentaras mejor a tu esclava no tendría la necesidad de robarme.-
La señorita se mordió el labio inferior mientras sus mejillas y las de su esclava se ruborizaron.
-No esperaba que alguien la pudiera callar,- dijo Fakhir a mi oído, humor envolviendo cada palabra.
-Mi... casa... esta en momentos de crisis,- al fin contestó la chica,- pero si se trata de pagar por una manzana, ¿cuanto le debe usted al Sultán?- eso llamó mi atención,- estas tierras, las tierras donde usted tiene sus huertas le pertenecen al Sultán, si alguien debería molestarse porque le han robado algo debería ser él,-
-¿Que tonterías dices? Yo pago mis impuestos puntualmente,- el comerciante estaba exasperado.
-Pero no pagará impuestos por la manzana robada...-
-¡Porque no gané dinero de esa manzana!-
-En ese caso,- la chica dió un paso hacia a delante y me miro fijamente, el fuego de sus ojos aun radiantes.- Mi señor, como esencialmente la manzana le pertenecía a usted, le quiero pedir que en lugar de...-
-Señorita, no...- la chica le agarró la mano.
Suspiro como para agarrar valor.-En lugar de la acusada, le pido que me tome a mi como su esclava,- eso me tomó por sorpresa.
No sabía como pensar. Aquella mujer se estaba ofreciendo a servirme con tal de que dejara que le Egipcia se fuera sin ningún castigo. Eso no tenía sentido. Ningún Árabe en sus cinco sentidos haría algo como eso. Pero ella... la manera en la que había protegido a la ladrona, la manera en la que fuego brillaba en sus ojos... había algo especial en ella que me hipnotizaba. Mire a Fakhir, él estaba tan sorprendido como yo, encogió sus hombros dándome señal que cualquiera que fuera mi decisión él se lavaba las manos. Entonces mire a Rashid, su cara mostraba confusión al igual que yo, pero era obvio que estaba aliviado que la otra chica ya no estuviera en peligro.
Mire a la chica a los ojos y dije,- Si para ti eso se considera justo, así sera.-
La Egipcia se tiro de rodillas a los pies de su señorita a llorar. Le suplicaba que se fuera y que la dejara tomar su castigo. Algo que me desconcertaba puesto que jamas una Árabe daría su vida por una Egipcia y jamas una Egipcia le rogaría a una Árabe que no hiciera ese sacrificio y la dejara morir.
-¿Y eso como es justo para mi?- preguntó el comerciante fúrico.
-Sera justo que el Sultán no mande al General Fakhir y sus hombres para ver cuantas manzanas le han robando,- Rashid dijo sonriendo con un poco de malicia, algo no muy común en el,- si no paga impuestos por las manzanas que le roban, me pregunto cuantas se pierden en el camino de sus huertas al mercado.-
El comerciante tartamudeo su culpabilidad diciendo que él era incapaz de hacerle algo como eso a su Sultán y que si yo lo consideraba justo, entonces él también lo consideraba justo. Mire a la chica a los ojos de nuevo con cierto respeto, o era la mujer mas valiente que jamas hubiera conocido, o tal vez era la mas tonta.
Abrí los ojos algo confundido. Mire a mi alrededor para darme cuenta que aun estaba acostado en el techo del colegio. Seguramente la campana ya había sonado y seguramente la quinta clase ya había terminado, es más, seguramente ya estaba tarde para mi sexta clase. Me puse de pie y sacudí el pantalón de mi uniforme justo cuando una de las campanas sonó. Si la quinta clase se había terminado, si estaba tarde para sexta o si las clases del día ya habían terminado no lo sabía pero lo iba averiguar sin parecer un completo idiota en frente de todos. Para mi mala suerte, caminando por un pasillo a punto de reventar de estudiantes, me encontré con la señorita Muchaplata.
Al ser ella una de las personas que se me acercó en la mañana supuse que no sería muy extraño si era visto hablando con ella. Caminé hasta donde ella estaba parada hablando con otras dos chicas, su voz haciendo que mi cabeza comenzara a doler.
-¡Hola Ulrick!- su voz hizo que me dieran ganas de salir volando del lugar, algo que sus dos amigas hicieron.- ¿no vas a ir a tu sexta clase?- aun estoy a tiempo para la sexta clase.
-¿Has visto a Bombón?- pregunté metiendo mis manos en los bolsillos de mi pantalón.
Princesa hizo una cara que casi me hace reír. Después pusó una sonrisa en su rostro que casi me hace vomitar. -Creeme Ulrick, juntarte con la nerd no te conviene,- sus largos dedos se enredaron en mi cabello, lo cual yo supongo debía ser de manera seductora.
Usé todo mi control para no soltar la carcajada, en cambio mejor dije,- ¿Y con quien, si se puede saber, conviene juntarme?-
-Conmigo,- dijo acercando su rostro al mio tratando, y fallando miserablemente, de seducirme a un beso.
-Lo siento cariño,- dije alejándome de ella,- pero ya tomé mi decisión.- Justo en ese momento vi a mi nemesis caminando y si no me equivocaba iba a Cultura Mundial.-Nos vemos luego,- le murmuré a la odiosa de Princesa y corrí para alcanzar a la odiosa de Bombón.
Una vez que estábamos lo suficientemente lejos de Princesa para que no escuchara, Bombón dijo:- Veo que te has hecho de muchas amigas,- dijo sonriendo, supongo que aliviada de que ella ya no sería quien se debería de molestar para guiarme.
-Aun así prefiero tu compañia,- dije abriendo la puerta del aula para ella.
-Que alagador,- dijo sonriendo aun mas, supongo que agradecida por mi cumplido o por mi caballerismo.
Le dí mi horario a la profesora de Cultura Mundial y me mandó a mi asiento hasta atrás del aula sin hacer un enorme alardeo por mi primer día de clases. Tomé mi asiento para después ver como la puerta se abría y como la rubia Super tonta y mi Super tonto hermano entraban justo antes de que sonara la campana. Boomer le dió su horario a la profesora y ella lo mando a sentarse a un lado de mi, cinco sillas atrás de nuestro objetivo.
La clase, como todas las anteriores, pasaron lentas y aburridas. La profesora se la pasó hablando de matrimonios arreglados y la falta de libertad de la mujer en ciertas culturas. Noté como Boomer comenzaba a cabecear de lo aburrido que esta clase se le hacía. Ni él ni Butch veían el sentido de tener que venir al colegio para llevar a cabo mi plan, pero no esperaba que lo entendieran. Butch estaba demasiado obsesionado con pelear como para querer entender mas que eso, mientras que Boomer simplemente no tenía suficiente cerebro para entender.
Cuando la clase al fin terminó, salí del aula asia mi casillero, fue entonces que lo vi. Una enorme explosión en la parte sur de la ciudad. Tres rayos de luz en el cielo indicaban que las Chicas Superpoderosas iban a salvar Saltadilla.
-La fase uno del plan a sido completada.- la voz de Butch en el comunicador que tenía escondido en mi oído sonaba llena de malicia.
Miré a Boomer de reojo asintiendo mi orden de que desapareciera entre la gente y causara la segunda explosión en dirección opuesta a la que Butch había causado. Yo por otra parte me dirigí al tercer objetivo: el teatro abandonado de Saltadilla.
Entré al lugar repasando mi plan en mi cabeza dejando caer una bolsa llena de explosivos que robamos hace unas noches de unas construcciones. Los lugares atacados no tenían valor alguno: una fabrica abandonada, un orfanato olvidado por los mismos huerfanos y un teatro que nadie visitaba. Eso tendría a la linda líder de ojos rosas pensando en quien podría haber querido destruir esos lugares y las razones del porque. Una bola de energía roja se formó en mi mano apuntando a la bolsa de dinamita, lista para hacer añicos este lugar.
-¿Que haces en mi casa?- una voz masculina hiso eco en el teatro abandonado, un acento muy familiar envolvía sus palabras.
-Voy a destruirla,- dije sonriendole maliciosamente al hombre, no había ser en esta patética ciudad que no supiera del monstruo de ojos rojos.
Pero para mi sorpresa el hombre se empezó a reír,- tu te me haces muy parecido al hermano de mi abuelo,- dijo cuando había terminado de reír,- Mi tío abuelo Mohamed creía que lo podía todo, pero hay cosas que simplemente no se pueden hacer.-
-¿No sabes quien soy?- pregunté irritado y un poco confundido.
-Jamas me dijiste quien eras,- él respondió encogiendose de hombros,- yo me llamo Zaid.
-Yo soy Brick,- dije esperando que ese hombre reconociera mi nombre y saliera corriendo de mi presencia.
-Eso explica tus ganas de destruir mi hogar,- dijo pensando pero no se movió ni un centímetro,- pero sientate muchacho,- dijo quitando unos papeles de una silla,- dime ¿por qué quieres destruir mi hogar?-
-Porque puedo,- dije sonriendo ignorando su ofrecimiento de asiento.
-Eso no es razón,- dijo pensando,- destruir cosas no te va a llevar a ningún lado.-
-Es parte de un plan,- contesté sentándome en la silla que me había ofrecido hace unos momentos.
-No me digas que creo que ya se para que es,- dijo tomando otra silla y sentándose en frente de mi.- De verdad te pareces al hermano de mi abuelo,- una sonrisa nostálgica se apoderó de su rostro,- él quería destruir al hombre que le había quitado a su prometida. Su venganza fue enamorar a la hermana menor de aquel hombre sin pensar que en ella encontraría el amor de su vida.-
-Entonces su tío abuelo y yo no somos nada parecidos,- dije sintiendo una mueca formándose en mi rostro. Yo hubiera acabado con aquel hombre y no hubiera perdido el tiempo enamorando a su hermana menor.
-Tal vez,- dijo con cierto tono de voz que hizo que algo helado bajara por mi espalda,- tienes razón, no creo que se parezcan puesto que mi padre llegó a pensar que mi tío Mohamed estaba loco.-
-¿Y por qué pensarían algo así?- debe correr en la familia, este hombre esta loco al no temerme.
-Porque...- su voz se volvió un suspiro, como si temiera que alguien más escuchara,- porque... tenía raros sueños donde el era el Sultán de Arabia,-
Sentí algo helado recorrer todo mi cuerpo. Fue entonces que la segunda explosión se escuchó a lo lejos. Miré al hombre que estaba sentando en frente de mi. Las arrugas ya se le notaban, su cabello ya mostraba algunas canas y sus ojos se veían cansados. Me puse de pie, tomé la dinamita que había traído conmigo y caminé ha la entrada del teatro.
-¿Que vas a hacer?- lo escuché preguntar pero no le respondí, solo tenía cinco minutos para encontrar otro lugar que destruir para no destruir el hogar de Zaid.
Continuará...
**Nota: Este capitulo fue editado 16 de Mayo del 2011 con distintos nombres falsos de los chicos y mas elaboración en algunos parrafos**
Perdón si fue confuso... por favor, diganme lo que piensan en los reviews
