Al fin actualización. Pido muchas disculpas por la tardanza. Disfrutenlo =3

Noches de Arabia

-Tú dormirás aquí,- dijo una de las sirvientas abriendo una puerta de madera,- tal vez no es a lo que estés acostumbrada pero así es como vivimos las esclavas.-

Mire con tristeza la pequeña habitación que se me fue asignada, apenas y cabíamos ella y yo dentro, era la ultima habitación del pasillo, no tenia ventanas y la cama no era mas que un largo pedazo de tela en el suelo polvoriento. Habia un cántaro en el una esquina y sobre tal había un pequeño trapo blanco con el cual supongo debo usar para lavarme.

-Gracias,- no podía creer que aun tuviera voz para hablar, mi garganta estaba seca.

-¿Por qué lo hiciste, niña?- me preguntó la mujer de unos treinta años, su voz estaba llena da lastima e incredulidad.

-La iban a matar si no lo hacía... o peor,- no me podía imaginar lo que esos brutales Árabes le podrían hacer a mi amiga.

-Pero ahora eres tú la que esta en peligro,- tomó mi mano y me miro a los ojos,- niña, todos aquí soñamos con la libertad que tu acabas de perder por ayudar a esa pobre muchacha. La pobre Egipcia corre peligro en las calles de esta traicionera tierra. Todos ya saben que ella es Egipcia ¿crees que ahora los demás Árabes la van a dejar en paz? Tal vez hubiera sido mejor que la mataran...-

-Khadija- un muchacho con ojos de un color azul como la noche y cabello castaño claro estaba parado en la puerta con los brazos cruzados,- el Sultán espera importantes visitas y espera deleitarlos con un buen festín.-

-Voy enseguida señor Rashid,- ella respondió nerviosa haciendo una reverencia,- te espero en la cocina...-

-No,- Rashid me miro con determinación,- el Sultán requiere de los servicios de esta nueva esclava de otra manera,-

-Que Alá te proteja,- dijo en mi oído y después de hacer una pequeña reverencía a Rashid se fue caminando asía donde supongo está la cocina.

Una vez que Khadija ya no podía escucharnos Rashid suspiro,- Él cree que eres Árabe,- dijo, sus ojos azules llenos de preocupación.

-Eso es lo que me mantiene con vida,- dije mirandolo a los ojos.

-Lo que hiciste por ella... siempre te lo voy a agradecer,- su voz era sincera, igual que su mirada.

-Ella es mi amiga desde la infancia,- le respondí sonriendo a esas bellas memorias que ya no eran mas que un fantasma,- no iba a permitir que le hicieran daño.-

Sus ojos se llenaron de vergüenza.- Yo no tuve el valor para...-

-No te mortifiques, Rashid,- lo interrumpí,- si hubieras hablado ambas vidas hubieran sido puestas en peligro.- Agachó su mirada llena de odio, remordimiento después amor y añoramiento.- De verdad amas a Mandisa ¿no es así? Puede que tu boca no lo diga, pero tus ojos lo hacen todo el tiempo.-

Sus mejillas se tornaron rojizas,- el destino no esta de acuerdo con eso.-

-El destino no esta de acuerdo con nada,- dije haciéndolo sonreír,- Rashid, ella te ama, siempre lo ha hecho, desde que se conocieron en mi casa jamás dejó de pensar en ti.-

-Tus palaras me llenan de amarga alegria,- su mirada se tornó triste,- el Sultán esta decidido a acabar con tu gente.-

-Lo se,- mi alma se llenó de tristeza, desesperación y rabia,- tu Sultán no solo esta acabando con la felicidad de mi gente sino con la felicidad de su propia gente también.-

-Él quiere evitar que otros sufran como él y su padre lo hicieron...-

-Es por eso que eres muy feliz con la mujer que amas,- casi grite llena de rabia, su mirada tornándose triste una vez mas.- Lo siento, Rashid, no fue mi intención sacar mi enojo contigo.-

-El Sultán te espera,- unas esclavas llegaron hasta donde nosotros estábamos parados, sin decir nada, una de ellas tomó mi mano y me comenzó a jalar para que la siguiera,- que Alá te proteja,-


Abrí mis ojos de golpe dándome cuenta que aún estaba sentada en la cocina con mi cabeza recostada sobre la mesa. Tallé mis ojos con la parte de atrás de mi mano para después mirar el reloj que marcaba las doce en punto de la noche. Bostecé y miré los papeles en frente de mi con cansancio; eran mis apuntes de los eventos de hoy.

Tres lugares habían sido atacados, los tres edificios habían sido dinamitados, los tres edificios estaban abandonados y ninguno de los tres tenían valor alguno, pero más importante, no tenían nada en común. ¿Acaso esto era una broma... un juego... un plan maestro? Lo que sea que fuera, había sido un crimen y no tenía idea de quien lo había hecho.

-¿Bombón?- la voz del Profesor me regresó un poco mas a la realidad.- Bombón, es media noche, ya vete a dormir-

-No puedo Profesor,- contesté leyendo mis apuntes de nuevo,- tengo que resolver este crimen para llevar a esos vándalos ante la justicia.-

-Pero Bombón, mañana tienes que ir al colegio, tienes que descansar.- el Profesor tomó mis apuntes de mis manos para después ponerlos en su portafolio.- Te los regresaré cuando regreses mañana del colegio.-

Un suspiro exasperado escapó mis labios y, derrotada, volé hasta mi habitación dejándome caer en la cama para ser arrastrada por mis extraños sueños de nuevo.


-¡Bombón despierta!- la chillona voz de Burbuja si que era una hermosa manera de despertar.

-¿Que quieres Burbuja?- pregunté cubriendo mi cabeza con mis cobijas.

-¡Ya se nos hiso tarde para ir al colegio!-

Abrí mis ojos de golpe para ver el despertador, en cinco minutos iba a tocar la campana para entrar a clase. Salí de mi cama rápidamente tomando unos jeans azules y la primera blusa que encontré y me metí al baño, mi uniforme no estaba listo y no planeaba llevar una blusa y falda sin planchar a la escuela. Cepillé mi cabello y mis dientes y en menos de tres minutos ya estaba lista. Me puse unos tenis color rosa y, junto a Burbuja, salí volando por la ventana de mi habitación al colegio.

Llegué a clase justo antes de que la ultima campana sonara y arruinara mi asistencia perfecta. Me senté junto a mi querido amigo Dexter para darme cuenta que la señorita Abra tampoco estaba. Suspire con alivio para darme cuenta que había estado aguantando la respiración.

-¿Se te pegaron las cobijas, Bombón?- la molestosa voz de Princesa Muchaplata hizo que me dieran escalofríos.

-¿Por qué no metes tu nariz operada en tus propios asuntos?- dije abriendo mi libro de Literatura Británica en una pagina al azar.

-Amargada,- la escuché murmurar y no pude evitar sonreír.

-Si no es indiscreción, a mi también me gustaría saber la razón por la cual casi llegas tarde,- Dexter dijo en casi un murmuro.

-No sonó mi despertador,- dije sintiendo mis mejillas sonrojándose.

-¿Entonces si se te pegaron las cobijas?- una segunda voz dijo detrás de mi. Me gire para verle la cara al dueño de la voz y me encontré con unos ojos café profundos y una sonrisa medio picara que hizo que sintiera algo extraño en mi interior. Pero algo dentro de mi me decía que lo tenía que recordar de algún lado.

Mis mejillas se sonrojaron de nuevo, -Bueno... hablando técnicamente...-

Me tomó por sorpresa cuando Ulrick acarició suavemente mi mejilla izquierda con el pulgar de su mano derecha solo causando que me sonrojara más.

-Te sonrojas fácilmente,- dijo con una risita poniéndose de pie y sentándose en su lugar junto a Princesa.

Escondí mi rostro en mi libro para que ni Ulrick ni nadie notara que el rubor de mis mejillas se estaba expandiendo al resto de mi rostro. En ese momento, la puerta del aula se abrió anunciando la llegada de la misteriosa señorita Abra.

-Disculpen mi tardanza,- su voz sonaba seria pero agotada. La señorita Abra se sentó en el escritorio del Profesor y sacó la lista de asistencia y una copia del libro de 'Romeo y Julieta'- ¿quienes van a interpretar a los personajes de la escena de hoy?-

De nuevo las manos de las chicas estaban en el aire peleándose por el papel de Julieta mientras que los chicos que aun no habían leído se escondían detrás de sus libros para no ser llamados. Casi me gana la risa cuando se escondieron aun más cuando la señorita Abra escogió a Princesa para que leyera el papel de Julieta.

-Yo seré Romeo,- dijo Ulrick haciendo que todos se voltearan a verlo, incluso Dexter y yo.

-Ese muchacho es muy valiente ó muy estúpido...- dijo uno de los chicos sentados en la parte de atrás del aula.

-Yo digo que muy desesperado,- contestó su amigo riéndose pero de no haber sido por mi super-oído jamas lo hubiera escuchado.

Desesperado. Eso explicaría su amabilidad conmigo y con Princesa.

La verdad es que yo no soy la mas popular de la escuela, ni por ser una super heroína. Soy una genio, y como a todos los genios, me hacen burla y molestan como si ser inteligente fuera un pecado. Dexter me hace sonreír diciendo que él va a disfrutar el día cuando el capitán del equipo de futból vaya a su gran empresa a pedirle trabajo y solo le de trabajo de conserje. Pero hasta entonces solo voy a ser el mismo cero a la izquierda en la popularidad estudiantil con mis hermanas llevándose el primer lugar. Honestamente no me molesta, tengo demasiadas cosas en mi cabeza como para preocuparme por cosas tan insignificantes como la popularidad entre mis compañeros de clase. Los edificios dinamitados, por ejemplo, eran mi prioridad numero uno.

¿Quien pudo haber hecho algo como eso? ¿Quien tiene acceso a tanta dinamita? Pero más importante ¿por qué? No tiene sentido que alguien destruya tres edificios, aunque estuvieran abandonados, nada mas porque si. Una fabrica, un orfanato y un faro... nada en común más que fueron abandonados hace más de diez años. Pero...

-Eso es todo por hoy,- mire hacia al reloj y aun faltaban varios minutos para que terminara la lección.- Bien hecho señorita Princesa, señor Ulrick,-

-Ahora si nos va a seguir contando su historia?- preguntó una chica que reconocí ser del club de fans de Bellota.

La señorita Abra miró al reloj,- Tenemos un poco de tiempo,-

Noté como Dexter fruncía el ceño, ayer me había llamado para decirme lo desacertado que estaba la historia de la señorita Abra argumentando que Arabia jamas atacó a Egipto. Yo solo le sonreí y le dije que no era nada mas que un viejo cuento folclórico que le gustaba a la gente, como la obra de Romeo y Julieta.

La señorita Abra se aclaró la garganta y resumió su historia.- Después de que la chica se ofreció de esclava para salvar la vida de la Egipcia que se robó aquel pedazo de pan...-

-Manzana,- sorpresivamente interrumpió Ulrick, haciendo que todos volteáramos a verlo de nuevo. Él pareció sonrojarse y aclarando su garganta dijo,- la chica se robó una manzana...-

-Asi... es cierto...- la señorita Abra parecía estar completamente confundida,- ¿ya te han contado la historia antes?-

-Mas o menos...- dijo escondiendo la mirada. Algo que me pareció... tierno.

-Ah...- volvió a aclarar su garganta,- Después de que la chica se ofreció de esclava para salvar la vida de la Egipcia que se robó aquella manzana, el Sultán, pensando que su nueva esclava era Árabe, la hizo bailar la danza del vientre en una fiesta que hizo esa misma noche para humillarla y así enseñarle una lección.-

-¿Y por qué pensó el Sultán que ella era Árabe?- una chica interrumpió.

-Porque la chica hablaba Árabe perfectamente,- respondió la señorita viéndome de reojo de una manera muy extraña.- El padre de la chica era comerciante y le enseñaba todos los idiomas que aprendía a su única hija hasta que el falleció en la guerra donde Arabia se apodero de todas las arenas de Egipto. Regresando a la historia, la chica danzó maravillosamente para el Sultán y sus invitados, tan bien que uno de los invitados ofreció muchos caballos por ella.-

-¿Por qué caballos y no dinero, ó tal vez oro?- esta vez fue Princesa la que abrió la boca, desgraciadamente.

-Porque en Arabia un símbolo de riqueza son los caballos que posees, en otras palabras, entre más caballos tengas más rico eres,-

-Entonces yo tendría millones de caballos,- dijo Princesa presuntuosamente haciendo que muchos de nosotros giraramos los ojos.

-Después de ver a aquella chica bailar, el Sultán cayó perdidamente enamorado de ella, pero no estaba dispuesto a admitirlo,- la señorita Abra tosió un poco,- pero él, viendo como sus invitados miraban a aquella mujer de la cual se había enamorado, se llenó de rabia y sacó su enojo en la pobre muchacha.-

Fue entonces que sonó la campana y al fin podía salir de aquella aula. Ultimamente esa clase se estaba haciendo la mas larga del día lo que no me podía explicar puesto que era mi favorite y normalmente terminaba muy rápido. Caminé a Química Avanzada con Dexter y, para mi gran sorpresa, Ulrick se quedo atrás para hablar con la señorita Abra. Por alguna extraña razón extrañaba su presencia y no podía dejar de pensar en el sentir sus dedos en mi mejilla.

Desesperado.

-¿Te sientes bien?- Dexter preguntó de repente.

-Si, ¿por qué lo preguntas?-

-Porque tus mejillas se ruborizaron,-

-No es nada,- mentí inocentemente,- estaba recordando que casi llego tarde...-

Dexter ya no dijo más y mejor entramos al aula. Ulrick llego treinta minutos después, no es como si estuviera contando los minutos, y rápidamente se puso a hacer su trabajo. Me dieron muchas ganas de preguntarle la razón de su tardanza, pero eso sería demasiado fuera de mi. Regularmente no me importan los asuntos de los demas, pero había algo en Ulrick que hacía que quisiera saber mas de él. Dexter ha sido mi único amigo desde que tengo memoria, y el que alguien mas que él me ponga atención se siente... bien.

Sacudí mi cabeza y continué mi trabajo de clase con aquel pequeño pensamiento empujado hasta la parte mas lejana de mi conciente. El resto del día fue un poco mas rápido. La rutina de siempre entre Dexter, ahora incluido Ulrick, y yo continuo hasta la hora del almuerzo. Me fui a sentar con mis hermanas como siempre solo para ser recibida por una mueca por parte de mi hermana Bellota.

-¿Sucede algo?- le pregunté a Burbuja puesto que Bellota tenía esa cara de 'ni te molestes en preguntar porque no te voy a contestar.'

-A Bellota le ganaron en baloncesto,- dijo Burbuja en voz baja como para que no escuchara Bellota pero con nuestro super-oido no sirvio de nada.

-Seguramente hizo trampa,- masculló Bellota entre dientes.

-Ó simplemente quien sea que te haya ganado es mejor que tú,- dije haciendo que Bellota me mirara con enojo.

-Te equivocas señorita perfección,-

-Yo nunca me equivoco,- dije con seriedad. Es la verdad, jamas me he equivocado antes.

-Tu sigue pensando así y la vida te va a dar una sorpresa,- parecía mas una advertencia que una amenaza, pero no valía la pena continuar aquella discusión. Bellota y yo ya teniamos demasiadas cosas en nuestra lista de peleas como para agregar otra cosa.

Terminó el almuerzo y, sin decirnos ni una sola palabra mas, cada quien se fue por su lado. El resto del día se fue aun mas lento que el principio, no me gustaba pelear con mis hermanas, especialmente con Bellota, pero había veces que nuestras personalidades chocaban de manera muy brusca.

Cuando sonó la ultima campana del día no sabía si sentirme alegre ó agobiada. No quería ir aun a mi casa puesto Bellota y yo siempre terminábamos las peleas que habíamos comenzado en el almuerzo en el momento en que las dos poníamos un pie en la casa.

Fue entonces que lo vi.

Un rayo rojo atravesando el cielo dirigiéndose a donde una vez estuvo el Faro de Saltadilla.

Sentí mis rodillas temblar al ver aquel rayo en el cielo ¡Era imposible! Ellos... él... no podía ser...

-¿Lo viste?- escuché a Bellota detrás de mi.

-¿A quien?- pregunté mirando el cielo como esperando a ver dos rayos más. Si esta uno es más probable que estén los otros dos.

-A Butch,- su voz parecía llena de rabia.

-¿Viste a Butch?- pregunté pretendiendo asombro.

-Bueno... no lo vi a él... vi un rayo verde en el cielo que se dirigía a la fabrica abandonada de zapatos... bueno... lo que queda de ella,-

-No era él,- dije con voz seria,- seguramente fue tu imanación jugándote una broma-

-¿Me estas llamando loca?- Bellota frunció el ceño.

-Jamas dije eso,- ella frunció el ceño aun mas.

-¿Entonces qué dijiste?- su voz era baja y peligrosa.

-Que tal vez te habías imaginado haber visto a Butch,- dije seriamente,- los destruimos, mi... nuestro... plan funcionó de maravilla... no hay razón porque creer lo contrarió.-

-¡Yo lo vi!-

-El plan era perfecto... sin equivocaciones,- dije seriamente mirandola a los ojos frunciendo mi ceño en frustracion.

-Es eso, ¿no es así?- Bellota sonrió sarcásticamente,- no puedes admitir que tu plan no era tan perfecto y que te equivocaste ¿verdad?-

-Claro que no Bellota,- dije copiando su sonrisa sarcástica,- si no me crees, vamos a investigar,-

-Vamos,- dijo Bellota con seriedad mientras emprendía el vuelo.

Mis rodillas temblaron por un instante, a veces mi orgullo me podía meter en enormes problemas. No se porque tenía miedo de ver aquellos ojos rojos mirandome llenos de odio. Tal vez porque la ultima vez que regresaron de la muerte eran mas fuertes que nosotros, ó tal vez porque no tengo un plan listo por si eso llegara a pasar.

Bellota y yo llegamos a lo que quedaba de la fabrica de zapatos en segundos, ella estaba apresurada de ver si lo que había visto era cierto. La verdad aun quedaba gran parte del edificio, parecía un trabajo hecho a las carreras. Y lo mejor de todo era que iba a matar a dos pajaros de un tiro: le iba a demostrar a Bellota que ella estaba mal y al fin iba a poder investigar la escena del crimen mas a fondo que unos simple informes de la policía.

Cuando llegamos el lugar estaba completamente vació pero Bellota se metió al edificio a investigar, yo la seguí por precaución. Después de varios minutos de buscar algo que no estaba allí, Bellota suspiro exasperada.

-Te dije que no había nadie,-

-No disfrutes esto,- dijo frunciendo el ceño mientras sus mejillas se sonrojaban un poco. Como a mi, no le gustaba admitir que estaba equivocada.

-Hola Bellota,- una risa hizo eco en las paredes caídas del edificio.

Fue entonces que lo vimos, una luz verde paso entre las dos. Bellota dijo una maldición cuando vimos a cierto chico de ojos verdes y cabello negro mirándonos con odio y con una sonrisa sardónica que hizo que se me helara la piel. Bellota se lanzó contra Butch, pero cuando yo estaba a punto de seguirla alguien me jaló del cabello con fuerza y unos labios cálidos llegaron a mi oreja.

-Tú debiste de haber ido al faro,- su voz era fría y ella de odio.

Un enorme dolor que comenzaba en mi lado izquierdo se expandía lenta y dolorosamente a todo mi cuerpo. Entonces todo se volvio obscuro y lo ultimo que escuché fue a Bellota llamar mi nombre.


Lágrimas salían de mis ojos, mis manos temblaban, mi corazón latía con velocidad y mis mejillas seguramente estaban enrojecidas. Entré a mi habitación recargando mi espalda contra la pared dejándome caer hasta quedar sentada en el suelo. Un sollozo escapó mis labios y mis manos taparon mi boca casi automaticamente. Mi cuerpo temblaba igual que mis manos y un inmenso frió me invadió. No podía pensar en nada más que sus ojos fríos y calculadores observándome, el odio y rencor creciendo muy dentro de ellos.

Fue entonces que entendí que el frió que me invadía era miedo. Miedo a él, a lo que le podía hacer a mi pueblo a los pocos seres queridos que me quedaban. Mi corazón se estremeció al pensar en lo que les podría pasar si yo no los protegía. Todos mis sirvientes habían sido tomados prisioneros por los Árabes y era mi deber liberarlos en nombre de mi padre. Él les había dado su palabra de que los iba a rescatar pero desgraciadamente el falleció antes de poder siquiera salir de Egipto, por eso ahora yo iba a cumplir su promesa.

-¿Como estas niña?- Khadija entró a mi habitación con unas telas dobladas.

-No... no ent... entien... no entiendo...- los nervios y los sollozos no me dejaban hablar,- no se que... no se que hice mal... él... él me dijo que... que bailara... y yo... yo lo hice... pero... se enojó conmigo y... y me dijo... que me largara de su presencia... y... tengo miedo Khadija...-

-Niña...- puso las telas en el suelo y me abrazó como solo mi difunta madre lo había hecho antes.- No hiciste nada mal, de lo contrario, el Sultán deseaba y esperaba humillarte en frente de sus invitados pero no lo logro. Hasta escuché que uno de los invitados le ofreció miles de caballos por ti.-

-¿Por qué querría el Sultán humillarme?-

-Como castigo por defender a una Egipcia,- dijo con tristeza,- nadie esperaba que supieras bailar de esa forma. Es más ¿qué fue lo que danzaste? Eso no era el raqs baladi, el baile nacional.-

-No... no lo era,- sollozé de nuevo,- el baile se llama raks sharki, la danza del vientre, y mi amada madre me enseñó a bailarlo desde que yo era muy niña.-

-¿El qué? Pero si eso es un baile Egipcio...- no dije nada y ella me miro con sorpresa.

Mi cuerpo se llenó de miedo al pensar en que me podría pasar si el Sultán se enterara,- Pero estaba muy enojado ¿me va a vender a su invitado?-

-No, de eso no te preocupes,- para mi enorme sorpresa me acarició mi cabello,- el Sultán le explicó a su invitado que le debes una vida de servidumbre por salvar a una Egipcia.- Entonces tomó las telas dobladas y me las entregó,- son unas ropas limpias y un velo para que te cambies, no creo que quieras estar vestida como bailarina por más tiempo.-

Miré como estaba vestida y sentí mi estomago revolviéndose,- Tienes razón,- le sonreí.

-En ese caso te dejo para que te cambies,- dijo sonriendo,- te espero en la cocina.-

Asentí tomando las ropas y limpiando mis mejillas con la parte de atras de mi mano. Khadija se puso de pie y salió de mi habitación; yo me puse de pie y me cambie rápidamente del traje de bailarina rojo a las túnicas cafés, cubriendo mi cabeza con el velo color crema. Respiré profundo y salí de mi habitación al primer día del resto de mi vida.


Abrí mis ojos lentamente para encontrarme acostada en mi habitación, mi cabeza pulsaba como si estuviera a punto de estallar y todo mi cuerpo estaba sumergido en un inmenso dolor que comenzaba desde mis costillas. Escuché gritos que venían de la cocina, y si no me equivocaba, era mi hermana Bellota la que estaba gritando. Intenté ponerme de pie pero no me pude ni enderezar de mi cama, el dolor era insoportable. Fue entonces que se abrió la puerta de mi habitación y Burbuja entró tratando de hacer el mínimo ruido posible.

Cuando se dió cuenta que estaba despierta me sonrió,- Que bueno que ya hayás despertado,- sus ojos estaban rojos, parecía que había estado llorando.

-¿Que paso?- intenté enderezarme de nuevo y esta vez lo logre pero no sin morderme la lengua para no gritar de dolor.

-No te esfuerces demasiado,- me dijo preocupada y después mordió su labio inferior. No sabía como decirme lo que había pasado.

-Burbuja,- dije con seriedad aun esperando una respuesta.

-Brick y sus estúpidos hermanos están de vuelta en Saltadilla,- Bellota entró a mi habitación asotando la puerta, su rostro estaba lleno de heridas- ese hijo de chango te atacó por la espalda y te aplastó un edificio de dos toneladas. La buena noticia es que estas viva.-

-No... no puede ser... tiene que haber otra explicación...- dije casi tartamudeando,- si ellos están de regreso eso quiere decir que yo...-

-Cometiste un error,- Bellota terminó mi oración con una sonrisa un poco demasiado burlona,- por lo visto no siempre tienes la razón rosita.-

-Bellota...- Burbuja suspiro causando que nuestra hermana de ojos verdes frunciera el ceño.

-Si es que lo que dices es cierto...-

-Es cierto,- Bellota me interrumpió con su enorme sonrisa. Bellota preferiría lo que fuera, incluyendo que los chicos estuvieran vivos, con tal de comprobar que yo cometía equivocaciones.

-Esta es la primera vez que me equivoco en toda mi vida...- mis manos se hicieron puños y sentí mi ceño frunciendose.- y también la última... La próxima ves me aseguraré que de verdad hayan sido destruidos.-

Continuará...

**NOTA: Este capitulo fue editado el 10 de Junio del 2011**

Lo se... me tarde mucho en actualizar para que cuando actualizara el chapi estuviera tan cortito. Pido muchas disculpas y muchas gracias a todos los que me recordaron de que tenía que escribir este fic especialmente a Utau Hoshina. Gracias a todos! Diganme que pensaron en los reviews!