Hola a todos :) porfavor disculpen los siglos sin actualizar pero mi vida se ha puesto un poco en mi contra estos últimos meses. En fin, conte los votos y muchos de ustedes pidieron el capítulo que fuera en punto de vista de Bellota o Butch (creo que Butch empato o solo por un voto quedo atras de Bellota no estoy segura), pero mientras escribia el capítulo en punto de vista de Bellota me di cuenta que estaba llegando al climax de la historia muy pronto asi que tuve que empezar de nuevo con el capítulo de Butch. Bellota es (accidentalmente) un personaje clave en esta historia y va a contestar todas las preguntas que este capitulo no conteste.

Bueno, sin mas preambulos (puesto que ya los he hecho esperar demasiado) aqui les dejo el nuevo capitulo. Espero que les guste y que no los confunda mucho :)

Noches de Arabia

Caminaba por el gran salon completamente aburrido a pesar de ser una fiesta muy alegre. Al parecer, toda Arabia estaba contenta de que el Sultán se reconciliara con el varón del sur y su hijo Kaliq. Yo, por el contrario, no estaba durmiendo en mi habitacion porque, como General al mando del ejercito del Sultán, tengo que estar aqui y jugar al político. No lo tomen a mal, a mi me encantan las celebraciones, pero no las celebraciones donde mi diversion y entretenimiento estaban al último lugar de la lista.

-¡Fakhir!- la voz de mi viejo amigo Abdul me saco de mis pensamientos,- Pareces como si estuvieras en un funeral.-

Vi a Kaliq a través de la esquina de mis ojos,- Lo estoy cuando tengo que besar los pies de ciertas personas,-

-¡Alegrate muchacho!- dijo Abdul alegre con un leve color rosa pintando su mejillas, manchando su culpa por beber tanto,- el Sultán ha preparado una gran sorpresa para mostrar sus mas sinceras disculpas para Kaliq y su padre.-

-Juzgando por el brillo de tus ojos, tambien lo vamos a disfrutar nosotros,- le sonrei mientras sus mejillas se ruborizaban por mi comentario.

-Si el Sultán va a tomar la molestia de conseguir un buen entretenimiento para sus invitados, lo menos que podemos hacer es disfrutarlo,- mi viejo amigo sonrio dando palmadas a mi espalda.

Sacudí mi cabeza y decidí festejar esta, aburrida, fiesta junto al hombre que se había convertido en mi padre cuando los Egipcios se encargaron de arrebatarme al mio. Mis manos se hicieron puños al recordar como mi padre lucho heroícamente contra una banda de Egipcios para salvar la vida del padre de Kaliq y ni él ni su padre conmemoraron su muerte como su heroismo lo merecía. Siendo honesto, esperaba que el Sultán siguiera adelante y declarara guerra contra ellos, asi al fin dejaría salir la furia que había llevado dentro de mi por varios años.

Justo en ese momento varias luces fueron apagadas y un ansiano se paro en el centro del salón y comenzó a hablar.

-¡Damas y caballeros! Hemos venido desde tierras lejanas a deleitarlos a ustedes y a nuestro amado Sultán con una exotica aparicion,- comenzó a salir humo de su alrededor,-¡Les presento a la Flor del Desierto!-

Avento algo al suelo que hizo una leve explosión, causando leves murmullos de los invitados, haciendo al hombre desaparecer y dejando a una mujer en su lugar mientras musica comenzaba a tocar. Sus verdes ojos, negro cabello, y figura hermosa como la de una Diosa hipnotizaban cada uno de mis sentidos mientras sus bellas caderas se sacudian de un lado a otro al ritmo de la musica. Ninguna mujer que hubiera conocido antes se le podia comparar.

La flor del desierto...

-¿Te gusta la muchacha, Fakhir?- escuché la voz de Abdul llena de humor.

Tragué saliva, hasta ahora darme cuenta que se me había hecho agua la boca, y sacudí mi cabeza,- No me gusta,- Una mujer no pudo haber tenido ese efecto en mi.

-Que bueno, porque a mi si me gusta,- dijo Abdul con una enorme sonrisa en su rostro.

Mis ojos se posaron sobre él mientras me mis manos se volvieron puños al ver a aquella mujer sirviendo a cualquier otro hombre que no fuera yo. Abdul solo sacudió su cabeza y solto una leve risa picara de que había bromeado y yo había caido.

-Si tanto te gusta, hijo mio, es tuya,- dijo con una leve risa miesntras se perdía entre la gente.

Mis ojos se posaron en el lugar donde había estado parado Abdul, para luego posarse sobre aquella mujer cuya figura se había metido en mi mente y en mi piel. Para mi desgracia, la música cesó y también la danza de aquella bella chica. Sentí un remolino en mi interior cuando vi a Abdul hablando con el hombre que la había introducido al publico y sonreí de oreja a oreja cuando vi como sacudían sus manos como si hubieran hecho el trato del siglo

Mis ojos se volvieron a posar sobre aquella mujer mientras daba reverencias al publico que aun le aplaudia. Una hermosa sonrisa adornando su rostro mientras su pecho subía y bajaba con velocidad por el cansancio de bailar. Sus hermosos ojos verdes como el jade se cruzaron con los mios, sus mejillas se tornaron rosas mientras agachaba la mirada.

Esa mujer va a ser mia.


Abrí mis ojos de repente al sentir como subía la temperatura de mi cuerpo, y no era por el clima o por mi rabia común, si no por ella. Ojos verde como el jade, cabello negro como la noche... al parecer Bellota se había metido en mis sueños una vez más. Pero no era la primera vez que pasaba, ya en varias ocasiones esa... idiota se metía en mis pensamientos y en mis sueños y hacía que hirviera mi sangre por muchas razones además de la ira. Claro que jamás la había soñado como danzante y a mi jamás me habían llamado Fakhir.

Encogí mis hombros y salí de la cama para tomar aire fresco. No me gustaba vivir en Caravilla, pero vivir aqui, o en cualquier otro lugar, era mucho mejor que vivir en el castillo de Él. Ese crustaceo femenino me hacía rabiar cuando lo veía, especialmente porque sabía de mis bajos deseos por esa mocosa superpoderosa y le gusta explotarlos jugando con mi cabeza y mis fantasias. No me sorprendería que este sueño tan extraño fuera otro de sus juegos mentales. Aun viviendo lejos parecía disfrutar hacerme rabiar tanto que mas bien parecía una venganza, al parecer aun estaba molesto porque no habíamos hecho nada para destruir a las chicas desde nuestro regreso. Eso, claro, era culpa de Brick y de sus ingeniosos y complicados planes donde simplemente pelear hasta la muerte no era una opción. Bleh.

Abrí mi ventana y deje salir un largo suspiro mientras veía a la ciudad de Saltadilla descansar a lo lejos. Preferiría vivir en Saltadilla pero eso no iba a suceder hasta que ella ya no respirara más.

Bellota...

Mis manos se hicieron puños sintiendo mi sangre hervir de ira y... lujuria. Había sido una mala idea pensar en ella después de haberlo hecho con una chica que conocí en un bar. De nuevo fue la culpa de Brick por anunciar su gran plan para destruirla ella y a sus hermanas después de haberme divertido con aquella chica y hacerme recordar como me divertia con Bellota. Recordé nuestras batallas, como luchabamos hasta el cansancio, como caíamos exhaustos, como nuestra respiracion era agitada y como sus ojos brillaban con fuego y pasión. Me pregunté como sería hacerla mia y me estremecí al pensarla haciendolo conmigo hasta el cansancio, caer exhaustos, nuestras respiraciones agitadas, y sus ojos brillando mirandome con fuego, pasión y lujuria.

Ya no quería poner mis manos sobre de ella para hacerla llorar y gritar de dolor. Ahora, mis manos querían recorrer aquel cuerpo que para hoy, a sus diecisiete años de edad, ya debería ser de mujer. Cuando la enfrenté en la fábrica de zapatos pude apreciar un poco su cuerpo, pero no de la manera en la que había querido. Antes cuando pensaba en ella sabía que su cuerpo era un producto de mi imaginacion, pero ahora que había visto su cambio de mocosa odiosa a seductora mujer con mis propios ojos no había manera de sacarla de mi cabeza. ¡Ahora hasta bailaba para mi! Pero era mi enemiga, la que casi me asesinó a mi y a mis hermanos, y tenía que pagar por ello.

La iba a destruir, antes de que ella me destruyera a mi.


Era hora de comenzar el día y continuar con la actuación. Según mi hermano Brick, yo era un tipo llamado Drew que había crecido en Caravilla toda su vida hasta que mi 'padre' fue promovido y relocalizado a Saltadilla. Rodeé mis ojos a la poca originalidad de mi hermano, pero no cuestioné al líder de los tres y comencé la misión que se me fue dada para cumplir su ingenioso y complicado plan perfecto. Mi gran tarea era instigar odio, rencor y peleas entre las chicas lo que al parecer, después de su pelea de antier, sería lo mas fácil del mundo, sin olvidar divertido.

Entré al salon de clases posando mi mirada en el asiento que había estado vacio el día anterior para darme cuenta que su dueña estaba de regreso. Sus ojos verdes estaban perdidos en el horizonte, como si perdida en sus pensamientos, haciendo que sonriera. Lo mejor que te puede pasar es agarrar a tu enemigo distraido, y Bellota distraida era una oportunidad de una en un millon. Me senté en mi lugar, que convenientemente estaba junto a ella, y sentí cierto enojo cuando ni reconoció mi presencia.

-No viniste ayer,- dije fuera de la nada, mientras ella me veía con cierta aburricion.

Encogió sus hombros,- no me dieron ganas de venir,-

Conociendo a su perfeccionista hermana pensaría que tendría asistencia perfecta,- Me gustaría poder hacer eso y no venir cuando no me diera gana.-

Encogió sus hombros de nuevo y volteó su mirada para regresar su atención al paisaje al otro lado de la ventana. Sentí mi sangre hervir al ver la enorme molestia que esa chica me causaba. ¿Quién se creía que era para ignorarme de esa forma? Posé mi mirada al profesor que había comenzado la clase y ni me molesté en esconder mi enojo. Odiaba que me ignorara, ninguna otra chica lo había hecho, ni ahora que fingía ser otra persona, pero ella parecía hacerlo apropostio. No importaba, se suponía que yo debería ser la última persona que ella quisiera que cruzara su camino de todos modos.

Asi siguió la clase y algo me decia que asi iba a ser el resto mi día, o al menos las clases que tomaba con ella. Mis hermanos habían tenido la mala suerte de tener clase con sus contrapartes casi el día entero, mientras que yo solo tenía tres clases con ella. La mala suerte era de que tenía que esforzarme más para completar la mision al mismo tiempo que mis hermanos pasando menos tiempo con mi objetivo.

Cuando la clase termino, Bellota fue la primera en salir del salon sin darme la oportunidad de entablar una conversacion con ella de nuevo. Sacudí mi cabeza molesto al ir tan despacio con mi parte de la mision, ya que para hoy se suponía que al menos ya estuvieramos en plan de casi amigos pero estaba a millas lejos de esa meta. Deje salir un suspiro y me fuí a mi siguiente clase, la cual no tenía con ella, y que me ayudaría aun menos en acercarme a ella. No sabía de que era la clase o en que lección ibamos, siempre me quedaba dormido, en esta y todas las clases que no tenía con ella, y apesar de que a los maestros les molestaba, nadie me decía nada gracias a algo que puso Brick en expediente. Al parecer, mi 'padre' había dado una donacion muy generosa por haberme admitido en el ciclo escolar tan tarde.

Sonreí cuando el maestro anunció que iba a mostrar una película y que eso significaba que iba a apagar la luz. Anunció que el que se quedara dormido iba a ser enviado a la oficina del Dierctor, claro que yo estaba exento de esa amenaza gracias a mi 'padre.' Tomé mi asiento y recoste mi cabeza en el escritorio en cuanto el Profesor apagó la luz y deje que el sueño me llevara.


Sentí mi sangre hervir mientras obligaba a mi pobre caballo correr más rápido de lo que el pobre animal podía. Tenía que llegar a ella. Cuando entré a mis aposentos me encontré a tres hermosas mujeres recostadas en mi cama y una nota de Abdul pidiendo disculpas por no conseguirme a ella, pero me había conseguido otras tres mujeres para compensarme. Hice añicos la nota lleno de rabia y salí de mis aposentos buscando al hombre que me había negado a la mujer de mis sueños. Yo no quería a otras tres mujeres, la quería a ella, a la bella mujer de ojos verdes como el jade y cabello negro como la noche.

Encontré al hombre con el que había hablado Abdul y el me había dicho que 'la flor del desierto' se había ido en cuanto terminó de bailar porque tenía que bailar en otra celebración. Lo obligué a que me dijera donde era la locación y ahora estaba en camino de encontrarme con mi hermosa mujer. Para mi mala suerte esta celebración era en Egipto.

Dejé un gruñido lleno de enojo salir desde lo más profundo de mi garganta. Odiaba todo lo que tuviera que ver con esas malditas arenas y su pueblo, lo que hacía que me preguntara que estaba haciendo aquella mujer en esas tierras. No importaba, yo iba a sacarla de ahi y la iba a llevar a mis aposentos donde ella pertenecía.

Bajé de mi caballo cuando llegué a donde ella debería de estar y me puse la capucha de la túnica que había tomado de uno de los sirvientes. Era muy conocido y muy odiado por los Egipcios y el plan era salir en una pieza con mi flor del desierto en los brazos y no luchando mi camino a mi caballo y a mis tierras poniendola en peligro. Cuando entré ella ya estaba terminando su baile y en cuanto terminó los hombres solteros del lugar se le acercaban para llamar su atención. Puse una cara de pocos amigos y me hice camino entre la multitud.

Pusé mi mano sobre el hombro de un señor que, juzgando por las canas en su cabello, podría ser mi padre que estaba besando su mano, jalandolo y rompiendo el contacto entre sus asquerosos labios y la fina piel de aquella chica. El hombre giro su cabeza y me miró con cara de pocos amigos, yo aproveché para golpear su rostro y quitarlo de mi camino haciendo ver a los demas invitados que esta bella mujer ya tenía pretendiente. El hombre se puso de pie para regresarle el golpe, pero para mi gran sorpresa, aquella mujer se puso entre nosotros presionando su hermoso cuerpo contra el mio para evitar que pelearamos mas. Su aroma me envolvio en un instante y sentí mi cuerpo estremecerce cuando sus bellas curvas se amoldaban a mi cuerpo. Me quite mi capa y se la puse a ella para los hombres dejaran de ver su hermoso cuerpo en ropas de danzante, pero pronto me di cuenta que fue una mala idea.

-¡Él no es de por aqui!- gritó uno de los invitados.

-¡Sus ropas son del palacio del Sultán!- gritó otro haciendo que los invitados se detuvieran para estudiar mis atuendos.

-Sal de aqui,- le ordené a la chica sacandola de mi camino mientras que la ola de hombres embistieran en mi contra mientras las mujeres corrían desesperadas por un escondite.

Maldije en un suspiro y me preparé para luchar, tirando puñetazos, golpes y patadas a todas las direcciones hiriendo a todo quien se cruzara por mi camino. Yo era el mejor guerrero de toda Arabia y Egipto combinados, pero hasta yo necesitaba refuerzos cuando estaba rodeado por esas... ratas. Seguí luchando haciendo mi camino entre mis oponentes y ya estaba a punto de llegar a la puerta cuando senti una punzada en mi costado izquierdo mientras algo frio cortaba mi piel y también sentí mi cuerpo helarse cuando un liquido calido empapaba mis ropas y dudaba que fuera sudor. Me caí en mis rodillas sintiendo mi cuerpo durmiendose por culpa del dolor que empezaba en mi costado y recorría todo mi cuerpo. Llevé mi mano a mi costado y pronto fue empapada por ese liquido, llevé mi mano a mi rostro notando que estaba bañada de rojo, de sangre, de mi sangre y todo a mi alrededor se llenó de obscuridad.

Cuando al fin abrí los ojos me encontré entre almohadines en una tienda de campaña, mi túnica estaba doblada junto a mi y mi herida del costado estaba cerrada, al parecer alguien la había cosido. Sentía mi cabeza a punto de explotar y mi garganta más seca que el mismo desierto, tomé un pequeño cantaro que se encontraba junto a mi y bebí la fresca agua que estaba dentro sin importarme las posibilidades de que estuviera envenenada.

-Veo que al fin despertaste,- dijo la bella voz de una mujer que entraba a la tienda con otro cantaro en hombros.

Mi flor del desierto...

-¿Qué pasó?- pregunté intentando enderezar mi espalda pero el dolor me hiso caer en los almohadines de nuevo.

-No te esfuerces demasiado,- dijo sentandose junto a mi, agarrando un trapo y mojandolo en una cubeta que no había visto antes.- perdiste mucha sangre, pudiste haber muerto.-

-¿Pero qué paso?- un suspiro salió de mi boca cuando sentí el refrescante trapo en mi frente.

-Les dije que eras mi hermano,- respondió sonriente pasando el trapo por mi cuello e hice todo lo posible para no gemir en su presencia,- Les dije que había bailado en el palacio y que habías aprovechado para robar la túnica de uno de los sirvientes mientras estabas ahí cuidandome.-

Deje salir una risa a la ironia, y yo pensando que era mas facil de reconocer,- ¿Y eso fue suficiente?-

-Supongo que se imaginaron que se pondrían violentos si hombres estuvieran rodeando a sus hermanas como ellos lo hacían conmigo,- dijo haciendo una mueca de disgusto mientras sus ojos mostraban asco haciendome sonreir.- La pregunta es ¿por qué lo hiciste?-

Traté de esconder mi sonrisa, 'porque me rabiaba que otros hombres se acercaran a ti cuando eres solo mia.'- Tu... jefe... hizo un trato con un varón de Arabia... y...-

-Lo se,- dijo interrumpiendome poniendo el trapo sobre mi herida delicadamente.- Pero también sé que mi jefe le ofreció otras tres mujeres y él las aceptó ¿No me digas que cambió de parecer?-

Pero yo no quería esas tres mujeres, yo te quería a ti.- Eso parece,-

-Pues estas perdiendo tu tiempo,- dijo remojando el trapo,- yo solo bailo, no me dedico a... otras... cosas.-

-¿Jamas... has estado con un hombre?- sentí mi piel hervir de nuevo al imaginarla pura para mi.

-¡Eso no es de tus asuntos!- dijo poniendo el trapo en la cubeta y poniendose de pie sonrojada.

-¿Cuantos años tienes?- sentí mi ceja arquearse a la curiosidad, tendría que ser muy joven para aun ser pura.

Giró su cabeza para evitar mi mirada y mordió su labio inferior.- En cuatro lunas llenas van a ser dieciocho años de que llegué a este mundo.-

-Otras mujeres ya estan casadas a tu edad,- la observé mientras se incaba frente un costal que estaba en la esquina.

-Otras mujeres no viajan en caravanas para ganarse la vida,- dijo poniendo fruta en un tazón y caminando hacia mi denuevo para poner las frutas junto a mi.

-¿Como te llamas?- tenía que saber el nombre de mi flor del desierto.

-Galila,- me dijo sonriendo una sonrisa de un angel,- ¿y tu?-

-Abdul,- mentí tomando una manzana en mi manos,- ¿por qué viajas en caravanas? Y ¿dondé estan tus amigos nómadas?-

-Haces muchas preguntas,- dijo cubriendo su boca con una mano escondiendo su risa.- Yo viajo en caravanas porque perdí a mi familia en la gran guerra,- a pesar de estar sonriendo se notaba cierta triztesa en sus ojos,- Mi caravana siguió su camino, yo me rehúse a dejarte morir aqui solo asi que van a regresar por mi en unas semanas cuando terminen la ruta y regresen a descansar.-

-¿Dondé estamos?-

-Eso no te lo puedo decir,- dijo con una sonrisa,- solo puedes saber que estamos en un oasis. Aqui nos refrescamos cuando vamos a comenzar un nuevo viaje.-

-Si viajas tanto, jamas vas a conocer a un hombre que pueda ser tu marido,- dije mordiendo la manzana, imaginando que mordia sus bellos y delicados labios.

-¿Acaso el Sultán esta buscando esposa?- preguntó dejandome anonadado. ¿Qué interés tenía ella por el Sultán?- si trabajas para el Sultán ¿no es asi?-

-Si... si trabajo para él,- contesté tratando de enderezar mi espalda de nuevo. Esta vez, sus calidas manos me ayudaron haciendo mi piel arder de nuevo.- Su majestad no es tan increible como parece.-

-Es un genio cuando se trata de defender a su gente.- Mordí mi lengua para no revelar mi identidad en un grito.

-El general, su mano derecha y líder de su ejercito, fue el que pensó en todas esas tacticas,- dije tomando el credito que me merecía con cierto enojo envolviendo mis palabras.

-Pero...- su voz se tornó triste,- no puedo amar al general...-

-¿Por qué no?- sentí cierta desesperación creciendo en mi interior.

Desvió su mirada mientras sus ojos se volvieron cristalinos,- Porque no puedo amar al hijo del hombre que asesinó a mi padre.- Muchos Arabes habían sido asesinados por traición pero nunca imaginé que su padre fuera uno de ellos. Regresó su mirada a mi fingiendo una hermosa sonrisa,- además, ser esposa del Sultán suena mejor que ser la esposa del General.-

Una vez más sentí mi sangre hervir al pensarla con otro hombre. Con el mimado Sultán que siempre tomaba lo que quería y a veces se aseguraba de tomar hasta lo que yo quería como si en un capricho. No lo iba a permitir, no esta vez.

Ni el Sultán me va a quitar lo que es mio... Galila...


Abrí mis ojos de repente sintiendo sudor corriendo por mi frente. La clase aún no terminaba y todos estaban muy ocupados tomando notas como para importarles de que ya había despertado. Sacudí mi cabeza y comencé a poner atención en clase hasta que sonó la campana anunciando que había terminado la clase.

Sentía un enojo dentro de mi que no podía explicar, me preguntaba si mi sueño tendría algo que ver. A mi no me importaba que a Bellota le gustara otro, yo solo la quería por varias noches hasta que ya no fuera divertido y destruirla como era el plan. Pero, la idea de que ella se quisiera entregar a otro hombre hacía que algo muy dentro de mi hirviera de rabia. Volví a sacudir mi cabeza puesto que un sueño no tenía porque influenciarme de esa forma e hice mi camino a los vestidores para cambiarme a mi uniforme de deportes. Ese pensamiento llevó una sonrisa a mi rostro, puesto que era la única hora del día que me podía deleitar con las hermosas piernas del cuerpo estudiantil femenino.

La hora de deportes era mi favorita, yo era una persona del aire libre y no me molestaba que Brick se quedara con los libros y las tareas. Además, era la única clase donde la interacción social era un requisito para sacar una buena calificación. No solo eso sino que como era la tercer clase del día, el Sol estaba en lo más alto del cielo, lo que causaba que la palida piel de cierta ojiverde se tostara añadiendo a su belleza.

Sonreí al ver a aquella morena parada sola con un balón de baloncesto. Me acerqué a ella, claro que no sin antes apreciar el bello paisaje de sus piernas que el uniforme escolar me permitía ver.

-Oye,- dije haciendo que perdiera su concentracion y fallara su tiro. Intenté no sonreir al ver su rostro aún lleno de golpes,- ¿te sientes mejor?-

Me miro con ojor llenos de enojo, mientras que los mios se iban a las heridas en su rostro que aun no se terminaban de curar,- No es de tu incumbencia.-

Le sonreí a mi enemiga tratando de esconder la satisfacción de haberla herido de esa manera.- Pensé que después de vencerte en el baloncesto ya seríamos buenos amigos.-

Entrecerró sus ojos observandome,- Se que hiciste trampa.-

Deje salir una leve risa, obviamente haciendola enojar,- no hice trampa, si fueras una buena perderora...-

-Yo no soy ninguna perderora,- masculló entre dientes interrumpiendome y aventandome el balón golpeando mi estomago con el. De haber sido un simple humano me hubiera doblado del dolor, pero a pesar de que ni cosquillas me hiso tenía que seguir con la actuación.

Gruñí fingiendo dolor,- Cuando quieras te doy la revancha,-

-Puedo vencer humanos cuando se me de la gana,- dijo frunciendo el ceño.- Y hoy no me dan ganas de perder el tiempo contigo.-

Le sonreí usando lo que quedaba de mi fuerza de voluntad para no asesinarla en este instante. Había veces que me daban ganas de golpearla hasta matarla pero otras veces, mas seguidas de lo que me gustaría, me daban ganas de presionarla contra la pared y hacerla mia hasta hartarme. Pero no sera hoy, y tal vez no sera núnca, asi que lancé el balon en mis manos y encesté un punto.

-Solo un juego de tres-de-cinco,- dije sonriendole.

Me miro con aburrición,- No me hagas perder mi tiempo,-

-Para mi que no quieres jugar contra mi para no volver a perder,- dije sonriendo maliciosamente.

Me miró a la cara y estudió mi rostro, entonces tomo el balón del piso y me lo volvió a lanzar esta vez preparandose para bloquear. Sonreí de nuevo y clavé mis ojos en los de ella.

-Vamos a hacer esto un poco más interesante,- dije haciendo que confusión apareciera en su rostro pero no bajo su guardia,- si yo gano tienes que contestarme cinco preguntas honestamente,-

Su cara mostró aun más confusión y cierto disgusto, pero pronto regresó su seriedad,- Y yo ¿qué gano?-

-Lo mismo,-

-No me interesa saber nada de ti,- dijo sonriendo sardónicamente.

Sentí ira recorrer mi cuerpo y empecé a rebotar el balón para anotar el siguiente punto,- Entonces ¿qué quieres?-

-Que me dejes en paz,- ella dijo seria,- no me vas a volver a hablar... jamas... si yo gano.-

La mire anonadado pero asentí y aproveche que estaba un poco distraida para anotar el primer punto. Ella sacudió su cabeza y dejo una leve risa burlona salir de su boca y era su turno con el balón. Se movió de manera increiblemente rápida y ligera apesar de sus heridas, pero cuando iba a anotar vi como su rodilla falseo un poco y falló el tiro, yo aproveché y tomé el balón para anotar mi segundo punto. Un punto más y ganaba, y tenía que admitir que algo no estaba bien en esta escena.

Bellota no se dejaba vencer, y a pesar de que me daba mucha alegria saber que aun no se recuperara de las heridas que le causé, me confundia verla tan... cansada. Nos habíamos lastimado antes, aun peor que ahora, y aun estaba de pie luchando, pero esta Bellota parecía ya no poder luchar más. Era mi turno con el balón y me moví con velocidad por la cancha pero en cuanto iba a anotar, Bellota salió de la nada, me quitó el balón y encesto. La miré y ella sonrió maliciosamente, había estado fingiendo.

Era su turno con el balón, me puse en posición para defender, pero pronto me burló y anotó su segundo punto sin que yo me diera cuenta. ¿Qué ella no estaba lastimada o algo por el estilo? Era mi turno de nuevo, y cuando estaba a punto de anotar ella me quitó el balón y lo lanzó pero falló, yo tomé el balón y anoté el último punto ganando el juego y el derecho a cinco respuestas honestas. Di la vuelta para verla, y noté un brillo en sus ojos que pronto escondió y de no haber sido por mi super-vista, el ojo humano no lo hubiera notado.

-Te gane,- dije sonriendo de oreja a oreja, sabiendo dentro de mi que ella me había dejado ganar.- Ahora tienes que responder cinco preguntas honestamente.-

-¿Por qué quieres que te conteste cinco preguntas?- su voz y sus ojos mostraban su enojo que me era difícil de creer,- ¿Qué te importa a ti mi vida?-

-¿Qué tengo que hacer para que no me odies tanto?- la pregunta salió mas sincera de lo que había querido, pero al menos los musculos de su rostro se relajaron.

-Disculpa,- dijo evitando mi mirada y concentrandose en el suelo, algo que nunca imaginé ver en ella,- he estado muy... estresada...-

-¿Qué o quién te tiene tan estresada?- pregunté tratando de esconder la sonrisa que amenazaba con exponer mi verdadera identidad cuando dijera mi nombre.

-Unos viejos... enemigos... mios de la infancia regresaron,- dijo ella encogiendo los hombros como si no fuera algo importante, acto que me hizo rabiar.

-¿A dondé se habían ido?- pregunté tratando de sonar genuinamente curioso y escondiendo mi rencor lo más posible.

Sus ojos se tornaron tristes y llenos de culpa, acto que sin duda me sorprendió, y mordió su labio inferior,- mi hermana mayor los... desapareció... bueno, mis hermanas y... yo... los desaparecimos.-

Desaparecimos... hicieron más que solo desaparecernos. Pensé con rabia, pero la culpabilidad de su voz me confundió.

-Si eran enemigos suyos ¿no era eso lo que querían?- pregunté confundido al ver que sus ojos se engrandecían por un instante, para después morder su labio de nuevo.

-La verdad...- su voz pareció quebrantarse por un momento,- la verdad... yo... yo no quería que los... desaparecieran... pero fue mi culpa...-

Fruncí mi ceño confundido, esperaba que ella fuera la que estuviera completamente de acuerdo en... desaparecernos, y la que última en sentirse culpable,- ¿Por qué piensas que fue tu culpa?-

-Porque... jamas debí de confiar en ella... en mi...- dejó salir un fuerte suspiro, como si hubiera querido sacarlo por años,- ¡es mi hermana! Pensé que iba a entenderme, o al menos regañrme, pero jamas pensé que le iba a hacer daño a él o a sus hermanos. Debí quedarme callada.-

¿Él? Ella se refiere a... ¿uno de nosotros? ¿A mi?

-¿Qué pudo haber sido tan malo lo que le dijiste a tu hermana que terminó... desapareciendo... a tus enemigos?- sentí que la desesperación estaba empezando a envolver mis palabras. Estaba frente una valiosa pieza de información que Brick podría usar en contra de ellas y apresurar el plan.

Suspiró mientras sus mejillas se tornaban rosadas y mientras mordía su labio inferior,- le... le... confesé que me... me... que me había... enamorado de uno de ellos...-

Me quedé anonadado, no sabía como actuar ni que decir ante esta situación, pero tenía que sacar toda la informacion de ella posible,- ¿Cual de los tres?- Yo, el que ella quería tenía que ser yo...

Volvió a sonrojarse y a morder su labio y volteó la mirada con vergüenza- Ya no te tengo que contestar, ya te contesté las cinco preguntas.-

Conté las preguntas que ya le había hecho en mi cabeza y era cierto, ya le había hecho cinco preguntas. Sentí rabia, parecía que lo había hecho a proposito, de haber sabido le hubiera preguntado desde un principio ó no hubiera perdido preguntas valiosas en estupideces.

-¿No te gustaría que él supiera? Tal vez lo hiciera cambiar de parecer,- le pregunté más sincero de lo que había querido. ¿Por qué estaba siendo tan sincero con ella?

-No importa,- dijo con una sonrisa calida y sincera,- estan de regreso y nos odian a mi y a mis hermanas, y estan en todo su derecho. No importa lo que diga o lo que sienta, se que a él... a ellos no les va a importar.-

Aclaré mi graganta,- Si necesitas sacar lo que llevas dentro...-

-No lo necesito,- dijo interrumpiendome, su enojo regresando a su rostro.- No lo he necesitado por años, no lo necesito ahora. No quiero tu lástima.-

Entonces sonó la campana que indicaba que era hora de cambiarnos a nuestros uniformes regulares y regresar a clases. Bellota tomó el balón de mis manos, el cual había olvidado que tenía, y siguió su camino sin dirigirme la palabra ni una sola mirada.

-No estas sola,- le dije haciendo que se detuviera para verme de reojo continuar su caminata en silencio.

Perfecto. Brick va a estar muy contento cuando se entere que aquella peste está lejana a sus demas hermanas. Se siente sola, lo pudé ver en la manera que me miro de reojo como si hubiera esperado años para que alguien le dijera eso y me quisiera creer. No solo eso, sino que su confesión de sentirse culpable me iba a ser muy útil para alejarla de Bombón, la genia maestra del plan. Además era más que obvio que había tensión entre ellas, pero era mi deber de explotar esa tensión hasta que se odiaran a la muerte.

Claro que, antes de eso, tenía que averiguar lo obvio y hacer que dijera mi nombre cuando me confesara el nombre del enemigo del cual se había enamorado.

Esa mujer va a ser mia.

Continuará...

**NOTA: Este capitulo fue editado el 25 de Julio para arreglar detalles menores.**

Vaya, si que valió queso que quisiera disculparme por tardarme en actualizar puesto que el 23 de Julio se cumplió un año de que no actualizaba. Bueno, si de algo vale porfavor disculpenme, me quede sin inspiración para esta historia pero espero que esta actualización haya valido la pena. Porfavor perdonen y porfavor diganme lo que pensaron en los reviews.