Vaya... siglos sin una actualización... no tengo ninguna excusa. Porfavor disculpenme... tienen derecho a odiarme TToTT yo me odio... solo espero que no sea decepcionante.
¡Disfruten!
Noches de Arabia
Deje que sus labios recorrieran mi cuello en su intento de seducirme. Sus manos viajaban sobre mi pecho descubierto en movimientos lentos y precisos- como ensayados o quizá memorizados de tantas veces que había sido puesta en esa situación. Sin embargo, sólo había una mujer en mi mente que alcanzaba ese cometido con sólo posar su mirada sobre mi- y esa mujer era mi flor del desierto. Lamentablemente, la tuve que dejar en su oasis secreto porque El Sultán había hecho un gran alboroto de que yo hubiera desaparecido y había ofrecido una recompensa a quien me encontrara. A pesar de que me sentía halagado por la preocupación del Sultán, no podía evitar sentir molestia ya que sí mi flor del desierto descubría quien era perdería cualquier oportunidad con ella.
-Vete,- ordené dejando salir un suspiro.
La chica se detuvo y me observo con enormes orbes cafés,- ¿Disculpe mi señor?-
-Quiero que te vayas.- Repetí con voz calmada quitando sus manos de mi pecho y empujandola de sobré mi haciéndola caer en la cama. Me puse de pie y caminé hasta la puerta para abrirla,- Eres hermosa, pero no lo suficiente para tentarme.-
La chica agachó la mirada, escondiendo sus ojos llorosos café de mi vista y salió corriendo de mis aposentos. Suspire aburrido, escuchando el eco de sus pasos mientras corría por el pasillo y cerré mis ojos poniendo mi dedo pulgar e índice en el puente de mi nariz para masajearla contra la amenaza de un fuerte dolor de cabeza.
El Sultán, en su infinita bondad, me obsequió mujeres para demostrar la alergia que le causaba mi regreso. Sin embargo, ninguna mujer se comparaba a mi bella flor y terminaba hechandolas de mis aposentos, como acababa de hacer en este instante.
-No te agradaron mis obsequios.- No era una pregunta.
Con mirada cansada, y un poco molesta a la interrupción de mi soledad simplemente deje salir otro suspiro.- No es eso mi Señor,- di un paso a lado invitando al Sultán a mis aposentos y él entro haciendo una leve reverencia- la verdad es que me interesa otra mujer.-
-¿Y quien es esta mujer?-
Lo observe con una mueca sardónica,- Esta mujer no me la puede dar.-
-Soy el Sultán soberano de todo Arabia y dueño de Egipto, yo te puedo dar lo que tu me pidas, amigo mío.- Su mirada era sería y su voz aún más.
-Quiero a tu esclava de bella danza.-
Su cara se volvió blanca como el mármol mientras la rabia que brillaba en sus ojos corría por sus venas causando que sus manos se volvieran puños. El sultán era muy fácil de leer. - Eso no.-
-Es la única que quiero,- mentí sabiendo que lo estaba enfureciendo con cada palabra. Eso pasa cuando robas lo que es mío.- Disculpe mi Señor, yo estaba bajo la impresión de que le alegraba que hubiera regresado con vida.-
-Claro que me alegra tu regreso, Fakhir, eres como mi hermano.- Su voz estaba calmada, sin embargo, si volvía a mencionar a su esclava sabía que lo iba a hacer rabiar. Bien.- Sin embargo, aquella mujer me debe la vida. Perdoné a una Egipcia cuando pude haberle hecho un favor al mundo deshaciéndome de ella. No, mi esclava va a pagar alto por la vida de esa Egipcia.-
-Sólo juego, mi Señor,- dije cansado ya que no había podido espantar aquel fuerte dolor de cabeza.- Tiene que aprender a controlar sus emociones mejor. Es por su falta de control que casi empieza una guerra con un varón de Arabia.-
-Para eso te tengo a ti,- dijo sonriendo, tal vez porque no le quería quitar a su preciada esclava.- Hablando de Kaliq y su padre, Abdul me dijo que te gustó aquella danzante que bailó en su fiesta. Sólo vine a confirmar esta información antes de comprar a otra mujer que sólo vas a rechazar.-
Sentí mi corazón latir con más rapidez al pensar que ella estaría en mis aposentos en unas horas. Sin embargo, no podía dejar que mis emociones me ilusionarán en vano ya que yo sabía que era imposible.- Ella no aceptara, Abdul ya intentó conseguirla para mi y se negó rotundamente.-
-Querido amigo, no me insultes comparándome a Abdul.- dijo con una sonrisa arrogante en el rostro.- Yo soy el Sultán, soberano de todo Arabia y dueño de Egipto, yo te puedo dar lo que tu me pidas. Sólo dilo y es tuya.-
Lo miré directo a los ojos,- La quiero a ella.-
Sonrió como sí hubiera ganado una batalla,- Esta hecho.-
No pude evitar sonreír de la misma manera que él. Ya estaba más cerca de hacer mía a esa mujer.
-Ya sabes que hacer.- No era una pregunta. Mi hermano mayor me dirigió la palabra por primera vez en todo el día. Mi hermano se la pasaba metido en su habitación mejorando su dichoso "plan" y solo lo veía en horas de escuela.
Rodé mis ojos un poco molesto,- Si, Brick, ya se que hacer.- Tomé mi chaqueta verde con una franja negra y me la amarré en la cadera. La playa no era fria pero preferia no congelarme en caso de que la necesitara.- No me lo tienes que explicar cien billones de veces. No soy el retrasado de Boomer.-
-¡Oye!- Escuché el lloriqueo demi hermano menor desde la otra habitación y solo dejé que una sonrisa se apoderara de mis labios.
Brick, por otra parte, tenía cara de pocos amigos y se notaba que no estaba de humor para juegos.- Tu única tarea es asegurarte...-
-De ser su nana, ya lo sé.- Me encogí de hombros tomando satisfacción de ver como la cara de Brick se fruncía en molestia e impaciencia.
-No me importa cuanto la odies,- comenzó en voz baja y amenazadora que no tenía el mismo efecto en mi que en Boomer.- No me importa cuantas ganas tengas de vengarte. Solo la vas a observar.-
-Brick ¿puedes relajarte y confiar en mi?- pregunté cansado y honestamente un poco arto. Yo no era un niño al que le tenían que repetir todo cada cinco segundos.
-No te le acerques,- continuó ignorando mi petición causando que hiciera una mueca de aburrición.- No dejes que sepan que estas ahí. Solo observa. Y contactanos si pasa algo.-
-¿Algo mas, madre?- noté con alegria como lo molestaban mis comentarios.
-Una cosa más,- su voz era más amenazante que antes,- No te molestes en regresar si fracasas.- Amargado.
-Tranquilo, hermano, no voy a fallar.- Dije con seriedad saliendo por la ventana y volando a mi destino mientras el sol se escondía y daba la bienvenida a la noche.
Abrí un ojo aburrido al escuchar su ventana abrirse. Brick, mi genio hermanó, me había dejado a cargo de ser niñera de esas mocosas por esta noche. Teníamos qué mantener guardia para evitar que escaparan o que fueran escondidas por el Profesor de nuevo. A pesar de que sabíamos que las chicas habían sido llevadas lejos por el Profesor, no sabíamos exactamente a donde y de no haber sido por su invitación a la fiesta de playa nos hubiéramos tardado más en encontrarlas y por eso mi cama se había vuelto las ramas de unas palmeras algo frondosas.
Claro de que yo no tenía nada de que quejarme. Yo había disfrutado ampliamente ver a Bellota en un traje de baño que, a pesar de ser modesto, había dejado poco para la imaginación causando que mis fantasías se volvieran más frecuentes. Es más, mis sueños solo consistían de las distintas maneras en las que poseería su cuerpo una y otra vez- y también de esos sueños raros de Arabia pero no los disfrutaba tanto.
Fue entonces que la vi saliendo de la casa por su ventana como una gata sigilosa. Aterrizó en la arena en frente de la casa y caminó hasta el mar. Tenía puesto una camiseta blanca con las mangas cortadas y un short verde que mostraba su piel nívea y me pregunté si esas eran normalmente sus prendas de noche o si se había vestido para la ovación. Deje que mi rostro se torciera a una sonrisa sardónica al preparar mi plan de ataque. Tenía que decidir cómo sacarle la respuesta que esperaba de ella y yo sabia que sería difícil acercarme como yo. Sin embrago, levantaría sospechas si me acercaba como mi pseudo personaje indefenso y sin poderes que no tiene nada que hacer en una playa a las tres de la mañana.
Genial, ya hasta sueno como mi molesto hermano el super nerd Brick.
Ya decidido que la decisión que había tomado era la mejor, continué observandola mientras seguía su camino hasta que sus pies estaban metidos en el mar. Ella cerró sus orbes verdes dejando un suspiro salir por esos labios que yo deseaba clamar como mios y de ningun otro hombre mas. Aproveche este momento de "tranquilidad" para sorprenderla usando mi super velocidad posicionándome detrás de ella y torciendo su brazo derecho por detrás con una mano y tapando su boca con la otra evitando que gritara por ayuda.
Sentí su cuerpo tensarse contra el mio mientras sus quejidos eran enmudecidos por mi mano. Sentí su codo izquierdo golpearme en mi costilla, y apesar de que había dolido, no había sido lo suficientemente fuerte para librarse de mi. Deje salir una risa torciendo su brazo haciendo que detuviera su forcejeo para retorcerse de dolor.
-Tranquila Betonta,- mascullí entre dientes al sentir sus dientes enterrarme en mi dedo, lo que causó que aplicará más presión en su brazo.- Solo quiero platicar.-
La sentí relajar sus músculos, ese movimiento haciendo que fuego corriera por mis venas a una parte corporal especifica y traicionera.
-¿Qué demonios quieres?- dijo en un susurro envuelto en rabia cuando mi mano dejo su boca para agarrar con firmeza su delicado cuello.
-Ya te lo dije, solo quiero platicar.- dije en su oído luchando contra las ganas de tomar su lóbulo entre mis dientes y dejar al descubierto mis deseos por ella.
-¡Tú y yo no tenemos nada de que platicar!- Masculló entre dientes tratando en vano de zafarse de mi agarre una vez más.
Tomé su cuello con mas fuerza haciendo que se detuviera,- En eso te equivocas, tu tienes información que yo quiero.-
-No se de que información hablas,- ella forcejeó un poco más haciendo que nuestros cuerpos hicieran fricción,- pero aunque supiera jamás te la daré.-
Deje salir una leve risa,- No te estoy dando una opción.- Hice presión en su cuello causando que Bellota hiciera su cabeza para atrás.- Si eres una chica buena y me dices lo que quiero saber prometo no lastimarte demasiado. Parece que apenas te estas poniendo mejor de nuestro ultimo encuentro.-
-¡Estás loco!- dijo en voz algo alta y tuve que regresar mi mano a su boca.
-Mas bien un poco psicopata,- deje una risa arrogante salir desde el fondo mi garganta. De pronto, un suave aroma femenil invadio mis sentidos haciéndo que todo en mi se congelara.
Cerré mis ojos para que se agudizara mi olfato y absorber mas su esencia de mujer. Era exquisito y endrogante y no querí hacer nada más que envolverme en ese aroma y perderme en el. La sentí forcejear una vez más, haciéndo ruidos- probablemente groserias- ahogados en mi mano. Fue entonces que me di cuenta que mis labios se habían posado en su suave piel.
-¿Qué crees que haces?- preguntó con respiración cortada en cuanto solté su boca regreasando mi mano a su cuello. Su pecho estaba subiendo y bajando con talm rapidez que me hacía desear que fuera por que le había afectado mi gesto y no porque la estaba sofocando.
-Escuché que te gusta uno de nosotros,- mi sonrisa creció al ver como el rostro de Bellota se ponía pálido.
Su cuerpo se volvió rigido,- ¿Dónde lo escuchaste...?-
-Estoy en todos lados, Betonta.- dije con voz baja, y un poco mas ronca de lo que hubiera querido,- Ahora se una chica buena, como siempre, y dime quien de los tres te robó el corazón.-
Se quedó callada por un instante y por la posición de nuestros cuerpos era dificíl leer su expresión, solo podía ver que el color de su cara había regresado un leve carmín en sus mejillas y que había cerrado sus ojos con fuerza. Sin embargo, después de unos instantes dijo,- No te lo voy a decir.-
Sentí rabia crecer en la boca de mi estomago y apreté con fuerza su brazo una vez mas causando que se le escapara un chillido.- Te repito, no tienes opción. Si no me dices rompere tu brazo ó tu cuello ó ambos.-
Apreté ambos con más fuerza para hacerle saber que hablaba en serio haciendo que esta vez dijiera una maldicion entre dientes. No pudé evitar sonreir al ver que aquella mujer no dejaba de luchar contra el dolor que le causaba yo, lo que causó que me preguntara si lucharía de la misma manera en otras situaciones. Me preguntaba si también cerraría los ojos y aguantaría la respiración de la misma manera que hacía ahora para luchar contra el placer que le darían mis dedos, mi lengua, mi cuerpo...
¡Rayos! ¡Concentrate Butch!
-Dime.- Le ordené al oido con una voz traicionera.
-¡Pudrete!- gritó causando que llevara mi mano a su boca una vez mas.
Deje una leve risa cruel escapar mis labios mientras torcía su brazo un poco mas escuchando como se empezaba a fisurar su brazo.- ¿Te duele?- le pregunté con sarcasmo al sentir sus lagrimas empapar mi mano.- Si contestas mi pregunta ya no te lastimaré más.- a menos claro, que tu me lo pidas...
Asintió como pudo en su posición y un sentimiento de victoria que se reflejaba en mi sonrisa envolvía cada centimetro de mi ser. En cuanto dijera que se había enamorado de mi la tomaría como mi mujer y la haría mia hasta hartarme. Ya yo lidiaría con mi hermano mayor de las consecuencias una vez ya satisfecho.
Deje de torcer su brazo y quite mi mano de su boca para volverla a posicionar en su cuello.- ¿Y bien?-
Un sollozo se escapó de su boca,- Brick... me enamoré de Brick...-
Sentí que el calor de mi cuerpo se esfumaba y era remplazado por ira helada que envolvió hasta el último pedazo de mi ser. Perdí mi vision y solo ví mi rabia materializarse en frente de mi y me olvidé de mis alrededores. Solo tomé lo que estaba en mis manos con fuerza con la pura intención de destruir todo lo que estuviera en mi paso. Lo único que pude escuchar fue como madera se rompía en mis manos y el desgarrador grito de una mujer. Luego mi visión fué envuelta por una luz rosa y después no hubo nada mas que obscuridad.
Espere ansioso a su llegada al lugar que había preparado para ella. El Sultán había logrado que el viejo le vendiera a mi flor a cambio de una suma generosa de oro y protección del ejército real. Ambas cosas les hubiera dado yo, pero ella no quería nada que ver con el hijo del hombre que había matado a su padre así que tenía que mantener mi identidad en secreto hasta que me hubiera ganado su amor. Era por eso que había decidido llevarla a una choza en mi oasis personal- también a la mitad de la nada que le impedía escapar- alejada del palacio donde la gente le diría la verdad de mi identidad y alejada de donde él me la podría arrebatar. Claro que si el Sultán me robaba a mi flor yo me aseguraría que su preciada esclava desapareciera del palacio y apareciera en los aposentos de Kaliq.
No pude evitar que una sonrisa se apoderara de mi boca. El Sultán siempre había sido rígido y frío, bien entrenado por su padre y el mío a esconder sus emociones y evitar que el enemigo viera sus debilidades. Por varios años el había logrado esconder cualquier emoción o sentimiento de cualquiera- incluyendo a Rashid y a mi que lo conocíamos desde nuestro nacimiento. Sin embrago, cuando se trataba de esa chicha, parecía perder todo control y aventar la cordura a los cielos. Esa chica iba a ser su perdición.
De pronto, escuché los caballos acercarse y tuve que esconderme en las sombras de los arbustos para que no me viera mi bella flor. Ella tenía que creer que yo no tenía nada que ver con haber sido traída aquí ni que yo era el hijo del general, si no, nada de esto valdría la pena. Fue entonces que la vi pasar, su rostro cubierto con un velo negro y sólo podía ver su bellos ojos que aun a lo lejos eran cautivadores e hipnotizantes. Llevaba túnicas del mismo color obscuro que a pesar de esconder bien su figura no hacían nada para calmar el fuego que aquella mujer encendía dentro de mi.
El carruaje se detuvo en frente de la choza que había puesto para ella. Ella bajó con delicadeza y elegancia y entró siendo escortada por mis hombres.
Entonces se comenzaron a escuchar golpes y gruñidos y hasta como objetos eran aventados por todas partes. Salí de mi escondite a gran velocidad desenvainando mi espada listo para asesinar a esos idiotas si le habían hecho daño a mi flor. Pero cuando yo iba a entrar en acción, mis soldados salieron de la choza, uno en peores condiciones que el otro.
-¿Qué pasó?- pregunté al ver que uno de mis guardias salía con la nariz sangrante y el otro se aguantaba la risa.
-Mi señor, a la chica no le agrado haber sido traída aquí y no al palacio y decidió sacar su enojo en nosotros y este idiota...- mi soldado dejo salir una carcajada.- Ha dejado que una mujer le rompa la nariz-
-¡Esa no es una mujer! ¡Esa es una cobra!- dijo mi otro soldado haciendo presión en su nariz para que le dejara de sangrar.- ¡ni siquiera estoy seguro si fue su pie o su puño el que causó esta herida! Tenga mucho cuidado mi señor.-
Deje salir una risa sin intención de burlarme de las dolencias de mis soldados.- Anda, ve a que te curen tu nariz y manda a un substituto para que ayude a cuidar el perímetro.-
-¡Si señor!- dijeron ambos y siguieron su camino a hacer lo que les ordene.
Yo me quede parado en frente de la puerta de madera obscura que para ser honestos no tenía mucho que ofrecer. Cuando había cumplido los dieciséis, mi querido amigo Abdul me construyo esta choza para traer a mis nuevas "amigas" ya que llevarlas al palacio seria un insulto al Sultá que yo tenía cosas mas importantes en mente que decidí no desperdiciar mi tiempo en ese tipo de frivolidades. Seré el primero en admitir que no soy ningún ángel, y que ya había experimentado el placer femenino. Pero, el placer que me causa destruir Egipto y su pueblo inferior no me lo puede dar ninguna mujer. Claro que pensaba revaluar esta teoría con mi bella flor del desierto.
Tomé un respiro hondo y abrí la puerta con sigilo. El silencio que envolvía cada esquina de la choza era abrumador y sospechoso. Si yo no supiera que ella estaba aquí pensaría que el lugar estaba vacío.
Di unos pasos cerrando la puerta detrás de mi escuchando con atención por señales de su presencia.-¿Galila?-
Escuché como se rompía una vasija de barro en la otra habitación.- ¿Abdul?-
Salió de las sombras de un pasillo y brincó a mis brazos enredando los suyos al rededor de mi cuello. Su exquisito aroma inundó mis sentidos mientras presionaba su delicado cuerpo contra el mío moldeando sus suaves curvas contra mi fuerte pecho. A pesar de estar cubierta en sus ropas modestas de civil, el contacto fue total y tuve que luchar contra cada instinto varonil para no reclamarla en ese instante.
-¿Sabes que es lo que está sucediendo?- ella preguntó alejando su rostro de mi pecho sacándome de mis pensamientos. La confusión se adueñaba de cada delicado rasgo de su rostro.- ¡un momento estoy en mi oasis y el otro me dicen que el Sultán me ha comprado! Si eso es verdad ¿por qué no estoy en el palacio?-
Porque tu vas a ser mía...
-Parece que el Sultán te ha comprado como obsequio para alguien mas.- dije con voz seria notando con amargura como su rostro se entristecía al escuchar que no sería del mimado aquel.
-Entonces... ¿Por qué estoy aquí?- preguntó con voz diminuta,- ¿a quién me ha... obsequiado... el Sultán?-
A mi...
-No estoy seguro de que te pueda decir,- dijé tomándome la libertad de poner la palma de mi mano sobre su suave mejilla con delicadeza.- pero quien sea ha tenido que viajar lejos, por eso es que te vas a quedar aquí por un largo tiempo.-
-¿A que te refieres Abdul?- sus ojos se abrieron en total confusión.
-A que no te van a llevar al palacio hasta que llegue el hombre a quien el Sultán te ha obsequiado.- mentí una vez mas notando como la confusión y el enojo alternaban en sus verdes ojos.- al parecer este hombre escuchó que querías convertirte en la mujer del Sultán y no quiere correr ningún riesgo a que ese rumor sea verdad.-
Ella dejo salir una leve risa temblorosa,- ¡Pero eso no fue mas que una broma! El Sultán jamás tomaría como su mujer a una bailarina. Ademas he escuchado que es un mimado.-
Una sonrisa se apodero de mi rostro por su ultimo comentario. Después, recordé a su esclava de bella danza y la manera en la que la observaba con ojos posesivos. El Sultán casi le declaraba la guerra a un aliado y casi lo hacía golpearme de celos y rabia por esa mujer. No, el Sultán era muy capaz de enamorarse de cualquiera y no iba a permitir que fuera de mi Galila. Ella había nacido para ser mía y de nadie más y yo no iba darle la mas mínima oportunidad al Sultán para que me la quite.
-Como dije, no quiere tomar ningún riesgo.- respondí con cara seria para que entendiera su posición y dejara de hacer preguntas.- mientras tanto yo voy a hacerte compañía hasta que se me ordene que te lleve al palacio.-
Su rostro se torno triste y sus ojos se volvieron cristalinos por las lagrimas,- ¿Al menos podrías decirme a quién me han obsequiado?-
Mordí mi labio inferior inseguro de darle esta pieza de informacion.-El Sultán te obsequió a su mano derecha y líder de sus ejercitos. El te obsequió...-
-Al hijo del hombre que asesinó a mi padre...- ella terminó la oración por mi con una lagrima cayendo por su mejilla y alejandose de me. Noté con un poco de molestia la distancia que ponía entre nosotros y como su tristeza se convertia en un enojo que torcía sus rasgos faciales a una mirada furiosa.- No se que intenciones tenga ese hombre conmigo pero jamás le dare paz. Marca mis palabras, Abdul, y hazle saber a... aquél... que de mi no va a recibir mas que enojos y dolores. Va a desear jamás haberme conocido, eso te lo aseguro.-
La observé con cautela tratando de no mostrar mi entusiasmo al reto que ella me ofrecía. Yo iba a ser que cambiara de parecer y estaba dispuesto a disfrutar cada instante de nuestro este reto.
Eso lo vamos a ver mi bella flor... tu vas a terminar entrgandote por completo y voluntariamente a mi...
Lo primero que sentí al despertar fue un fuerte dolor de cabeza y un punzante dolor en mi costado derecho. Abrí los ojos con pesar notando que todo alrededor estaba obscuro mientras intentaba sentarme derecho, pero todo rincón de mi cuerpo se negó rotundamente al dolor. No podía entender porque mi cuerpo estaba tan herido, no era posible que estuviera en tanto dolor cuando mi habilidad especial era sanar con rapidez, algo no estaba bien y no sabía que era.
Mi visión al fin se ajustó a la obscuridad con mas tardanza de lo común y me di cuenta que estaba en mi habitación. Las paredes grisáceas del apartamento y el olor a decepción y desolación de Caravilla eran inconfundibles. Parpadeé para quitarle el cansancio de los ojos y noté que había una figura parada en una esquina.
-Al fin despertaste.- No era una pregunta. Y la voz mandona de Brick era la última que quería escuchar en este instante.
Deje salir un le de gruñido de dolor.- ¿Que paso?-
Él se rió entre dientes.- Paso que eres un imbécil.- su mirada era fría y calculadora y su voz baja y amenazante. Repito, no tienen el mismo efecto en mi.- Hiciste lo que te dije que no hicieras y solo causaste que las chicas cambiaran de escondite. Por suerte tuya Boomer las está siguiendo y regresara una vez tenga su locación.-
-¿Y eso a mi qué me importa?- dije molesto recordando la razón de mi ira sintiendo el odio regresar.
Vi como perdía la compostura por un instante mientras cerraba la distancia entre nosotros para levantarme del cuello causando que mi cuerpo se quejara de dolor.- Haz retrasado el plan.- Su cara era retorcida por la furia, parecía un animal rabioso, y sus ojos rojos brillaban con ganas de destruir, algo que normalmente solo veía en mi.- Haz hecho que se preparen para nuestro ataque. Saben que no están seguras y harán lo que sea para cambiar eso. Las has puesto en alerta y nuestra venganza, nuestra oportunidad de destruirlas, va a llegar mas tarde que pronto. Por eso te importa.-
-¿Por qué me duele todo? ¿Por qué estoy tardando tanto en sanar?- pregunté ignorando su pequeño discurso, sabiendo que lo estaba haciendo hervir.
Su cara regreso a su fría expresión,-Porque después de tu actuación permití que las chicas te golpearan un poco antes de permitirle a Boomer que te rescatara.- me dejó caer en la cama boca abajo, haciendo que un gruñido escapara de mi boca contra mis deseos.- Después de eso te inyecté con el suficiente Antídoto X para quitarte la habilidad de sanar. Ahora tardaras en sanar como cualquier otro humano.-
Una risa sádica escapo mis labios,- ¿Esa es tu nueva manera de castigar, hermano? Vaya tú ingratitud.- me retorcí para poder verlo a la cara, note un leve brillo de confusión detrás de sus ojos.-
-¿Yo por qué debería agradecer tu estupidez?-
Deje que otra risa saliera de mi garganta,- Porque descubrí la razón por la que nos intentaron destruir esas mocosas.- Sus ojos se dilataron y una vez mas perdió su cordura, esta vez por la sorpresa.- Al parecer una de ellas se enamoró de ti.-
El silencio entre nosotros se volvió pesado. Yo intentaba no moverme mucho, ya que cada movimiento, hasta respirar, causaba que me doliera todo mi ser. Intentaba no hablar mas de la cuenta ya que sentía como si mis costillas estuvieran a punto de romperse si decía una palabra mas y disfrutaba ver como su cerebro súper inteligente era devorado por la confusión.
-¿Quién?- ambos Brick y yo giramos nuestra vista, yo con mas dificultad, a la puerta para ver a Boomer parado con ojos mas abiertos y sorprendidos que los de Brick.
Yo regresé mi mirada a la de Brick, fijando mis ojos en los suyos mientras una sonrisa sardónica se apoderaba de mis labios.- Pues Bombón ¿quién más?-
Noté como el cuerpo de mi hermano se tensaba ante tal confesión, que era mentira pero ese no era el punto. El punto era que mi hermano se encontraba confundido y alterado por la información que le había propagado. Su mandíbula se tensó y sus manos se volvieron puños y, aunque no tenía mis poderes por completo, yo había crecido con el tipo y sabia leerlo como un libro abierto. Esto cambiaba su plan. No de destruirlas, porque eso era obvio, si no de como, ya que ahora creía que la líder rosa tenía sentimientos prohibidos hacia el.
Brick salió de mi habitación sin decir una palabra más y Boomer decidió seguirlo después de mirarme y la dirección que Brick había tomado. Al parecer el también estaba intrigado pos el posible cambio de planes mientras que yo me reía en silencio de que ambos hubieran creído mi mentira. Pero se lo merecía. Como se atreve a quitarme a la mujer que yo tanto deseo y que cometí el error de decirle de mis deseos por ella.
Entonces la habitación se volvió fría una extraña neblina roja envolvió mi cama. Sentí su presencia cuando mi corazón sintió temor por primera vez al estar indefenso sin mis poderes.
-Te dije que era una mala idea.- La voz de Él sonaba fuerte en la parte más lejana de mi mente.- si te hubieras quedado conmigo ella ya sería tuya.-
-Sabes que mi lealtad esta con mi hermano.- Su risa fue lo que hizo que un escalofrío viajará por mi espina vertebral.- Solo vete.-
-Muy bien, mi muchacho, cuando estés listo para reclamar lo que es tuyo... Ya sabes donde encontrarme.-
El color de la habitación regreso a su color nefasto y jamás había estado más contento de ver esas paredes grises. Él estaba decidido a ponerme en contra de Brick por una extraña razón y solo podía suponer que la atracción de Bellota para mi hermano no era mas que inducida por Él para hacerme caer. Yo iba a tomar a Bellota como mía sin ayuda de nadie. Si Él la hechizaba para que se entregará a mi no habría punto de mi atracción. Yo la deseaba a ella porque sabia que sería un reto, como un juego, una competencia que ganar. Y la quería hacer rendirse a mi en el placer. Su pequeña confesión no era mas que un mínimo obstáculo ya que yo sabía que la iba a hacer cambiar de parecer.
No sabes lo que te espera, Bellota...
Continuará...
Antes de que asesinen porque Bellota se enamoro de Brick lean el segundo sueño de Butch que revela sus verdaderos sentimientos para el Sultán ;) claro que nuestro querido Butch no va a poder hacer esa conexión. Ya ni modo, le tocara sufrir un poco.
No me merezco sus reviews pero son altamente agradecidos.
